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The sun, the trees, the moon, the sea

Te sorprendió. En medio de la playa, un chico meditaba. Piernas cruzadas, brazos relajados, ojos cerrados, cara hacia el cielo. Recibía el sol con una sonrisa ancha y serena. No supiste si la postura era zen o de yoga, pero se lo notaba en paz. Lo tenía todo en aquellos dos metros cuadrados. Todo un universo en su toalla.


A su alrededor la gente hablaba, corría, se ponía crema, jugaba a palas, se daba un chapuzón, gritaba con el agua fría, admiraba los cuerpazos inasumibles, se sacudía la arena, pedía latas de cerveza. Y tú no dejabas de mover la toalla: para alisarla, para que no se separase de la toalla de tu amigo, para que estuviera alineada con el sol. Buscabas bebida y el móvil y el libro y la crema y el agua.

El chico seguía imperturbable, ajeno a tantos pequeños movimientos y grandes insatisfacciones. Luego, en algún momento, sintió que era el momento de bañarse, y se bañó. Se movía con tanta tranquilidad que ni siquiera le viste recoger sus cosas. De repente ya no estaban. Ni él ni su toalla.


Qué envidia. No te gusta envidiar, pero al chico le envidiaste. Su paz. Su ausencia de necesidad. Quisiste sentirte como él y supiste que podrías. Tarde o temprano, sin meditaciones. Algún día no tendrás que salirte de tu toalla para tenerlo todo. Bastará con cerrar los ojos y ahí estará. Sentirás el peso, el calor.

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Suddenly I see

Focalizar. Me lo recordaba el otro día una clienta. Compró un Daruma, amuleto japonés del que ya he hablado en alguna ocasión, sirve para mejorar la constancia. Y entonces me habló de sus proyectos, de todas las cosas que quería hacer y la decisión que había tomado al ver que ninguna funcionaba: centrarse en una sola.


Echas la vista atrás y sí, todo se encarriló cuando te centraste. Antes querías hacer tantas cosas, ansiabas tenerlo todo porque conformarte con menos sería de tontos, empezabas algo y a la mitad ya empezabas lo siguiente. Todas las puertas abiertas para cruzar a cada momento la que más te conviniera. Y no. Tuviste que elegir una.

No hizo falta que fuera la más bonita, ni la más grande, ni la mejor pintada. Bastó con que fuese una puerta. Con un pomo para abrirla y algo desconocido detrás. Algo que te apetecía explorar. Confiaste en el pálpito. Una relación, una novela, un viaje. Un proyecto. Lo mejor es que con la energía que provocaste, todo lo demás echó a andar también. A su ritmo, pero lo hizo. De puro obvio, al principio lo olvidaste.


Es como hacer fotos. Puedes intentar un plano general que te abrume con tantos objetos y colores, un Dónde está Wally en el que nunca apreciarás nada, o puedes girar el objetivo, hacer zoom, centrarte en un detalle, el primero de muchos. Y foto a foto, llenarás el álbum.

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Idilio


Tú querías que yo te dijera
el secreto de la primavera.

Y yo soy para el secreto
lo mismo que es el abeto.

Árbol cuyos mil deditos
señalan mil caminitos.

Nunca te diré, amor mío,
por qué corre lento el río.

Pero pondré en mi voz estancada
el cielo ceniza de tu mirada.

¡Dame vueltas, morenita!
Ten cuidado con mis hojitas.

Dame más vueltas alrededor,
jugando a la noria del amor.

¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera,
el secreto de la primavera.

(Federico García Lorca, 1898-1936)

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Right in front of you

Ya lo decía Sherlock Holmes. Tienes que fijarte en los detalles pero sin perderte en ellos. Mantener la visión general. Recordar que cada detalle es sólo otra pieza, no un todo que deba pesar más que el resto. Como en los museos, a veces hay que dar un paso atrás para apreciar el cuadro en todo su esplendor.


Ayer descubrí un portal precioso en una calle que frecuento. Es un portal antiguo, seguramente centenario, de hierro forjado, con un dragón. Nunca lo había visto. Al pasar por ahí me fijaba en la tienda de al lado, soltaba una risita porque tenía un nombre gracioso. Y me perdía el portal, tan vistoso. Tan fotografiable. Ayer, en cambio, como iba hablando, no me fijé en la tienda sino en el portal.

Pero así somos. Tan preocupados por la mota de polvo que no apreciamos la majestuosa estantería en la que se ha posado. Los libros que hay en ella. Las lecturas que nos ofrecen, la chimenea que hay debajo, y el espejo, y la enorme habitación que refleja, la puerta entreabierta. Tantas cosas cerca y tu dedo sólo señalaba el polvo.


Si hay mar, no contemos las gotas. Exploremos las olas, las profundidades, las orillas, todos y cada uno de los rincones a nuestro alcance. Disfrutemos el sabor de la sal, la frescura del agua, el tacto de las algas que se escurren, la puesta de sol en el horizonte, el canto de las gaviotas. La certeza de que navegamos juntos. Suma los detalles: 2 y 2 son 4. Siempre lo supiste, ya es hora de que te lo creas.

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Owl City - The Midsummer Station

"We don't even have to try, it's always a good time."

Empezabas este año sin la energía de 2011. Nadabas hacia la orilla pero sin ver ni rastro de ella en el horizonte. Ese punto en el que el mar parece interminable y alrededor de tus pies difusos sólo hay agua y más agua. Las sombras de los peces te las imaginabas, porque allí debían de estar. Seguiste nadando. Y entonces llegaste.


Aquí estás. Owl City ha pisado el acelerador a fondo. No es que sus discos anteriores fueran un festival de baladas precisamente pero aquí no hay tregua que valga. Incluso el pelotazo Good Time, colaboración con Carly Rae Jepsen, lo ha subido de revoluciones para el disco. No es la canción más trepidante del disco, y además todas hablan de coches en marcha y planetas veloces y diversión a toda costa.

Lo bueno de este cantante es que si te gusta una canción, te gustarán todas. Tiene clarísimo su estilo y rara vez se sale de la línea. Esta vez, sin embargo, ha conseguido un disco que sorprende por su variedad, no empalaga como los anteriores. Es como si en el mismo almacén de siempre hubiera encontrado una caja con nuevos trucos. 

 

The Midsummer Station es alegría en pleno verano. Cometas cruzando el cielo día y noche. Fiestas con amigos regadas de sangría y cenas íntimas brindando con vino blanco recién sacado de la nevera. Fuegos artificiales inundando el cielo. Y muchas palmadas, qué haríamos sin canciones donde dar palmas. Queda claro: hay que reír, moverse, bailar, amar. A todas horas. Pues a por ello, parece fácil. Y quizá lo sea.


I wanna feel alive forever after
And you say, you say you wanna feel alive forever after
And I, and I, and I say
Follow the line through the dreams and disasters
Follow the line to the edge and the after
We won't turn around
We will not slow down

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Sitting on top of the world

Este año vuelvo a hacer muchas cosas. Cosas que tenía abandonadas, o que jamás intenté. He visto que puedo. Que quiero. Que me gusta, sobre todo. Hacer, redescubrir, intentar, ir. Fluir tiene eso, supongo. Avanzas y llegas. Con energías renovadas y el bagaje acumulado, incluso lo que ya conocías parece nuevo.


Fui a la playa y repetí porque el sabor del mar lo echaba de menos. Pequeños placeres. Jugar en el agua y sacudir la arena de la toalla. Mirarme al espejo al cuarto día de playa y notar, por fin, tantos años después,  un poco de color en la piel, la incipiente silueta del bañador. Algo es algo.

Fui también al CosmoCaixa. La última vez había estada con el colegio y aún se llamaba Museu de la Ciència. No es lo mismo ir de excursión extraescolar que ya crecidito a pasar la tarde con unos amigos y tu chico. Juegas igual, como los niños, experimentas y ríes, pero ahora significa mucho más que un viaje de ida y vuelta en autobús. Exploras cada rincón hasta la hora de cierre.


Y también fui al Tibidabo. Allí pasé un gran día entre atracciones: muchas nuevas y otras más intensas de lo que las recordaba. El lugar, tan entrañable como siempre.  Descubrí además que desde las alturas se ve todo mejor. La ciudad al completo. Las luces parpadean y los aviones se convierten en barcos. La perspectiva desemboca en la sinceridad y ésta será el mejor material para unos buenos cimientos.

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Alanis Morissette - Havoc And Bright Lights

Havoc And Bright Lights es la historia de un viaje. Tiene final feliz, claro, ya lo adelantan el primer single Guardian y la portada del disco. Alanis recibiendo el sol con una sonrisa de oreja a oreja, su melena al viento en medio de un campo de flores. De las de pedir deseos, además: dientes de león. Toda una declaración de intenciones.


"Después de todos estos años, quién nos iba a decir que la mejor Alanis sería la Alanis feliz". Eso decían en una crítica que leí el otro día. Y no sé si ésta será la mejor Alanis, tampoco la he escuchado tanto, para mí ella es más de canciones perfectas que de discos completos. Pero me gusta oírla así de serena, al fin.

La acompañas desde el suelo en Woman Down hasta las nubes en Edge Of Evolution. Cayó y aprendió. A ganar (Win And Win), a recibir (Receive). El propio concepto del disco hace que empiece discreto, con pinceladas rock y baladas pequeñas como 'Til You. Pero gana energía a partir de la eufórica Spiral. Energía y templanza y sabiduría y luz. Havoc lo resume bien: hay que cambiar con los cambios. Fluir.


Del caos a las luces brillantes. Cuántas veces hacemos ese viaje, el del enamoramiento, y siempre es un camino nuevo. Será porque haces otras cosas, creces, descubres. Redescubres. Ahora que está Él, hasta las canciones suenan distintas. Y eso tienes que contarlo. Escuchando el disco entero por fin lo entiendes. Sí, la felicidad siempre se siente nueva. Así que yergues la cabeza y le sonríes al sol.


I'll be your keeper for life as your guardian
I'll be your warrior of care, your first warden
I'll be your angel on call, I'll be on demand
The greatest honor of all as your guardian

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Pollo con ciruelas

Flaco favor le hacen a esta película con ese título y ese póster y ese eslógan. Afortunadamente, dieron el tráiler cuando vi Prometheus y pensé: esto hay que verlo. Herencia de su origen de cómic, Pollo con ciruelas tiene un punto de mágico realismo que puede recordar a otras películas francesas como Amélie o Jeux d'enfants.


Y me gusta eso. Cada vez tiendo más a este tipo de historias, muy realistas y por tanto identificables, pero con puntos de contacto con la fantasía. Traspasar la barrera de los sueños, espejos deformadores, escenarios de cuento desplegable, imaginación desbordada. Para realidad pura y dura ya tenemos el día a día.

El humor, el amor y el drama se confunden en Pollo con ciruelas. Hay momentos tremendos (la escena que da lugar al título, por ejemplo) pero también secuencias magistrales, como cinco minutos hacia el final en los que se resume una historia de amor a través de los años y la distancia. Me hizo pensar en el inicio de Up: así de buena y emocionante y bonita es.


El amor como motor. Inspiración, chispa de vida. Estás muerto sin saberlo y entonces revives. Y creas. Y sigues creando y ya no hay quien te pare. También se puede crear a partir de la sonrisa. Lo olvidamos demasiado a menudo pero ésas son, creo, las cosas que más merecen la pena. Las que te dibujan una sonrisa.

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I've got a ticket for a world where we belong

Cada mañana la misma escena. Sales de casa y en el portal, escoba en mano, la portera está hablando con la portera del edificio de al lado. Una pone cara de gravedad confidente; la otra, de sumo interés. Te sorprende que en su vida pasen tantas cosas como para tener que contárselas cada mañana sin falta.


Son los pequeños secretos de tu ciudad. Como cuando pasas por delante de una puerta que generalmente está cerrada y en su interior descubres un almacén o un jardín o un club de lucha clandestino. Al salirte de tu ruta habitual, en la calle de al lado siempre encuentras una tienda de cupcakes de apetitosos colores.

Lugares que parecía imposible que pudieran existir ahí mismo, tan cerca de tu día a día. Y sin embargo ahí están. Y de algún modo los sientes tuyos, familiares. La nueva montaña rusa en un parque de atracciones que ya conocías. Los conciertos de un festival en el que no has estado. Todo te está esperando para que lo descubras.


Hay que explorar. Con el acompañante adecuado todo es más fácil, claro. Creces cuando te fijas en estas cosas, cuando vas más allá y profundizas en las historias y las trastiendas del mundo, tu mundo. Cuando das oportunidades. Las ciudades pueden parecer grises o ricas, demasiado jóvenes o vigorizantes. Cambian tus ojos.

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Prometheus

Tendría 8 años o así. Una tarde de domingo, mientras mis padres hacían la siesta, me puse a escondidas la cinta de una película que me habían dicho que no viera, que me daría mucho miedo. De pequeño lo desafías todo. Pero sí, me dio tanto miedo que en la famosa escena del comedor tuve que parar. Seguí viendo la película a lo largo del día, a cachos, parando cuando el terror era insoportable.


La cinta era Alien. Luego llegaron tres buenas secuelas que nunca superaron a la original. Y ayer se estrenaba en España una película que puede o puede no ser una precuela de Alien. O quizá una película ambientada en el mismo universo pero sin relación alguna. Depende de a quien creas.

Yo digo que claramente es una precuela. No repite el terror pero está llena de guiños, pistas, respuestas y nuevos interrogantes sobre la saga. Y lo mejor de todo es que también funciona como película independiente. Ciencia ficción de la buena, con sus cuestiones metafísicas, sus paisajes helados y sus personajes enfrentados a una tensión latente.


Los peligros de preguntarse demasiado. Sobreanalizar, arañar porqués. No le busques tres pies al gato; déjale caminar con sus cuatro patas, como debería ser. Sí, deberías aceptar tu mundo tal como es. Ser feliz con lo que tienes. Dar las gracias. La vida es mucho mejor cuando sencillamente la disfrutas.

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Shôninki. El arte del disimulo

"Atrapa el hilo y no sueltes."

Me gustan los ninjas. Usaban el disimulo para conseguir lo que querían. No eran superhéroes. Investigaban, intrigaban, actuaban. Batman no inventó nada. Los ninjas ya se mezclaban con las sombras, se fabricaban sus propias armas y utilizaban el entorno a su favor. Con discreción hasta la victoria.


Este libro es un privilegio. Recoge las enseñanzas secretas que durante generaciones sólo se transmitían entre clanes. Capítulos breves, apenas esbozos de técnicas y recomendaciones. Un ojo de cerradura para ver, o intuir, cómo actuaban estos guerreros fascinantes.

Soy fan especialmente de los títulos de los capítulos, tan evocadores: "Las enseñanzas de lobos y zorros", "Acceder a lugares elevados y a las profundidades", "Lo que hay que saber sobre los senderos de montaña desconocidos"... Y también fan de párrafos como éste:

Razonas como un principiante. Si quieres adquirir un cántaro grande y no piensas en otra cosa, no verás nada más que el cántaro. En cambio, yo me acomodo a las circunstancias. Robo muchas cosas pequeñas que oculto en mi manga. Tras revenderlas, me compro un cántaro grande. Es lo que denominamos la estrategia de ampliar la perspectiva.


Ampliar perspectivas, gran concepto. Supongo que no será casualidad que en mi viaje a Japón hace ya cinco años, mi lugar favorito fuese Nara, su antigua base de operaciones. Me gustan los ninjas, sí. Porque fluían y siempre ganaban.