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La noche nos alumbrará

Hoy me siento más feliz de lo normal. Me comprenderás, supongo, si te cuento que hoy (auto)publico mi primer libro. Se titula La noche nos alumbrará y no, no es la novela de la que vengo hablando desde hace tiempo. Esa también llegará, porque todo llega, pero todo a su debido tiempo. Las mareas no puedes controlarlas, son más sabias.


No: La noche nos alumbrará no cuenta una historia. Cuenta muchas. Casi 200, de hecho: escritas a lo largo de los años en este mismo blog. Porque sí, después de compartir tantas experiencias, me apetecía reunir mis entradas favoritas de Sombras de neón y aquí están: revisadas, ampliadas, acompañadas por textos nuevos, conectadas entre sí a modo de juego... para que conviertas el día a día en tu propia aventura.

Cuando abrí el blog en 2009, lo hice aconsejado por el que entonces era mi novio. Él decía que me vendría bien, que así escribiría más. Y tenía toda la razón del mundo. Pero tardé tiempo en descubrir que un blog también puede servir de terapia, de desahogo, de faro en la niebla y de foro donde conocer gente afín. De motivación para mejorar. O para intentarlo, al menos. El libro intenta reflejar este proceso.

Así que gracias, Enric, por esa idea y ese título que me trajeron hasta aquí. Gracias también a Jose por la portada espectacular. Gracias a Fer de Confesiones tirado en la pista de baile por el prólogo. Gracias a Víctor Algora por cederme el título. Y también gracias a ti, lector o lectora, por darle sentido a cada entrada que hayas leído. Lo dicho: hoy me siento muy feliz.

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Rocket Man

"Un portazo, una maleta y un rellano. Así terminan todas las historias."

Tras una puerta, descubres siempre una ventana. Una etapa lleva a otra, aunque ahora no lo veas. Y esa incertidumbre, por nervioso que te ponga, también es lo que te mueve a dar pasos. Uno tras otro, a ver qué pasa. No sabes qué ocurrirá mañana, nadie lo sabe, pero sí sabes que sea lo que sea, lo acogerás con los brazos abiertos. Llevas los dos últimos años funcionando así y no puedes quejarte, ¿verdad?


Has sobrevivido en la tormenta, tienes la suerte de haber reunido cosas buenas en tu vida y mejores personas con quienes compartirlas. A tu cupcake solo le falta el topping. Mueres de ganas por comértelo, pero de momento sigue batiendo la buttercream. Tiene que estar a punto de nieve antes de que te sirva de decoración. Paciencia, cuando sea la hora ya presumirás de foto en Instagram. Por ahora, siéntete orgulloso de todo lo que has logrado y aprendido. ¡Felicidades!

"Yo me iba, pero ella continuaría al otro lado del mostrador, esperando al próximo romántico lo bastante loco como para recalar allí. El rellano, unas escaleras que bajan, otra puerta, lluvia, una calle desconocida. Así se vuelve a la superficie. Donde siempre hay aire. (Extraído de: El mar llegaba hasta aquí.)"

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Signals

Hay señales curiosas. Diseñadas para gente que no las necesita. Carreteras sin nombre, salidas de la autopista que solo se anuncian cuando ya llegas a ellas, destinos que al parecer hay que esconder a los no residentes. El otro día descubrí que en los andenes de FGC no había mapas. Solo cuando el tren llegaba, aparecían durante unos segundos las estaciones en las pantallas.


A mí no me importó. Fui descifrando las pistas y al final llegué a mi destino. Pero supe que quien se había encargado de diseñar las estaciones, no las utilizaba. Sano y salvo en su despacho, era alguien que no se había perdido jamás. Porque la gente, al perderse, agradece que la guíen. Tocar fondo y ahí encontrar una flecha de neón muy luminosa que apunta hacia la salida.

Por suerte, de tanto dar vueltas, los náufragos se fabrican sus propios faros. El cartel de una tienda nueva al girar la esquina, frases que te guiñan desde la página de un libro abierto al azar, canciones cómplices saltando en el reproductor cuando menos piensas en ellas. Y al convertirse en supervivientes, a los ex-náufragos les gusta compartir linternas con los recién llegados para que ellos encuentren los suyos.

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Maybe in our wildest moments

¿Cómo se escribe un libro? O cómo consigues terminarlo. Me lo han preguntado un par de personas estos días y no sabía qué responderles, porque nadie tiene fórmulas mágicas, creo. Y ésa es la magia de los libros. Que te sientas a escribir y, tecla a tecla, tus personajes respiran. No hay más secreto: escribir cada día y sin excusas.


Pero tiene que haber algo más. Yo me propuse, por ejemplo, crear el libro que a mí me gustaría leer. Fue un consejo que encontré en este blog inglés que recoge citas y trucos para inspirar a los escritores. Recomiendo seguirlo en Twitter, sus frases siempre llegan cuando las necesitas.

Volviendo al consejo, seguro que admiras a varios escritores y hay muchos tipos de libros que te gustan: historias de terror, comedias románticas, viajes a países exóticos, aventuras medievales, crímenes, ensayos sobre música. Pero ninguno lo conglomera todo. Ese libro es el que te está esperando a ti. Los demás ya están escritos.


Es una experiencia curiosa, atreverte a soltarlo todo, sinceridad absoluta porque, como decían en Aullido, hay que contarles a las musas lo que solo le contarías a tu mejor amigo. Nadie dejaría leer a otro su diario, pero si escribes, quieras o no, es para que otros te lean. Apechuga.

Llegará ese día que terminarás el libro y se lo mandarás a alguien y te entrará pánico escénico esperando un veredicto. Tantas horas a solas y por fin te expones. Qué ocurrirá. Por no morderte las uñas, hojearás tu libro. Con espiral y tapa de plástico. Y entonces, en la portada, además del título, verás tu nombre. Sonreirás, satisfecho. ¿Cómo lo has logrado? ¿Cómo se escribe un libro? Ni idea, pero aquí está el tuyo.

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Mals hàbits

Me propuse tener un libro publicado con 30 años. Y luego llegaron los 30 años y yo seguía sin terminar de escribir ninguno. Me propuse acabarlo antes de 2013, al menos. Y creí haberlo logrado, pero todavía faltaba el imprescindible proceso de revisión y reescritura. Me propuse tener el manuscrito definitivo para Sant Jordi. Y pasó Sant Jordi. Pero dos semanas después, un día por fin lo terminé y lo llevé al registro y pude compartirlo con los amigos cercanos.


Doy gracias a esas fechas de entrega que yo mismo me puse y nunca cumplí porque ellas me pusieron en marcha. Cada página escrita me acercaba un paso más, aunque no siempre viera el horizonte. Ahora sé que es necesario fijarse fechas, proponerse objetivos, servirse de cuantos amuletos quieras (yo usé un Daruma). Todo ayuda.

Abril fue un mes intenso de cambios y por suerte también mucho trabajo. Aproveché esa energía para escribir. Solo tuve que recortar tiempo del blog, que hoy retomo. Se cierra una nueva etapa y empieza otra. He llegado a la orilla, ahora toca explorar la isla entera, encontrar una editorial que confíe en mi obra. Pero ya puedo decirlo: me llamo Alex Pler, soy escritor y mi primera novela se titula "El mar llegaba hasta aquí".

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1+1=1.000

"Aquest viatge només és un resultat."

Dije que no volvería a la playa. Dije también que durante una temporada larga no quería novio, que a este ritmo nunca terminaría de escribir una novela, que nunca me gustarían los gatos, que no me gustaba el vino, que lo mío no era la repostería. Dije tantas cosas que eran verdad pero este año la tortilla se ha dado la vuelta.


Me faltaba, supongo, la energía. La fuerza motora. Y la encontré. A finales de marzo, gracias a un amigo, que nos presentó. Resulta que estas cosas pasan. Siempre me preguntaba: cómo conocer a alguien, si el ambiente no me gusta, en mi trabajo no tengo compañeros y paso de redes de ligoteo. Pues así. Mola.

2012 ha sido un año muy completo. He terminado mi primera novela. He vuelto a disfrutar cosas como ir a la playa y he hecho muchas otras por primera vez. Cuidar de un gato, por ejemplo. Ayer mismo preparé los primeros cupcakes de mi vida (bueno, presencié cómo los preparaban, pero compré los ingredientes, así que cuenta). Además, he seguido disfrutando de los buenos amigos, conservando nuestras pequeñas tradiciones. He aprendido, sobre todo, que la vida es lanzarse.



Para 2013, solo tengo dos deseos y un propósito. Conservar todo lo bueno del año anterior, mejor salud y, desde luego, ponerme las pilas buscando editorial para poder compartir muy pronto la novela. Gracias a todos los que me acompañáis en este viaje. Y gracias especialmente al chico que abrazaba peluches. Más, por favor.



Que un més un sumen mil
Que no hi ha restes, només ganes de seguir
Que un més un sumen mil
Que amb tu els números m'acabaran sortint

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When I write the book about my love

Al final llega un día que te lanzas. Pones todo de tu parte y llegas a la meta. Eso es lo que te recuerda día a día un Daruma, amuleto japonés para trabajar la constancia, la persistencia. No me considero supersticioso. O quizá sí, un poco. Lo justo, como todos, supongo. Pero no fue la superstición sino esas ganas de llegar, por fin, a la meta, lo que en pleno Agosto de 2011 me hizo coger aquella figura rechoncha y roja, pintarle un ojo (el derecho) y colocarla en lo alto de mi estantería. Vigilándome. Me había propuesto escribir un libro. Más que eso: terminarlo (y terminarlo antes de los 30, los cumplo en Junio).


Escribir he escrito muchos libros, pero todos se quedaron a medias: personajes desparramados a lo largo de páginas y páginas (bueno, tampoco tantas) que de repente se cortaban en seco. Eso había hecho durante los últimos 10 años: con mil excusas, dejaba morir de inanición a mis personajes a lo largo y ancho de páginas blancas. Pero esta vez iba a cumplir mi objetivo. Esta vez no iba a decir: "hoy no escribo porque estoy cansado", "ya escribiré mañana porque hoy prefiero leer", "ahora no estoy inspirado, a ver si por la noche...". Nada de todo eso.

En Agosto, me obligué a escribir un mínimo de una página diaria en el precioso cuaderno Paperblanks que había comprado para la ocasión. El Daruma me vigilaba. Y quedaría bien decir que, después de 10 años haciendo el vago, esos primeros días de volver a arremangarme para escribir fueron duros, pero sería mentira. Fue sorprendentemente fácil. Al segundo día ya me había olvidado del Daruma y de lo inconstante que fui en el pasado: escribía. Pronto, esa página diaria se convirtió algunos días, los más prolíficos, en muchas más: dos, cuatro, diez páginas. Y no dejé de escribir ni un día, ni siquiera estando enfermo o esas noches que volvía a casa después de horas bailando y bebiendo. También entonces escribía religiosamente mi página diaria.

Y pensaba: escribir era esto, dejar fluir el bolígrafo, no tener miedo a manchar el papel. Escribir es escribir. Si era tan sencillo ¿por qué no lo hiciste antes? ¿Por qué dejaste morir tantos libros? Porque ahora es el momento, el libro que tenías que escribir era éste. Tu libro. Adelante. Primer cuaderno terminado, empiezas el segundo, sigues escribiendo. El segundo cuaderno se acaba y escribes por fin, al fin, la palabra mágica: FIN. Por primera vez en toda tu vida, has terminado un manuscrito del que estás orgulloso.


Ahora toca pasarlo a limpio, ordenar escenas que por el momento sólo son párrafos volcados en cualquier orden, ampliar algunos diálogos, sintetizar descripciones, descubrir que hay tramas que eliminaré y otras que aún están por nacer. Reescribir, corregir. Ahora empieza la segunda fase, pero aún así hoy estoy muy contento porque lo importante, el libro, mi libro ya existe. Me gustaría que la ilustración de Natsko Seki que corona este párrafo fuera la portada. De hecho, en cierto modo ya lo es: un amigo me regaló un prototipo del diseño, la ilustración con el título y mi nombre, impresa y enmarcada. Ver esa imagen en mi mesilla me ha dado tantas energías que creo que este último mes la novela ha crecido.

Empecé escribiendo un libro sobre vampiros (emocionales) y acabé escribiendo sobre la soledad. La soledad que tú eliges, la que tú disfrutas. Bueno, no sé si va de eso el libro. Falta ordenarlo, ya lo he dicho. También trata de cómo nos vengamos con los demás de todas esas cosas que no hemos tenido. Y de tardes de lluvia. Llueve mucho en mi libro, sí. Pero creo que, pese a todo, no es un libro triste. Ya lo dije un día en mi blog: quiero compartir mis ganas de vivir. Así que igual va de eso, la novela: de todas las maneras en las que intentas ser feliz, todos los errores que te llevan al único sitio que de verdad te pertenece.

Aún falta tiempo para publicarla, lo sé. Pero ha sido hoy, viendo esos dos cuadernos completados, sus 284 páginas escritas, cuando he sabido que llegaremos a buen puerto. Ella, la novela, y yo. La publicaré. Me hace ilusión contaros que se titula El mar llegaba hasta aquí. ¿Y la primera frase?

"Siempre llovía."

Gracias, Daruma.