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Banana Yoshimoto : Amrita

"Los descubrimientos más memorables se realizan
cuando nos adentramos en las cosas por nosotros mismos
y, solos, las hacemos nuestras."

Me gusta los libros que te sumergen en su historia. Y en verano más. Una historia sencilla, donde en realidad no ocurren demasiadas cosas, solo el descubrimiento de uno mismo. Cada frase una oleada, el libro te mece y te serena. Te atrapa en ese no pasar nada, porque quieres sentirte como la protagonista. Ella permanece siempre estoica y esperanzada.


Lo leí por recomendación de Aitor Villafranca, que acertó de pleno. Es un libro para las vacaciones. O para cuando necesitas estar de vacaciones. Una ventana a otro mundo donde nada va contigo, y todo ocurre despacio. Como la brisa entre las palmeras. Antes de darte cuenta, tu sofá se ha convertido en una hamaca y en la mano tienes un vaso de piña colada.

Banana Yoshimoto a veces se pasa de cursi. Aquí no. O sí, pero se lo perdonas. Dejas que te vaya desmenuzando la historia de esa chica que vuelve a nacer tras un accidente y poco a poco recupera el gusto por la vida, los detalles que la hacen feliz, las conexiones con viejos conocidos y nuevos amigos. En fin: hay que leerlo para ver la vida con otros ojos.


No tengas la misma prisa que yo. Mira bien la cena que ha preparado mamá, el jersey que te ha regalado. Mira bien las caras de tus compañeros de clase, las casas del barrio que demuelen para construir otras nuevas. Cuando se vive en el mundo real uno no se fija en lo que le rodea, pero estando en el camerino de un teatro no se te escapa nada. Date cuenta de que el cielo es azul, de que tu mano tiene cinco dedos, de que papá y mamá están ahí, lo mismo que las personas desconocidas con las que hablas por la calle: todo eso es como beber agua fresquísima. Si no se bebe cada día no se puede vivir. Si no se bebe, si el agua está ahí y no la bebes a grandes sorbos, la garganta se seca y se muere. No sé explicarlo bien, pero es así. Di que no tengo ningún pesar. Díselo a todos. Yo siempre acababa los deberes de vacaciones en la primera semana, lo mismo que el diario que nos mandaban escribir en vacaciones, y envidiaba a los demás, que lo hacían todo en la última semana deprisa y corriendo. Pero me veía obligada a hacerlos enseguida por miedo. Yo de niña era así. Sin embargo, la próxima vez que escriba un diario no cometeré el mismo error, describiré el calor del verano, los rayos de sol, día a día, tal y como lo vaya sintiendo. Tuve prisa. Eso es todo. (Páginas 259-260)

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Mysterious times

Estos días ando leyendo a Agatha Christie. La alterno con otras lecturas, para mantener cierta capacidad de sorpresa. Que no me pase como con Sherlock Holmes, que me leí todas sus aventuras del tirón y al final siempre adivinaba por dónde había que tirar del hilo. La solución no, eso estaba solo al alcance del mejor detective.


Ya había visto con mi abuela muchas de las adaptaciones televisivas de los casos de Hércules Poirot y Miss Marple. Pero aún no había leído ninguna de las novelas. En su momento tuvieron que causar sensación hechos tan truculentos donde además, la clasista clase alta salía siempre mal parada ya que eran capaces de cualquier crimen con tal de mantener su estatus. Ahora no nos pilla de nuevo, eso.

Me estoy divirtiendo con las obras completas de esta mujer. Lectura fácil para el verano, que le llaman. Lo mejor de todo es que, entre asesinato y asesinato, Agatha Christie, la autora de best-sellers para el consumo masivo, dejaba caer frases antológicas:

Esto es arte. Pagar el precio, sufrir, perseverar, y al final no solo haberlo aprendido todo, sino tener también el poder de volver atrás, de tornar al principio y recuperar la belleza perdida, y el corazón de un niño. (El canto del cisne)


La ventaja de una isla consiste en la imposibilidad que tiene el viajero de ir más lejos. Parece haber llegado al fin del mundo. (Diez negritos)
 Seguiré leyendo.

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Kids / La inocencia del haiku

La fascinación de la lluvia. Se la expliqué por escrito. Luego me dio por pensar en su reacción: pensará que estoy loco. Que me fijo en naderías, como por ejemplo la lluvia en mi piel; al principio, moja mucho, pero luego la asumo, la abrazo, y la lluvia se vuelve más fina, pequeñas chispas que se escapan de un refresco y te rozan la nariz.


Pensará que estoy loco, o que poca gente nos fijamos en esas cosas. La mayoría cuando llueve sólo se preocupa de correr. Yo cierro los ojos hacia el cielo, pienso en cómo mejorará mi novela ahora que siento cómo se encogen las gotas. Y lo comparto con él, como lo haría un niño. Quizá soy un niño que todavía se sorprende cuando llueve. Todos deberíamos permitirnos ser niños de vez en cuando.

Vicente Haya asegura algo que un buen poeta debería recuperar los ojos de la infancia. Su capacidad de sorpresa. Por eso, se propuso recopilar haikus de niños menores de 12 años, convencido de que en ellos hay la pureza y el riesgo de los maestros. Le dijeron que ese tipo de libros no existían, pero dio con varios y ha traducido los mejores poemas.


Llevando un manojo
de espigas de arroz, feliz...
Pero pesan... ¿eh?

Son humildes, los niños. Reconocen que las historias pesan, incluso las que te hacen feliz, o esas más que ninguna otra, porque las llevas con cuidado: que no se caigan y tengas que recogerlas luego, bastante te costó ya la cosecha. Pasito a pasito.

El camino
que recorrió el caracol
está brillando

Un adulto se fija en el caracol, en la lentidud, en la lejanía de la meta, incluso en la ausencia de meta, parece que los caracoles no vayan a ningún lado. El niño se fija en cambio en el camino recorrido. Cómo brilla ahora que ya sale el sol. Actitud de vida.

En la mudanza,
lo último que llega:
los peces de colores

Los ojos del niño abiertos de par en par al ver tantos peces de colores. Revolotean dentro de una bolsa de plástico. Atrás queda el sudor y el trajín de cajas. Coge la pecera, decórala, llénala de agua, los peces ya están aquí, esto ya es una casa.


Cantan las cigarras
Los secretos que nos contamos
apenas se escuchan

La importancia de la intimidad.  En el bosque o en el sofá, tú y yo, contándonos cosas, aunque apenas se escuchen, cosas pequeñas, que sólo sabemos nosotros. Para los niños, todo es tan importante que lo susurran a la oreja del otro.

Plantado el arrozal,
me lavo las piernas
y voy otra vez a verlo

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Michel Coquet - Iaido. El arte de cortar el ego

"Desea el fruto de tu acto
y te conviertes inmediatamente en esclavo de ese deseo."

El arte de cortar el ego. Título potente. Los libros llegan a ti y éste llegó a mis manos gracias a un cliente de la tienda. Estábamos hablando sobre textos clásicos de samuráis, mi favorito, el Hagakure, el que él estaba comprándome, el Libro de los Cinco Anillos, lo que tenían que aportar todos, y acabó recomendándome este título. Más moderno, de un autor francés que recogía las enseñanzas de un maestro japonés anónimo al que se le da el nombre en clave Takeuchi.


¿Qué es cortar el ego? No es negar su existencia. No es rechazar sus necesidades y deseos. Es justo lo contrario: aceptarlos como tales, comprenderlos para comprenderte, reconocerte como ese niño que reclama atención constante, hasta que nada de todo eso importa. Sólo ser ahora. Y disfrutarlo. "La naturaleza humana desea demasiadas cosas. Siempre quiere más y se olvida  de ser", dice el maestro Takeuchi a su alumno, y con el libro en las manos jurarías que se dirige a ti. Para alguien que está aprendiendo a fluir de verdad, no había libro más conveniente.

Es una falta de intuición y de respeto decidir los sentimientos de quien te guía. Es una afrenta porque es demostrarle una total falta de confianza. El ego no acepta ser excluido, no ser nada. Trata siempre de atraer la atención sobre él, busca siempre ser apreciado y recompensado. No quiere morir y se agarra desesperadamente a las formas y a los sentimientos que le relegan a su limitado universo. Has sido débil, pues ¿qué te importa quien te guía? Tienes tu sable ¿no es suficiente?

Ejemplos muy visuales que iban desmontando (reconstruyendo con las mismas piezas, en realidad, como si todo aprendizaje fuera un juego de LEGO) todo lo que dabas por indiscutible. Te tienes por alguien que se fija mucho en los pequeños detalles, como un aprendiz de Sherlock Holmes y entonces encuentras frases como éstas y entiendes al fin por qué Sherlock Holmes era tan bueno:

El detalle no cuenta, dice, sólo tiene importancia el conjunto de detalles. El detalle
nos confunde, pues se refiere a un solo aspecto del problema.

Piensas que es bueno fijarte en la belleza de todo, amas las cosas bellas, repartes sonrisas y canciones felices como quien regala autoayuda, todo es bello, pero ¿podrías ser fan de Madonna si la vieras, ya no usando el baño, sino como el conjunto de músculos y piel y sangre y vísceras que en realidad es y no la idea que representa? ¿Podrías amar a alguien hasta el punto de abrazarlo como un simple ser humano?

Hay que admirar el jardín por lo que es y no por lo que parece en un breve instante. Aprecia lo que va a cambiar, adora lo que es eterno. Observa a un niño pero déjalo convertirse en hombre. Contempla las nubes pero déjales seguir su curso; contempla las flores, pero no te apenes cuando sus pétalos sean arrastrados por el viento.

Comprender que quieres ser agua y de momento eres hielo. El mismo elemento en etapas distintas.


Tu mente se cristaliza a menudo cuando debería ser constantemente como el agua, el agua que toma la forma del recipiente en que se encuentre sin oponerle ninguna resistencia. Por el contrario, has sido como un bloque de hielo cuya forma fue la de tu propio ego.

Como cuando preparas una copa y los cubitos son demasiado anchos para el vaso, y en vez de esperar a que se ablanden o rociarlos con un poco de agua tibia, los incrustas a la fuerza, un golpe, otro, y acabas por romper el vaso. Los cubitos cabían en el vaso, sólo tenías que esperar. Paciencia, sin prisa, sin pausa: pasito a pasito, baldosa a baldosa, aprenderás a brillar. Comprenderás que existe una empuñadura porque tienes dos manos para sostenerla. Y cortarás.


El hombre es como una bombilla cubierta de varias capas de pintura. La luz está allí, pero las diversas capas de pintura impiden que se irradie. Ni somos las capas de pintura ni la bombilla de cristal. Únicamente somos la luz.

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Natsume Sôseki - Haikus zen

Ha tenido que llegar este libro, el segundo de Sôseki que leo, para descubrir que este autor promulgaba un tipo de individualismo muy parecido al que defiendo yo en este blog. No es que los poemas vayan de eso (¿de qué va un poema? ¿merece la pena descubrirlo o es mejor hacerlo tuyo, sentirlo?), es algo que se menciona en el prólogo y en lo que ahondaré con otros libros suyos. Pero empiezo a entender por qué fue uno de los primeros autores que descubrí a principios de año. Me ponía en la casilla de salida.


Haikús zen es un libro pequeñito, tan bien editado y atractivo como todos los que publica Olañeta, una editorial cuyos títulos da gusto toquetear, exponer en la estantería. Diría que éste es su primer libro íntegramente de haikus, la poesía japonesa más universal: tres versos breves que capturan la emoción de un instante. Sôseki lo hace con especial sensibilidad, a veces con un sentido del humor chocante, como si estuviera profanando un género. Y al mismo tiempo es muy fiel: los haikus deberían recoger una estación, y los suyos tienen el sabor indudable de cada una. La edición la acompañan dibujos y caligrafías del autor.

El "zen" del título no viene muy a cuento, porque todos los haikus deberían serlo ya de por sí. Escribir haikus es comprender que no hay mejor momento que éste en el que estás ahora mismo. Es abrir la boca y los ojos extasiado por una libélula que cruza el aire, es saltar al vacío sabiendo que siempre podrás agarrarte a una rama desde la que, colgado, contemplarás la luna llena. Siempre digo que terminas de leer haikus y sales a la calle con otra mirada. Y es verdad.



El gato en celo
ha adelgazado tanto
es solo ojos

Arroyo primaveral
que fluye
abrazando la roca

Con una mano
no bato palmas, pesco
un pez en el reflujo

Volviendo a ver las cosas
al subir y bajar como antes
el monte de otoño es nuevo

Ahora me atrevería
a entrar en la cueva del tigre
esta mañana de intensa nevada

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Why can't you choose yourself like your enemy?

Ocurre a menudo: una frase en apariencia simple se te graba a fuego. Otros quizá no entenderán su fuerza, por más que se la intentes explicar, pero para ti esa frase lo significa todo. Ahora mismo, al menos. Me pasó el otro día leyendo La mente del samurái. De repente, una frase saltó del texto y algo hizo click dentro de mí. Siete palabras conformando una llave que abría todas las puertas.

"El oponente existe porque nosotros estamos presentes."


Entiendo la palabra "oponente" de muchas maneras. Un oponente puede ser un problema que te preocupa, una persona que no te cae bien, alguien que ves en la discoteca y te lo quieres ligar, una madre a la salida del colegio taponando la acera. Personas, situaciones a las que le otorgas tal importancia que te abruman. Te bloqueas porque te sientes muy inferior al problema, al obstáculo, a la persona que tienes enfrente. Pero cuando eres consciente de que ellos no existirían si no estuvieras tú, que en cierto modo son un reflejo tuyo y por tanto tú tienes su misma fuerza... la cosa cambia. Ahora el control lo tendrás tú. Te sentirás tan seguro de ti mismo, actuarás con tanta decisión que serás imparable.

En cierto modo se trata de convertirte en agua: fluir con las cosas y aprovechar esa fuerza que les otorgabas a tus oponentes para activar tu propia fuerza. Estar seguro de que si tienes un problema también conoces su solución y además, por el camino, aprenderás algo nuevo de ti mismo; utilizar la persona que no te cae bien como recordatorio de todo lo que sí te gusta ver en los demás, recordar la clase persona que quieres ser, la que luchas por ser; acercarte al ligue con paso firme (te está mirando: no dudes); cambiar de acera para andar libre por otra y así fijarte en detalles que no habrías visto desde la que no podías avanzar. No protestes: agradece cada reto, porque de todos ellos saldrás reforzado, incluso recompensado.


Así que tengo que darle la razón a Issai Chozan: el enemigo existe porque tú estás presente. Llevo dos días resolviendo todas las situaciones con esta frase en mente y los resultados no podrían ser más espectaculares. Pruébalo, a ver. Igual acabas como yo: dando las gracias a todos los samuráis por ofrecerte, a través de tantos siglos de distancia, las palabras acertadas, transformándote tú también en un samurái moderno e imparable.


"Hay que ganar desde el principio para salir victorioso siempre."
(Hagakure, Yamamoto Tsunetomo)

"No te surge ningún problema para el que no conozcas la solución. Todo problema surge para aprender algo importante."
(La ley del espejo, Yoshinori Noguchi)

El oponente existe porque nosotros estamos presentes. Si no estuviésemos, no habría oponente. El término "enemigo" u "oponente" denota confrontación. Es lo mismo que yin y yang, o fuego y agua. Todo lo que tiene forma, tiene oposición, pero si tu mente carece de forma, no puede tener oposición. Cuando no hay oposición, no hay oponente. Eso se llama "sin enemigo, sin sí-mismo". Al olvidarte tanto del sujeto como del objeto, cuando asumes un estado de sosegada inacción, te sincronizas... y cuando quiebras al enemigo, apenas te das cuenta. En ese estado, no eres inconsciente, sino que, como no hay pensamientos conscientes, te mueves por intuición.
(La mente del samurai, Issai Chozan, Página 25)

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Morihei Ueshiba - El arte de la paz

"No pases por alto la verdad que está justo frente a ti."

Si El arte de la guerra ya me pareció una apuesta clara por la paz, imaginaos un libro que se titula El arte de la paz. Es un recopilatorio de frases, pensamientos y aseveraciones de Morihei Ueshiba, fundador (esto lo descubrí después) del aikido, arte marcial pacifista que literalmente vendría a significar: "el camino de la armonía con las energías internas".


Y de esto trata el libro, de reconectar con esas energías internas que todos llevamos dentro y a las que tan a menudo dejamos de prestar atención. Redescubrir nuestro centro porque de ahí parte todo. Hay libros que no se deberían comentar, tan solo leer. Éste es uno de ellos. Eso sí, recomiendo leerlo en un sitio especial, propicio para ese reencuentro con uno mismo. Yo lo leí mientras se ponía el sol, sentado en la barandilla de la Carrera del Darro, el riachuelo a los pies de la Alhambra, justo donde quedan los restos de un antiguo puente o arco que ya nadie cruzará. Os invito a encontrar vuestro lugar.

"El Arte de la Paz comienza contigo.
Trabaja sobre ti mismo y sobre la tarea
que hayas seleccionado en el Arte de la Paz.
Cada uno tiene un espíritu que puede ser refinado,
un cuerpo que puede ser entrenado de alguna manera,
y un camino adecuado a seguir.
Estás aquí con el solo propósito de entender
y darte cuenta de tu divinidad interna
y de manifestar tu iluminación innata.
Promueve la Paz en tu propia vida y entonces
aplica el Arte a todo lo que surja en tu camino."



"Juguetear con esta o aquella técnica no sirve de nada.
Solo has de actuar con decisión, sin reservas.
Los secretos están a la vista."

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Through the jungle, through the dark

"No busquéis el camino en los otros, en un lugar lejano; 
El camino está bajo nuestros pies. 
Ahora viajo solo...
Pero puedo encontrarlo en todas partes; 
Ciertamente, él es ahora yo,
Pero ahora yo no soy él. 
Así también, cuando encuentro lo que encuentro,
Puedo obtener la verdadera libertad."

(Taisen Deshimaru)


El otro día di con estos versos de un maestro zen. No recuerdo cómo llegaron a mis manos. Las mejores llegan así, de la nada, inesperadas (pero bien acogidas). El caso es que el poema me gustó. Mucho. Era una paso más allá del "Caminante no hay camino, se hace camino al andar" de Machado que todos aprendemos de memoria en el instituto para luego olvidarlo nada más salir.

Leí este poema y me acordé de una serie de vídeos fascinantes: Eat, Move, Learn. Son de una agencia de viajes australiana y recogen en 3 piezas de un minuto los viajes alrededor del mundo de un chico que hace eso: comer, moverse, aprender. La vida y el mundo en tres minutos. Buscándolo en YouTube, di con un vídeo de Levi's muy logrado también en el que un chico atraviesa Estados Unidos caminando. Wow.

Siendo bebés quisimos caminar para verlo todo desde más arriba. Luego nos acostumbramos a seguir las calles y carreteras, a obedecer las señales (y ya sabes que no me refiero sólo a las de tráfico). No existe nada más allá de los semáforos y las líneas y las vallas. Nos olvidamos de lo más importante. Confiar en nosotros, en la propia anatomía, en ese instinto natural que nos lleva a poner un pie delante del otro, una y otra vez. Caminar.



Caminemos, pues. Encontremos nuevos caminos.

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Christian Bobin - Autorretrato con radiador

"Lo que parece que empieza, tan sólo continúa."

Para empezar el año, me regalé un pequeño cuaderno con la idea de utilizarlo de diario. Era del Principito, con él montado en su planeta y la frase "Lo esencial es invisible a los ojos". Y he ido anotando puntualmente mis pensamientos, observaciones, vivencias, dibujos, citas que me he ido encontrando. Pero hay días que llega la noche, te vas a dormir, coges el diario y no sabes qué decir. ¿Acaso no te ha pasado nada ese día? Parece que no. Nada que merezca la pena quedar recogido en el cuaderno, al menos.


"En lo que trata de arruinarnos, crece nuestro tesoro."

Christian Bobin, en Autorretrato con radiador, me ha dado una lección. Durante un año, se dedicó a escribir sobre flores. Compraba dos ramos por semana, siempre flores distintas, contempló cómo se inclinaban hacia la ventana, cómo se arrugaban, cómo buscaban la vida más allá del florero. Y escribiendo sobre flores, claro, acabó escribiendo también acerca de la ausencia y la compañía, de la búsqueda y el encuentro, de la escritura y la lectura. Pedazos de vida. Todo lo recoge. Compone un autorretrato a partir de las cosas que observa.

"Lo que quiere ser colmado en nosotros
quiere en realidad ser obedecido."

Es un libro mágico. En cierto momento, el autor asegura que cada libro no es sino el reflejo de su lector (y no de su escritor, como podríamos suponer). Los libros te escuchan, dice. Puede que tenga razón. Y éste lo hace de forma única. Te duele la cabeza y la página siguiente te habla del dolor de cabeza, piensas en canicas y ahí aparecen, rodando por un párrafo precioso, piensas en las nubes y llegan frases nubladas (nubes blancas y nubes negras, según), evocas la infancia y el libro te habla de infancia. ¿Lo has escrito tú? Llegas a pensarlo en más de un momento. Llegas a desearlo.


"Lo que encuentro es mil veces más bello que lo que busco."

Autorretrato con radiador se trata, en realidad, de un amuleto. Conviene guardarlo cerca y releerlo a menudo, abriendo páginas al azar. A ver qué encuentras. Por ejemplo, citas como las que he repartido por esta entrada. Y otras mejores que sólo verán tus ojos. Atesorarás cada frase como debieron venerar el primer fuego que se encendió en la Prehistoria. Y por el camino, aprenderás a llenar de luz cada día, porque todos los días la tienen. No la busques, tan sólo abre la ventana y contempla la lluvia, las nubes, el sol, los árboles, el muro, los coches, la araña. Todo puede enseñarte a bailar.

"Lo que la lluvia, la nieve y el sol hacen a una acera, agrietándola
y dejando pasar una hierbecilla a través de las grietas,
es lo que a mí me gusta hacer con el papel en blanco."

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Christian Bobin - Un simple vestido de fiesta (II)

"Si la literatura es la expresión del corazón,
el mío ha encontrado su morada"
(Liu Xie)

Esta mañana la crítica de un libro mágico. Ahora la pesca de citas. El libro está lleno...


"Por qué inquietarse por mañana, hoy dará buena respuesta a todo."

"Cómo reunirse con lo que se elude. Cómo palpar la vida inmediata, cómo volver a la vida sencilla. Sí, cómo."

"Alisar. Borrar todos los pliegues y regresar a lo más amplio, a lo más continuo, a la continua y amplia dulzura de vivir."

"Cansa buscar cuando no sabes lo que buscas."

"Nunca hay más de dos personas en una historia."

"Todo empieza por una declaración de guerra: te quiero."

"No hay otra cosa que aprender en la vida más que a uno mismo. No hay nada más que conocer. Por supuesto, uno no aprende solo. Hay que pasar por alguien para alcanzar la parte más secreta de uno mismo."

"El principio y el fin se nos dan juntos, sólo lo vemos después."

"Es una vida que no tiene y sin embargo es la única. Ella escribe para conseguirla. Escribe por el pan de cada día, el que nunca se regala. El pan de silencio, la miga de luz. El trigo de tinta. Uno se enamora de su estilo como podríamos enamorarnos de ella."

"Con el final del amor, aparecen los reyes magos: la melancolía, el silencio, la dicha."

"Todos los libros son uno y el mismo cuando se leen radicalmente. Todos hablan de ti. Todos señalan al tiempo el cenit y el ocaso: siempre se ama más de lo razonable, sin que sea jamás suficiente. Lo demás es el cielo antes o después de la tormenta. Anécdotas. Excusas. Artimañas. ¿A quién importa el cielo? Lo que importa es el ángel."

"En el fondo, se trata de dejar de protegernos del miedo. ¡Mira!: tienes todo lo que necesitas."


Leeréis todo esto y mucho más en Un simple vestido de fiesta. ¿Y cómo puede ser simple un vestido de fiesta? Retornar a la belleza de las cosas inconexas (como cantaría La Casa Azul) es descubrir justamente eso.

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Beginners

"You point, I'll drive."

Beginners es mi nueva película favorita. Fue la recomendación de David, un lector de este blog que suele acertar con mis gustos, me habló de ella y me la apunté en mi lista de películas pendientes. No pude verla en el cine porque mientras todavía estaba en cartelera, una serie de coincidencias me llevaron a ver El Caso Farewell (que me encantó); pasaron los meses, y al final todo se juntó para que viera Beginners el día 1 de enero de 2012. Conozco a otras dos personas que se la reservaron para verla el mismo día, supongo que es un título muy evocador para Año Nuevo. Y así, por fin, aquella misma noche la vi. Y entendí que todo se había confabulado para que recibiera este año precisamente con esta película. No había película mejor.


No es una comedia. Tampoco es exactamente un drama, aunque yo lloré a moco tendido. Trata de la muerte, de los fracasos, de las cosas a las que renunciamos, de los finales. Trata de gente que vuelve a empezar y se sienten principiantes, torpes, inexpertos. Trata de ese vértigo ante lo nuevo, un vértigo del que ya he hablado alguna vez en este blog.

Pero, sobre todo, creo que Beginners trata de cómo nos complicamos las cosas, cuando todo debería ser mucho más sencillo porque, al fin y al cabo, antes de nosotros hubo gente que se las apañó bien, gente que pudo sobrevivir cuando las cosas eran más complicadas. Hubo gente que tuvo menos tiempo que nosotros para aprovechar la vida, pero lo hizo, así que por ellos pero sobre todo por nosotros mismos (porque nos lo debemos): vivamos.

Hal: Imagínate que desde que eras pequeño, siempre habías soñado con algún día tener un león. Y esperas, y esperas, y esperas, y esperas y el león no llega. Entonces llega una jirafa. Puedes estar solo o puedes estar con la jirafa.
Oliver: Yo esperaría al león.
Hal: Por eso me preocupas.


Beginners no habla de conformarse con jirafas (eso sería la lectura fácil), sino de descubrir que las jirafas también son bonitas y fuertes como un león y pueden hacernos felices. Me gusta mucho la escena en la que Oliver ve a su padre abrazado a su amante, su jirafa particular, y la voz en off dice: "Por primera vez, vi a mi padre enamorado". Este proceso de descubrir leones en jirafas está perfectamente simbolizado en la historia de amor que vive Oliver con Anna: cuando se conocen, ambos van disfrazados y encima ella no puede hablar por culpa de una laringitis. Tienen que conocerse a pedazos; intuir, prejuzgar, adivinar, sorprenderse. Enamorarse es eso.

La relación de Oliver con su padre Hal es espectacular. Al quedarse viudo con 75 años, el hombre (encarnado por nada menos que Christopher Plummer: corren rumores de Oscar y espero que así sea) sale del armario y se pasa los siguientes cinco años disfrutando de esa liberación, recuperando el tiempo perdido, construyéndose una nueva vida. Por el camino, le enseña a su hijo a vivir. Pero Oliver no se da cuenta de eso hasta que Hal muere. Es entonces cuando se da cuenta de la absoluta alegría que sentía su padre por estar vivo y ser libre cuando le llamaba de madrugada para hablarle de la música house que acababa de bailar. Y Oliver descubre que no sólo él, también su madre le enseñó eso a su manera; ella le tendía un ramo de flores y le decía nada más y nada menos que:

"Here's simple and happy. That's what I meant to give you."


La película va hilvanando esa nueva vida de Oliver sin su padre (su rutina y su trabajo, sus momentos con el perro de Hal, su incipiente romance con la enigmática Anna), con todos los recuerdos de su padre que este día a día le va evocando. Es un montaje a partir de emociones y sensaciones y repeticiones. Es la vida fluyendo. Hay momentos de auténtica poesía audiovisual, con uno de los mejores usos de voz en off que recuerdo. Beginners es lo más parecido a un libro que he visto en forma de película. Dura 1 hora y 40 minutos pero yo tardé el doble en verla porque a cada rato tenía que detenerme, revisionar escenas enteras, empaparme bien de todas esas maravillas que estaba viendo (como cuando con un libro lees y relees el mismo fragmento). Me refiero a escenas como ésta:

Anna: Puedes preguntarme cualquier cosa.
Oliver: ¿Cualquier cosa? ¿Qué hay ahí fuera?
Anna: Eso es un árbol. Y coches. Otro edificio como éste. Gente en el edificio como nosotros. La mitad de ellos creen que las cosas nunca saldrán bien. La otra mitad cree en la magia.

Si creéis en la magia o bien os gustaría creer en ella, Beginners es vuestra película. Lloraréis, seguramente mucho, pero no encontraréis película más vitalista que ésta. Y es que tenemos que convertirnos en principiantes, ahora.

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Capital Cities (EP)

Little things will always get you far.

Así empieza un buen año. Te despiertas (más espabilado de lo que pensabas) y optas por seguir en la cama, arropado por el nórdico, así que coges el netbook, navegas por internet un ratejo y zas, de buenas a primeras ya descubres nueva música gracias al blog de Fersitu. Bienvenido, 2012. Y bienvenidos, Capital Cities.


You are the kiss I don't expect.

Este dúo electropop son de California, y algo del sol de ese estado se les debe haber pegado porque su música es de la que te ilumina con una sonrisa muy cálida. Lanzaron hace unos meses su primer EP. Melodías sencillas y pegadizas, letras optimistas sobre desprenderse de ideas preconcebidas e ir a por todas (parece además que sus canciones te hablen directamente: "puedo animarte, llevarte a donde quieres llegar").

If you sing a song you'll believe it.

Safe And Sound empieza eufórica y así de eufórica continúa, con su dosis de trompetas sobre una generosa base bailable. Patience Gets Us Nowhere Fast es como unos The Sound of Arrows subidos de revoluciones. Baja un poco el ritmo en I Sold My Bed, But Not My Stereo. El título me encanta: siempre nos quedará la música, en efecto. Center Stage es un mediotiempo con cierto toque a los primeros Scissor Sisters (o eso me parece, quizá sean esas palmadas o esa confianza absoluta en uno mismo). Love Away nos traslada al mar: una colchoneta, las olas la mecen, es un viaje hacia algún lugar nuevo y agradable. El EP acaba pronto pero a cambio tenemos la garantía de 5 buenos temas, un conjunto sólido pero lo bastante variado para augurarles a Capital Cities una carrera prometedora.


I could show you what you want to see.

Podéis disfrutar gratuitamente de este EP en su web oficial o en Spotify. Le agradezco otra vez a Fersitu por habérmelos dado a conocer. Por cierto: ayer, mientras escuchaba las canciones, anoté cinco frases mágicas que me confirmaron que Capital Cities eran ya, en pleno día 1, uno de mis descubrimientos del año. He repartido esas cinco frases cazadas al vuelo a lo largo de esta entrada y os animo a encontrarlas en las canciones (hay una cita por cada canción). No puedo estar más de acuerdo con la luminosa filosofía vital de Capital Cities. Gafas grandes y saltos y sol y ambición.

There's a good time to do it on your own.

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Sunny day, anyday, take me to the South side

Hoy es 11/11/11 y el mundo se ha llenado de predicciones catastróficas y de deseos pedidos exactamente a las 11:11. Me incluyo: ahí estaba yo a las 11:11 de hoy, cerrando los ojos. No quieres creer, pero crees: por si acaso. No vaya a ser. Y como mínimo, es curioso haber vivido un momento en cuya fecha y hora todos los números son el 1. El primero, el comienzo.


Es cómodo dejar los momentos decisivos en manos del destino. Confiamos en las señales porque las señales nunca se equivocan. Y reconozcámoslo: a veces asusta avanzar sin guía, coger el toro por los cuernos, tomar decisiones, dar pasos. Nunca está de más tener un camino de baldosas amarillas y un mapa a mano, pero corremos el peligro de acostumbrarnos tanto a que sean los elementos externos los que nos guíen, que al final nos veamos incapaces de caminar por nosotros mismos. Simplemente nos dejaremos llevar, sin prestar atención a los márgenes del camino, llenos de detalles y bifurcaciones gloriosas

Hoy me estoy acordando mucho de estas dos citas que ya colgué en otras entradas del blog...

Te pasas toda la vida esperando a que ocurra algo, una señal, que llegue esa fecha concreta. El 11 del 11 del 11, por ejemplo. Ése día será único, por fuerza tiene que ocurrir algo. Tu vida cambiará. Seguro. Pero luego llega ese día, y no pasa nada, todo sigue igual que siempre. Así que continúas adelante, como siempre, y te inventas una nueva fecha mágica en la que depositar todas tus esperanzas.
("Gang Bang. Obert fins l'hora de l'Àngelus" de Josep Maria Miró)

Uno deja escapar el momento crucial porque cree que el ahora mismo y ese momento crucial son momentos diferentes. Ahora es el momento crucial y ese momento crucial es ahora mismo.
("Hagakure" de Yamamoto Tsunetomo)

De eso se trata: de confiar en los momentos especiales y en las señales que los marcan, pero no ciegamente sino porque somos conscientes que cualquier momento es crucial y ante cualquier señal favorable, sabremos coger el timón y viraremos hacia un nuevo rumbo. Estamos a la espera pero actuamos: las sensaciones no deben estar reñidas con los impulsos.



Hoy para 11 personas será un día especialmente afortunado, porque les tocará el premio especial de la lotería. Para todos los demás, hoy será un día tan especial como nosotros queramos que sea. A por ello, pues.

This is tomorrow
(If you miss this chance you will regret it
Not today, maybe not tomorrow)
This is tomorrow
(But soon and for the rest of your life)
("This Is Tomorrow" de Saint Etienne)

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Daniel Glattauer - Contra el viento del norte

En otras palabras: buscas algo. Llamémoslo aventura. Quien busca una aventura no está viviendo ninguna, ¿verdad?

Otro de esos libros que han pululado ante mis ojos muchos meses, más de un año, pero que sólo ahora leo. Esa portada de novelilla juvenil no le hace justicia, y tampoco ayuda mucho el título (el concepto "viento del norte" debe ser más evocador en Austria). Pero parece que los buenos libros acaban llegando a tus manos, a veces no sabes muy bien ni cómo.


Una suscripción a una revista ya no tan buena y un "tic" al escribir en el teclado del ordenador. Eso es todo lo que necesitan Leo y Emma para entrar en contacto. Un error que lleva a una frase especialmente llamativa, una frase que lleva a otra, surge el interés. E-mail a e-mail, entablan un "íntimo desconocimiento". Los protagonistas no intercambian tanto confidencias como pensamientos abstractos, intuiciones. No quieren hablar de sus problemas sino alguien que les diga buenas noches, o alguien de quien encontrar un mensaje por la mañana, al encender el ordenador.

Nos dedicamos a despertar la curiosidad del otro y a seguir alimentándola al no satisfacerla de manera definitiva. Intentamos leer entre líneas, entre palabras, y pronto entre letras tal vez. Hacemos grandes esfuerzos por juzgar bien al otro. Y al mismo tiempo nos preocupamos de no desvelar nada importante de nosotros mismos.

El acierto de la novela es precisamente ese intimismo casi vulgar. No hay más narrador que ellos mismos, y Daniel Glattauer consigue crear la ilusión de que esas dos personas existen. Y quizá existen, en algún rincón del mundo, en cada rincón, a cada momento. Te sientes un hacker espiando el intercambio de e-mails entre dos personas que no se conocen. La lectura es ágil, trepidante incluso porque queremos saber más de esa historia de amor cibernética. Todos tenemos ese punto cotilla.

¿Leyendo estos e-mails asistimos a un enamoramiento o más bien a un proceso de idealización? ¿O es que acaso nunca nos enamoramos de una persona, sino de la idea que tenemos de ella, de lo que podría ser para nosotros, de las ilusiones que -ojalá- podría colmar? De ser así, las relaciones virtuales serían el paradigma del enamoramiento: son el medio perfecto para idealizar al otro. ¿Puedes sentir celos por culpa de alguien a quien no conoces? ¿Puedes sentir deseo hacia alguien cuyo aspecto desconoces? ¿Es posible que siempre queramos encontrar algo, incluso cuando no buscamos nada? ¿Es más cómodo -más seguro- conformarse con la idealización que ir más allá, atreverse a que las cosas se estropeen pero al menos disfrutarlas?


Son muchos los temas y las preguntas que van surgiendo indirectamente al leer  la correspondencia de Emma y Leo en Contra el viento del norte.Una novela epistolar del siglo XXI que, por suerte, jamás cae en la cursilería ni el romanticismo facilón. Eso sí: tiene segunda parte. Ya veremos, porque el final de la novela me parece perfecto, pero también me lo parecía el de Before Sunrise y eso no significa que Before Sunset me gustase menos. Me pareció incluso necesaria. Seguiremos hackeando sus correos...

Escribir es como besar, pero sin labios.

La pasión no es la falta de perfección, sino un continuo encaminarse y aferrarse a ella.

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Lao Tse - Tao Te King (El libro del Tao)

Críptico y claro, ambiguo y preciso. Si os gusta creer en vosotros mismos y confiáis en un mundo un poquito mejor, el Tao Te King es lectura recomendada. No contiene respuestas, pero hay caminos.


El exceso de palabras agota a la inteligencia.
Es mejor aferrarse a lo esencial.

Treinta radios se unen en el cubo de una rueda;
del vacío del cubo surge la utilidad de la rueda.
Forma una vasija con arcilla;
del vacío de la vasija surge su utilidad.
Abre puertas y ventanas en las paredes de una casa;
del vacío de las aberturas surge la utilidad de la casa.
Así pues, con la existencia de las cosas nos beneficiamos,
y la no-existencia de las cosas nos es útil.

La gente necesita aquello en lo que puede confiar:
revela tu yo simple y natural,
abraza tu naturaleza original,
controla tu egoísmo,
restringe tus deseos.

Habita en el fruto
y no en la flor.

Tapa las aberturas,
cierra las puertas,
suaviza los bordes,
deshaz los enredos,
atenúa el resplandor,
confúndete con el polvo.

Aborda lo difícil cuando todavía es fácil.
Aborda lo grande cuando todavía es pequeño.

El Tao es llano y fácil de seguir,
pero la gente prefiere los senderos.

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Musashi Miyamoto - Libro de los cinco anillos

El yo de hoy vence al de ayer.

Después de varios textos sobre artes marciales, quedaba pendiente este clásico. De Musashi Miyamoto ya conocía el Dokkôdo, un compendio de 21 frases fascinantes. Reconozco que su  Libro de los cinco anillos no me ha calado tanto, aunque hoy al volver a hojearlo para escribir esta crítica, la sensación era extraña, de "reencuentro".


Y es que al contrario que el Hagakure de Yamamoto Tsunetomo, el texto de Musashi sólo será plenamente útil a quienes pretendan empuñar una espada. El libro reúne lecciones sobre adoptar un buen kamae (posición de apertura en un combate), conocer los tipos de golpes, cómo darlos y enlazarlos, prever los envites del enemigo, mover los pies, elegir la mejor arma, etc.

El estilo de Musashi es escueto y didáctico, menos críptico que el de otros autores y quizá por eso en una primera lectura cuesta encontrar el mismo trasfondo filosófico de otros textos sobre la guerra y las artes marciales. De todos modos, este libro en Japón es un manual de referencia para los hombres de negocios, al igual que El arte de la guerra. El propio Musashi nos advierte al principio del capítulo Libro del agua: "Hay que evitar considerar el contenido de este libro de forma literal. Al contrario, todo lo que se dice en él hay que tratar de adaptarlo a nuestro propio cuerpo".


Los samurais entendían el combate como actitud vital absoluta, y quizá gracias a eso en sus textos siempre se descubren frases inspiradoras; Libro de los cinco anillos no es ninguna excepción. Os dejo mis favoritas:

El espíritu que vence a un solo enemigo es el mismo que vence a mil o a diez mil.

Cuando uno no avanza por el camino verdadero, las pequeñas desviaciones del comienzo se convierten más tarde en grandes desviaciones.

La mano que se aferra mucho es una mano muerta. La mano que no se aferra es una mano que vive.

Incluso un camino de mil "ri" se ha de caminar paso a paso.

Lo importante en la táctica es ser consciente del sable del adversario, pero no mirar en absoluto ese sable adverso.

Ten la firme voluntad de atravesar la corriente en los momentos de crisis.

La acción de un experto parece lenta, pero nunca se aparta del ritmo. 

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Craig Silvey - Jasper Jones

Si las balas no te pueden hacer daño, ¿qué tiene de valiente ponerse delante?

Aún tenía pendiente de leer el último de mis autorregalos de Sant Jordi. Otro de esos libros comprados casi por instinto, tras leer una buena crítica y sentir la atracción de su portada. Me ha costado terminarlo, casi un mes entero, y eso que tampoco es tan largo (no llega a las 400 páginas). No sé si será su ritmo pausado o una traducción extraña (¿sabéis esa sensación cuando las palabras no encajan y te cuesta creer que sea culpa del escritor?), pero algo de este libro no me ha terminado de atrapar. Una lástima, porque la historia que cuenta es muy buena y cuando por fin conecté con sus personajes, devoré la última mitad en apenas dos días, después de tantas semanas alargando la lectura.


La frase publicitaria en la portada (cuánto daño han hecho y qué poco me gusta que vaya imponiéndose esta costumbre norteamericana) habla de "novela de aventuras" y del "poder de la amistad". Lo primero no es del todo exacto: el protagonista (Charles Bucktin) apenas vive aventuras porque lo principal aquí es asistir a la evolución, las reflexiones y el desarrollo de este crío después de descubrir ciertos hechos; todo lo importante del libro ocurre a nivel interno, mental. Y en cuanto a lo segundo... hay amigos, claro, pero no considero que la novela gire alrededor de esas amistades.

Jasper Jones habla sobre todo de la carga de saber. De ese momento en que las verdades del mundo te golpean con toda su crudeza y te obligan a salir de la burbuja en que tus padres y tus profesores te habían intentado aislar. Entonces pasas de una sempiterna sonrisa infantil a un suspiro acompañado de "La vida no es justa". Y desearías con todas tus fuerzas no saber, dejar de saber, reconstruir la burbuja. Pero es no es posible, descubres que no hay marcha atrás y, poco a poco, aprendes a convivir con esta nueva visión del mundo, buscas en ese mundo de repente anómalo una forma de hacer lo correcto, un camino hacia la felicidad. La pérdida de la inocencia duele, pero es inevitable; es el primer paso en la dirección correcta.


Craig Silvey levanta la alfombra para mostrarnos qué se oculta debajo de la aparente tranquilidad de un pequeño pueblo de Australia. El odio, las rencillas, los engaños, los terribles secretos familiares, la incomunicación, el racismo también. Un cóctel explosivo que nunca a llega a ser la novela redonda que pretende ser. Quizá la sombra de Huckleberry Finn sea demasiado alargada y por querer forzar ese paralelismo el libro se adentra en terrenos espinosos (empezando por el propio título, que no hace justicia al profundo contenido de sus páginas). En cualquier caso, merece la pena acompañar a Charles Bucktin en su aprendizaje vital. Lo que descubre le marca a él mientras a nosotros nos recuerda todo aquello que alguna vez nos marcó.

La vida puede ser más sencilla si uno cede un poco, pero es mejor si se aferra a algo con la suficiente fuerza para que no se le escape.

Cuando ves la perfección ante ti, no puedes evitar darte cuenta.

No saber cómo van a salir las cosas no es razón para no hacer algo.

Quizá no se trata de no tener miedo. Quizá se trata de lo bien que uno sepa sobrellevar ese peso. (...) Dar con una forma honesta de actuar, ése es el truco.

Retener algo no significa hacerlo tuyo. En un momento dado, te das cuenta de que en realidad lo estás reteniendo para ti mismo, pues está intentando soltarse con la misma fuerza.

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Henri Brunel - El año zen

Atento al instante que pasa, al capullo que se abre, a la hierba que muere, trato de habitar en mi vida. Escucho la palabra de los sabios, de los maestros zen, y oigo con ellos, en la brisa que dobla los árboles e inclina la hierba de los campos, la melodía del infinito.


El francés Henri Brunel es autor de numerosos libros sobre el zen. Suyas son muchas de las recopilaciones de relatos que ha publicado la editorial Olañeta. El año zen es un libro mucho más personal: durante un año, el autor se dedicó a mantener una actitud zen ante la vida, y a recogerlo en un diario. Su intención, dice, es "fijar en las palabras, antes de que se extinga, la belleza de las cosas".


Brunel comparte con el lector sus impresiones de la naturaleza que lo rodea, rememora episodios de su vida, cita poemas, proverbios, haikus, recoge relatos, anécdotas e incluso fragmentos de las biografías de maestros zen como Ryokan y Dôgen. Hay una entrada para casi cada día, y día a día acompañas al autor en su exploración del paso de las estaciones, su apreciación del momento presente.

El libro es una maravilla aunque no te interese el zen. Te vacía el cerebro en un sentido positivo, te transmite paz y serenidad, pero también mucha sabiduría. Aunque las entradas son muy variadas, todas consiguen el mismo efecto: relajarte. Las descripciones de los paisajes del pueblo de Brunel, sus momentos del pasado, los bellos haikus que cita -algunos de cosecha propia, la mayoría de los maestros de este arte-, los cuentos... A veces te dibujan una sonrisa en la cara, a veces te dejan meditando.


Para mí, El año zen supone la evasión perfecta del ritmo de vida de la ciudad. Mucho más relajante y productivo que ver cierta televisión. Si conectáis con él, será un libro que os gustará guardar cerca para volver a consultar páginas aleatorias. Y además es una fuente inagotable de frases y poemas memorables...

El ladrón huido
ha olvidado
la luna en la ventana.

No lo olvidéis, la eternidad es ahora.

Se puede, sin riesgo, agrietar de sonrisas este rostro gastado.

Chaparrón de verano
y casi al final
tu paraguas a mi encuentro.

Una mariposa
pegada al asfalto
sueña con flores.

Se es libre de lo que se acepta, y prisionero de lo que se rechaza.

Si no sabemos "mirar", no vemos más que la apariencia de las cosas.

Es difícil atrapar un gato negro en una habitación oscura, sobre todo cuando no hay gato.

Si bien no somos más que una gota en el océano, también somos el océano.

Es inútil intentar convencer a los que están persuadidos de poseer la verdad.

Lo que tiene que suceder, sucede. La sabiduría siempre encuentra un camino.

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Yukio Mishima - Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis

Es absolutamente erróneo suponer que los demás están en condiciones de comprender nuestros sentimientos más profundos.

Para los japoneses actuales no sé, pero para un occidental resulta muy difícil entender el seppuku (el mal llamado harakiri), qué puede llevar a una persona a acometerlo. Más incomprensible resulta en los tiempos modernos, y no digamos ya si quien lo hace es un escritor famoso y de prestigio como Yukio Mishima. Si ya en algunos relatos cortos había dado pistas de su futuro seppuku, es en este recopilatorio de ensayos, reflexiones y artículos, escritos durante los tres últimos años de su vida, donde encontraremos todas las claves de su suicidio ritual aquella mañana de noviembre de 1970.


En Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis, Mishima expone sus ideas al desnudo, sin las florituras de la literatura. Nos habla de la frustración que siente ante un Japón rendido a Occidente que renuncia a su legado, de sus propias contradicciones al ser el primero en disfrutar de las ventajas del mundo occidental, hace un repaso de sus últimos 25 años de vida, expone qué le llevó a formar la Sociedad de los Escudos (un ejército privado de universitarios samuráis...).

Reivindica, por supuesto, el heroismo de los samuráis ancestrales y de hecho no entiende un Japón sin samuráis. Y reflexiona también sobre el arte, la política, el placer y el pudor, la vida, la etiqueta, el esfuerzo... Comparte su ética personal con las futuras generaciones. Y aunque no puedas estar de acuerdo con todo lo que escribe (era ciertamente extremista), sí deja caer frases geniales, chispazos que te abren la mente. Siempre es un placer leer de primera mano lo que pasaba por la cabeza de un genio.

Mención aparte merece el brillante capítulo "Introducción a la filosofía de la acción", donde el autor desarrolla el significado de las acciones, para él más importantes cuanto más efímeras. Compara la acción con el acto de desenfundar una espada japonesa: te pasas años entrenando, estudiando, mejorando; llegado el combate, analizas la situación y permaneces en silencio mientras examinas al rival y recuerdas todo lo aprendido; al final, en menos de cinco segundos, desenfundas, atacas y matas. Así son las acciones: efímeras, pero precedidas de un largo tiempo de cultivo y seguidas por otro largo tiempo de consecuencias.


No es un libro triste: es un invitación a vivir una vida mejor, más honesta, coherente, llena de iniciativa, siempre fiel a unos objetivos claros. Una lectura extrema para paladares selectos que quieran ahondar en la filosofía samurái, ser testigos de excepción de los últimos pensamientos de un gran escritor o simplemente ampliar horizontes. Os dejo con algunas de las mejores frases.

Nadie puede dar el primer paso en la vida y experimentar inmediatamente una sensación de satisfacción.

Es fácil declarar que se está listo para morir, y ofrecer la propia vida, pero no es tan fácil demostrar la veracidad de lo que se afirma.

A pesar de ser un hombre, me parece del todo natural pensar que un cuerpo perfecto contribuya a elevar el espíritu y que, al mismo tiempo, se deba ennoblecer el cuerpo perfeccionando el espíritu.

Confío en que haya algún joven capaz de escribir al menos una obra no contagiada por el veneno ajeno, sino empapada genuinamente en el propio.

La vida es un baile en un cráter de un volcán que en algún momento hará erupción.

Apostar con prudencia no tiene sentido.

La acción no tiene eficacia si no está acompañada por una situación determinada, y cuando tal situación no existe debe crearse, concentrando todas las fuerzas en la reducción de las distancias temporales y espaciales.

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Musashi Miyamoto - Dokkôdô (El camino que se debe seguir solo)

Este Dokkôdô lo escribió el guerrero Musashi Miyamoto apenas una semana antes de su muerte, confinado en la cueva donde pasó la mayor parte de sus últimos años. Es lo último que se conserva escrito de su puño y letra y lo forman 21 preceptos con los que el maestro intentaba resumirle su propio código de autodisciplina a su discípulo favorito. Es un texto corto pero fundamental y especialmente críptico, hay frases que pueden significar cosas muy distintas según la traducción (algunas interpretaciones, incluso nos chocarían hoy en día).


Como ocurre con todos estos textos ancestrales (por aquí ya he comentado el Hagakure y El Arte de la Guerra), conviene no tomárselos al pie de la letra: al fin y al cabo, son fruto de una época y unas circunstancias muy concretas. Hoy ya no quedan guerreros que deban mantenerse fieles a la estricta doctrina del bushidô. Pero, como sea que el texto pretende aportar las claves para una vida más honesta y noble, sí deberíamos ser capaces de extraerle la esencia y quedarnos con aquello que nos pueda ser útil.

En cualquier caso, creo que resulta fascinante poder disfrutar del legado filosófico de un samurái mítico, acerca de cuya vida se han hecho decenas de películas, novelas, mangas, ensayos... Hay ciertas frases impactantes, otras evocadoras y algunas que quizá provoquen indiferencia. Pero no dejan de ser las últimas palabras que quiso transmitir el maestro y quizá por ello, las más importantes.

Os dejo los 21 preceptos, seleccionando para cada uno de ellos la traducción que más me ha gustado.


Acepto todo de la manera que es, no me rebelo contra los caminos del mundo.

No siento parcialidad por nadie ni nada.

Nunca intentaré aprovechar ningún momento de facilidad.

Pienso ligeramente en mí y profundamente en el mundo.

Estoy libre de codicia a través de mi vida.

Nunca lamento algo que he hecho.

De ningún modo envidio a otros por su buena suerte, o me quejo de la mía si es mala.

No me lamento de aquello que se ha ido.

El resentimiento y las quejas no son adecuadas ni hacia mí mismo ni hacia los demás.

Nunca sueño en sucumbir bajo el enamoramiento.

Gustos y aversiones, no tengo ninguno.

Sea como fuere el lugar donde vivo, jamás tendré ninguna objeción en su contra.

No persigo los platos más refinados para contentar el cuerpo.

No me aferro a posesiones que ya no necesito.

Nunca actúo siguiendo costumbres o supersticiones.

No busco especial sofisticación en las armaduras del guerrero.

No temo que la muerte me encuentre en el Camino.

No trabajo con la intención de poseer riquezas en mi vejez.

Respeto a los Dioses y los Budas, pero nunca dependeré de ellos.

Prefiero dar mi vida que deshonrar mi buen nombre.

Nunca, ni por un momento, ni en cuerpo ni alma, me alejaré del Camino.