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Idilio


Tú querías que yo te dijera
el secreto de la primavera.

Y yo soy para el secreto
lo mismo que es el abeto.

Árbol cuyos mil deditos
señalan mil caminitos.

Nunca te diré, amor mío,
por qué corre lento el río.

Pero pondré en mi voz estancada
el cielo ceniza de tu mirada.

¡Dame vueltas, morenita!
Ten cuidado con mis hojitas.

Dame más vueltas alrededor,
jugando a la noria del amor.

¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera,
el secreto de la primavera.

(Federico García Lorca, 1898-1936)

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Javier Cánaves - Limpieza y absorción

No sé hablar de poesía. Escribirla tampoco. Por eso admiro tanto a quienes la escriben. No suelo comprarla pero, de vez en cuando, algún libro de poesía salta a mis manos, como una libélula roja contra el pecho. Y le doy la bienvenida, porque a las cosas que te saltan encima hay que decirles hola con una sonrisa.


Limpieza y absorción es un pequeño poemario sobre el amor, la escritura, la vida en una ciudad, las piscinas azules, las guerras diarias. La monotonía y las cosas que la rompen. Dicho así parece poca cosa. Y en la mesa de la librería, verás que el libro es pequeño, diminuto incluso. Pero algo tiene que te hace cogerlo.

"¿Por qué las modelos nunca se acuestan con poetas?", pregunta la contraportada. Se ofrecen cuatro respuestas posibles y a ti se te ocurren muchas otras. También se te ocurren argumentos con los que rebatir la frase. Compras el libro, en cualquier caso. Para que te inspire, para que te remueva por dentro. Y lo hace. Le has dicho hola y él te ha abrazado. Es un buen libro de poemas, sí.


ESTE DESEQUILIBRIO

El escritor es una mezcla
de detective y médium.
Trabaja con mapas, voces y sospechas.
En las encrucijadas da lo mejor de sí.
Por eso las alienta. Vive solo,
aunque su casa esté tomada
por decenas de familiares.
Entiende mejor lo de afuera que lo de adentro.
Este desequilibrio es la literatura.
De la ventana a la mesa de trabajo.
El vértigo surge antes o después,
jamás durante. Durante es la magia,
la intuición. El escritor ama mejor
en las palabras que en los hechos.
Nunca escribe auténticas frases de amor.
Le gustan las nubes, las paradas de taxi.
Conoce la trampa y se burla de ella.
No sabe de qué otra forma defenderse del miedo.

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Kids / La inocencia del haiku

La fascinación de la lluvia. Se la expliqué por escrito. Luego me dio por pensar en su reacción: pensará que estoy loco. Que me fijo en naderías, como por ejemplo la lluvia en mi piel; al principio, moja mucho, pero luego la asumo, la abrazo, y la lluvia se vuelve más fina, pequeñas chispas que se escapan de un refresco y te rozan la nariz.


Pensará que estoy loco, o que poca gente nos fijamos en esas cosas. La mayoría cuando llueve sólo se preocupa de correr. Yo cierro los ojos hacia el cielo, pienso en cómo mejorará mi novela ahora que siento cómo se encogen las gotas. Y lo comparto con él, como lo haría un niño. Quizá soy un niño que todavía se sorprende cuando llueve. Todos deberíamos permitirnos ser niños de vez en cuando.

Vicente Haya asegura algo que un buen poeta debería recuperar los ojos de la infancia. Su capacidad de sorpresa. Por eso, se propuso recopilar haikus de niños menores de 12 años, convencido de que en ellos hay la pureza y el riesgo de los maestros. Le dijeron que ese tipo de libros no existían, pero dio con varios y ha traducido los mejores poemas.


Llevando un manojo
de espigas de arroz, feliz...
Pero pesan... ¿eh?

Son humildes, los niños. Reconocen que las historias pesan, incluso las que te hacen feliz, o esas más que ninguna otra, porque las llevas con cuidado: que no se caigan y tengas que recogerlas luego, bastante te costó ya la cosecha. Pasito a pasito.

El camino
que recorrió el caracol
está brillando

Un adulto se fija en el caracol, en la lentidud, en la lejanía de la meta, incluso en la ausencia de meta, parece que los caracoles no vayan a ningún lado. El niño se fija en cambio en el camino recorrido. Cómo brilla ahora que ya sale el sol. Actitud de vida.

En la mudanza,
lo último que llega:
los peces de colores

Los ojos del niño abiertos de par en par al ver tantos peces de colores. Revolotean dentro de una bolsa de plástico. Atrás queda el sudor y el trajín de cajas. Coge la pecera, decórala, llénala de agua, los peces ya están aquí, esto ya es una casa.


Cantan las cigarras
Los secretos que nos contamos
apenas se escuchan

La importancia de la intimidad.  En el bosque o en el sofá, tú y yo, contándonos cosas, aunque apenas se escuchen, cosas pequeñas, que sólo sabemos nosotros. Para los niños, todo es tan importante que lo susurran a la oreja del otro.

Plantado el arrozal,
me lavo las piernas
y voy otra vez a verlo

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Natsume Sôseki - Haikus zen

Ha tenido que llegar este libro, el segundo de Sôseki que leo, para descubrir que este autor promulgaba un tipo de individualismo muy parecido al que defiendo yo en este blog. No es que los poemas vayan de eso (¿de qué va un poema? ¿merece la pena descubrirlo o es mejor hacerlo tuyo, sentirlo?), es algo que se menciona en el prólogo y en lo que ahondaré con otros libros suyos. Pero empiezo a entender por qué fue uno de los primeros autores que descubrí a principios de año. Me ponía en la casilla de salida.


Haikús zen es un libro pequeñito, tan bien editado y atractivo como todos los que publica Olañeta, una editorial cuyos títulos da gusto toquetear, exponer en la estantería. Diría que éste es su primer libro íntegramente de haikus, la poesía japonesa más universal: tres versos breves que capturan la emoción de un instante. Sôseki lo hace con especial sensibilidad, a veces con un sentido del humor chocante, como si estuviera profanando un género. Y al mismo tiempo es muy fiel: los haikus deberían recoger una estación, y los suyos tienen el sabor indudable de cada una. La edición la acompañan dibujos y caligrafías del autor.

El "zen" del título no viene muy a cuento, porque todos los haikus deberían serlo ya de por sí. Escribir haikus es comprender que no hay mejor momento que éste en el que estás ahora mismo. Es abrir la boca y los ojos extasiado por una libélula que cruza el aire, es saltar al vacío sabiendo que siempre podrás agarrarte a una rama desde la que, colgado, contemplarás la luna llena. Siempre digo que terminas de leer haikus y sales a la calle con otra mirada. Y es verdad.



El gato en celo
ha adelgazado tanto
es solo ojos

Arroyo primaveral
que fluye
abrazando la roca

Con una mano
no bato palmas, pesco
un pez en el reflujo

Volviendo a ver las cosas
al subir y bajar como antes
el monte de otoño es nuevo

Ahora me atrevería
a entrar en la cueva del tigre
esta mañana de intensa nevada

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Vicente Haya - El espacio interior del haiku

"El laberinto tranquiliza nuestras ansias de estar avanzando
pero en el fondo nos deja atados al lugar."

Así, aquí, ahora. Los haikus son chispazos. Son ese momento en el que algo perfectamente normal te deja maravillado y con la boca abierta de par en par. Son dejar atrás lo aprendido y lo prejuzgado para confiar ahora en tus sentidos, en tu intuición, en lo que percibes directamente. De Vicente Haya ya recomendé hace un tiempo Haiku-dô, libro en el que desplegaba una selección de haikus nada fáciles de traducir. El espacio interior del haiku es anterior pero comparte su filosofía: ahondar en qué hace a un haiku ser un haiku.


Vicente Haya acierta en sus métodos para que sientas muy cercana un tipo de poesía que a menudo parece demasiado críptica (tres líneas no deberían dar para mucho, piensas). Él desmenuza no tanto el significado como el valor de las imágenes con que los poetas decidieron capturar un instante. El mero impacto de la imagen por encima de los adjetivos con que la adornaríamos. Y te invita a coger la pluma tú mismo: ver y escribir. Poema a poema, te da las claves para hacerlo.

En este libro no sólo lees poemas contundentes (escritos por haijins de todas las épocas: clásicos como Issô, Buson o Bashô, pero también gente anónima); además, conoces mejor la peculiar sensibilidad de Japón. Pero sobre todo, das un golpe de timón a la forma de recorrer y apreciar tu día a día. Después de leer un buen libro de haikus, sales a la calle con otra mirada: el mundo parece más fresco. Más lleno. Es una experiencia que recomiendo a cualquiera que quiera romper la rutina, convertir los días grises en otra cosa.

La iniciación en el haiku puede resultar decepcionante para algunos. Porque van a notar cómo paulatinamente sustituyen el sabor edulcorado de las cosas, que es a lo que estamos acostumbrados, por el auténtico sabor del mundo: mariposa, comida, silencio, ruido... No estamos acostumbrados al sabor de las cosas; lo que paladeamos del mundo es lo que nosotros mismos le añadimos para poder asimilarlo.


Mientras me reñían
por haber cogido el girasol,
yo miraba la flor

Ah, la luna con su halo de niebla...
Esa noche me quité los pantalones
a golpe de piernas

Así es la alondra:
una voz que cae en picado
y, cuando la busco, nada

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Viva Las Vegas

"Se nos ha dado la oportunidad de habitar, no lo olvidemos, en un mundo concebido para nuestra fascinación; tenemos la posibilidad de habitar en el más perfecto de los mundos."
(Vicente Haya - "El espacio interior del haiku")

Me gusta la canción Viva Las Vegas de Aqua. Hoy me he dado cuenta de que no me gusta sólo por ese ritmo trepidante que te invita a cruzar las calles con paso decidido, como si estuvieras en un vídeoclip. Sobre todo me gusta porque habla de llegar a una nueva ciudad y deslumbrarte ante la avalancha de cosas (cosas pequeñas y cosas brillantes) que ésta te ofrece. Es lo que pasa cuando haces turismo, que exploras cada rincón, visitas museos y plazas y calles y todo tipo de lugares cuyos equivalentes en tu ciudad apenas conoces, los pasas de largo. La costumbre mata la sorpresa.


Hace cosa de año y medio, yendo al trabajo me detuve junto a la avalancha de turistas que hacían fotos de la Sagrada Familia. No es mi edificio favorito de Gaudí, de hecho ni siquiera me parece bonito. Pero los turistas sonreían ante él, lo fotografiaban, señalaban detalles boquiabertos. Pensé que nunca he estado dentro de la Sagrada Familia. Llevaba años pasando por delante cada día y no lo miraba. Aquel día, y muchos otros a partir de entonces, lo contemplé admirado como habría hecho en cualquier otra ciudad, y descubrí la representación de unas frutas de colores en lo alto de una de las torres. Reparar en aquel detalle (aquellas frutas de piedra brillando bajo el sol) me alegró la tarde.

Pero no se trata sólo de monumentos. Lo más sorprendente nunca está en los mapas. Las calles de asfalto gris, esas mismas que atravesamos cada día en el itinerario de nuestra rutina, en realidad son un microcosmos de pequeñas maravillas en las que fijarse, detalles que esperan que alguien se detenga y los convierta en poesía. Una baldosa fuera de sitio, una pintada desdibujada por la lluvia, libros colgando de un escaparate. Son esos pedazos los que dan alma a cada ciudad. Los vemos cuando salimos fuera, pero también existen en nuestra ciudad.


 De eso tratan los haikus: de la belleza aquí y ahora, en cada rincón. Recomiendo leer libros de haiku. Son perfectos para aprender a apreciar la belleza que nos rodea. Después de una sesión de lectura, sales a la calle y todo parece nuevo, porque tus ojos son otros. Hoy he escrito estos dos haikus mientras volvía a casa por la misma calle que ayer sólo me pareció una línea recta, quince minutos de fachadas invisibles:

El viento arrastra
Una flor pequeña y una colilla
Que alguien tiró

Una paloma vieja
Paso a paso atraviesa la calzada
Hay un charco

No son gran cosa, pero son míos. Todo es empezar. El primer paso es abrir los ojos, el resto ya irá llegando.

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Vicente Haya - Haiku-dô

A pesar de su sencillez, cada uno de los haikus nos interpela en el fondo de nuestros corazones, a veces cansados, sobreestimulados, distraídos, llenos de nada. "Resuelve mi belleza", parece querer decirnos cada haiku.

El primer acercamiento a los haikus puede dejarte indiferente. Parecen poemas demasiado breves: 3 versos de apenas 13 sílabas (en el texto original, claro: en la traducción es difícil respetar el número de sílabas) que pueden saber a poco, como si no nos hubieran contado nada. Esperamos más, y ese más no llega. Hay decenas de compendios de haikus, pero pocos intentan acercarnos este arte para que no sólo lo comprendamos, también lo sintamos. Haiku-dô es uno de esos libros.


Vicente Haya se propone traducir y explicar setenta haikus especialmente difíciles, ya sea por lo críptico del mensaje, por su métrica, por la ambigüedad temática, por la ausencia de contexto... En sus textos, amenos y didácticos casi sin quererlo, Haya desgrana cada haiku: su significado literal, las posibles interpretaciones y traducciones, justifica la elección de cada palabra, las peculiaridades del pensamiento japonés... y así, nos ayuda a entender porqué los haikus son cómo son. Comprendiéndolos, aprendemos también a saborearlos. A visualizarlos, incluso.

Descubrimos así que en los haikus no cabe el "yo", porque se trata de apreciar el universo que nos rodea, fijarse en un detalle o un gesto, captar un instante. No en vano a los haikus se los describe en el libro como "estética zoom". Explicar lo eterno a través de algo insignificante, efímero. Sorprenderse ante la belleza de las pequeñas cosas; valorarlas por como son, sin artificios, sin esperar de ellas nada más que su propia naturaleza. Ser feliz aquí y ahora porque no podrías existir en otro lugar ni otro momento.

Es un buen ejercicio esto de leer haikus. Y, ¿por qué no?, también componerlos. Para ello, imprescindible este Haiku-dô como libro de iniciación. Sus explicaciones nos ayudarán en el futuro a valorar como merecen cualquier otro haiku con el que choquemos.


Contando una mentira,
atajo por medio del templo...
La Luna con un halo de niebla

Sobre un cazo votivo
que flota en el agua,
la nieve de primavera

Dijo: "Antaño, el mar
llegaba hasta aquí"
y puso más leña en el fuego

De la bandada de los chidori,
uno va perdiendo fuerzas
y el viento lo recoge

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Bashô - De camino a Oku y otros diarios de viaje

bajo el mismo techo
las prostitutas y nosotros
tréboles y luna

"Hacerse uno con la Naturaleza" era lo que pretendía Bashô y por eso se pasó la mayor parte de sus 50 años de vida recorriendo Japón a pie, explorando sus rincones y disfrutando de placeres sencillos: un anochecer, un templo en ruinas, los susurros del viento, un trozo de pan. No era un monje zen, aunque podría decirse que vestía e incluso pensaba como tal.


En sus diarios, Bashô fue anotando las sensaciones e impresiones de sus viajes. El diario más conocido es "De camino a Oku" (también conocido como "Senda hacia tierras hondas"), pero en esta edición de la editorial DVD se incluyen un total de 5 diarios y otros textos complementarios. A través de sus descripciones, Bashô consigue transportarnos a aquel Japón salvaje, agreste, que hoy atraviesan las carreteras y autopistas.

Perdiéndonos junto al autor por esos bellos parajes solitarios, deambulando con él bajo la inclemencias del tiempo en dirección a un pueblo remoto (donde aseguran que se puede contemplar la luna más bella), podremos saborear durante doscientas páginas de una vida distinta, alejada de lo material, y de paso aprender a relativizar la importancia de las cosas, abrir los brazos a las sorpresas que esperan en cada recodo del camino.

Literatura y vida (¿no son lo mismo?) en estado puro.


Lo que ese espíritu ve es siempre una flor, lo que ese espíritu sueña es siempre la luna. Sólo un bárbaro no vería una flor en todo, sólo un animal no soñaría siempre con la luna. La primera tarea para un aspirante a artista, por lo tanto, es superar ese estado de barbarie y de animalidad y hacerse uno con la Naturaleza.

de haber cruzado
el paso del bastón con un bastón
no me hubiera caído del caballo

Me fijé en un cerezo de apenas tres pies de alto cuyos capullos estaban a medio abrir. Enterrado bajo la nieve del invierno, este cerezo que comenzaba a florecer tan tarde no se había olvidado de la primavera.

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Mario Benedetti - Biografía para encontrarme

No hay un solo destino / en cada vida
se abre a menudo otra trayectoria
que nos hace señales en la noche
cuando no estorba el sol inoportuno

Por lo general soy más de prosa que de poesía, pero nunca le digo no a un buen libro, a un buen autor... o incluso a un buen título. Y Biografía para encontrarme me parece un título brillante, sin duda. El libro ya me tentó en Sant Jordi, pero he esperado hasta ahora para paladearlo como se merecía. Y es que la portada es naranja, como el verano. Tocaba leerlo ahora.


Buscando información, entiendo que Mario Benedetti dejó este libro preparado justo antes de morir, pero no me queda muy claro si estos 62 poemas son completamente inéditos o si algunos ya se habían aparecido pero los corrigió para este nuevo recopilatorio. Da igual. Lo importante es el resultado: 62 chispazos introspectivos en los que Mario Benedetti se encuentra a sí mismo, siempre con un poco de sorpresa.

Ante todo, sus versos desprenden la tranquilidad de la experiencia. Sentado en su silla, quizá rodeado de fotos y libros, y con una ventana que da al mar, Benedetti rememora y comparte con los lectores cómplices sus pensamientos al desnudo. Importa más la reflexión que el adorno superfluo de los adjetivos. El autor no permite ni siquiera que los signos de puntuación y las mayúsculas estorben el mensaje. Quizá su intención sea que, como en la vida, cada lector encuentre su propio ritmo. Que fluya de una palabra a otra, salte de un verso a otro sólo cuando se sienta preparado.

¿Es posible describir un recorrido vital a base de poemas? Benedetti lo intenta hablándonos de la valentía, del destino, de los libros, de sus calles, de besos, de mentiras de aquellos que se fueron, de los perdones, de la guitarra de su hermano, del Después (bonito eufemismo para la muerte), de los pasos que conlleva todo aprendizaje, del recuerdo y su compañero el olvido. Su poesía tranquila te va sedando: no pasa nada, todo está bien, todo estará bien. Así, nostalgia a nostalgia, misterio a misterio, sonríes.

Lectura imprescindible para quien quiera calmar la sed de la curiosidad. No habrá mejor compañía que estos versos sabios. Los reencuentros con uno mismo son los mejores.


24. Ruta

La encontré en mi bolsillo / era una ruta
no sabía hasta dónde me llevaba
pero igual la seguí en un merodeo
con todas mis nostalgias en la mano

era un atlas del alma / la conciencia
de lo que cometí y lo que me espera
en el suelo vi huellas que eran propias
así que era una senda ya corrida

el piélago de antes ya no estaba
todo era más fuerte más seguro
de pronto me encontré con la ribera
de ese río que siempre fue mi anhelo

sólo entonces me aconsejé a mí mismo
en el bolsillo volví a poner la ruta
y allí quedó esperando
otro mañana

(Mario Benedetti)

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Howl / Aullido

¿Qué pasa cuando haces una distinción entre aquello que le dices a tu amigo y aquello que le dices a tu Musa? El truco está en quebrar dicha distinción y aproximarte a tu Musa sinceramente, como te hablarías a ti mismo o a tus amigos. Es la capacidad de comprometerse a escribir de la manera que tú eres.

(Allen Ginsberg)

Se le llama calidad de vida: salir de trabajar el sábado por la tarde, comprar una entrada en los cines Verdi (que tengo al lado), volver andando a casa para cenar allí tranquilamente, dar otro pequeño paseo por las callejuelas y las tiendecitas de Gracia de regreso a la calle Verdi, disfrutar una crepe de chocolate antes de entrar al cine. Adoro mi barrio.

Se le llama dejarse sorprender por la vida: consultar la cartelera por curiosidad, como cada fin de semana, sin buscar nada concreto, o sólo buscando: buscando cualquier cosa, buscando La Película... y decidirme instintivamente por una: "Howl", poeta transgresor de la generación beat, la voz de una generación, James Franco, Rob Epstein, Jeffrey Friedman, mezcla de varios géneros y formatos... Me convence la propuesta. Poco sabía yo que esta especie de biopic sobre Allen Ginsberg iba a impactarme como lo hizo. Mindfuck literal.


La película está dividida en tres bloques que van intercalándose. Por un lado, tenemos una larga entrevista a Allen Ginsberg (interpretado por James Franco) hablando de su obra, de porqué escribe (y porqué escribe así), rememorando algunos momentos clave de su vida. Por otra parte, tenemos un juicio al editor de "Howl" (el famoso poema escrito por Ginsberg); por el mero hecho de haberlo publicado, acusan al editor de promover la obscenidad, la homosexualidad, el vicio y el buen gusto. Y por último, tenemos la lectura íntegra del poema en cuestión, acompañada de vistosas animaciones que tratan de traducir la poesía en imágenes muy plásticas.

Está basado en hechos y personas reales, y por eso impacta tanto. Por eso y porque su discurso sobre la libertad de expresión y la libertad creativa, por desgracia, no han perdido tanta vigencia como podría parecer. Ginsberg abogaba por la libertad absoluta: que el autor no se censurase a sí mismo y hablase de lo que le gustaba, lo que le interesaba, sin ataduras ni reparos de ningún tipo. Que vertiera en el papel lo que se contaría a sí mismo o lo que le contaría a su mejor amigo. No es menos interesante la parte del juicio, con un encendido debate sobre qué es literatura, qué tipo de valores o vocabulario son "necesarios" para considerar que un texto es literario y no obsceno.


Ginsberg fue transgresor, por eso su poema "Howl" levantó tantas ampollas pero también supo conectar con una generación entera, que vio en sus palabras lo que ellos sentían y no sabían expresar. Lo más bonito es cuando el personaje revela que empezó a escribir por amor: se había enamorado de su amigo y escritor Jack Kerouac, y al no ser correspondido, escribir le pareció la mejor forma de comunicarse con él. De impresionarle, también. Y una cosa llevó a la otra. De escribir por amor, a ser escritor. A destacar cómo James Franco se mete en el papel hasta el punto de que no sientes que esté actuando: es Allen Ginsberg. Casi jurarías que las escenas de la entrevista están rescatadas de algún programa de televisión antiguo.

Es una película que me impactó mucho, muchísimo, me fascinó la persona de Allen Ginsberg y ya tengo encargado su libro "Aullido y otros poemas". Pero también reconozco que es una película densa, se hace más larga de lo que es, al final se vuelve demasiado reiterativa y desde luego no es una película que recomendaría. Hay que saber muy bien lo que se va a ver, tener ese día la mente despejada, libre de prejuicios y muy receptiva.

El poema se ha malinterpretado sólo como una promoción de la homosexualidad. En verdad es... es más la promoción de la sinceridad, acerca de cualquier tema. Si eres un fetichista de los pies, escribe acerca de los pies. Si eres un especulador del mercado, puedes escribir acerca del aumento de la curva de ventas o el gráfico del mercado del petróleo. Cuando un pequeño grupo de personas es franca acerca de la homosexualidad en público, aquello rompe el hielo. Cuando la gente es franca acerca de lo que sea, entonces... aquello es socialmente útil. 
(Allen Ginsberg) 

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Don't you know that Rome wasn't built in a day

Piedra a piedra.
Columna a columna.
Despacio, sin prisa.

Paso a paso.
Palabra a palabra.
Despacio, sin pausa.

La cascada.
El vértigo, la zambullida.
La dulce calma.

Fluyendo como el agua:
Desde la montaña angosta
Hasta el verde mar.