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Nell Leyshon : Del color de la leche

"A veces me tengo que recordar a mí misma que estoy triste por algo.
Si no, me pongo contenta otra vez."

De la vida en el campo no esperas nada. Sembrar temprano, muñir la leche caliente, recoger la fruta madura antes de que caiga al suelo. Repetirlo de sol a sol, como se suele decir. La protagonista está acostumbrada a esto y no aspira a nada más, ni siquiera sueña con el cambio: nunca se lo ha planteado, nadie le pregunta.


Pero los caminos aparecen incluso cuando no los ves, y entonces no queda otra opción que tomarlos. Mary es consecuente. Acepta cada nuevo rumbo de su día a día con la templanza de quien solo sabe hacer lo que le ordenan. Despuntes de genio, rebeldías que no llegan a nada: se apagan en cuanto hay algo que limpiar, cocinar, ordenar.

Mary cuenta su historia con un estilo tan sencillo y limpio como el delantal que tiene que vestir a diario. Sabe lo que es justo y lo que no, sabe que ella es capaz, y te lo demuestra en cada frase. También sabe que en una vida ordenada, aprendes a hacer frente a los imprevistos. Y te descubres valiente incluso cuando más miedo tienes y menos comprendes lo que ocurre. Porque luchar siempre es vivir.

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El armario de acero

Debió de ser él quien me descubrió que era atractivo
y saberlo puso mi mundo del revés...

"Los rusos no me caen bien. No tengo nada que ver con ellos. Suerte que están lejos...". Relato a relato, los tópicos se van derrumbando gracias a este El armario de cero. Porque de repente te encuentras a un chico como Aleksander Belykh, que adora Japón, estudió japonés y lee a Murakami. ¿Serías tú, de haber nacido en Rusia?


17 autores y nuestros iconos son los mismos, o muy parecidos. Oscar Wilde, Michael Jackson, Hollywood: les gusta lo mismo que nos gusta y quieren tener lo mismo que aquí disfrutamos. Poder ir de la mano con su pareja sin temor a una paliza. Dejarse de sobreentendidos, máscaras, como si el amar a otro no fuera con ellos, escribir con la libertad de saber que no serán juzgados. Sienten lo mismo pero tienen que disfrazarlo.

Son extraños los cuentos y poemas de este recopilatorio. Modernos en la forma, rompedores a ratos, pero describiendo unas vidas que, pese a todos los puntos en común, no podrían ser más diferentes a las nuestras. ¿Pero todo esto no quedó atrás en la época de nuestros padres, de nuestros abuelos? Provoca desazón leer sus miedos. ¿Y si no son los rusos quienes están lejos sino nosotros los que, sin saberlo, nos vamos acercando? Damos demasiadas cosas por sentado.


El armario de acero es el primer libro de la editorial Dos Bigotes. Alberto Rodríguez y Gonzalo Izquierdo se han lanzado a la piscina con este proyecto que viene a cubrir un necesario espacio: la literatura LGTB al margen de los tópicos. De momento han publicado recopilatorios de autores rusos y africanos, con espacio también para la poesía. Son valientes y les deseo las mejores recompensas a sus esfuerzos.

"No quiero ser un cobarde bastardo
Agarrado a tus piernas, temblando
Y escupiendo en su interior.
Quiero que todos se mueran de risa,
Que amen como yo amo
Que mis versos resuenen en el metro."
(Dmitry Volcheck)

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Aitor Villafranca : Cero

Dos hombres comparten cama pero despiertan en mundos distintos. El punto de partida de la novela me pareció potentísimo desde que el propio Aitor me lo contó hace ya 6 meses. Desde entonces tenía ganas de leer esta historia, y más teniendo en cuenta el buen sabor de boca que me dejó Zodíaco en su día. Las expectativas pueden ser peligrosas, pero en este caso se han visto superadas.


Y es que mientras lo leía en la cama, el libro cobró vida entre mis manos. Dejó de ser un conjunto de páginas escritas para transformarse en un espejo. De repente me vi reflejado en él, expuesto, escaneado hasta la última partícula. Y no solo me vi a mí: también pensé en tantos amigos con miedo a sentir, a volver a entregarse. Cuando te crees inmortal, haces y dices tantas tonterías, como si la recompensa siempre tuviera que estar esperándote cuando tú lo decidas.

Hay una cualidad que admiro en los escritores. Te hablan de esos sentimientos que rara vez compartes. No es solo que no te atrevas, es que no sabrías cómo hacerlo: por dónde empezar o qué palabras elegir. Ellos encuentran esas palabras y no dudan en compartirlas contigo. Leyéndolas, todo parece más sencillo.

Merece la pena conocer a Daniel y Álex. En un mundo donde ocurren tantas cosas extrañas, hasta el punto de no saber si eres la última pieza de un puzzle perdido que nunca encajará, agradeces reconocerte en esos personajes. Te sientes menos solo. Comprendes que los sentimientos pueden existir en cualquier parte, incluso en ciudades torcidas donde la gente levanta llamas verdes a cada paso.

No tenía recuerdos de que la realidad hubiera sido así antes de aquel día. Sin embargo, ese era el mundo en el que existía, así que, a la fuerza, el mundo tenía que haber sido así siempre. Solo había entonces una conclusión posible: era él el que había hecho algo mal, él quien, de alguna forma, había olvidado cómo existir. Las personas que le rodeaban lo habían comprendido antes incluso que él mismo, y ahora le vigilaban recelosos.

La novela Cero está disponible en Amazon y Casa del Libro.

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Wajdi Mouawad : Ánima

Hay muchos libros buenos, pero solo algunos te remueven por completo. Por eso, decir que Ánima me gustó sería quedarme corto. Me pareció brillante. Un libro que todo el mundo debería leer aunque no sea un libro para todo el mundo. Una novela que me gustaría haber escrito yo y que leí con la envidia sana (o no) de saber que me falta mucho para lograrlo. Suerte que hay maestros como Wadji Mouawad.


Este escritor, en una página te desgarra sin miramientos y a la siguiente te emociona con ternura. Deja que sean los animales los que cuenten la historia terrible de un hombre a quien el asesinato de su mujer le impulsa a viajar por Canadá y Estados Unidos en busca del criminal. Gatos, arañas, pájaros, perros, lobos... todos serán testigos de su periplo. Algunos lo mirarán con curiosidad, otros conectarán con él, dando pie a escenas maravillosas (la hormiga, el chimpancé).

Mouawad nos recuerda la inhumanidad de los humanos. Cómo somos capaces de lo mejor y de lo peor. Cómo nos obsesionamos con absurdeces y en cambio rechazamos lo que la vida nos regala a cada segundo. Pequeños instantes que el protagonista va disfrutando en pleno viaje, aunque sea empujado por unas circunstancias tan horrendas.


Mientras lo leía, no me quitaba de la cabeza una frase de Musashi Miyamoto: "Date menos importancia, dásela más al mundo". Podría haberla dicho cualquiera de estos animales al protagonista Wahhch. Porque ellos saben que todo es insignificante. Sí, nos ocurren cosas malas, pero no somos menos que una mariposa aplastada de la manera más tonta. Somos animales dando tumbos, por más que nos guste olvidarlo.

Podría añadir muchas cosas, enumerar el asco de algunas escenas y la impotencia que me provocaron, la piel de gallina por la preciosidad de ciertos pasajes... Podría decir que es uno de los mejores libros que han pasado por mis manos. Demoledor, también. Pero faltaría una pieza clave: que lo leáis y flipéis como yo he flipado. ¿Y ahora qué? Pues esto. El esplendor en la bajeza. Humanidad, a pesar de todo.

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No es nada mística

La magia no se puede explicar. Tiene que sorprenderte tras la esquina, como cuando eras un niño que jugaba y las cosas, simplemente, ocurrían. En tu cabeza y de verdad. Diseccionando tus rituales para hacer partícipes a los demás, al final lo único que consigues es quitarles encanto, misticismo. Como quienes señalaban las cuerdas que hacían volar a los actores de las películas.


Y además, solo crees en la magia cuando te conviene. El otro día, por ejemplo, expliqué que una amiga utiliza La noche nos alumbrará a modo de oráculo. Le hace una pregunta, abre una página al azar y lee lo que el libro tiene que decirle. Eso que a ella le funciona, a los demás puede parecerles una tontería. Así fue: risitas, comentarios para cambiar de tema.

Entre cervezas y montaditos, la conversación derivó hacia la situación sentimental de uno de los chicos. Nos contó que le gustaba quedar con cierta chica porque se daban estabilidad, pero que no se consideraban novios. Y eso que llevaban ocho meses viéndose. Los demás opinamos que era tiempo suficiente para establecer una relación. Él se enrocó: si ya estoy bien así, ¿para qué pensar que las cosas son o podrían ser de otra manera?

Ya nos íbamos cuando alguien, medio en broma, le pidió que le preguntara a mi libro si aquella chica era su novia. Él se rio y entonado por las cervezas, lo hizo. Al fin y al cabo, le iba a salir alguna frase tonta. Entonces leyó: "Eres tú. Cuesta creerlo." Cerró el libro en silencio. De golpe, volvía a ser aquel niño que creía que los dragones blancos volaban. Y delante nuestro, el más brillante de todos surcaba los tejados de Barcelona.

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Aitor Saraiba : Nada más importa

"Siempre pensé que mi brújula en la vida sería una persona,
pero no, han resultado ser los libros."

Primero hay obstáculos y luego todo se alinea. Es todo parte del mismo camino, la vida, pero en algunos recodos es fácil creer que la oscuridad campa a sus anchas y que no hay vuelta atrás. Poco después, lo fácil será seguir caminando hacia adelante con una sonrisa. Ahora solo escucharías música a todo volumen para gritar hasta quedarte afónico.


Este libro se empezó a gestar antes de que todo encajase: "De mis padres, me habría gustado heredar la esperanza", viene a decir Aitor Saraiba en uno de los primeros capítulos. Porque la gente que antes sonreía, ahora busca trabajo y no lo encuentra, busca amor y no lo encuentra, busca y busca pero todo está muy oscuro.

Un amigo enseñándote su cuaderno de notas. Esa sensación te recorre el cuerpo mientras pasas las páginas de Nada más importa. Los textos a mano y los dibujos ingenuos parecen desnudos sobre el fondo blanco. Cuesta creer que alguien se atreva a enseñarte su intimidad de esta manera pero aquí está. La has comprado. Y el libro es enorme, pesa, como para confirmarte que de verdad existe.


Alrededor de todos los conciertos de Metallica de su vida, Aitor teje una biografía de momentos importantes. Bueno: momentos cuya importancia solo entiendes después, ya mayor, al echar la vista atrás y unir los puntos de lo que antes solo eran escenas del día a día. Los aprendizajes, las personas que vas conociendo por el mundo... Y sí, lo que empezó sin esperanza, acaba por animarte a seguir intentándolo. Porque las piezas encajan, pero para eso hay que seguir luchando. Gracias, Aitor.


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Eva Mengual : El camino del amor

Hay libros que no son para ti. Al menos, no para este momento. Los lees porque, por carambolas del destino, han llegado ahora hasta tus manos, pero mientras vas pasando sus páginas solo puedes pensar en alguien que conoces. Un amigo a quien le vendrá bien leerlo. El camino del amor es uno de esos libros.


Otros títulos de esta colección, como Los cerezos en diciembre, me inspiraron en su día. Cuentan historias sencillas sobre conflictos cotidianos y esas soluciones que no siempre recordamos. Este trata del amor, claro. De una ruptura, más concretamente, y no sé qué ha ocurrido pero en los últimos meses me han rodeado unas cuantas.

Amigos que se separan, amigos que tendrán que descubrir por su cuenta lo mismo que yo hace tres años: que la soltería está para disfrutarla, para cambiar tu escala de valores:  lo que quieres y lo que no quieres. Para quererte mucho, también, y así ser mejor persona cuando alguien nuevo llegue.

En este proceso, no todo el mundo lleva el mismo ritmo. A algunos les toma más tiempo. A ellos les recomendaré El camino del amor. Habla de ese lento abrir de ojos, desde que te sientes en mitad de una carretera desértica donde nadie dará contigo hasta que por fin los árboles que has plantado dejan ver sus frutos.


No es que un libro te pueda cambiar la vida. Los libros solo pueden darte pequeños empujones hacia la cima. Mil páginas, mil personas te repetirán lo mismo y aunque sepas que tienen razón, no les harás caso: no es lo que necesitas ahora. No sabes qué necesitas, pero eso no. Hasta que quizá un día, de la nada, llegue una frase. Dirá lo mismo que tantas otras y sin embargo lo hará con palabras distintas. Palabras que conectan puntos. Que te devuelven la energía, las riendas. Entonces te descubres todopoderoso y comprendes que todo tuvo sentido.

La ventaja de volver a empezar sola es que puedes hacer todo lo que tú quieras y como tú quieras. Es como si la vida te diera una oportunidad nueva para hacerlo diferente y, quién sabe, quizá mejor. Quiero que sepas que puedes contar conmigo siempre que me necesites.

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Judith Schalansky : Atlas de islas remotas

¿Qué te llevarías a una isla desierta? No se preguntaron eso los exploradores de las 50 islas que aparecen en este libro. Muchos llegaron a ellas por accidente y otros iban en busca de algo. Porque siempre buscas algo, incluso en la otra punta del mundo, o allí más que en ninguna otra parte. Fortuna, fama, conocimiento.


Decir que no encontraron nada sería injusto para las islas. Como mínimo, encontraron piedras. Y nuevas especies de animales y plantes. Y nueva gente. También encontraron por fin un sitio donde nadie les conocía y por eso algunos se quedaron a vivir en aquel pedazo de tierra, rodeados de mar.

Uno a uno, Judith Schalansky detalla con poesía sus motivos, sus descubrimientos, su soledad... Hay historias de misterio que darían para una novela: en medio del mar hubo un asesinato, un envenenamiento, un esqueleto y dos desaparecidos... Hay historias de daltonismos y tsunamis. De naufragios, de supervivientes. Y hay historias de superación, como la del hombre que proseguiría su búsqueda si le quedaran fuerzas. Se trata de abrir el atlas y dejar que te sorprenda, como hacías de niño en la biblioteca.


No son islas del tesoro, aunque cada ficha venga acompañada de un tentador mapa. Las aventuras de estos exploradores son mundanas y aun así te fascinan porque es muy posible que tú nunca pises los parajes que ellos pisaron. Pisarás otros, los tuyos, los que decida el azar y el dinero. Quién sabe, quizá algún día, alguien abra un atlas y te encuentre a ti. Y entonces se preguntará: ¿qué fue a buscar a esa isla suya?

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Daniel Fernández : La confabulación de Eros

Hay temas universales. Que nunca pasan de moda, en todas las épocas y países están presentes. El amor, qué duda cabe, es uno de los temas más importantes, sino el que más. Si algo te sorprende cuando lees una novela como La historia de Genji, escrita en el Japón del siglo XI, es que por encima de las exóticas costumbres de la corte imperial, te reconoces en esos personajes porque se preocupan por lo mismo que tú. El amor. Esa inquietud por encontrar (o conservar) alguien que les quiera. Y algo así deberán sentir también los habitantes del año 3077 al acceder al blog Proudstar in the City.


Ese es el punto de partida de La confabulación de Eros, debut literario de Daniel Fernández. En el siglo XXXI, basta con pulsar el botón de la aplicación Eros para encontrar una pareja compatible. Amor garantizado durante un mínimo de dos años. El paraíso. O eso parece, porque alguien encuentra los archivos informáticos de un blog de hace mil años y entonces todo cambiará. Sí, a veces basta una sola voz diciendo lo de siempre para cambiar las cosas.

En el libro hay ciencia-ficción desenfadada (que disfrutarás especialmente si te gustan los cómics y las películas de superhéroes), hay mucho humor, hay referencias a la música pop, pero sobre todo hay una historia de amor preciosa a través del tiempo. La de Joel y Proudstar. Y te engancha de verdad. Al menos, yo lo leí casi del tirón, en dos días, porque necesitaba saber su destino y ya de paso, si eso, el del resto de la humanidad.


Después de años relatando en el blog Proudstar in the City su vida madrileña y sus encuentros y desencuentros amorosos, Daniel Fernández (Proudstar) se animó a recopilar las mejores entradas. A sugerencia del editor de Stonewall, escribió una nueva historia tomándolas como base, y ha sido un acierto. De hecho, a ratos parece que originalmente se escribieron con este proyecto en mente.

Y además, cierras la novela con ganas de haber conocido antes el blog, de haber leído todas las entradas en su día. De haber llorado en el hombro de Proudstar cuando las cosas se torcían, de haber reído con él la mayoría del tiempo. De haberle dado ánimos. Todo saldrá bien. "Nothing really matters, love is all we need." Lo dicen las canciones pop y ellas siempre tienen razón.

Nuestras mentes han estado conectadas todo este tiempo. Cuando el Universo se percató del error que había cometido, decidió ayudarnos, creando esta línea de metro que recorre la frontera que separa el destino de la casualidad.

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Touch

Dicen que es como tener un hijo. No lo sé, nunca he tenido uno ni parece que lleve camino de tenerlo. Pero si tener un hijo es extraño y familiar a la vez, entonces sí: recibir un ejemplar de tu propio libro es como tener un hijo. Sujetarlo entre tus manos se siente igual de extraño y familiar.


Te lo crees y no te lo crees. Parece algo natural, siempre supiste que sería así, y sin embargo tiene el toque de irrealidad de un rodaje. De una toma mil veces repetida. No es muy distinto a viajar a Nueva York: has visto esta ciudad desde tantos ángulos en tantas series, películas, anuncios, conoces tan bien la ubicación de sus tiendas y rascacielos y anuncios luminosos y sus taxis amarillos que se desdibujan en las fotos y el murmullo de la gente... que cuando estás ahí en medio, no hay sorpresa que valga, no hay fascinación y sí un punto de incredulidad. Porque ya la conoces como la palma de tu mano y aun así te sientes perdido en ella.

Algo así. Tras horas maquetando el libro, corrigiéndolo, comprobando que todo siguiera correcto tras cada cambio, el miércoles recibí un primer ejemplar. Pensaba que lloraría, pero no lloré. Pensaba que me parecería pequeño o grande, y no: era justo de la medida que imaginaba, que para eso estuve comparando opciones. Pensaba que lo olería y solo me acordé después, cuando me lo preguntó un amigo.


Hubo un detalle que sí me fascinó. Que alguien (una máquina) le hubiera dado forma física a lo que originalmente solo eran dos PDFs. Lo abrí, creo que fue lo primero que hice, y por más que lo hojeaba, no entendía cómo era posible que mis páginas estuvieran en orden, bien cortadas y encoladas. Todo en su sitio, cada elemento parte de un todo. Sigo sin entenderlo: tiene que ser un truco de magia.

Ah, y el tacto. El tacto de la portada se me hizo raro al principio. No era tan suave como había imaginado, pero tampoco áspero. Era el tacto exacto de mi libro. Ningún otro tiene ese tacto y es lo que lo hace especial, supongo. Después, yendo en metro, nadie más entendía mi sonrisa al sostener ese libro, bastante tenían ellos escuchando su música o pensando en sus asuntos. Yo no podía evitarlo: estaba orgulloso. Qué raro se hace tocar las cosas bonitas, pero qué bonitas son.

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La noche nos alumbrará

Hoy me siento más feliz de lo normal. Me comprenderás, supongo, si te cuento que hoy (auto)publico mi primer libro. Se titula La noche nos alumbrará y no, no es la novela de la que vengo hablando desde hace tiempo. Esa también llegará, porque todo llega, pero todo a su debido tiempo. Las mareas no puedes controlarlas, son más sabias.


No: La noche nos alumbrará no cuenta una historia. Cuenta muchas. Casi 200, de hecho: escritas a lo largo de los años en este mismo blog. Porque sí, después de compartir tantas experiencias, me apetecía reunir mis entradas favoritas de Sombras de neón y aquí están: revisadas, ampliadas, acompañadas por textos nuevos, conectadas entre sí a modo de juego... para que conviertas el día a día en tu propia aventura.

Cuando abrí el blog en 2009, lo hice aconsejado por el que entonces era mi novio. Él decía que me vendría bien, que así escribiría más. Y tenía toda la razón del mundo. Pero tardé tiempo en descubrir que un blog también puede servir de terapia, de desahogo, de faro en la niebla y de foro donde conocer gente afín. De motivación para mejorar. O para intentarlo, al menos. El libro intenta reflejar este proceso.

Así que gracias, Enric, por esa idea y ese título que me trajeron hasta aquí. Gracias también a Jose por la portada espectacular. Gracias a Fer de Confesiones tirado en la pista de baile por el prólogo. Gracias a Víctor Algora por cederme el título. Y también gracias a ti, lector o lectora, por darle sentido a cada entrada que hayas leído. Lo dicho: hoy me siento muy feliz.

Consíguelo en Amazon: Versión en papel / Versión Kindle
Y en mi Facebook: Bájate un adelanto gratuito

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Haruki Murakami : Los años de peregrinación del chico sin color

Los personajes de Murakami son metódicos. Cocinan fideos, hacen la colada, salen a pasear por la ciudad vacía. Cumplen un horario. Solo a veces se preguntan si están haciendo lo correcto o si pueden pintar en los márgenes. Como ellos, el propio Murakami tiene su método. Sabe qué ingredientes debe mezclar para ofrecer a sus lectores el libro que esperan. Casi siempre le funciona, pero la intensidad varía. Pasa como en la cocina: aunque repitas la receta, los sabores sorprenden vez tras vez.


Y a veces, el escritor decide dar un paso más allá. Ahí es cuando me conquista. Lo ha hecho en Los años de peregrinación del chico sin color. En Japón, la crítica le acusaba de ir en regresión, así que el hombre se propuso superarse. Aunque no ha llegado a las cotas de genialidad de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, su nuevo libro vuelve a mezclar con éxito personajes solitarios, pasados traumáticos que el protagonista no conoce del todo, el mundo de los sueños invadiendo el nuestro.

Pero estamos en 2013 y Murakami lo sabe. En la historia aparecen Facebook, Twitter, Google Maps... Hasta se atreve a incluir chistes privados sobre el Premio Nobel. Y me imagino que la escena de sexo gay explícito habrá chocado en la sociedad japonesa, si me ha impactado incluso a mí, que no se me van a caer los anillos ahora.


Todo esto no es más que el decorado, por supuesto. Lo importante es la historia. Te agarra fuerte desde la desolación de un chico sin color que piensa en la muerte hasta un adulto que acepta todo el espectro de sensaciones que le traerá la vida. En este viaje hay muchas estaciones y en todas ellas se detienen los trenes. Para que mires por la ventana a esas vidas que podrían ser la tuya. Las decisiones tomadas y las sorpresas. ¿Qué haríamos sin ellas?

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Paul Pen : El brillo de las luciérnagas

Este libro es como un cuento de hadas. Pero uno de los de antes, esos terribles y sin medias tintas, donde al lobo de Caperucita lo tiraban al río tras rellenarle la tripa de piedras, para que así se ahogara. Sí, El brillo de las luciérnagas es un cuento de hadas sobre la aventura de hacerse mayor. O sobre salir del armario, o independizarse. Ese momento en que abre los ojos y tiendes tus deditos hacia nuevas puertas. Las mentiras de siempre ya no te sirven.


Lo lees con una mano tapándote la boca. Tan pronto da miedo, un miedo visceral, como te emociona. A ratos me ha recordado al mejor Stephen King, el de novelas como Misery o El juego de Gerald, donde el maestro del terror apenas necesitaba un puñado de personajes para mantenerte atrapado hasta el final de la historia.

Una atmósfera igual de claustrofóbica construye aquí Paul Pen. Antes de la página 100 ya quieres salir del sótano donde vive este niño. Un niño curioso y muy imaginativo, como todos los niños, pero que tanto te recuerda a ti. Cuando fabricabas historias en tu mente para creerte en un mundo mejor o más amplio, al menos. Los muñecos hablaban y la soledad dolía menos.

Con 10 u 11 años, yo devoraba libros de terror en la segunda cama del dormitorio de mi abuela. Dormía con ella los fines de semana. A ella le encantaban las historias truculentas. Me hablaba de Jack del Destripador, ponía programas de crímenes reales... y todo eso me calmaba porque mi mundo parecía entonces menos terrible. Eso sí, qué miedo pasaba con los libros. Era el invitado de un mundo que no controlaba.

Pensaba que eso ya lo había superado, que ningún libro volvería a asustarme. Pero he vuelto a sentir pánico con El brillo de los luciérnagas. He recordado lo peor de que es capaz el ser humano. También lo mejor, porque como dice el protagonista:

"No existe criatura más fascinante
que aquella que es capaz de crear luz por sí misma."

Quizá no seamos luciérnagas, pero tenemos nuestros propios faros y sabemos encenderlos cuando hace falta. Vamos allá.

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José Confuso : Andrés

Si fuera una canción, Andrés sonaría como Quiero vivir en la ciudad de Mecano. Tendría la misma ingenuidad del protagonista, esas ganas de cambiar de vida a cualquier precio. El paso del pueblo a la ciudad, con todo lo que conlleva cuando eres joven y gay y quieres comerte el mundo y lo que no es el mundo. Habrá obstáculos pero los vencerás. Piensas.


A diferencia de quienes lo intentaron antes que él, Andrés se enfrentará a una ciudad donde las redes sociales lo son todo. Ahora el filtro de Instagram determina tu nivel de felicidad, tu timeline de Twitter los contactos que has alcanzado, los me gusta de Facebook marcan el buen camino. Y por si fuera poco, Whatsapp trae los celos y exacerba las dudas. Toda esta odisea a través de Madrid y su entramado de hombres la narra un relato con bien de sexo y de dudas que todos hemos tenido.

Lo de relato es un decir. Porque, como ese bonus track de Mecano, el debut literario de El Hombre Confuso, tiene también la duración exacta. Casi es una novela corta. Dura lo que tiene que durar. Como cada etapa de tu vida, ni más ni menos. Aunque a él ya le adoraba por su personalísimo blog, donde tan pronto te habla de actrices de hace 40 años como del último escándalo sexual, ahora lo adoro más. Es capaz de contarte una historia con todos los ingredientes que esperarías de él, y no solo sale airoso sino que te deja con ganas de más.

(Disfrutable por apenas un euro en Amazon.)
 

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Terenci Moix : Terenci del Nil. Viatge sentimental a Egipte

Se'm fa estrany escriure en català. I això que abans ho feia sempre. Però més estrany se’m faria parlar d’aquest llibre en cap altra llengua. És com Terenci el va escriure i com n’haig de parlar. Perquè no, aquest no és el mateix llibre de viatges que el 1999 va titular com “Terenci del Nilo”, ja a Planeta. Abans d’aquesta erudició egípcia, Terenci va abraçar les mateixes ruïnes amb la passió d’un principiant.

 
1970: després de dos viatges, finançats amb el que havia guanyat amb els seus primers llibres i els premis que li van portar, Terenci es proposa parlar-nos del seu Egipte. Per a ell, la literatura de viatges no pot ser objectiva: necessàriament ha de transmetre l’ànima de qui l’escriu. Així s’entén que reuneixi en 200 pàgines totes les seves cabòries, un Egipte hereu del cinema de Hollywood i dels còmics que llegia de petit, el seu carrer ponent de Barcelona, la construcció del seu propi personatge, les estades a Londres i a Roma, els seus amics, els seus projectes futurs.

Tot es concentra a Egipte, país que ell creia conèixer per tant com n’havia vist a les pel·lícules. Tanmateix el sent com nou en posar els peus damunt la sorra. Nou i acollidor, com una casa nova quan hi vas a viure. I s’hi fa tot un reguitzell de preguntes que fins ara no havia gosat de fer-se. De ciutat en ciutat, de ruïna en ruïna, Terenci viatja a un altre Temps on els faraons creien governar el desert. Ells van desaparèixer, d’alguns no en queden ni els jeroglífics amb el nom, mai no en sabrem la seva historia. Terenci s’hi sent identificat perquè sap que, al capdavall, aspirar a la posteritat no té cap sentit, però precisament perquè no en té, ens hi sentim empesos.


Amb aquesta angoixa, deixa enrere els oasis i recorre el Nil, riu amunt, cap a terres fondes, per tal de trovar-hi un mirall definitiu. Ens permet acompanyar-lo en el periple. Més enllà de l’Esfinx i de les piràmides, fins a l’última duna. En tancar la porta, un recull de poemes. Sempre hi descobreixes coses noves, en Terenci, i aquesta n’és una altra. Tal com passa amb les restes de l’Antic Egipte enmig de la sorra, en aquest llibre hi sobreviu un Terenci com ja no el tornarem a conèixer: encara curiós, jove i rebel, a mig construir.

De cara al nostre alliberament total, el desert, que sempre ha servit per construir pobres metàfores de solitud o d’esterilitat, hauria de servir en la dimensió que veritablement té: lloc d’extrorversió humanista, en la qual pots meditar, córrer sense limitació, fer volar sorra amb les mans, sentir sobre la carn nua el sol que t’escalfa fins a assolir la celestial crema que et fa sentir viu... (Pàgina 96.)

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J.D. Salinger : El guardián entre el centeno

Tengo que confesarlo, así de entrada: no había leído este libro hasta hace 2 semanas. Y no lo había hecho porque ese título, a mí me evocaba una especie de fábula moral en la línea de El Alquimista o El caballero de la armadura oxidada, pero ambientada en un mundo tipo Tolkien. Mezcla que me daba bastante pereza, dicho sea de paso. Lo juro, eso me evocaba El guardián entre el centeno. Y nada más alejado de la realidad, claro. Lo descubrí en mis últimos días de vacaciones, cuando necesitaba algo para leer en la playa, y cogí el libro de mi compañero de piso, y volvió a sorprenderme como siempre su contraportada blanca, y al hojearlo vi: "Nueva York". De Tolkien con moralina nada.



Al protagonista del libro se lo ha tachado de rebelde, desubicado, arisco... No me parece nada de eso. Es un chico normal y corriente cuyo único delito, en todo caso, es no aceptar la mediocridad. Y eso, en un mundo como el suyo, donde todos prefieren la facilidad de lo mediocre, le lleva a huir. Qué otra salida le queda. Pues dar vueltas y vueltas hasta encontrar algo que de verdad le motive.

Desde aquí quiero aprovechar para decirle a la gente de las toallas de alrededor que no, no estaba loco ese chico que se carcajeaba con un libro en la mano. Era yo, empatizando con el protagonista y su peculiar versión del mundo. Menuda travesía pasa el pobre en el Nueva York de los años 40 pero que podría ser el de hoy día. De plena actualidad me ha parecido, sí, el libro. El consuelo es que el mundo no empeora, sigue en las mismas que hace 70 años. Pero a los que no se conforman, tampoco les queda otra solución que la de Holden: seguir buscando.

"Hay quien no sabe lo que le interesa
hasta que empieza a hablar de algo que le aburre."

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Paul Auster : El Palacio de la Luna

"Hay libros que hablan y ciudades que viajan", dice el protagonista en cierto momento. Este libro es de los que hablan. De los que no estás leyendo, sino escuchando, cada frase una de las olas que llegan a la playa y la refrescan y se llevan consigo las piedras, despejando así la arena alrededor de tu toalla. Ahora lo ves todo más claro.


"El único lugar en donde existes es en tu cabeza", le advierten al protagonista hacia el final. Él ya lo ha descubierto. Ha pasado por varios procesos de destrucción donde al final solo podía contar con él mismo, con la imagen de sí mismo que conserva. Esa imagen le sirve como brújula cuando por fin el viento cambia.

Destrucción como único método de volver a reconstruirse. Como esos templos japoneses que derriban cada 50 años y vuelven a levantarlos tal cual, para que siempre sean fuertes. Quizá somos así, piensas perplejo, antes de adentrarte de nuevo en este cruce de historias de hombres que salieron fortalecidos cada vez que lo habían dado todo por perdido.

Y ojalá fuera tan fácil como beber agua en el desierto o cambiarte el nombre. Ojalá al final todas las piezas encajasen y todas las conexiones tuvieran sentido. Lees en busca de respuestas y la única que llega es la que ya sabías: que hay que caminar mucho para atravesar el desierto. De una punta otra, hasta el mar. Creías ya estar ante él pero resulta que hay otro mar en el extremo opuesto. Allí la luna brilla. Un primer paso, el primero de muchos. Tendrás que desgastar las suelas.

"Iba descubriendo que era capaz de ir muy lejos,
mucho más lejos de lo que había creído posible."

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David Nicholls : Siempre el mismo día

Leer un libro después de haber visto la película es extraño. Más extraño que volver a un libro que ya habías leído. La historia es la misma, pero ahora no solo conoces las caras que se esconden tras las palabras, también las voces. He leído las frases de Emma con la voz de la dobladora de Anne Hathaway. Era como ver los vídeos de las vacaciones de dos amigos después de que ya me las hubieran contado. Me desconcertaba cada cambio, entre lo que yo recordaba (de la película) y lo que ocurría de verdad (en el libro)

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Pero me ha gustado el viaje. El libro me lo podía llevar a cualquier parte. A la playa, sobre todo. Y me gustaba notar el gramaje de las páginas, su textura bajo el sol, que cada día se amarillearan un poco más y que al sacar el libro de la bolsa, ya en casa, sus esquinas siempre hubieran cogido un poco de humedad de la toalla. El desgaste del tiempo, el mismo por el que pasan Emma y Dexter.

Esta amistad a través de los años ha vuelto a golpearme. En el cine porque entonces la sentía cercana y en la toalla porque ahora venía desde otra galaxia. De una realidad alternativa. Y qué tonto te ves desde lejos. Qué tonta es Emma pero cómo la entiendes. Al terminar, me sequé y volví andando por otras calles que aún no había visto.

"-No, en serio, ¿qué pasó?
-Que te conocí. Tú me curaste de ti."

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Banana Yoshimoto : Amrita

"Los descubrimientos más memorables se realizan
cuando nos adentramos en las cosas por nosotros mismos
y, solos, las hacemos nuestras."

Me gusta los libros que te sumergen en su historia. Y en verano más. Una historia sencilla, donde en realidad no ocurren demasiadas cosas, solo el descubrimiento de uno mismo. Cada frase una oleada, el libro te mece y te serena. Te atrapa en ese no pasar nada, porque quieres sentirte como la protagonista. Ella permanece siempre estoica y esperanzada.


Lo leí por recomendación de Aitor Villafranca, que acertó de pleno. Es un libro para las vacaciones. O para cuando necesitas estar de vacaciones. Una ventana a otro mundo donde nada va contigo, y todo ocurre despacio. Como la brisa entre las palmeras. Antes de darte cuenta, tu sofá se ha convertido en una hamaca y en la mano tienes un vaso de piña colada.

Banana Yoshimoto a veces se pasa de cursi. Aquí no. O sí, pero se lo perdonas. Dejas que te vaya desmenuzando la historia de esa chica que vuelve a nacer tras un accidente y poco a poco recupera el gusto por la vida, los detalles que la hacen feliz, las conexiones con viejos conocidos y nuevos amigos. En fin: hay que leerlo para ver la vida con otros ojos.


No tengas la misma prisa que yo. Mira bien la cena que ha preparado mamá, el jersey que te ha regalado. Mira bien las caras de tus compañeros de clase, las casas del barrio que demuelen para construir otras nuevas. Cuando se vive en el mundo real uno no se fija en lo que le rodea, pero estando en el camerino de un teatro no se te escapa nada. Date cuenta de que el cielo es azul, de que tu mano tiene cinco dedos, de que papá y mamá están ahí, lo mismo que las personas desconocidas con las que hablas por la calle: todo eso es como beber agua fresquísima. Si no se bebe cada día no se puede vivir. Si no se bebe, si el agua está ahí y no la bebes a grandes sorbos, la garganta se seca y se muere. No sé explicarlo bien, pero es así. Di que no tengo ningún pesar. Díselo a todos. Yo siempre acababa los deberes de vacaciones en la primera semana, lo mismo que el diario que nos mandaban escribir en vacaciones, y envidiaba a los demás, que lo hacían todo en la última semana deprisa y corriendo. Pero me veía obligada a hacerlos enseguida por miedo. Yo de niña era así. Sin embargo, la próxima vez que escriba un diario no cometeré el mismo error, describiré el calor del verano, los rayos de sol, día a día, tal y como lo vaya sintiendo. Tuve prisa. Eso es todo. (Páginas 259-260)

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Keri Smith : Destroza este diario

"Tira esta página y asume la pérdida". Así rezaban las instrucciones de uno de los ejercicios de este libro. Sin miramientos, arranqué la página en cuestión. Como si fuera una revista de la biblioteca y no un regalo de cumpleaños. Salí de casa y caminé hacia mi plaza preferida de Gracia. Quería tirarla allí. A medio camino me dio por pensar que en la vida no puedes elegir cuándo ocurren las cosas. Llegan cuando llegan y tienes que lidiar con ello. Las instrucciones no eran "Tira esta página en tu lugar favorito para crear un recuerdo inolvidable". Se trataba de asumir que hay cosas que se pierden. Para siempre y sin más explicación. Así que solté la página en medio de esa calle de la que nunca recuerdo el nombre. El papel negro voló a mi espalda. No me giré ni siquiera cuando apuntó hacia allí el manguerazo de los servicios de limpieza del Ayuntamiento. Ahora solo me queda quedan los restos de la página arrancada, jirones aún encuadernados al resto del libro.


Así son las reflexiones que me hago con el libro Destroza este diario. La autora invita a la creación a través de la destrucción. Cada página te invita a rasgar, mojar, manchar, pintarrajear, cortar, incluso quemar. Como sé que no haré las virguerías que crea la gente a partir de frases tan lapidarias como "Vierte aquí tu café", yo exploro mis propios límites.

Hay una página que todavía no he hecho. Tienes que llevarte el diario a la ducha. Y ducharte con él, supongo, aunque eso no lo especifica. Tengo miedo de que se moje, como si hubiera otra opción. La ducha conlleva agua, no hay vuelta de hoja. Sé que acabaré haciéndolo. Tampoco me atrevía a destrozar una página a mordiscos, pero luego la descarga de adrenalina que me provocó hacerlo, por el mero hecho de que podía hacerlo, de que me estaba permitido hacerlo, fue una experiencia liberadora.


Y así vas resolviendo este diario. Interpretas las instrucciones, creas tus reglas, las rompes acto seguido, te das cuenta de las tonterías que te bloquean y se te abren nuevas puertas. Lo recomiendo a todos los creadores, pero también a quien quiera conocerse mejor, relajarse o simplemente tener un libro con el que poder hacer lo que no harías con otro libro. El camino más corto entre un espejo y un saco de boxeo.