Este blog se ha trasladado, buscando el nuevo blog...

Pages

Mostrando entradas con la etiqueta viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viajes. Mostrar todas las entradas
0 comentarios

Judith Schalansky : Atlas de islas remotas

¿Qué te llevarías a una isla desierta? No se preguntaron eso los exploradores de las 50 islas que aparecen en este libro. Muchos llegaron a ellas por accidente y otros iban en busca de algo. Porque siempre buscas algo, incluso en la otra punta del mundo, o allí más que en ninguna otra parte. Fortuna, fama, conocimiento.


Decir que no encontraron nada sería injusto para las islas. Como mínimo, encontraron piedras. Y nuevas especies de animales y plantes. Y nueva gente. También encontraron por fin un sitio donde nadie les conocía y por eso algunos se quedaron a vivir en aquel pedazo de tierra, rodeados de mar.

Uno a uno, Judith Schalansky detalla con poesía sus motivos, sus descubrimientos, su soledad... Hay historias de misterio que darían para una novela: en medio del mar hubo un asesinato, un envenenamiento, un esqueleto y dos desaparecidos... Hay historias de daltonismos y tsunamis. De naufragios, de supervivientes. Y hay historias de superación, como la del hombre que proseguiría su búsqueda si le quedaran fuerzas. Se trata de abrir el atlas y dejar que te sorprenda, como hacías de niño en la biblioteca.


No son islas del tesoro, aunque cada ficha venga acompañada de un tentador mapa. Las aventuras de estos exploradores son mundanas y aun así te fascinan porque es muy posible que tú nunca pises los parajes que ellos pisaron. Pisarás otros, los tuyos, los que decida el azar y el dinero. Quién sabe, quizá algún día, alguien abra un atlas y te encuentre a ti. Y entonces se preguntará: ¿qué fue a buscar a esa isla suya?

9 comentarios

Touch

Dicen que es como tener un hijo. No lo sé, nunca he tenido uno ni parece que lleve camino de tenerlo. Pero si tener un hijo es extraño y familiar a la vez, entonces sí: recibir un ejemplar de tu propio libro es como tener un hijo. Sujetarlo entre tus manos se siente igual de extraño y familiar.


Te lo crees y no te lo crees. Parece algo natural, siempre supiste que sería así, y sin embargo tiene el toque de irrealidad de un rodaje. De una toma mil veces repetida. No es muy distinto a viajar a Nueva York: has visto esta ciudad desde tantos ángulos en tantas series, películas, anuncios, conoces tan bien la ubicación de sus tiendas y rascacielos y anuncios luminosos y sus taxis amarillos que se desdibujan en las fotos y el murmullo de la gente... que cuando estás ahí en medio, no hay sorpresa que valga, no hay fascinación y sí un punto de incredulidad. Porque ya la conoces como la palma de tu mano y aun así te sientes perdido en ella.

Algo así. Tras horas maquetando el libro, corrigiéndolo, comprobando que todo siguiera correcto tras cada cambio, el miércoles recibí un primer ejemplar. Pensaba que lloraría, pero no lloré. Pensaba que me parecería pequeño o grande, y no: era justo de la medida que imaginaba, que para eso estuve comparando opciones. Pensaba que lo olería y solo me acordé después, cuando me lo preguntó un amigo.


Hubo un detalle que sí me fascinó. Que alguien (una máquina) le hubiera dado forma física a lo que originalmente solo eran dos PDFs. Lo abrí, creo que fue lo primero que hice, y por más que lo hojeaba, no entendía cómo era posible que mis páginas estuvieran en orden, bien cortadas y encoladas. Todo en su sitio, cada elemento parte de un todo. Sigo sin entenderlo: tiene que ser un truco de magia.

Ah, y el tacto. El tacto de la portada se me hizo raro al principio. No era tan suave como había imaginado, pero tampoco áspero. Era el tacto exacto de mi libro. Ningún otro tiene ese tacto y es lo que lo hace especial, supongo. Después, yendo en metro, nadie más entendía mi sonrisa al sostener ese libro, bastante tenían ellos escuchando su música o pensando en sus asuntos. Yo no podía evitarlo: estaba orgulloso. Qué raro se hace tocar las cosas bonitas, pero qué bonitas son.

4 comentarios

Terenci Moix : Terenci del Nil. Viatge sentimental a Egipte

Se'm fa estrany escriure en català. I això que abans ho feia sempre. Però més estrany se’m faria parlar d’aquest llibre en cap altra llengua. És com Terenci el va escriure i com n’haig de parlar. Perquè no, aquest no és el mateix llibre de viatges que el 1999 va titular com “Terenci del Nilo”, ja a Planeta. Abans d’aquesta erudició egípcia, Terenci va abraçar les mateixes ruïnes amb la passió d’un principiant.

 
1970: després de dos viatges, finançats amb el que havia guanyat amb els seus primers llibres i els premis que li van portar, Terenci es proposa parlar-nos del seu Egipte. Per a ell, la literatura de viatges no pot ser objectiva: necessàriament ha de transmetre l’ànima de qui l’escriu. Així s’entén que reuneixi en 200 pàgines totes les seves cabòries, un Egipte hereu del cinema de Hollywood i dels còmics que llegia de petit, el seu carrer ponent de Barcelona, la construcció del seu propi personatge, les estades a Londres i a Roma, els seus amics, els seus projectes futurs.

Tot es concentra a Egipte, país que ell creia conèixer per tant com n’havia vist a les pel·lícules. Tanmateix el sent com nou en posar els peus damunt la sorra. Nou i acollidor, com una casa nova quan hi vas a viure. I s’hi fa tot un reguitzell de preguntes que fins ara no havia gosat de fer-se. De ciutat en ciutat, de ruïna en ruïna, Terenci viatja a un altre Temps on els faraons creien governar el desert. Ells van desaparèixer, d’alguns no en queden ni els jeroglífics amb el nom, mai no en sabrem la seva historia. Terenci s’hi sent identificat perquè sap que, al capdavall, aspirar a la posteritat no té cap sentit, però precisament perquè no en té, ens hi sentim empesos.


Amb aquesta angoixa, deixa enrere els oasis i recorre el Nil, riu amunt, cap a terres fondes, per tal de trovar-hi un mirall definitiu. Ens permet acompanyar-lo en el periple. Més enllà de l’Esfinx i de les piràmides, fins a l’última duna. En tancar la porta, un recull de poemes. Sempre hi descobreixes coses noves, en Terenci, i aquesta n’és una altra. Tal com passa amb les restes de l’Antic Egipte enmig de la sorra, en aquest llibre hi sobreviu un Terenci com ja no el tornarem a conèixer: encara curiós, jove i rebel, a mig construir.

De cara al nostre alliberament total, el desert, que sempre ha servit per construir pobres metàfores de solitud o d’esterilitat, hauria de servir en la dimensió que veritablement té: lloc d’extrorversió humanista, en la qual pots meditar, córrer sense limitació, fer volar sorra amb les mans, sentir sobre la carn nua el sol que t’escalfa fins a assolir la celestial crema que et fa sentir viu... (Pàgina 96.)

4 comentarios

Le vent nous portera

Te gustaría vivir en París. Una buhardilla pequeña desde la que, para cumplir todos los tópicos, verías a lo lejos la Torre Eiffel. Estaría en un barrio poco concurrido, alejado del centro. Así atravesarías la ciudad a pie cada mañana. Nunca cogerías el metro, menudo sacrilegio en una ciudad donde todas las calles son bonitas.


Te gustaría vivir en París. "Algún día", le dices a un amigo al llegar a la playa. Lo dices por decir, uno de esos planes irrealizables pero muy meditados que un día, sin más preámbulo, salen a la luz. En París ya estuviste hace 10 años, pero ahora irías de otra manera. Te patearías los museos y las placitas con cafés alrededor y los rincones escondidos que entonces pasaste por alto. La librería Shakespeare and Co, junto al Sena. Y antes aprenderás francés. Que no vuelvan a poner los ojos en blanco los camareros al recurrir al inglés incluso para una mísera Orangina.

Te gustaría vivir en París como te gustarían tantas otras cosas. Ríes. Qué tontería. Bajáis del coche, cogéis los bártulos. De camino a la playa, sobre un banco, alguien ha abandonado un libro. Vuelves a verlo horas después, cuando ya os vais un poco más morenos. Nadie lo ha cogido. Lo coges tú. Y es una novela en francés, claro. Para que vayas practicando. El título: "L'inespérée". Lo inesperado.

2 comentarios

We mapped the world

Al final será verdad aquello que decían en Love Actually. "El amor, en realidad, está en todas partes." Buceando por Tumblr he encontrado esta serie de fotos. Cuánta magia con pocos ingredientes. Sale una pareja, él es el fotógrafo y ella, de espaldas a la cámara pero siempre cogiéndole la mano, le guía por rincones de todo el mundo.


 
 


La idea es del fotógrafo Murad Osmann y recoge bien lo que es el amor: sed de experiencias, aventuras compartidas, evolución. Aladdin tendiéndote la mano desde su alfombra mágica: "¿Confías en mí?" Perder en compañía el miedo a volar. Siempre adelante, la siguiente casilla a la que viajemos también merecerá la pena.

0 comentarios

Alberto Torres Blandina - Cosas que nunca ocurrirían en Tokio

"Las olas cambian, pero el mar siempre es el mismo."

Nadie hace nada en los aeropuertos. Esperas, pero no hablas. Miras tiendas por mirar algo. Sin rumbo. Te sientas, picoteas algo, pasas páginas de un libro. Desearías que hubiera alguien como el protagonista de esta novela, que entretiene a los viajeros contándoles historias.


Les habla de los países a los que viajarán, con tanto detalle que se diría que los ha visitado todos. Les habla de códigos secretos. De otros viajeros, de las peripecias en que se vieron envueltos. Amores eternos, fantasías, juegos peligrosos, transformaciones y viajes interiores.

Salvador es operario de limpieza y es sabio. El autor consigue equilibrar su voz para que aprendas con él sin caer en la pedantería. Es un hombre humilde que todo lo resume así: "Hay muchas formas de mirar y muchas formas de ver". Tan sencillo que a veces lo olvidas.


Sus historias siempre quedan incompletas, se retoman capítulos después. Cambian los viajeros, pero Salvador no deja de hablar. Poco importa si lo que cuenta es cierto. Es todo tan fascinante que deseas que sea verdad, que por una vez la ficción supere a la realidad. Y tienes la sensación de que ahora es tu turno. Disfrutar ese amor nuevo, viajar, descubrir algo, contarlo a la vuelta.

"Depende de lo que preguntemos, la respuesta será distinta."

6 comentarios

Tourists

Quieres hacer un viaje. Coger un mapa, señalar un punto al azar y ponerte en marcha. Tienes los días, tienes el dinero, tienes la posible compañía. Sólo falta el  destino. Tampoco pides mucho, aceptarías repetir una ciudad que ya conoces, porque ahora todo te parece nuevo. Cualquier rincón servirá mientras tenga magia.


Es decir: callecitas empinadas por las que dejarse perder, rincones y fachadas que capturar con la cámara, un restaurante con un romántico reservado, vistas desde un mirador que tendremos que alcanzar escalando, plazas donde desayunar bollería recién hecha, fuentes perdidas y un paseo para bordear el mar o el río o la montaña.

Conversaciones y mucho tiempo compartido, porque en los viajes las horas parece más largas, o será que cunden más cuando damos pasos. Risas, dedos que señalan, el crujido del mapa desplegable y el móvil apagado, el hotel como refugio. Conocerse mejor explorando la ciudad, como en una secuela de Antes del amanecer.


Lo normal, vaya. Cerrar los ojos cuando el avión despegue y llegar. No contar el tiempo que queda para volver, olvidarse del calendario por tres días o un fin de semana. Disfrutar cada esquina, apoyarse en cada barandilla templada. Sí, este verano quieres hacer un viaje y que el azar te señale.

2 comentarios

Elvira Lindo - Lugares que no quiero compartir con nadie

"Todo siempre en su sitio. Sólo eres tú quien cambias."

Me gustó el título. Y por eso me lo regalé en Sant Jordi. Por eso y porque los lugares eran de Nueva York, claro. Siempre he pensado que escribes tu diario con la esperanza inconfesable de que alguien, algún día, sin permiso, lo lea: te enfadarás, claro, pero en el fondo te sentirás halagado. Lugares que no quiero compartir con nadie me evocaba algo de ese impudor coqueto.


La comprendo muy bien, a Elvira. A veces llegas a un punto de tu vida en el que cobijas cosas, lugares que has conquistado para ti mismo, y te los guardarías dentro, los sientes tan tuyos que, de alguna manera, se despierta el cosquilleo de compartirlos. Como si guardarte para ti eso tan valioso lo anulara y solo una segunda mirada confirmase que merece la pena. Que te merece la pena.

El placer y el riesgo de compartir. De eso va este libro. Hacer públicos los refugios íntimos de una Nueva York en la que todos nos sentimos nómadas. La necesidad de refugios en esa ciudad inabarcable. Lugares en los que alguien te espera, en los que echar raíces. Les llamas "casa", ya sean una casa real, un parquecito con sombra, un paseo junto al río donde hacer fotos o recoger tornillos, o cierto bar de buenas copas y mejor música. Todos necesitamos esos refugios, sí, incluso los que nos tenemos por autosuficientes, o nosotros más que nadie.


"¿Cómo escribir un libro sobre una ciudad que se pierde cada día?", se pregunta Elvira. Los locales que cierran. Hay que rendirles homenaje, para que recordemos que existieron. Los que ya desaparecieron, los que cambiaron de manos y por tanto se volvieron en otra cosa. Pero sobre todo los lugares que podrían desaparecer pronto, porque es una ciudad en perpetúa transformación, parches sobre parches, siempre en busca de la novedad, de lo mejor, como si eso garantizase algo. Hay una nostalgia que impregna todo el libro: el miedo a perder lo que se ha alcanzado, lo que ahora disfrutas, tus refugios. Pero encontrarás otros, no puede ser de otra manera. No estarás solo. Y menos en Nueva York. 


Echaremos de menos el parque. El río. Y esa excusa que se tiene a mano siempre para decir que no a una propuesta: lo siento mucho, no estoy en España. Nuestra vida tranquila está aquí. También donde, por alguna razón misteriosa, uno se vuelve más curioso y tiene afán por visitar lugares que aún no conoce. Tal vez porque en el fondo se sabe, sabemos, que esto tiene fecha de caducidad.

5 comentarios

The best exotic Marigold Hotel

"Everything will be all right in the end.
If it's not all right, then it's not the end."

Con esta frase me conquistaba el tráiler de El exótico Hotel Marigold. "Todo saldrá bien al final, y si no sale bien, entonces no es el final." Mantra poderoso donde los haya. Fue por esta frase y por el maravilloso cast de grandes actores británicos que me decidí ir al cine. Corrí pero llegué a tiempo, y resultó que el público era joven.


El exótico Hotel Marigold viene a ser una segunda parte de Love Actually, que como toda secuela se trasladaría a un lugar más vistoso: la India. Historia coral, personajes entrañables a pesar de sus defectos, el poder redentor del amor, giros algo previsibles y no por ello menos ansiados, un intenso aroma de optimismo vital saturando cada fotograma... todo eso y mucho más. Pero hecho con gusto y con cierto toque moderno (el personaje de Judi Dench crea un blog para el viaje y se convierte así en el hilo conductor de la historia).

La llegada al caos de colores, sonidos, gentes, sabores nuevos, perfumes, costumbres impacta a todos los personajes. Tienen que adaptarse. Hay una conversación en un restaurante que sintetiza muy bien el desafío al que se enfrentan. "¿Qué ves que yo no vea?" pregunta ella. Y él le responde que admira como "En la India entienden la vida como un privilegio, no como un derecho". Ni más ni menos.


En la India, todos encuentran la oportunidad de reinventarse. Se atreven a cruzar puertas y abrir ventanas, se sinceran consigo mismos y con gente nueva. Dejan ir las losas del pasado, aceptan las cosas nuevas que les llegan sin buscar excusas porque al fin entienden que no hay que temer al futuro, de hecho hay que desear que sea distinto, ése es su encanto: trae lo nuevo. Encontrar la paz reencontrándose con uno mismo, de eso trata la película. Y no son solo tópicos. También son las claves para encontrar esa brújula que todos podemos tener.

Un reparto de actores estupendo (destaco sobre todo a Judi Dench, Tom Wilkinson y desde luego Bill Nighy), frases enmarcables, la vitalidad de los paisajes de la India como un personaje más de la película. Es de esas películas que no defraudan cuando necesitas un pequeño empujón. Y todos lo necesitamos de vez en cuando. Por eso, al llegar a los créditos finales y encenderse las luces, la sala entera estalló en aplausos. Todo eran sonrisas.


"You can have anything you want.
You've just got to stop waiting for people to tell you you deserve it."

12 comentarios

Roxette - Travelling

Travelling es el sucesor de Tourism, disco que el grupo lanzó en el intérvalo entre Joyride y Crash! Boom! Bang! Lo que en teoría tenía que ser un mero disco de rarezas (demos, canciones inéditas, maquetas grabadas en habitaciones de hotel y algunas versiones en directo) acabó conteniendo temas tan clásicos del grupo como How Do You Do, Queen Of Rain o Come Back (Before You Leave). Claramente fue su época más inspirada. Ahora repiten fórmula: canciones grabadas sobre la marcha. ¿No pueden parar de crear o pura maniobra para sacarles dinero a los fans?


Las dudas se disipan con el potente arranque: la cañera Me & You & Terry & Julie y la redonda Lover Lover Lover parecen grabadas por los Roxette de los 90. Si en Charm School sonaban encorsetados por la presión de sacar un disco a la altura del regreso, aquí Marie y Per suenan a todo lo contrario: sonrisa en la cara y a grabar. El poder de los viajes: inspiración, renovación, emoción, suerte. Un chute de energía que se contagia a la música.

Se lo están pasando bien, están inspirados y se les nota hasta en los títulos: Excuse Me Sir, Do You Want Me To Check On Your Wife?, por ejemplo. Esta canción, además, emociona como ninguna del disco anterior, y es que las baladas fueron la asignatura pendiente. Seguimos sin otro Listen To Your Heart, claro, pero aquí se resarcen con canciones tan bonitas como Perfect Excuse o Turn The Tide.

Los directos sirven de recordatorio de los mejores momentos de su última gira: cuando Marie de repente recobraba su voz y su fuerza y te rendías a sus pies. Me quedo con la prueba de sonido de Stars, es la primera vez que escucho una grabación de este tipo, y encima es de mi canción favorita de Roxette, y la que más eché en falta en Barcelona. Pero ojito al directo de It Must Have Been Love, la canción la han sobreexplotado y aun así consiguen sorprender con una versión espectacular.


Angel Passing es otra maravilla: pequeña y desnuda, típica canción de final de disco que no necesita de grandes arreglos y escucha a escucha se acaba convirtiendo en una de tus favoritas. Y por supuesto, a lo largo de todo Travelling, Roxette siguen demostrando esa habilidad para los estribillos pop perfectos y luminosos. El primer single It's Possible da buena fe de ello en cualquiera de sus dos versiones (la bailable y la veraniega con guitarrita). Será verdad que viajando todo es posible.

8 comentarios

Beauty is where you find it

¿Esperarías al león o te quedarías con la jirafa? Diálogo clave de la película Beginners. Quedarse con la jirafa no es conformismo sino llegar a un punto en el que entiendes que lo mejor no es solo lo que más deslumbra sino lo que más te llena. Claro que tienes que quererte mucho, desprenderte de cualquier expectativa o necesidad y tener la mente muy receptiva para llegar a ese punto. De lo contrario, no distinguirías entre una jirafa y un clavo ardiendo.


Es un poco ese "retornar a la belleza de las cosas inconexas" que canta La Casa Azul en La Fiesta Universal. O tu boca abierta ante la insignificante maravilla que te llevará a escribir un haiku eterno. Convertirte otra vez en niño, pero un niño muy sabio: ya no se cree lo primero que le cuentan. Un niño que sabe que los Reyes Magos no existen pero la magia sí. Por eso abres los ojos y sonríes y fluyes sin más: confías en que todo encajará. Y lo hace.

Te dejas llevar, receptivo, como cuando viajas a Berlín, por ejemplo. Es una ciudad monstruosa. Ya te pueden vender lo contrario: llegas y todos sus edificios son grises, con la arquitectura funcional de la posguerra, cuando ya solo importó construir rápido y barato habitáculos en los que almacenar gente y más gente. Sin embargo, sus habitantes han conseguido extraerle la belleza a la ciudad y sus calles sucias, convertirla graffiti a graffiti en una jirafa. Berlín la adoras al segundo o tercer día, cuando ya permites que te abrace y notas que, contra todo pronóstico, ese abrazo es mágico. Admiras cada rincón.


No te quedes esperando al león. O mejor: descubre que las jirafas también son leones, de hecho tienen colores más puros. Y no necesitan rugir para conseguir lo que quieren: tan solo levantan el cuello y llegan más alto. Viaja, sorpréndete, confía en la magia, salta, atrévete a actuar. Mírate al espejo y date cuenta de que te has convertido en esa persona que conseguirá justo lo que querías. Las cosas realmente bellas, al contemplarlas de nuevo, te provocarán el mismo impacto de la primera vez. Merecerá la pena.

6 comentarios

Journey

Journey lleva meses levantando expectación, y eso que los datos llegaban con cuentagotas. Era una expectación merecida. Thatgamecompany se ha labrado cierto prestigio gracias a sus no-juegos ("experiencias zen", los definen ellos) para PS3: el adictivo flOw en el que encarnabas a un microorganismo luchando por sobrevivir en un medio hostil y el hipnótico Flower, en el que manejabas la brisa recogiendo pétalos para devolver el color a unos escenarios apocalípticos. Con estos antecedentes, la duda lógica: ¿qué es Journey? ¿Un juego? Sí. ¿Un experimento? También. La experiencia más zen de todas. Literalmente, además. Y por eso, este título no gustará a todo el mundo, pero todo el mundo debería probarlo. Sentirlo como mínimo una vez.


Despiertas solo en el desierto. A lo lejos, una montaña iluminada. Nadie te lo indica, pero echas a andar hacia ella. La vida es eso: una cadena de intuiciones. Avanzar porque, de algún modo, sabes que solo así aprenderás, descubrirás, vivirás. El camino es bellísimo (¡qué colores, qué arena, qué iluminación!). Y tiene sus dificultades, claro: dunas entre las que orientarse, ruinas que explorar, enemigos que evitar, montañas que escalar. Pero será, precisamente, gracias a cada uno de esos obstáculos, que aprenderás algo de ti mismo. La victoria más útil: has mejorado. Te sientes vivo. O mejor dicho: te sientes recompensado por estar vivo.

Por el camino, se perdieron muchos compañeros que desistieron de ir a tu ritmo. Y entonces llegará alguien con quien te compenetres a la perfección. Alguien que por su cuenta, en otras partidas, ha mejorado también, ha acumulado experiencia, ha aprendido a confiar en sus intuiciones. Para comunicaros no necesitaréis palabras, ni gestos. De hecho, ni siquiera sabréis vuestros nombres. Eso ya no importará. Habréis desarrollado un sentido más perfecto: la compenetración. Te adelantarás a lo que el otro necesita y él te enseñará cómo llegar hasta todas las cosas nuevas que tenías a tu alcance y no lo sabías. Y avanzaréis juntos. La montaña sigue en lo alto. Lucharéis contra el viento. Os daréis fuerzas cuando todo parezca perdido.


Olvídate de puntuaciones, objetivos, duración, expectativas, prejuicios, amortización, precio. Disfruta del camino. Simplemente eso. De la compañía, también. De cada paso que des en la arena. Hinca bien los pies, confía en ti, ábrete, explora: es tu momento. Bienvenido a Journey.

4 comentarios

Frank Hessel - Romance en París

"¿Para qué capturar aquello que revolotea?"

Te adelanto que he empezado a coleccionar los libros de la editorial Errata Naturae. La conocí en la librería madrileña Tipos Infame, creo que era la editorial del mes o algo así, porque tenían un expositor dedicado a todos sus libros. Me gusta su línea editorial, me gustan sus ediciones (las portadas siempre llamativas y el tacto de las cubiertas: un detalle importantísimo para mí; es importante que te guste tocar al compañero de tantas horas compartidas). Siempre había querido coleccionar los libros de una (buena editorial). Ésta me ha parecido inmejorable para comenzar el intento.


¿Un Romance en París con esa portada? Pues sí. Lo entiendes al explorar las páginas del libro. Y es que lo del romance es lo de menos. Hessel retrata en el libro la vida de los extranjeros en París. De cómo juntos se adentran hasta en el último antro, las trastiendas del Moulin Rouge. Nómadas de buhardilla en buhardilla que fuman, se divierten, van al teatro, pasean de noche, no dejan placer por probar.

Son tiempos felices, la guerra parece todavía ciencia ficción sobre la que teorizar en el bar, entre trago y trago. Y quizá el amor sea eso: probar todo lo que las ciudades nos ofrecen, la lluvia y la guerra bien lejos, sentirse extranjero en cada ciudad para contemplarla así con los ojos más curiosos... Hessel parte de una anécdota para hablar de toda una época. Consigue trasladarte al dulzor de los cafés parisinos justo antes de que estalle la Primera Guerra Mundial.


El libro me ha gustado. Mucho. Pero la construcción de algunas frases me ha parecido más confusa de lo que debería ser: quizá el estilo del autor es así o quizá sea efecto de la traducción. En cualquier caso, un gran libro que invita a vivir todos los callejones de París como si fueras un niño enamorado, a punto de soltar un globo solo para ver cómo se alza entre los tejados.


No hay nada más completo, Lotte, que la mera existencia, no puede haber nada mejor. Y deje que sigamos siendo extranjeros en París. Llevo aquí ya cuatro años y sigo siendo un extraño. París es la ciudad más carnal que pueda existir: por eso nos hemos vuelto aquí puro espíritu. Vamos a través de las miles de tentaciones de la realidad como a través de un jardín floral. Lo que otros llaman pecado es para nosotros una mariposa multicolor. ¿Para qué capturar aquello que revolotea? (P. 98-99)

7 comentarios

You're only a young thing 'bout to sleep with a sea of men

Viajar a solas parece un contrasentido. Viajar es algo que damos por sentado como cosa de (al menos) dos personas: dos que viajan, o uno que viaja y otro esperándole en destino. A mí, este sábado, al bajar del tren solo me esperaba Granada. Y la ciudad te recibe anónima, como todas las ciudades: con una plaza y una calle que podrían estar en cualquier país porque no parecen de ninguno. Viajaba con la excusa de inspirarme para mi novela. Me había ido de Barcelona por todo lo alto: comprando el billete apenas tres horas antes de la salida, dejando la vuelta abierta, sin mapas ni guías de la ciudad, sin planes previstos, sin reserva de hotel, encendiendo el móvil solo para hacer fotos.

Seguí el traqueteo de las maletas de la gente. Llegué a una avenida vacía. Todos los comercios con las persianas echadas, todavía: eran las ocho de la mañana. Desapareció la gente, desaparecieron las maletas y yo solo llevaba una mochila. Pensé: "¿Y ahora qué?". Granada te da todas las respuestas. Ahora caminar. Ahora seguir las inclinaciones del terreno, escalón arriba, cuestecilla abajo, plaza a través. De sorpresa en sorpresa, fuentes que empezaban a echar agua, campanadas desde el fondo de cada callejón, graffitis imitando a Magritte, frases-talismán tras cada esquina. "Quiero ser poeta > Escribe".

Fue una mañana fantástica. Exploré la parte antigua de la ciudad, adoré sus callecitas llenas de cuestas empedradas, tomé un vermut delante de la Alhambra, escribí mucho y encontré un hotel bien barato en una plaza pequeña y encantadora, con sus naranjos y su iglesia reconvertida en universidad. Pero por la tarde me derrumbé. Me sentía desorientado, me dolía la pierna, a mi alrededor todo eran parejitas y familias y grupos de amigos. Era una soledad que muerde. "¿Qué hago aquí, si ya he visto la ciudad entera?", pensaba. El hotel estaba pagado pero a punto estuve de pedir el billete de vuelta para aquella misma noche. Al final, en plena puesta de sol, recapacité sentado junto a la orilla del río Darro, en un rincón con las ruinas de un arco. Ayudaron El arte de la paz y un par de mensajes de amigos ("Improvisación es amor" y "Disfruta del paseo de tu literatura").


A eso había venido a Granada. A improvisar, a escribir, a vivir para escribir. No tenía mapas y estaba solo, sí, pero eso me permitía improvisar, y eso lo adoro.(Cuando volví a Barcelona, un amigo me contó que él, en sus viajes a solas, también había tenido puntos de inflexión similares.) Así que acabé de saborear el libro y aprovechando que lo tenía justo al lado, me metí en el Rincón de San Pedro, un garito gay muy acogedor, con ambientación retrofuturista: naves espaciales y espejos antiguos junto a la figura de un santo. Bailar house a las nueve de la noche, con gente que ya llevaba unas cuantas cervezas encima. Y lo mejor: descubrir que el local tiene un balconcito que da al río y a la Alhambra, ya iluminada. Así que alcé los brazos y me dejé penetrar por los pum-pum-pum-pum del DJ. Y entendí que después de cada "¿Y ahora qué?", sales a flote con una fuerza inusitada.

El día siguiente ya fue otra cosa. No seguí las señales sino mis intuiciones, no me sentí solo sino libre, la gente giraba por una esquina y yo esperaba a la siguiente, tras la que parecía que no habría nada y yo siempre descubría una plaza, unas vistas, un recoveco, un paseo entero, un detalle que lo significaban todo. Subí una cuesta y a medio camino vi un cartel indicando que en lo alto me esperaba la Alhambra. No tenía la intención de entrar, pero seguí subiendo. La pierna me dolía, pero eso contribuía a que cada paso se sintiera como una pequeña conquista. Ya arriba, otro "¿Y ahora qué?", así que me animé a entrar.


Nada más entrar me dieron un mapa. Acabé tirándolo porque no lo entendía. Llevaba dos días enteros orientándome por instintos y siempre había llegado a alguna parte, así que ahora esos dibujos no me decían nada. Trece años atrás, estuve en la Alhambra y apenas vi cosas porque P y yo llegamos tarde. El domingo comprendí que todo se había confabulado para que la explorase entera ahora, con 29 años, los ojos predispuestos a ver y una novela a medio escribir. Ahora y no entonces, claro. Pero es que las cosas solo tienen sentido cuando por fin ocurren.

Tuve mis recompensas. Ya me iba, después de un último vino blanco en un balcón medio escondido del Albaicín y el mejor tapeo en la Carrera del Darro, alargaba la despedida por las calles del centro. Callejeando alrededor de la Catedral, me encontré a un chico que tocaba un instrumento mágico. Era como un platillo volador y llenaba de encanto aquella plaza, parecía que estuviéramos en un templo budista. Le pregunté el nombre: hang. Con esa melodía mágica todavía resonando, en la penúltima calle antes de la estación encontré un trébol de cuatro hojas. De fieltro, así que durará siempre. Al final no necesité mapas para encontrarme. Bastó con ir a Granada y explorarnos juntos, ella a mí y yo a ella. Ahora tengo mi centro, tengo mi libro, y tengo mi trébol: todo irá bien.

9 comentarios

L'amour à la française

Llevo un tiempo muy francés. Películas como Pequeñas mentiras sin importancia, grupos como Cocoon... Lo cierto es que desde que vi la mágica Midnight In Paris, es como si Francia hubiera irrumpido en mi vida. Y recibo puntualmente numerosas señales que me recuerdan que tengo que volver a París. Abro mi Tumblr y siempre hay una foto de esa ciudad; leo un libro, veo una película o una serie y París me guiña un ojo desde sus páginas y fotogramas.


Me apetece viajar a París solo. La gente me dice que cómo me voy a ir solo a la ciudad del amor, y yo les digo que cómo no iba a hacerlo. París ya la conozco, fui hace 8 años, y ahora me apetece explorarla a solas. Es una ciudad que me gusta tanto que estando allí solo cogí el metro una vez. Cada calle era tan bonita que merecía la pena cruzar a pie la ciudad entera, de punta a punta. Esta vez haré lo mismo, pero me empaparé de cada rincón. Y como el protagonista de Midnight In Paris, me dejaré guiar por la magia.

Estoy tan afrancesado que llevaba tiempo dándole vueltas a crear una playlist con canciones en francés. Algunas de mis favoritas y otras recién descubiertas. Hay, por supuesto, cantantes y grupos autóctonos como Serge Gainsbourg y Air pero también artistas invitados como Rufus Wainwright o Pink Martini, hay incluso actrices metidas a cantantes (Julie Delpy y Mélanie Laurent). Por supuesto, hay clásicos inevitables como La vie en rose o Voyage, Voyage pero también el inesperado pastilleo de Encore Une Fois o la atmósfera envolvente de Jamais Dû. Disfrutad de París, de Francia y del amor a la francesa.



Air – Sexy Boy
Alice Gastaut et Adrien Antoine – Je ne peux plus dire je t'aime
Alizée – Hey! Amigo!
Carla Bruni – Le Toi Du Moi
Céline Dion – Incognito
Christophe Maé – Je Me Lâche
Christophe Willem – Jamais Dû
Desireless – Voyage, Voyage
Dionysos et Olivia Ruiz – Tais-Toi Mon Coeur
Edith Piaf – La vie en rose
Etienne Daho – Au Commencement
Fatals Picards – L'amour à la française
Françoise Hardy – Celui Que Tu Veux
Guillaume Grand – Toi et moi
Julie Delpy – Je T'aime Tant
M. Pokora – A nos actes manqués
Marc Lavoine et Souad Massi - Paris
Mélanie Laurent – En t'attendant
MIKA – Elle Me Dit
Mylène Farmer – C'Est Une Belle Journée
Mylène Farmer – Je Te Rends Ton Amour
Noir Désir – Le Vent Nous Portera
Pink Martini – Sympathique
Rufus Wainwright – Complainte De La Butte
Sash! – Encore Une Fois (Future Breeze Radio Remix)
Sébastien Tellier – L'Amour et la Violence
Serge Gainsbourg – La Javanaise
Shy'm – Prendre L'Air
Valérie Donzelli et Jérémy Elkaïm – Ton grain de beauté
Yelle – Que Veux-Tu
Zaz – Je Veux
Zazie – Un Point C'Est Toi - Extended Remix

0 comentarios

Through the jungle, through the dark

"No busquéis el camino en los otros, en un lugar lejano; 
El camino está bajo nuestros pies. 
Ahora viajo solo...
Pero puedo encontrarlo en todas partes; 
Ciertamente, él es ahora yo,
Pero ahora yo no soy él. 
Así también, cuando encuentro lo que encuentro,
Puedo obtener la verdadera libertad."

(Taisen Deshimaru)


El otro día di con estos versos de un maestro zen. No recuerdo cómo llegaron a mis manos. Las mejores llegan así, de la nada, inesperadas (pero bien acogidas). El caso es que el poema me gustó. Mucho. Era una paso más allá del "Caminante no hay camino, se hace camino al andar" de Machado que todos aprendemos de memoria en el instituto para luego olvidarlo nada más salir.

Leí este poema y me acordé de una serie de vídeos fascinantes: Eat, Move, Learn. Son de una agencia de viajes australiana y recogen en 3 piezas de un minuto los viajes alrededor del mundo de un chico que hace eso: comer, moverse, aprender. La vida y el mundo en tres minutos. Buscándolo en YouTube, di con un vídeo de Levi's muy logrado también en el que un chico atraviesa Estados Unidos caminando. Wow.

Siendo bebés quisimos caminar para verlo todo desde más arriba. Luego nos acostumbramos a seguir las calles y carreteras, a obedecer las señales (y ya sabes que no me refiero sólo a las de tráfico). No existe nada más allá de los semáforos y las líneas y las vallas. Nos olvidamos de lo más importante. Confiar en nosotros, en la propia anatomía, en ese instinto natural que nos lleva a poner un pie delante del otro, una y otra vez. Caminar.



Caminemos, pues. Encontremos nuevos caminos.

9 comentarios

You can judge a book by its cover almost always

Siempre pienso que si me toca la lotería, aparte de comprarme un estudio para mí y viajar a menudo, abriré algún negocio propio, algo arriesgado pero que me encante, que no importe tanto la viabilidad económica como el placer de tener justo la tienda que quiero. Y eso que ahora estoy encantado con mi librería dedicada a Japón, pero lo de este sueño sería algo más radical. Supongo que sería también una librería. Quizá una que sólo vendiera obras de Oscar Wilde, en todo tipo de ediciones y en varios idiomas. O una mezcla de todas las cosas que me gustan: libros, cine, música, videojuegos. Ya veríamos. El caso es que sueñas, y un buen día descubres que hay gente que no ha esperado a que les toque la lotería para abrir librerías de las que a ti te gustan: diferentes. En estos dos casos, muy diferentes. Y parece que les funciona.


Primero descubrí la existencia de Ed's Martian Book, ubicada en Nueva York. La abrió Andrew Kessler para vender un único libro: el suyo, Verano Marciano, en el que explica su experiencia laboral en la NASA durante la misión Phoenix-Mars. La librería tiene un espacio dedicado a una exposición de la misión espacial con fotografías, gráficos y mapas, y aparte se puede comprar el libro, claro. La NASA no es un tema que me interese espacialmente, pero admiro absolutamente el valor del chico, que apuesta a ese nivel por su propia obra. Procuraré hacerle una visita cuando vuelva a Nueva York para darle la enhorabuena. Hay que confiar en ti mismo y en tu talento, sin duda.

Y aún me fascinó más la historia de una librería de Tokyo, Dokusho No Susume (Recomendación Lectora). En 1995 Katsuyoshi Shimizu apostó por abrir una tienda en la que sólo vende libros que se ha leído, para así poder recomendarlos personalmente a sus clientes. Habla con cada uno de ellos, se interesa por su estado de ánimo, sus gustos, y en base a eso elige un libro: el libro que considera que esa persona debería leer ahora mismo. Salir de una librería con un libro que no sabías que querías, que de hecho ni siquiera conocías, pero que te estaba esperando a ti para que lo leyeras. Y el librero, Shimizu, ha servido de enlace: puente entre el buen libro y su lector ideal. Una idea fascinante.


Dice Shimizu que abrió su librería después de años de ver cómo a menudo las distribuidoras no le servían ciertos títulos superventas: se los llevaban todos las grandes cadenas. Sé lo que es eso. Que la distribuidora te diga que no les quedan existencias del libro que todo el mundo quiere ahora mismo, y luego encontrarte cientos y cientos de ejemplares apilados en la FNAC o la Casa del Libro. Te preguntas si esas tiendas habrían notado la ausencia de 10 ejemplares que a ti te habrían ayudado a cuadrar cuentas. Shimizu cortó por lo sano: fuera novedades, fuera libros que el mes que viene ya nadie recordará. Se limitó a vender los libros que él recomendaría. Ni más ni menos.

La atención personalizada llevada a sus últimas consecuencias. Cómo disfrutaba yo descubriéndoles libros a mis clientes, a base de hablar con ellos y de sus compras a lo largo del tiempo, adelantarme a sus gustos, atreverme a recomendarles algo que me había fascinado, y que luego volvieran a darme las gracias. Era una sensación mágica, entiendo tantísimo a Shimizu y le admiro por su valentía. A modo de guinda final, la decoración de su librería son caligrafías con mensajes que invitan a los clientes a mirar la vida de forma más optimista. Visita obligada cuando regrese a Japón, junto al barrio Kanda, el de los libreros, que se me pasó la primera vez. Parece que Dokusho no Susume ya lleva 17 años en activo, le deseo muchos más de éxito.


Me fascinan ambas historias porque demuestra que hay gente valiente y que las buenas ideas pueden funcionar. Sirven de inspiración. Cuando uno va de viaje y se atreve a callejear, es fantástico descubrir todos esos rinconcitos especiales que a alguien se le ocurrió abrir. Curioseas entre todos los artículos que ofrecen, sorprendiéndote a cada estantería, y siempre compras algo, por pequeñito que sea. Un talismán que te recuerde a ese lugar. Sí, creo que es lo que más me gusta de los viajes, descubrir tiendas únicas. Y a vosotros, ¿qué tipo de negocio os gustaría abrir algún día?

0 comentarios

Viva Las Vegas

"Se nos ha dado la oportunidad de habitar, no lo olvidemos, en un mundo concebido para nuestra fascinación; tenemos la posibilidad de habitar en el más perfecto de los mundos."
(Vicente Haya - "El espacio interior del haiku")

Me gusta la canción Viva Las Vegas de Aqua. Hoy me he dado cuenta de que no me gusta sólo por ese ritmo trepidante que te invita a cruzar las calles con paso decidido, como si estuvieras en un vídeoclip. Sobre todo me gusta porque habla de llegar a una nueva ciudad y deslumbrarte ante la avalancha de cosas (cosas pequeñas y cosas brillantes) que ésta te ofrece. Es lo que pasa cuando haces turismo, que exploras cada rincón, visitas museos y plazas y calles y todo tipo de lugares cuyos equivalentes en tu ciudad apenas conoces, los pasas de largo. La costumbre mata la sorpresa.


Hace cosa de año y medio, yendo al trabajo me detuve junto a la avalancha de turistas que hacían fotos de la Sagrada Familia. No es mi edificio favorito de Gaudí, de hecho ni siquiera me parece bonito. Pero los turistas sonreían ante él, lo fotografiaban, señalaban detalles boquiabertos. Pensé que nunca he estado dentro de la Sagrada Familia. Llevaba años pasando por delante cada día y no lo miraba. Aquel día, y muchos otros a partir de entonces, lo contemplé admirado como habría hecho en cualquier otra ciudad, y descubrí la representación de unas frutas de colores en lo alto de una de las torres. Reparar en aquel detalle (aquellas frutas de piedra brillando bajo el sol) me alegró la tarde.

Pero no se trata sólo de monumentos. Lo más sorprendente nunca está en los mapas. Las calles de asfalto gris, esas mismas que atravesamos cada día en el itinerario de nuestra rutina, en realidad son un microcosmos de pequeñas maravillas en las que fijarse, detalles que esperan que alguien se detenga y los convierta en poesía. Una baldosa fuera de sitio, una pintada desdibujada por la lluvia, libros colgando de un escaparate. Son esos pedazos los que dan alma a cada ciudad. Los vemos cuando salimos fuera, pero también existen en nuestra ciudad.


 De eso tratan los haikus: de la belleza aquí y ahora, en cada rincón. Recomiendo leer libros de haiku. Son perfectos para aprender a apreciar la belleza que nos rodea. Después de una sesión de lectura, sales a la calle y todo parece nuevo, porque tus ojos son otros. Hoy he escrito estos dos haikus mientras volvía a casa por la misma calle que ayer sólo me pareció una línea recta, quince minutos de fachadas invisibles:

El viento arrastra
Una flor pequeña y una colilla
Que alguien tiró

Una paloma vieja
Paso a paso atraviesa la calzada
Hay un charco

No son gran cosa, pero son míos. Todo es empezar. El primer paso es abrir los ojos, el resto ya irá llegando.

7 comentarios

Let it shatter the walls for a new sun

Estoy bastante harto de los aires apocalípticos cada vez más presentes en películas, libros, videojuegos, videoclips, etc. Y mira que me atraen desde siempre los ambientes apocalípticos; no en vano, adoro cosas como "Akira", "Neon Genesis Evangelion", "Hijos de los hombres", "Mecanoscrit del segon origen", "La carretera", etc. Yo mismo llevo medio escrita una novela ambientada en un mundo que se ha ido al traste. Pero creo que últimamente, con la excusa de que el 2012 se acerca, se están pasando. Hay una saturación brutal en todos los medios. Sin ir más lejos, el otro día salía a la venta un juego de coches ambientado, cómo no, en un mundo destruído. 4x4 y karts saltando entre edificios en ruinas y carreteras levantadas. ¿De verdad es necesario?


La gente, en general, está encantada. La muerte nos asusta, pero parece que esa catástrofe cósmica inminente nos fascina. Morir solo aterra, morir junto al resto de la humanidad es un espectáculo del que hay formar parte. Y los más listos se aprovechan editando todo lo que pueden y más. Libros desérticos, películas de catástrofes bíblicas, videojuegos apocalípticos... No sabes si intentan prepararnos "por si acaso" o si corren a enriquecerse antes de que se pase la fecha. Da la sensación de que la única intención sea recrearse en la destrucción gratuita.

Intuyo que el año que viene va a ser agobiante. Si ahora ya cuando ocurre alguna catástrofe natural, la prensa se ensaña y le da una trascendencia mística, como telepredicadores intentando que nos sintamos culpables de algo, no quiero ni imaginarme qué harán conforme se acerque el 21 de Diciembre de 2012. Y la de sectas que surgirán. Ya ocurrió con el año 2000, y entonces no había una profecía maya por cumplir.

Por eso, en medio de este panorama, me parece muy positivo que aparte de canciones optimistas como "Firework", "Raise Your Glass", "We R Who We R", "I'll Be Yours" o incluso "Born This Way", haya videoclips como el de "Till The World Ends" de Britney Spears. Con los teasers, me enfadé: "Hasta ella sucumbe a los tintes apocalípticos". Edificios derrumbándose, gente buscando refugio y demás. Afortunadamente, el vídeo acaba con un sol saliendo por el horizonte. Britney sale de las cloacas y sonríe.
 

Por eso creo que me gustó tanto Berlín: han pintado las ruinas y han cubierto los edificios grises de la postguerra con graffities, coloristas y reconfortantes. Del desastre han creado cultura. Por eso me gustan también los japoneses: tienen tan asumido que nada es eterno, que no sólo disfrutan del momento actual, sino que tras una desgracia saben reponerse y resurgir como un ave fénix.

La noche que precede al nuevo día. "Cambio de ciclo", que dice una amiga mía. Y sí, espero que sea eso lo que ocurra el 22 de Diciembre de 2012. Que el sol salga como siempre pero parezca más nuevo que nunca. Y el mundo siga adelante con fuerzas renovadas. Los finales no son el final: las cosas que terminan nos enseñan a evolucionar, a dejar la puerta abierta a nuevas cosas por venir.

4 comentarios

Will I have flashlights, nightmares, sudden explosions?

Este fin de semana (hoy mismo, en realidad), vuelvo a Madrid después de casi 10 años. Suelo decir que Madrid no me gusta, pero miento. Si bien es verdad que abundan las señoras de toda la vida armadas con sus abrigos de pieles, la ciudad en sí es preciosa, sus gentes siempre me han acogido con los brazos abiertos, y lo más parecido al Retiro que hay en Barcelona son cuatro árboles mal puestos. El problema de Madrid es que es una ciudad que asocio con la lluvia.

Me explico. La primera vez que estuve en Madrid fue en Enero de 2001. Entre otras cosas, iba a reencontrarme con P, mi primer amor, después de año y medio sin vernos. Rompimos en circunstancias... digamos tristes. Nos íbamos a dar una segunda oportunidad; o mejor dicho: íbamos a ver si era posible darnos esa segunda oportunidad. Recuerdo bajar del tren a las 7:00 de la mañana, el andén estaba al aire libre y desde el cielo negro caía una lluvia gélida. Ése es mi primer recuerdo de Madrid. Nada que ver con el sol abrasador de aquel Julio de 1999 en Granada.

El reencuentro con P fue incómodo. Saliendo de la estación, parecíamos dos personas que no se conocen de nada atrapadas en un ascensor y obligadas, por tanto, a hablar la una con la otra. Recuerdo que P me llevó a la residencia de estudiantes donde vivía. Estaba sumida en el caos: época de exámenes, gente histérica corriendo arriba y abajo, dando portazos, gritándole cosas a P que yo no podía comprender. Ese tipo de bromas privadas que te recuerdan que ése no es tu sitio. Para mayor incomodidad, P empezó a enseñarme sus dibujos y sus cosas con el compañero de habitación (que por supuesto, no tenía ni idea de quién era yo) a nuestro lado, estudiando y lanzándonos miradas de odio porque no le dejábamos concentrarse en sus libros.

Después, atravesamos bajo la lluvia un descampado embarrado para llegar hasta la facultad de Bellas Artes donde P estaba estudiando. No recuerdo cuál era: ¿la Autónoma, la Complutense? A saber. Una vez dentro, nos limpiamos un poco el barro y P me enseñó el aula gigantesca, los lienzos, los caballetes, las pinturas, los armarios, las manchas en la pared... Todo. Me hablaba de las clases y los profesores y los otros alumnos, pero ambos notábamos que lo hacía para llenar el silencio, como un vendedor ambulante que sabe que no venderá nada pero que aún así se obliga por sistema a explicar pormenorizadamente las excelencias de los productos que lleva en su maleta polvorienta. Sobra decir que no hubo segunda oportunidad. "Si eso, ya coincidiremos esta noche por ahí" fue el último SMS de P. Lo recibí mientras yo cargaba mi maleta hacia la casa donde iba a alojarme esos días. De aquel fuego ya no quedaban ni las cenizas frías.


Meses después, tuve más desencuentros en Madrid bajo la lluvia, aunque ninguno tan significativo como el de P, claro, Pero es absolutamente injusto tener un mal recuerdo de Madrid por culpa de algo que ya estaba muerto antes de que llegase yo allí, sobre todo teniendo en cuenta que ese mismo 2001 y en esa misma ciudad también viví grandes cosas. Quedadas muy emotivas y muy divertidas, conocer a buenos amigos y buenas amigas que aún a día de hoy duran, risas y madalenas, comer en un vietnamita con Alejo Sauras (en aquel entonces, mi amor platónico), buen cine, besos que no estuvieron nada mal, numerosas conversaciones trascendentes a altas horas de la noche, bailar "Vogue" por primera vez, comer sushi de los palillos que me tendía un chico que me gustaba muchísimo, la visión de ese mismo chico en calzoncillos a la mañana siguiente, paseos y barbacoas, viajes interminables en coche con un único cassette (Pimpinela), reuniones de amigos que deberían haber sido eternas, mi primer (y por ahora único) Orgullo, gente abriéndome sus casa con una hospitalidad y una generosidad imposibles de encontrar en Cataluña... Es una ciudad en la que he disfrutado mucho, muchísimo.

Y allí vuelvo, casi 10 años después, acompañado precisamente de uno de los amigos que conocí allí. Vamos un poco a la aventura, pero sobre todo a pasarlo muy bien y a ver cuánto dan de sí esas 48 horas. Por supuesto, iremos con nuestras mejores galas y nuestra mejor sonrisa. Hasta ahora todos mis viajes a Madrid han marcado un punto de inflexión (la separación final con P, todas aquellas quedadas de 2001, darme cuenta en el Orgullo de que mi novio de entonces era demasiado muermo para mí), no sé si esta vez será el caso, y en ese sentido estoy al mismo tiempo muy sereno y algo inquieto, pero todo eso da igual por ahora. Me conformo con desconectar. Ya tengo la maleta hecha y sólo queda esperar a que por fin sea de noche y empecemos a quemar y redescubrir Madrid rodeados de gente guapa.


I don't know what more to ask for
I was given just one wish