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El alma del samurái

"Si la gente ignorante intentase caminar sobre el agua
como sobre la tierra, se hundiría incluso en tierra."

Un buen samurái ni siquiera tiene que desenfundar su espada. Desprende tal aura de victoria que sus oponentes se postran ante él. Llegado el combate, tampoco piensa en técnicas, estrategias o movimientos; lo tiene todo tan asumido que simplemente actúa. Actúa y vuelve actuar una y otra vez hasta que vence.


Está mal llegar demasiado lejos o no llegar; mejor el término medio. Cuando se va demasiado aprisa, es porque se tiene miedo o se está nervioso; si vas muy lento, es por timidez o acobardamiento.

Aprender y olvidar lo aprendido. Estar tan seguro de ti mismo, de lo que haces y de cómo lo haces, que te permites liberar la mente. Y liberarla es controlarla: no dejas que se encalle en un único punto, atacas sin fijarte en el resultado. Ves siempre la escena completa, fluyes hacia la siguiente acometida.

"Como es la mente la que confunde a la mente,
no dejes la mente en manos de la mente."

Dejar la mente en blanco: a este concepto está dedicada más de la mitad del libro. El resto, lo ocupa actuar: encontrar la acción correcta bajo cualquier circunstancia. Sigue sorprendiendo lo actuales que son los textos samuráis. Vigentes y prácticos. Dan fuerzas. O te las extraen de dentro, porque la fuerza es tuya.


Por cierto, hay un breve capítulo dedicado a la corrupción política. Ya en el siglo XVII y en un país aislado, en la otra punta del mundo les veían el plumero a sus dirigentes. Nada más reconfortante que leer cosas así hoy, con la que está cayendo.

Los corruptos entre los jóvenes ignorantes que han alcanzado el favor de su señor por un tiempo siempre han tenido mentes perversas y nunca han considerado, ni por un momento, sacrificar su vidas en un momento de necesidad. No he oído nunca de nadie en la historia con una mente corrupta que haya sido de beneficio para su gobierno. (...) Puede que crean que nadie se da cuenta, negando que lo sutil acabe saliendo a la luz, pero lo saben de sobra en sus corazones, y también lo sabe el cielo, la tierra, los fantasmas, los espíritus y las gentes. ¿No es ésa una manera peligrosa de defender el país? Eso es lo que considero una grave deslealtad.

Si el líder es bueno, los miembros del gabinete también lo serán. Si el líder no es bueno, su gabinete y amistades tampoco lo serán. Desatenderán a la población y despreciarán a otros países.

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Michel Coquet - Iaido. El arte de cortar el ego

"Desea el fruto de tu acto
y te conviertes inmediatamente en esclavo de ese deseo."

El arte de cortar el ego. Título potente. Los libros llegan a ti y éste llegó a mis manos gracias a un cliente de la tienda. Estábamos hablando sobre textos clásicos de samuráis, mi favorito, el Hagakure, el que él estaba comprándome, el Libro de los Cinco Anillos, lo que tenían que aportar todos, y acabó recomendándome este título. Más moderno, de un autor francés que recogía las enseñanzas de un maestro japonés anónimo al que se le da el nombre en clave Takeuchi.


¿Qué es cortar el ego? No es negar su existencia. No es rechazar sus necesidades y deseos. Es justo lo contrario: aceptarlos como tales, comprenderlos para comprenderte, reconocerte como ese niño que reclama atención constante, hasta que nada de todo eso importa. Sólo ser ahora. Y disfrutarlo. "La naturaleza humana desea demasiadas cosas. Siempre quiere más y se olvida  de ser", dice el maestro Takeuchi a su alumno, y con el libro en las manos jurarías que se dirige a ti. Para alguien que está aprendiendo a fluir de verdad, no había libro más conveniente.

Es una falta de intuición y de respeto decidir los sentimientos de quien te guía. Es una afrenta porque es demostrarle una total falta de confianza. El ego no acepta ser excluido, no ser nada. Trata siempre de atraer la atención sobre él, busca siempre ser apreciado y recompensado. No quiere morir y se agarra desesperadamente a las formas y a los sentimientos que le relegan a su limitado universo. Has sido débil, pues ¿qué te importa quien te guía? Tienes tu sable ¿no es suficiente?

Ejemplos muy visuales que iban desmontando (reconstruyendo con las mismas piezas, en realidad, como si todo aprendizaje fuera un juego de LEGO) todo lo que dabas por indiscutible. Te tienes por alguien que se fija mucho en los pequeños detalles, como un aprendiz de Sherlock Holmes y entonces encuentras frases como éstas y entiendes al fin por qué Sherlock Holmes era tan bueno:

El detalle no cuenta, dice, sólo tiene importancia el conjunto de detalles. El detalle
nos confunde, pues se refiere a un solo aspecto del problema.

Piensas que es bueno fijarte en la belleza de todo, amas las cosas bellas, repartes sonrisas y canciones felices como quien regala autoayuda, todo es bello, pero ¿podrías ser fan de Madonna si la vieras, ya no usando el baño, sino como el conjunto de músculos y piel y sangre y vísceras que en realidad es y no la idea que representa? ¿Podrías amar a alguien hasta el punto de abrazarlo como un simple ser humano?

Hay que admirar el jardín por lo que es y no por lo que parece en un breve instante. Aprecia lo que va a cambiar, adora lo que es eterno. Observa a un niño pero déjalo convertirse en hombre. Contempla las nubes pero déjales seguir su curso; contempla las flores, pero no te apenes cuando sus pétalos sean arrastrados por el viento.

Comprender que quieres ser agua y de momento eres hielo. El mismo elemento en etapas distintas.


Tu mente se cristaliza a menudo cuando debería ser constantemente como el agua, el agua que toma la forma del recipiente en que se encuentre sin oponerle ninguna resistencia. Por el contrario, has sido como un bloque de hielo cuya forma fue la de tu propio ego.

Como cuando preparas una copa y los cubitos son demasiado anchos para el vaso, y en vez de esperar a que se ablanden o rociarlos con un poco de agua tibia, los incrustas a la fuerza, un golpe, otro, y acabas por romper el vaso. Los cubitos cabían en el vaso, sólo tenías que esperar. Paciencia, sin prisa, sin pausa: pasito a pasito, baldosa a baldosa, aprenderás a brillar. Comprenderás que existe una empuñadura porque tienes dos manos para sostenerla. Y cortarás.


El hombre es como una bombilla cubierta de varias capas de pintura. La luz está allí, pero las diversas capas de pintura impiden que se irradie. Ni somos las capas de pintura ni la bombilla de cristal. Únicamente somos la luz.

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La mente del samurái

"Ahora que sabes que esta energía existe, búscala."

No es el primer libro de samuráis que reseño por aquí. Éste me ha impactado tanto que, cuando lo llevaba a medias, tuve que dedicarle una entrada entera a una de sus frases: El oponente existe porque nosotros estamos presentes. Es la mejor frase de todo el libro, pero no la única. De hecho, con este tipo de libros creo que puedes abrirlos por cualquier página y dar con un tesoro.


La mente del samurái no es un libro fácil de leer. Consta de 5 tratados de 4 autores distintos y las palabras de todos ellos suenan curiosamente actuales, sí, pero al mismo tiempo requieren de toda tu atención. Hay momentos densos o tan simbólicos que es tentador quedarte en la superfície, no ver más allá del sable físico. Tienes que atravesar muchas puertas para acabar empuñando un sable, el tuyo, y con él cortarlo todo.

Cada maestro samurái entiende la esgrima de una forma distinta, por eso lo que más llama la atención es que en este libro todos coinciden en un punto: la confianza en uno mismo. Confianza extrema. Fuera de toda duda, fuera de cualquier límite. Si quieres, ganas; si dudas, fallas. Tan fácil como eso. Eso y llegar a un punto de habilidad tal en el que no tienes que recordar técnicas, aprendizajes: simplemente actúas, te adaptas a los meandros de cada situación.



He avanzado tanto y se han abierto tantas puertas desde que he empezado a poner en práctica todo esto, que la gente se toma a broma que la energía me la haya dado un libro o incluso una sola frase (la del oponente). Los preparativos ya estaban allí, claro, todo es un proceso y esa frase fue el chispazo final e imprescindible. La energía de los samuráis la llevas dentro siempre pero, hasta que no comprendas su magnitud, no intentarás utilizarla. Nada como este libro para ponerte en la casilla de salida.

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Why can't you choose yourself like your enemy?

Ocurre a menudo: una frase en apariencia simple se te graba a fuego. Otros quizá no entenderán su fuerza, por más que se la intentes explicar, pero para ti esa frase lo significa todo. Ahora mismo, al menos. Me pasó el otro día leyendo La mente del samurái. De repente, una frase saltó del texto y algo hizo click dentro de mí. Siete palabras conformando una llave que abría todas las puertas.

"El oponente existe porque nosotros estamos presentes."


Entiendo la palabra "oponente" de muchas maneras. Un oponente puede ser un problema que te preocupa, una persona que no te cae bien, alguien que ves en la discoteca y te lo quieres ligar, una madre a la salida del colegio taponando la acera. Personas, situaciones a las que le otorgas tal importancia que te abruman. Te bloqueas porque te sientes muy inferior al problema, al obstáculo, a la persona que tienes enfrente. Pero cuando eres consciente de que ellos no existirían si no estuvieras tú, que en cierto modo son un reflejo tuyo y por tanto tú tienes su misma fuerza... la cosa cambia. Ahora el control lo tendrás tú. Te sentirás tan seguro de ti mismo, actuarás con tanta decisión que serás imparable.

En cierto modo se trata de convertirte en agua: fluir con las cosas y aprovechar esa fuerza que les otorgabas a tus oponentes para activar tu propia fuerza. Estar seguro de que si tienes un problema también conoces su solución y además, por el camino, aprenderás algo nuevo de ti mismo; utilizar la persona que no te cae bien como recordatorio de todo lo que sí te gusta ver en los demás, recordar la clase persona que quieres ser, la que luchas por ser; acercarte al ligue con paso firme (te está mirando: no dudes); cambiar de acera para andar libre por otra y así fijarte en detalles que no habrías visto desde la que no podías avanzar. No protestes: agradece cada reto, porque de todos ellos saldrás reforzado, incluso recompensado.


Así que tengo que darle la razón a Issai Chozan: el enemigo existe porque tú estás presente. Llevo dos días resolviendo todas las situaciones con esta frase en mente y los resultados no podrían ser más espectaculares. Pruébalo, a ver. Igual acabas como yo: dando las gracias a todos los samuráis por ofrecerte, a través de tantos siglos de distancia, las palabras acertadas, transformándote tú también en un samurái moderno e imparable.


"Hay que ganar desde el principio para salir victorioso siempre."
(Hagakure, Yamamoto Tsunetomo)

"No te surge ningún problema para el que no conozcas la solución. Todo problema surge para aprender algo importante."
(La ley del espejo, Yoshinori Noguchi)

El oponente existe porque nosotros estamos presentes. Si no estuviésemos, no habría oponente. El término "enemigo" u "oponente" denota confrontación. Es lo mismo que yin y yang, o fuego y agua. Todo lo que tiene forma, tiene oposición, pero si tu mente carece de forma, no puede tener oposición. Cuando no hay oposición, no hay oponente. Eso se llama "sin enemigo, sin sí-mismo". Al olvidarte tanto del sujeto como del objeto, cuando asumes un estado de sosegada inacción, te sincronizas... y cuando quiebras al enemigo, apenas te das cuenta. En ese estado, no eres inconsciente, sino que, como no hay pensamientos conscientes, te mueves por intuición.
(La mente del samurai, Issai Chozan, Página 25)

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Musashi Miyamoto - Libro de los cinco anillos

El yo de hoy vence al de ayer.

Después de varios textos sobre artes marciales, quedaba pendiente este clásico. De Musashi Miyamoto ya conocía el Dokkôdo, un compendio de 21 frases fascinantes. Reconozco que su  Libro de los cinco anillos no me ha calado tanto, aunque hoy al volver a hojearlo para escribir esta crítica, la sensación era extraña, de "reencuentro".


Y es que al contrario que el Hagakure de Yamamoto Tsunetomo, el texto de Musashi sólo será plenamente útil a quienes pretendan empuñar una espada. El libro reúne lecciones sobre adoptar un buen kamae (posición de apertura en un combate), conocer los tipos de golpes, cómo darlos y enlazarlos, prever los envites del enemigo, mover los pies, elegir la mejor arma, etc.

El estilo de Musashi es escueto y didáctico, menos críptico que el de otros autores y quizá por eso en una primera lectura cuesta encontrar el mismo trasfondo filosófico de otros textos sobre la guerra y las artes marciales. De todos modos, este libro en Japón es un manual de referencia para los hombres de negocios, al igual que El arte de la guerra. El propio Musashi nos advierte al principio del capítulo Libro del agua: "Hay que evitar considerar el contenido de este libro de forma literal. Al contrario, todo lo que se dice en él hay que tratar de adaptarlo a nuestro propio cuerpo".


Los samurais entendían el combate como actitud vital absoluta, y quizá gracias a eso en sus textos siempre se descubren frases inspiradoras; Libro de los cinco anillos no es ninguna excepción. Os dejo mis favoritas:

El espíritu que vence a un solo enemigo es el mismo que vence a mil o a diez mil.

Cuando uno no avanza por el camino verdadero, las pequeñas desviaciones del comienzo se convierten más tarde en grandes desviaciones.

La mano que se aferra mucho es una mano muerta. La mano que no se aferra es una mano que vive.

Incluso un camino de mil "ri" se ha de caminar paso a paso.

Lo importante en la táctica es ser consciente del sable del adversario, pero no mirar en absoluto ese sable adverso.

Ten la firme voluntad de atravesar la corriente en los momentos de crisis.

La acción de un experto parece lenta, pero nunca se aparta del ritmo. 

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Yukio Mishima - Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis

Es absolutamente erróneo suponer que los demás están en condiciones de comprender nuestros sentimientos más profundos.

Para los japoneses actuales no sé, pero para un occidental resulta muy difícil entender el seppuku (el mal llamado harakiri), qué puede llevar a una persona a acometerlo. Más incomprensible resulta en los tiempos modernos, y no digamos ya si quien lo hace es un escritor famoso y de prestigio como Yukio Mishima. Si ya en algunos relatos cortos había dado pistas de su futuro seppuku, es en este recopilatorio de ensayos, reflexiones y artículos, escritos durante los tres últimos años de su vida, donde encontraremos todas las claves de su suicidio ritual aquella mañana de noviembre de 1970.


En Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis, Mishima expone sus ideas al desnudo, sin las florituras de la literatura. Nos habla de la frustración que siente ante un Japón rendido a Occidente que renuncia a su legado, de sus propias contradicciones al ser el primero en disfrutar de las ventajas del mundo occidental, hace un repaso de sus últimos 25 años de vida, expone qué le llevó a formar la Sociedad de los Escudos (un ejército privado de universitarios samuráis...).

Reivindica, por supuesto, el heroismo de los samuráis ancestrales y de hecho no entiende un Japón sin samuráis. Y reflexiona también sobre el arte, la política, el placer y el pudor, la vida, la etiqueta, el esfuerzo... Comparte su ética personal con las futuras generaciones. Y aunque no puedas estar de acuerdo con todo lo que escribe (era ciertamente extremista), sí deja caer frases geniales, chispazos que te abren la mente. Siempre es un placer leer de primera mano lo que pasaba por la cabeza de un genio.

Mención aparte merece el brillante capítulo "Introducción a la filosofía de la acción", donde el autor desarrolla el significado de las acciones, para él más importantes cuanto más efímeras. Compara la acción con el acto de desenfundar una espada japonesa: te pasas años entrenando, estudiando, mejorando; llegado el combate, analizas la situación y permaneces en silencio mientras examinas al rival y recuerdas todo lo aprendido; al final, en menos de cinco segundos, desenfundas, atacas y matas. Así son las acciones: efímeras, pero precedidas de un largo tiempo de cultivo y seguidas por otro largo tiempo de consecuencias.


No es un libro triste: es un invitación a vivir una vida mejor, más honesta, coherente, llena de iniciativa, siempre fiel a unos objetivos claros. Una lectura extrema para paladares selectos que quieran ahondar en la filosofía samurái, ser testigos de excepción de los últimos pensamientos de un gran escritor o simplemente ampliar horizontes. Os dejo con algunas de las mejores frases.

Nadie puede dar el primer paso en la vida y experimentar inmediatamente una sensación de satisfacción.

Es fácil declarar que se está listo para morir, y ofrecer la propia vida, pero no es tan fácil demostrar la veracidad de lo que se afirma.

A pesar de ser un hombre, me parece del todo natural pensar que un cuerpo perfecto contribuya a elevar el espíritu y que, al mismo tiempo, se deba ennoblecer el cuerpo perfeccionando el espíritu.

Confío en que haya algún joven capaz de escribir al menos una obra no contagiada por el veneno ajeno, sino empapada genuinamente en el propio.

La vida es un baile en un cráter de un volcán que en algún momento hará erupción.

Apostar con prudencia no tiene sentido.

La acción no tiene eficacia si no está acompañada por una situación determinada, y cuando tal situación no existe debe crearse, concentrando todas las fuerzas en la reducción de las distancias temporales y espaciales.

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Musashi Miyamoto - Dokkôdô (El camino que se debe seguir solo)

Este Dokkôdô lo escribió el guerrero Musashi Miyamoto apenas una semana antes de su muerte, confinado en la cueva donde pasó la mayor parte de sus últimos años. Es lo último que se conserva escrito de su puño y letra y lo forman 21 preceptos con los que el maestro intentaba resumirle su propio código de autodisciplina a su discípulo favorito. Es un texto corto pero fundamental y especialmente críptico, hay frases que pueden significar cosas muy distintas según la traducción (algunas interpretaciones, incluso nos chocarían hoy en día).


Como ocurre con todos estos textos ancestrales (por aquí ya he comentado el Hagakure y El Arte de la Guerra), conviene no tomárselos al pie de la letra: al fin y al cabo, son fruto de una época y unas circunstancias muy concretas. Hoy ya no quedan guerreros que deban mantenerse fieles a la estricta doctrina del bushidô. Pero, como sea que el texto pretende aportar las claves para una vida más honesta y noble, sí deberíamos ser capaces de extraerle la esencia y quedarnos con aquello que nos pueda ser útil.

En cualquier caso, creo que resulta fascinante poder disfrutar del legado filosófico de un samurái mítico, acerca de cuya vida se han hecho decenas de películas, novelas, mangas, ensayos... Hay ciertas frases impactantes, otras evocadoras y algunas que quizá provoquen indiferencia. Pero no dejan de ser las últimas palabras que quiso transmitir el maestro y quizá por ello, las más importantes.

Os dejo los 21 preceptos, seleccionando para cada uno de ellos la traducción que más me ha gustado.


Acepto todo de la manera que es, no me rebelo contra los caminos del mundo.

No siento parcialidad por nadie ni nada.

Nunca intentaré aprovechar ningún momento de facilidad.

Pienso ligeramente en mí y profundamente en el mundo.

Estoy libre de codicia a través de mi vida.

Nunca lamento algo que he hecho.

De ningún modo envidio a otros por su buena suerte, o me quejo de la mía si es mala.

No me lamento de aquello que se ha ido.

El resentimiento y las quejas no son adecuadas ni hacia mí mismo ni hacia los demás.

Nunca sueño en sucumbir bajo el enamoramiento.

Gustos y aversiones, no tengo ninguno.

Sea como fuere el lugar donde vivo, jamás tendré ninguna objeción en su contra.

No persigo los platos más refinados para contentar el cuerpo.

No me aferro a posesiones que ya no necesito.

Nunca actúo siguiendo costumbres o supersticiones.

No busco especial sofisticación en las armaduras del guerrero.

No temo que la muerte me encuentre en el Camino.

No trabajo con la intención de poseer riquezas en mi vejez.

Respeto a los Dioses y los Budas, pero nunca dependeré de ellos.

Prefiero dar mi vida que deshonrar mi buen nombre.

Nunca, ni por un momento, ni en cuerpo ni alma, me alejaré del Camino.

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There where the air is free, we'll be what we want to be

Hubiera dado el mundo por haber tenido valor para decir la verdad, para vivir la verdad. (Oscar Wilde)

Llevo días retrasando una entrada con mi reseña del libro "El arte de no decir la verdad". La tenía reservada para hoy, en plan crítica cáustica a ciertos aspectos del a menudo superficial mundo gay. Pero no me parecía justo. Así que prefiero homenajear a todas las personas que han luchado, trabajado o simplemente aportado su granito de arena para que hoy, en efecto, podamos disfrutar de todos los derechos que tenemos, gozar de un legado cultural envidiable y caminar con la cabeza bien alta. De ellos, y de muchos otros, sí estoy orgulloso. Estos son algunos de mis ídolos paganos. Como se suele decir en estos casos, no están todos los que son, pero sí son todos lo que están.


Hubo otros tiempos donde el amor entre dos hombres era aceptado con más o menos normalidad, incluso (o sobre todo) entre los más poderosos. Tenemos, por ejemplo, al Emperador Adriano: humanista, pacifista (prefería consolidar fronteras que expandirlas), apasionado y divulgador de la cultura helenística, promotor de la cultura en general, precursor de la multiculturalidad, viajero incansable... Su gran amor fue el efebo Antinoo; tras su muerte, lo deificó y fundó en Egipto una ciudad en su honor: Antinópolis. Eran otros tiempos, desde luego; entonces se comprendía que el amor tiene otros nombres (si bien no para las mujeres, que todavía no tenían derecho al placer). Tampoco me olvido de Alejandro y Hefestión, de Aquiles y Patroclo, de los filósofos griegos, de otros emperadores... Precursores nuestros, todos ellos.


Cabe dar gracias también a todos los artistas que a lo largo de la historia han representado sin pudor la belleza del cuerpo masculino. Deleitándonos la vista, estoy convencido de que también han contribuído a que haya más visibilidad, menos puritanismo. Miguel Ángel, Leonardo, los escultores de la Grecia y la Roma clásicas, y tantos otros. Me parece absolutamente transgresor que en su época, Miguel Ángel erigiera una estatua como el David, que más allá de su inspiración bíblica, es un canto al ideal de belleza masculina.


En tiempos donde parece que los militares gays sólo existen en las películas porno y aún colean los efectos de la campaña "Don't ask, don't tell", es gracioso recordar que hubo tiempos en los que las castas guerreras no sólo aceptaban sino que incluso incentivaban el amor homosexual entre sus guerreros. Se entendía que estas relaciones entre dos soldados incrementaban la fidelidad, el entusiasmo y el coraje de las tropas, y por ello existían rigídas normas de conducta. Ocurrió así en sitios tan dispares como la Grecia clásica o el Japón de los samuráis.


Desafiar las leyes y la hipocresía de su época le acabó costando la salud al pionero Oscar Wilde, que murió a consecuencia de las inclemencias por las que pasó en la cárcel. Mientras les hizo reír exponiéndoles sus miserias, la alta sociedad le permitió ser excéntrico, tener sus caprichos e incluso pasearse del brazo con su amante Bosie. Pero cuando se atrevió a denunciar a uno de "los suyos", la sociedad bienpensante se vengó con furia. Resulta muy inspirador leer sus discursos durante los juicios, pero sobre todo nunca me cansaré de recomendar toda su obra: ya sean sus bellos relatos, sus cínicas obras de teatro, sus poemas o su única novela, la eterna El Retrato de Dorian Gray, eterna porque además de estar muy bien escrita, su temática sigue teniendo vigencia máxima.


Más suerte tuvo Terenci Moix, que ni siquiera durante el franquismo escondió su homosexualidad: ni en las entrevistas ni, desde luego, en su obra. Se estrenó con La torre de los vicios capitales (si bien algunos relatos no superaron la censura), siguió con un título tan marica como El día que murió Marilyn, pronto llegó Mundo Macho... Lo suyo nunca fue la militancia, sino la normalidad. Escribía sobre lo que sentía, lo que amaba, lo que deseaba, lo que pensaba. Y quizá por eso siempre gozó del apoyo y el cariño del público, de la crítica y de todos los sectores, incluso de la derecha. Por encima de todo lo demás, en la prosa de Terenci aprecias su sinceridad absoluta. Sinceridad a menudo desgarradora, como en No digas que fue un sueño y su secuela El sueño de Alejandría, pero también en obras presuntamente petardas como Garras de astracán. Recomiendo especialmente sus tres volúmenes de memorias, claves para entender un personaje tan especial. Gracias por todo lo que me has aportado y enseñado, Terenci. No es casualidad que mi nick en internet sea Lleonard Pler, en honor del protagonista de uno de tus mejores libros, El sexo de los ángeles.


Freddie Mercury era muy tímido pero lo compensaba con sus dotes de estrella sobre el escenario. A pesar de la discreción con la que siempre llevó su vida privada, es indubable que su muerte contribuyó a sensibilizar al mundo sobre la tragedia del SIDA. Pero prefiero quedarme con sus gestos teatrales y su excentricidad, con su voz potente: cantando, actuando, Freddie Mercury te invitaba a ser tú mismo. Bien conocido es todo el repertorio de Queen, pero hoy también quiero destacar la calidad de su carrera en solitario: sólo nos dejó dos discos y varios singles dispersos, pero todos ellos son más que recomendables. Podéis empezar a conocerlo con el reciente recopilatorio Lover of Life, Singer of Songs (precioso título, por cierto: qué bonito que te recuerden así).


Tampoco quiero olvidarme de David Bowie, que sin ser gay, sí ha abierto mentes coqueteando con la bisexualidad y la androginia. Lo suyo siempre ha sido la transformación constante: en looks, en sonidos, pero siempre imponiendo su personalidad apabullante. Con sus personajes, su estética revolucionaria y sus temas, él también ha sido una pieza clave de la transgresión de ser uno mismo. Un auténtico Rebel, Rebel, sin duda. Sin él no existirían Madonna, Marilyn Manson, Lady Gaga ni muchos otros.


Y no puedo dejar de hablar de Pet Shop Boys. Mucho antes de que, a principios de los noventa, el cantante Neil Tennant saliera del armario, ya nos habían dejado numerosos vídeos e himnos donde la homosexualidad estaba presente de forma más o menos obvia: Opportunities, West End girls, It's a sin, Domino dancing, Being boring, Was it worth it?, Go West... Sus letras siempre se han destacado por la normalidad. Si te gustan los hombres, ¿por qué deberías cantar sobre otra cosa? Lo de cantarles a chicas inexistentes se lo dejan a otros. Por tanto, su arte es así no para vender más sino por coherencia con ellos mismos. La hipocresía de la gente hizo que a partir de la salida del armario se les criticase por lo mismo que ya llevaban años haciendo y que en cierto modo se los marginase por ello, pero Pet Shop Boys no han cambiado. Pocas formaciones pueden presumir de 25 años de buena música, buenos vídeos y buenos conciertos, todo presentado con el envoltorio del buen gusto. Imprescindibles.


Y por supuesto, no quiero despedirme sin dar las gracias a todos los hombres y mujeres que han luchado -y siguen luchando- en épocas y lugares donde ser uno mismo podía o puede implicar la muerte. Es gracias a ellos que hoy en día tenemos los derechos que merecíamos, es gracias a su lucha que podemos caminar orgullosamente y sin miedo, ir de la mano en público, incluso casarnos. Somos afortunados porque gracias a ellos hoy, aquí, ser gay y ser persona ya no es un sueño.

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Yamamoto Tsunetomo - Hagakure

Hay que ganar desde el principio para salir victorioso siempre.

Ya hace días que lo leí y aún no lo había comentado. "Hagakure" es una reivindicación de los tratados samuráis más tradicionales en una época de paz: una época en la que los samuráis ya han perdido su función principal. Por eso, a lo largo de sus páginas se nota cierta melancolía y cierto romanticismo, quizá incluso un poco de frustración. Lo dictó Yamamoto Tsunetomo a un discípulo durante su retiro espiritual, poco antes de morir. He leído -y recomiendo- la edición de La Esfera de los Libros incluída en el volumen "La vía del samurái"; es más cara, pero mucho más completa, otras ediciones son sólo una selección de capítulos.


"Hagakure" significa "oculto bajo las hojas". Fue el libro de cabecera de Yukio Mishima y lo cita el protagonista de la película "Ghost Dog". A pesar de la distancia y de los años y de las creencias que separan el contenido de este libro de la mente de un lector occidental, es curioso comprobar cómo pueden extraerse valiosas enseñanzas y citas de este "Hagakure".

Por supuesto, hay temas que descolocan hoy en día (esa servidumbre absoluta al señor feudal, el papel esclavo de la mujer, no valorar la propia vida, esa visión bélica para todo...). Y en cambio hay otros que sorprenden, como los capítulos dedicados al amor homosexual: los samuráis podían estar casados y además tener una amante, pero también podían elegir tener un único amante masculino para toda la vida. Había toda una serie de reglas que dictaban el comportamiento correcto de estas relaciones. Esto llama especialmente la atención porque Japón sigue siendo muy cerrado, la homosexualidad sigue siendo un tema tabú.

Os dejo una selección de las citas más interesantes de "Hagakure". Creo que algunas no hay que tomárselas al pie de la letra, sino extraerles la sustancia. Decisión, valentía, el momento es ahora, humildad, preguntar a los demás...



No conozco el camino para vencer a los demás pero conozco el camino para vencerme a mí mismo.

Cuando uno es sorprendido por una repentina tormenta, puede o bien correr lo más aprisa posible o bien colocarse rápidamente bajo los aleros de las casas que bordean el camino. De los dos modos nos mojaremos. Si uno ya estuviera preparado mentalmente a la idea de estar mojado, se encontraría a fin de cuentas muy poco contrariado con la llegada de la lluvia.

Cuando alguien nos cuente una historia o nos hable, uno ha de dar su opinión siempre que no esté de acuerdo con lo que se dice y escuchar al otro con la intención de señalar los fallos de la historia a fin de no dejar que abusen de nuestras debilidades.

Es deseable que el rasgo de la caligrafía sea prolijo y esmerado, pero si sólo tiene estas características parecerá una escritura rígida y sin gusto. Una escritura ha de tener, además, una silueta que se aleje de la norma.

Si piensas ver en el interior del corazón de alguien, sufre con él.

Basta con tener una firme voluntad para poder atravesar tanto el cielo como la tierra sin la ayuda de nadie. Y, si esto ocurre, no hay nada que no pueda cumplirse o conseguirse. La gente carece de ánimo y es por ello que no les surge la voluntad. Mover el cielo y la tierra sin ni siquiera hacer fuerza es una cuestión de concentrar el espíritu en un único punto.

Es precisamente cuando uno piensa que se ha excedido en sus actos cuando por el contrario no comete errores.

Los caminos se pierden cuando se ponen excusas.

Reunir en el interior de uno mismo los tres valores: inteligencia, benevolencia y valentía. Para adquirir la inteligencia, basta con consultar las cosas con los demás. La benevolencia es actuar de forma útil para los demás. La valentía no es otra cosa que aguantar el dolor apretando los dientes.

Uno deja escapar el momento crucial porque cree que el ahora mismo y ese momento crucial son momentos diferentes. Ahora es el momento crucial y ese momento crucial es ahora mismo.

Si uno intenta salvar de la extinción a su clan, no conseguirá más que extinguirlo de forma indecorosa. Cuando cree que el momento ha llegado, ha de tomar la determinación de extinguirse con valor.

Tenía tendencia a pensar que el combate a manos desnudas difería del Sumo, debido a que no tenía importancia ser tirado al suelo al principio, ya que lo esencial era ganar al final del combate. Recientemente he cambiado de punto de vista. Se me ha ocurrido que si un juez tomara la decisión de parar el combate en el momento en que uno se encuentra en el suelo, os declararía vencido. Hay que ganar desde el principio para salir victorioso siempre.

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Thunder only happens when it's raining

No por nada se siguen editando hoy en día libros ancestrales como "El arte de la guerra" (Sun Tzu), "El Bushido" (Inazô Nitobe) o "El libro de los cinco anillos" (Miyamoto Musashi). Más allá de tratados filosóficos o de artes marciales para samuráis, son manuales prácticos que se pueden aplicar todavía hoy en todo tipo de ámbitos. Sus lecciones son tan universales como atemporales, nos ayudan a encontrar nuevos caminos y actitudes útiles para el día a día.


Ayer estaba hojeando el libro "Hagakure" (Yamamoto Tsunetomo), cuyo críptico título, traducido, vendría a significar "Oculto bajo las hojas". Era el libro de cabecera de Yukio Mishima y también lo cita constantemente el protagonista de la película "Ghost Dog". Al abrirlo, me topé de buenas a primeras con un párrafo que me impactó, por lo cierto y lo fuera de lugar que parecía en un tratado ético "para samuráis". Era el siguiente:

La Actitud Durante la Tormenta

Existe lo que se llama la actitud durante la tormenta. Cuando uno es sorprendido por una repentina tormenta, puede o bien correr lo más aprisa posible o bien colocarse rápidamente bajo los aleros de las casas que bordean el camino. De los dos modos nos mojaremos. Si uno ya estuviera preparado mentalmente a la idea de estar mojado, se encontraría a fin de cuentas muy poco contrariado con la llegada de la lluvia. Se puede aplicar este principio con provecho en todas las situaciones.

Si eres consciente de que la lluvia llegará, disfrutarás más los días de sol, pero también terminarán antes los días de lluvia (y mientras duren no perderás la sonrisa). No hay que cerrar los ojos ante los problemas: hay que tenerlos muy presentes. No se trata de tener miedo y dejar que éste nos agarrote, ni tampoco de andar llorando por las esquinas autocompadeciéndote porque la vida es chunga y todo se va a estropear tarde o temprano. No. Nada de eso. Los japoneses saben muy bien que todo es impermanente. Se inventaron hasta el término artístico aware para expresar que la belleza es belleza precisamente porque es efímera. Y por eso es tan bella y por eso provoca emociones tan intensas y por eso hay que disfrutarla al máximo.


Se lo decía a una amiga hace unos días: "Ahora disfruto más de las cosas buenas porque sé que algún día se terminarán". Y me contestó que eso era muy triste. Pero le dije que no era triste en absoluto, que en todo caso era realista, y que la clave estaba en no perder la sonrisa; al contrario: lucirla más amplia si cabe. Disfrutar más, mucho más. Vivir al máximo. Cuando estás convencido de que algo es eterno es cuando te obsesionas hasta lo malo por salvarlo, haces sacrificios inútiles y al final te acabas estampando contra la pared; hecho añicos, tienes que sobrevivir a la cruda ansiedad que te provoca esa pérdida. Eso sí es triste.

Así que le doy toda la razón al maestro Yamamoto: ya que no vas a poder evitar mojarte con la lluvia, hay que acostumbrarse a ella, acostumbrarse a la mera posibilidad de que llueva. En cierto sentido, sus palabras son la versión madura y sabia de aquellos "Tempus fugit" que en el instituto nos escribíamos unos a otros en los separadores de las carpetas. Entonces, sólo intuíamos lo que significaban. Ahora lo sé, y creo que por eso estoy tan bien y tan sereno.

Thunder only happens when it's raining.
When the rain washes you clean, you'll know.