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Banana Yoshimoto : Amrita

"Los descubrimientos más memorables se realizan
cuando nos adentramos en las cosas por nosotros mismos
y, solos, las hacemos nuestras."

Me gusta los libros que te sumergen en su historia. Y en verano más. Una historia sencilla, donde en realidad no ocurren demasiadas cosas, solo el descubrimiento de uno mismo. Cada frase una oleada, el libro te mece y te serena. Te atrapa en ese no pasar nada, porque quieres sentirte como la protagonista. Ella permanece siempre estoica y esperanzada.


Lo leí por recomendación de Aitor Villafranca, que acertó de pleno. Es un libro para las vacaciones. O para cuando necesitas estar de vacaciones. Una ventana a otro mundo donde nada va contigo, y todo ocurre despacio. Como la brisa entre las palmeras. Antes de darte cuenta, tu sofá se ha convertido en una hamaca y en la mano tienes un vaso de piña colada.

Banana Yoshimoto a veces se pasa de cursi. Aquí no. O sí, pero se lo perdonas. Dejas que te vaya desmenuzando la historia de esa chica que vuelve a nacer tras un accidente y poco a poco recupera el gusto por la vida, los detalles que la hacen feliz, las conexiones con viejos conocidos y nuevos amigos. En fin: hay que leerlo para ver la vida con otros ojos.


No tengas la misma prisa que yo. Mira bien la cena que ha preparado mamá, el jersey que te ha regalado. Mira bien las caras de tus compañeros de clase, las casas del barrio que demuelen para construir otras nuevas. Cuando se vive en el mundo real uno no se fija en lo que le rodea, pero estando en el camerino de un teatro no se te escapa nada. Date cuenta de que el cielo es azul, de que tu mano tiene cinco dedos, de que papá y mamá están ahí, lo mismo que las personas desconocidas con las que hablas por la calle: todo eso es como beber agua fresquísima. Si no se bebe cada día no se puede vivir. Si no se bebe, si el agua está ahí y no la bebes a grandes sorbos, la garganta se seca y se muere. No sé explicarlo bien, pero es así. Di que no tengo ningún pesar. Díselo a todos. Yo siempre acababa los deberes de vacaciones en la primera semana, lo mismo que el diario que nos mandaban escribir en vacaciones, y envidiaba a los demás, que lo hacían todo en la última semana deprisa y corriendo. Pero me veía obligada a hacerlos enseguida por miedo. Yo de niña era así. Sin embargo, la próxima vez que escriba un diario no cometeré el mismo error, describiré el calor del verano, los rayos de sol, día a día, tal y como lo vaya sintiendo. Tuve prisa. Eso es todo. (Páginas 259-260)

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Banana Yoshimoto - Recuerdos de un callejón sin salida

"De esto se trataba..."

Debía de estar reservándome para este libro. Tras varios intentos dejados a medias de adentrarme en el mundo de Banana Yoshimoto, por fin he conectado con una obra suya. Además, es su favorita, según cuenta en el epílogo. También asegura que son las historias más tristes que ha escrito jamás. Curioso, porque a mí no me han parecido en absoluto tristes ninguno de los cinco relatos que componen el libro. Todo lo contrario.


Son historias sobre la esperanza, sobre el reencuentro con uno mismo. Por eso me parece tan acertado el título: Recuerdos de un callejón sin salida. Solo tiene recuerdos quien ha sobrevivido. Quien sale de ese callejón, pone el pie de nuevo en la calle principal, luce una sonrisa y da las gracias por estar vivo. Quien entiende que la luz filtrada a través de las cortinas da más color a la estancia. Y los fantasmas pueden dar pie a una historia de amor y un fracaso amoroso traer a tu vida la amistad de los amarillos (¿será casualidad el color de las flores de la portada?) y un envenenamiento dar pie a esa reconciliación con el pasado que te hará libre.

Las protagonistas de Banana Yoshimoto son chicas vulnerables y tan ingenuas que ni siquiera se dan cuenta de que algo les faltaba hasta que el destino las arrolla para que crezcan. Y son más fuertes de lo que creían. Y tienen la felicidad a su alcance. Aquí, ahora. Solo tenían que saberlo. Solo tenían que desearlo. Ir a por ello. El libro es efectivo porque en menos de 200 páginas, cuenta cinco historias de transformación. Su estilo sencillo, de frases limpias, como cazadas al vuelo una mañana de primavera, subraya el mensaje: todo es más fácil de lo que parece.


Propongo que cada lector se atreva a escribir el sexto cuento. Se podría titular "La última pieza". Pero para colocar esa pieza, primero tienes que ir a la tienda a comprar el puzzle, eliges uno bonito, preparas entonces en casa una superfície adecuada, en una habitación tranquila y con mucha luz, reservas un poco de tiempo, te relajas, distribuyes las piezas por colores, creas el borde primero, eso es lo más fácil, cotejas, colocas piezas por instinto, dejas atrás las preocupaciones y poco a poco, sin darte cuenta, ese inmenso hueco del principio se habrá llenado, ya solo queda un punto ciego. Pero esa última pieza es la más importante. Pagaste por el placer de colocarla. El placer definitivo de haber completado el puzzle. Es su razón de ser. Rebusca en la caja, ahí está, colócala. Ahora sí, ahora admira el resultado. Es tu vida.

"Estoy aquí, ahora, con mi cuerpo, mirando al cielo.
Éste es mi espacio."