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El armario de acero

Debió de ser él quien me descubrió que era atractivo
y saberlo puso mi mundo del revés...

"Los rusos no me caen bien. No tengo nada que ver con ellos. Suerte que están lejos...". Relato a relato, los tópicos se van derrumbando gracias a este El armario de cero. Porque de repente te encuentras a un chico como Aleksander Belykh, que adora Japón, estudió japonés y lee a Murakami. ¿Serías tú, de haber nacido en Rusia?


17 autores y nuestros iconos son los mismos, o muy parecidos. Oscar Wilde, Michael Jackson, Hollywood: les gusta lo mismo que nos gusta y quieren tener lo mismo que aquí disfrutamos. Poder ir de la mano con su pareja sin temor a una paliza. Dejarse de sobreentendidos, máscaras, como si el amar a otro no fuera con ellos, escribir con la libertad de saber que no serán juzgados. Sienten lo mismo pero tienen que disfrazarlo.

Son extraños los cuentos y poemas de este recopilatorio. Modernos en la forma, rompedores a ratos, pero describiendo unas vidas que, pese a todos los puntos en común, no podrían ser más diferentes a las nuestras. ¿Pero todo esto no quedó atrás en la época de nuestros padres, de nuestros abuelos? Provoca desazón leer sus miedos. ¿Y si no son los rusos quienes están lejos sino nosotros los que, sin saberlo, nos vamos acercando? Damos demasiadas cosas por sentado.


El armario de acero es el primer libro de la editorial Dos Bigotes. Alberto Rodríguez y Gonzalo Izquierdo se han lanzado a la piscina con este proyecto que viene a cubrir un necesario espacio: la literatura LGTB al margen de los tópicos. De momento han publicado recopilatorios de autores rusos y africanos, con espacio también para la poesía. Son valientes y les deseo las mejores recompensas a sus esfuerzos.

"No quiero ser un cobarde bastardo
Agarrado a tus piernas, temblando
Y escupiendo en su interior.
Quiero que todos se mueran de risa,
Que amen como yo amo
Que mis versos resuenen en el metro."
(Dmitry Volcheck)

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Happy boys & girls

Originalmente, "gay" significaba alegre y divertido. Pero a los gays famosos les piden que sepan criticar, con gracia, sí, pero poniendo a caldo, defenestrando y despotricando de todos los demás. Y si doy una vuelta por mi Twitter, a veces parece que a la gente no le pase nada bueno en la vida. "Quejarse es gratis", he leído hoy que se justificaban un par.


Pero también es gratis sonreír de vez en cuando, compartir las cosas buenas que te ocurren. Pequeñas o grandes, ahí están. No se trata de vivir en una Disneylandia perpetua, pero sí de encontrar la balanza, de recordar que ese "It gets better" es real. De aspirar a una felicidad que pueda inspirar a otros para lograrla.

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Los amantes pasajeros

El primer día de clase, el profesor de dirección de cine nos propuso un ejercicio. Teníamos que coger una escena nuestra, cualquiera servía, y ensayarla durante media hora con un par de actrices de la clase de interpretación. Después la presentábamos delante del resto de compañeros. "¿Qué te ha parecido?", preguntaba nuestro profesor al final de cada presentación. "¿La rodarías tal cual?"


Todos decíamos que sí. Que la rodaríamos así, cambiando quizá un par de frases, pero que en general estábamos satisfechos. Que las chicas lo habían hecho estupendamente. Todos dijimos lo mismo y todos nos equivocábamos, porque en las escenas de los compañeros ya veías enseguida que faltaba ensayar mucho, pulir mucho, descartar mucho, sacarle más partido a otros trozos.

Nos lo corroboró nuestro profesor. Siempre te deslumbra la magia de ver cómo tus palabras cobran vida en las bocas y los gestos de otros. Por eso nos recomendaba filmar los ensayos y repasarlos desde la distancia. Así se consigue imprimirle fuerza al guión, prescindiendo de lo que no funciona y enfatizando lo que sí.


La versión de Los Amantes Pasajeros que se ha estrenado en el cine es una grabación de ese primer ensayo. Solo así se entiende que grandes actores actúen con el piloto automático, que siga ahí la historia de Willy Toledo y en cambio no se saque más partido de los tres azafatos, especialmente Carlos Areces, la auténtica estrella de la función. "Estás hablando con un apóstata, que lo sepas."

Pero mira, el número musical dura tres minutazos fantásticos, también hay 4 frases con las que te ríes, le ves el paquete a Miguel Ángel Silvestre, Raúl Arévalo nunca ha estado tan guapo y al final suena The Look de Metronomy. Ya es algo.

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Smiley. Una història d'amor

Me siento vacío cuando salgo del teatro. Eso le decía ayer a unos amigos, a punto de entrar todos al Espai Lliure para ver Smiley, de Guillem Clua. Y es que por buena que sea una obra, nunca me siento satisfecho; será que luego no puedo comprar el DVD, como en el cine. Ayer no fue así: salí del teatro completamente extasiado.


Hora y media de comedia romántica, con todos sus tópicos y giros inesperados. Los ingredientes: un guión preciso, lleno de frases mordaces, dos buenos actores y un escenario camaleónico: bar del Gaixample, piso compartido, aeropuerto. Mucha autocrítica del mundo gay y las redes sociales pero una misma búsqueda.

Una apuesta por el amor en mayúsculas, por el optimismo, por la magia, por las puertas abiertas, por las diferencias y el aprendizaje que conllevan. Todas esas cosas que Àlex y Bruno habían olvidado porque a veces parece más sencillo tirar la toalla. Cuando en realidad todo se reduce a sentir. Confiar en eso que sientes y actuar en consecuencia: llamar, escribir, sonreír. Y hacerlo a tiempo.


Hoy dan su última función, después de una exitosa andadura de cuatro meses por la Sala FlyHard y el Espai Lliure, agotando casi a diario. Por eso, estoy convencido de que pronto estarán en nuevas salas y llegará, por qué no, una versión en castellano. Así que si en el futuro tienes la oportunidad de verla, adelante. La química del sexo, la chispa y las carcajadas, las lágrimas se notaban desde la butaca. Te llenará.

EDIT: Me informan que la obra pasa al Club Capitol. Del 14/03 al 28/04.

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A whole new world

Un mundo ideal. Eso nos prometían, ni más ni menos, las películas de Disney. Las antiguas, cuando éramos niños. Mundos mejores donde ser feliz, a veces mediante magia y a veces, simplemente, mirando a tu alrededor con ojos distintos. Todos boquiabiertos delante del televisor, rebobinando una y otra vez la cinta de vídeo.


Querías formar parte de ese mundo. Bajo el mar, volando cometas o dándote un atracón en el castillo. Los vagabundos conquistaban a las princesas y los deshollinadores montaban un espectáculo pirotécnico por los tejados de Londres. No me extraña que tantos gays sean seguidores de Disney, hay mucho de nuestra lucha en esas películas sobre soñar lo imposible.

Ponerte una banda sonora de Disney es un subidón. Alegran cualquier día. Personalmente, me gustan más en inglés, aunque reconozco que con la de Peter Pan se me ha escapado un "volarás, volarás". Estas 13 canciones son solo algunas de mis favoritas. De Aladdin, El Rey León y Mary Poppins pondría los discos enteros. Espero que te guste la selección. Recuerda que también hay colores en el viento.


Aladdin - A Whole New World
The Lion King - Hakuna Matata
Mary Poppins - A Spoonful of Sugar
The Lion King - Circle of Life
The Little Mermaid - Part of Your World
Aladdin - Prince Ali
Mary Poppins - Let's Go Fly A Kite
Mary Poppins - Chim Chim Cher-Ee
The Little Mermaid - Under The Sea
Pocahontas - Colors of the Wind
The Jungle Book - The Bare Necessities
Peter Pan - You Can Fly! You Can Fly! You Can Fly!
Beauty and the Beast - Be Our Guest

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Raúl Portero - Reykjavík línea 11

"¡Oh! Así que eres tú."

A veces las piezas encajan. Reykjavík línea 11 es la historia de dos hombres acostumbrados a perder que un día, de repente y sin esperarlo, porque las cosas buenas no se esperan, simplemente ocurren, tienen que lidiar con la pequeña victoria que les ha llegado a las manos. Y es que los fugitivos también encuentran hogares.


Sus manos están entumecidas por el frío de Islandia. Porque ahí ocurre, claro, la novela. Lo bueno de Raúl Portero es que consigue que no parezca una guía de viajes de la capital islandesa, pero al mismo tiempo te contagia las ganas de perderte en ella, armarte de un buen anorak y un pantalón térmico para explorar sus calles y locales, vivir incluso una temporada en una de sus casitas preparadas para el frío.

Entre lagos helados y tazas de té humeantes, la historia de amor es el epicentro de la novela. El amor y los traumas que éste cura. Einar y Arnau van enamorándose poco a poco, los capítulos van de uno a otro como un autobús que conecta tus dos puntos favoritos de la ciudad. Muy bien construida la intimidad entre ellos. Tanto con los diálogos como con sus pequeños gestos, te lo crees: se quieren.


¿Se lo creerán ellos? Porque ése es el mayor misterio de Reykjavík línea 11, descubrir si por una vez Arnau y Einar apostarán a caballo ganador. Es curioso, no siempre es fácil aceptar que se te presentan oportunidades para ser feliz. Será que nos han programado para pasar frío. Pero entonces llega el abrazo de alguien que a su manera tiembla como tú. A ver qué pasa, piensas. La sonrisa la descubres luego.

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Las cosas pares

Los ojos, las orejas. Las extremidades. Las ruedas que te llevan lejos. Las peras y las manzanas al meterlas en la bolsa para pesarlas: coges 4 o 6, nunca 5. Los yogures y las galletas, todo lo que compras para preparar con cariño la cena o el desayuno. Los gemidos en la cama. Las patas de la cama. Las veces que lees los buenos libros o ves las buenas películas (una a solas, otra acompañado). Los invitados a un evento.


Las velas y los cubiertos, los minutos que tarda en consumirse el incienso, las veces que te gusta oír las cosas, los ticks verdes del WhatsApp, los dedos que se entrelazan, las ondas en el agua antes de volver la calma, las palabras de un "te quiero". Tú al mirarte en el mejor espejo: otros ojos. Sí, las mejores cosas son pares.

Casarme no entra en mis planes, pero considero imprescindible tener la posibilidad de hacerlo. 7 años de incertidumbre a causa de un recurso (acompañado de esa frase perversa: "ahora no podemos retirarlo", como si se hubiera puesto solo) y, por fin, una sentencia. Afortunadamente, desde hoy amar ya es constitucional para todos.

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Kiss you off

Un beso siempre es un beso. Pero éste se llama el Beso de Marsella. Han pasado apenas unas horas y ya es un símbolo. En Francia y en el mundo entero. Esta mañana, en Marsella, dos chicas se han topado con la protesta "Un papá, una mamá", en contra del matrimonio igualitario y convocada en 75 ciudades francesas, y han decidido besarse delante de las manifestantes.


Lo mejor: las dos chicas no se conocían, ni siquiera son lesbianas. Fue un gesto espontáneo. Tiene más mérito, pues. Un acto de normalidad y un toque de atención. Para estas señoronas (me las imagino gritando "¡esto es un desmadre!") pero también para quienes aún no se atreven a besarse en público.

Y es que hay que predicar con el ejemplo. Acudir a la manifestación del Día del Orgullo y bailotear en discotecas gays está muy bien, pero la normalidad llega por otros derroteros. Poniendo ladrillos arcoiris día a día. Nadie dijo que vivir libre y feliz sea sencillo, pero para estas chicas tampoco ha debido ser fácil besarse delante de una horda homófoba, y sin embargo lo han hecho.


Tenemos la suerte de que, aquí y ahora, podemos ser nosotros mismos. Yo no entiendo otra manera de vivir. Muchas de esas señoras en contra del matrimonio igualitario lo están porque jamás han visto que el amor existe más allá de las fronteras que ellas conocen. Nuestra responsabilidad es enseñárselo. Besar como sientes, escribir como sientes. En la calle, en el trabajo, en las redes sociales. Atreverte, como las chicas de Marsella. Hay que volar a diario.

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Miss Tacuarembó

No conocía este película hasta que hace unas semanas me hablaron de ella y me la recomendaron fervientemente. Saber que se trataba de un musical compuesto por el cantante de Miranda me dejó con la boca hecha agua. Este fin de semana, por fin, fue el elegido para disfrutar de Miss Tacuarembó acurrucados en el sofá.


La película es como Flashdance en versión Disney. Ahí está la mala-malísima con el mismo peinado que la madrastra de La Cenicienta y sus hijas gemelas ejerciendo de hermanastras, también el príncipe azul en forma de visión de Cristo, los milagros y transformaciones, el mejor amigo gay (a falta de dragón o mono) y hasta Rossy de Palma en la piel de una presentadora de TV que ejerce de hada madrina.

Pero sobre todo, destaca ese mensaje ultra-optimista de creer en los sueños. La visión Disney de que si cierras los ojos y sueñas algo con todas tus fuerzas, se hará realidad. "Algún día el mundo será nuestro", es el subtítulo de la película y la frase más repetida bajo una bola del mundo que los protagonistas sostienen con los pies.


Bien de color y fotografía moderna (a ratos parece un vídeoclip), pinceladas de crítica a los beatos religiosos (que no a la religión en sí: cada cual que crea en lo que quiera y a su manera), momentos dignos de culebrón y canciones pegadizas, como no podría ser de otra manera viniendo de Ale Sergi. No sé si los sueños se harán realidad pero como mínimo hay que intentarlo. Coger el micro y darlo todo.

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Carlos G. García - Entrada + consumición

"Ninguna buena historia comienza diciendo:
'Me quedé en casa y me fui a dormir triste'.
Es hora de afrontar el presente."

Te sentirás identificado. Vamos, digo yo. Porque lo que contienen las páginas de Entrada + consumición todos lo hemos vivido. O lo hemos pensado. O nos lo ha contado un amigo. Y siempre reconforta leerlo en un libro, ver que alguien más piensa como tú. Sientes complicidad. Que no pasa nada, que no es tan grave.


Por recomendación de Fer y sus Confesiones tirado en la pista de baile llegaba a mis manos este libro. Una novela que empieza como una divertidísima visión de la noche gay y la fauna que la puebla. Luego llegan las máscaras, el momento de quitárselas, las revelaciones y sobre todo los "¿ahora qué?". Ahora el presente.

Hay mucho alcohol y bastante sexo. De hecho, cada capítulo lleva el nombre de una bebida. Los diálogos chispean, hay capítulos (de mis favoritos, y muy bien ubicados) que no son más que conversaciones telefónicas. Hay drama y hay comedia romántica. Humor, ironía. Y tristeza, la de quien tiene que sobrevivir en un medio hostil en el que todos mienten, utilizan, manipulan, abandonan.


Pero hay luz al final del túnel. O debería haberla. Las ciudades son muy grandes, incluso Málaga, donde transcurre la novela. Nuevas gentes, nuevos ambientes, nuevas actitudes, y sobre todo iniciativa. Dar pasitos cuando las oportunidades llegan. Porque es cierto, como dice la cita con la que abría este post: Ninguna buena historia empieza diciendo: "Me quedé en casa y me fui a dormir triste". Así que sal y sonríe.

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Two divided by zero


Pet Shop Boys son mi grupo favorito. A menudo se los cataloga como "grupo gay" y sí, es cierto, tienen en su repertorio una buena ración de música petarda y en muchas canciones describen como nadie sentimientos y situaciones del mundo gay. Pero también son mucho más que eso.


La lista de hoy es temática. No son mis 13 canciones favoritas del grupo sino los 13 temas en que mejor cantan sobre el amor. El amor universal, las pequeñas cosas que todos, gays o no, hemos sentido en algún momento. A veces basta un estribillo o un par de versos para exclamar: "¡esta canción habla de mí!".

Asi que si estás enamorado o en proceso de estarlo, si lo estuviste y no te rindes, si aprovechando que es verano te gustaría conocer a ese alguien, o incluso si a ti esto del amor te suena marciano... a todos vosotros, espero que la música de Pet Shop Boys os sirva de banda sonora.

Love comes quickly
Tenías tu vida ordenada y entonces, tarde o temprano, sin avisar, sales del metro y ahí está él.

Did you see me coming?
¿Lo habrá notado? ¿Habrás interpretado bien sus señales? ¿Le dices algo? Y qué mono es. Bueno, es más que eso, ¿verdad?

Heart
Te late el corazón. Vuelves a ser consciente de algo tan simple. Se reactiva. Es un principio.

I wouldn't normally do this kind of thing
Hacer lo impensable. Comportarte como un tonto y como un valiente. Todo a la vez.

Closer to Heaven
Horóscopos, predicciones del tiempo... Nada de eso importa. Importa volar, sentirte en las nubes, lanzarte. Atreverte a fluir.

Forever in love
Así que el sexo era esto. Pum pum pum pum. La conexión última. Y morderte los labios para que no se te escapen palabras todavía.


It always comes as a surprise
Cuando el sol te despierta, sonríes: él sigue ahí. Seis minutos de romanticismo para describir un instante mágico.

Together
Sentirte invencible. Procurar que él también se sienta así. Juntos, un día entre dos parece mucho más que un día.

Was it worth it?
Sí: digan lo que digan, al final todo encaja, todo merece la pena.

Indefinite leave to remain
Los rodeos, los cerros de Úbeda, los eufemismos, los subterfugios, las indirectas, las metáforas. La pregunta.

Miracles
El amor consigue que comprendas la fuerza de los clichés. Ahora escribes poemas cursis porque son verdad.

Love etc.
Compartes lo aprendido. You need more, you need more, you need love...

Two divided by zero
Dos que tienden al infinito. Dos que encuentran su lugar y hacen las cosas que estaban destinados a hacer.

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Talk talk talk

Tengo que decirte algo. Tu mejor amigo y tú os encerráis en el baño del instituto. Ha llegado el momento. Toca decírselo. Tragas saliva. Tendrás que confesar una verdad y admitir muchas mentiras, las que contabas cuando necesitabas compartir tu felicidad a cualquier precio. Pues verás, empiezas, resulta que Rosa se llama de otra manera. Adivinanzas. Que sea el otro el que le ponga nombre.


Tengo que decirte algo. Te sientes ridículo. Tu madre ya te lo preguntó hace tiempo, indirectamente, con la delicadeza de las madres, y le dijiste que no. Ahora toca decirle que sí. Pones un disco de música petarda, Sin With Sebastian, para que choque menos. Alargas la conversación con la esperanza de que las frases lleguen solas. Llegan al final, cuando te marchas. Resulta que no me gustan las chicas...

Tengo que decirte algo. Con tus compañeros de trabajo ya no puedes utilizar esa fórmula simplona. Ellos hablan de novias y tú, como si nada, con toda la naturalidad, apoyado en la máquina de bebidas, sueltas lo de "Ayer mi novio me regaló...". Serás la comidilla durante unos días, pero ya está hecho. Cuando conozcas a alguien, ahora y en cualquier momento de tu vida, tendrás que luchar contra lo que dan por sentado.


Tengo que decirte algo. Si es tu pareja, significa un banco en el parque y el principio del fin. Si es un amigo, a partir de ahora lo será aún más, así que brindad. Si es el chico al que todavía estás conociendo, la frase significa un abanico que se abre y dos sonrisas nuevas, un sofá, un televisor azul, baldosas firmes.

Somos el fruto de mil conversaciones. Ha habido tantas que la próxima también será bienvenida. Somos supervivientes, somos orgullo, somos herencia. Dicen que la crisis lo arrasará todo, que el mundo se acaba. Pues seamos felices. Se lo debemos a todos aquellos que se escondieron porque el amor todavía no podía decir su nombre. Nosotros tenemos la suerte de hablar. ¡Hablemos, digamos!

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Gracias, Glee

De pequeño me apunté a clases de teatro. Tenía 10 años, acababa de llegar a ese colegio y pensé que gracias a aquella actividad extraescolar conocería a gente afín con la que sentirme un poco más ubicado. La primera tarde esperé y esperé, y no llegó nadie, ni siquiera el profesor. Habían cancelado el taller porque sólo yo estaba apuntado. No consideraron oportuno avisarme. Casualidad o no, desde entonces me encerré en mí mismo, en mis lecturas.


Comprendí que estaba solo. Tendría que sobrevivir por mi cuenta, soportar las burlas como quien limpia el barro de los pantalones después de un día lluvioso. Empecé a escribir porque eso lo hacía para mí, era mi refugio. Qué distintas habrían sido las cosas si alguien más se hubiera apuntado a teatro. Quizá ahora seríamos actores. Pero estoy orgulloso del camino recorrido. Primero tuve que ser un chico introvertido para acabar convirtiéndome en alguien capaz de dar saltos.

Glee es irreal, un cuento de hadas pop, exagerado, entrañable. El Edén de los desubicados. Es esa clase de teatro que te gustaría haber tenido, ese lugar en el que podrás ser tú mismo. Y reinterpretarte, redescubrirte. Porque no eres quien te dicen que eres, un poca-cosa al que lanzar batidos, eres esa persona que deslumbra en un escenario. Subes y cantas los temas pop que te gustan y lo haces con un vozarrón y algún día te enamorarás y llegarás a Broadway y te aplaudirán. No mereces menos.


Sí, me gusta Glee. Me gusta que reinvente el sueño americano en su vertiente más Disney y marica. Seas gordo, gay, judía, paralítico, bailarín cuando los demás cantan, maniática compulsiva, negra, libanesa, pobre, estés embarazada, pretendas combinar el futbol con el canto, pienses que nadie te va a querer jamás, creas en los unicornios, prefieras las mujeres mayores o tu imagen en el espejo... En el instituto McKinley hay un pequeño auditorio donde otros te escuchan. Y cantan contigo.

No hay serie de televisión que haya hecho más por la normalización ni (más importante) por dar cobijo. Que te sientas acompañado, que sonrías cada semana, canción a canción. Saber que en alguna parte hay más desubicados como tú y que acabarás conociéndoles. En la adolescencia esto parece una quimera. It gets better, todo es posible, pero mientras tanto ven con nosotros.


Para mí Glee termina aquí. Yo ya sé lo que me esperaba después del instituto. Sé que hay vida. Pero me alegro de que para otros la serie siga adelante. Deseo que gracias a Glee se atrevan a cantar, se apunten a teatro, escriban, arriesguen, se acuesten con quien de verdad les gusta (y siempre hay alguien que de verdad nos gusta). Ser uno mismo, siempre y en abierto: no existe otra forma de sobrevivir. Después de muchos tumbos, al final todos llegamos a nuestro Nueva York particular.

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North by Northwest / Con la muerte en los talones

"That's a good omen, don't you think?"

Sigo con el ciclo Hitchcock de los Cines Verdi. Esta vez tocaba una de sus películas más míticas pero que yo no había visto todavía. Solo conocía la escena del avión, nada más. Y me alegro, porque disfrutarla por primera vez en pantalla grande ha sido espectacular. Salí del cine con la boca abierta de par en par y un aplauso en el corazón.


Es una película absolutamente moderna. En el montaje, en el guión, en la planificación de encuadres y secuencias... pero también en los diálogos: picantes, llenos de dobles sentidos, hasta se da a entender que hay un personaje homosexual. En fin: atrevidísima para su época y una lección de cine incluso hoy en día, que tenemos un mayor bagaje de thrillers y cine de aventuras.

Hitchcock vuelve a jugar con el espectador y levanta el telón a mitad de la función, desvelando el misterio. Pero esta vez me parece bien porque da paso a la verdadera película: la historia de amor entre Roger (Cary Grant) y Eve (Eva Marie Saint). Sí, la gente recordará Con la muerte en los talones por los momentos más espectaculares: el avión en el maizal o el enfrentamiento final en el Monte Rushmore, pero en realidad lo que nos está contando Hitchcock es una gran metáfora de cómo nos enamoramos.


Tiene todos los ingredientes del romance clásico: el vértigo que te empuja al cambio, un encuentro casual, un primer flirteo que se convierte en una cita inesperada, complicidad, dudas, aventuras de punta a punta del país, porque la vida es más emocionante cuando compartes esas odiseas con alguien. Lo bueno se hace esperar y las camas son estrechas. Pero te tomas las cosas con calma y humor porque sabes que al final todo saldrá bien.

Es delicioso cómo al principio, en la fase de conocerse, interpretamos el papel de un personaje más interesante en un intento de deslumbrar. De nada sirve porque al otro lo que de verdad le atrae de nosotros es lo que intuye debajo del disfraz. El amor nos convierte en superhéroes y uno de los poderes, quizá el primero y más importante, es ver el alma. Y sonreír cada vez que lo haces.


Gracias a Hitchcock por su mejor película (de las que llevo vistas, al menos) y gracias a los Cines Verdi por permitirme descubrir esta obra maestra en el mejor momento posible. Con la muerte en los talones confirma que el amor también otorga invencibilidad. Te apuntan con una pistola, te persiguen con un avión, te obligan a atravesar cornisas, te empujan precipicio abajo, y siempre sobrevives. El final será feliz porque, al fin y al cabo, somos superhéroes, ¿no?

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Freddie Mercury. Su vida contada por él mismo

"En todo lo que hacía había sexo."

Llevaba tiempo mirándome desde la estantería, este libro. Su lomo blanco esperaba a que llegase el momento de leerlo. Al final, curiosamente, he acabado alternando entre dos lecturas: las biografías de dos de los personajes que más me inspiran: Terenci Moix y Freddie Mercury. Para mí, los reyes en lo suyo. Ambas biografías son muy diferentes, pero la del cantante es especialmente atípica, ya que los editores se han encargado de organizar decenas de entrevistas del propio Freddie para que sea él mismo, sin intermediarios, quien nos cuente su vida.


Han ordenado sus reflexiones cronológicamente y por temas (la creación de Queen, la fama, la composición de canciones, las amistades en un mundo de hipocresía, la búsqueda de la felicidad, el amor y la compañía, su sentido de la moda y la estética, etc). Es un privilegio tener por un momento sentado junto a ti a un hombre tan inquieto y arrolladoro, se ha tomado un respiro para saborear un café desde el otro lado de la mesa y compartir contigo estos momentos de reflexión, plagados de humor, emociones, sinceridad a menudo contradictoria.

Freddie se muestra ocurrente, picante y explosivo como esperarías que lo fuera. Es el personaje permitiendo que te asomes un momento a la persona que hay debajo del maquillaje y la ropa. Te contagia su confianza en él mismo. Está convencido de que si no crees en ti mismo y en lo que haces, nadie lo hará. Tienes que ser tu primer fan. Lo repite constantemente a lo largo de todo el libro, como si fuera su único secreto.


El propio formato del libro conlleva que no se ahonden en las intimidades de la persona, ya que Freddie era muy reservado y de hecho concedía pocas entrevistas, no le gustaban. Pero por eso mismo es tan valioso tener al alcance de la mano un resumen de lo que sí contó. Y hay que darles las gracias a los editores y al propio Freddie, poque leyendo cualquiera de las páginas del libro, se te queda grabada esa sensación: "Voy a comerme el mundo". ¡Buen provecho!


Realmente, no quiero cambiar el mundo. Para mí la felicidad es lo más importante, ser feliz y pasarlo bien. Si soy feliz, eso se aprecia en mi trabajo. Tomo nota de todo, pero al final hago las cosas tal y como lo siento. Escucho los consejos, pero no puedo escuchar a todo el mundo, ya que de lo contrario dejaría de ser yo mismo. Al final tú eres tu propio jefe y quien demuestra lo que vales, lo cual te pone en una situación muy vulnerable. Ésta es mi vida, soy quien manda en ella y, para mí, ésa es la única manera de ser.

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Ryuichi Sakamoto - La música os hará libres

Antes de este libro, no conocía a Ryuichi Sakamoto todo lo que me gustaría, básicamente canciones sueltas, sobre todo de bandas sonoras, como por ejemplo Forbidden Colours de la película Feliz Navidad, Mr. Lawrence. Pero sabía que con ese título tan potente, La música os hará libres, no podía fallarme. 270 páginas para disfrutar de todas las vivencias y reflexiones que comparte con sus lectores un hombre único.


Y lo de único no lo digo gratuitamente. No es fácil encontrar a un hombre tan independiente, tan templado y apasionado a la vez, tan agradable, tan culto, tan ajeno a las modas (aunque consciente de ellas), tan intuitivo.   El adjetivo "interesante" a menudo se sobreutiliza para al final no decir nada, pero a Ryuichi Sakamoto esa definición le sienta como un guante. Es un tipo interesante. Alguien con quien te gustaría tomarte un café tranquilamente, intercambiar opiniones, y sobre todo escucharle. Da gusto leerle, así que escucharle ya debe ser el orgasmo.

Sakamoto repasa aquí sesenta años de vida, salta de un episodio a otro, y no siempre con conexiones lógicas. Sucesos importantes los resume en dos líneas y otros en apariencia menores los disecciona con intensidad a lo largo de varias páginas. Pero precisamente esa sinceridad a la hora de abordar todas las cosas que cuenta (un padre que no le miró a los ojos hasta que fue adolescente, una chica que se suicidó, las revueltas estudiantiles de los años 70, los atentados del 11-S...) dice mucho de él. Habla de lo que le interesa, y de lo que aprendió y sintió en cada episodio. No da lecciones, sólo comparte: "me pasó esto y pensé esto otro".


Sakamoto habla, por supuesto, de sus influencias musicales a lo largo de los años. De cómo descubrió los acordes de novena gracias a los Beatles y a Debussy, sin ir más lejos. De su obsesión por mezclar pop y música clásica y vanguardia. Pero también habla de sus influencias personales, sobre todo de hombres y el impacto que produjeron en su vida. Sorprende oírle hablar con tanta naturalidad de la belleza masculina y de cómo se enamoró de algunos de esos hombres, los describe con más detalle que a sus novias y esposas.

Al pensar en cualquier artista, es tentador pensar en talento innato. Sakamoto le da la vuelta a la tortilla: el músico y la estrella pop en que se convirtió fue un cúmulo de casualidades y de decisiones no siempre conscientes. De crecerse en las dificultades, porque él no las ve como retos o limitaciones sino como una oportunidad para mejorar. De eso trata La música os hará libres, de un hombre inconformista buscándose siempre a sí mismo, saltando de prueba en prueba y de error en error para encontrar su lugar en el mundo. Echar la vista atrás y descubrir el camino que te ha traído hasta donde estás ahora.


Esta autobiografía es accesible para todo tipo de públicos, conozcan o no al músico, porque consta de capítulos muy breves que agilizan la lectura, y el lenguaje, incluso cuando Sakamoto se mete a hablar de aspectos más técnicos, es sencillo (que no simple).  En definitiva: una lectura amena, instructiva y más que recomendable. Si os gustan las personas que desprenden un magnetismo único, no dudéis en echarle un vistazo al libro.


Vivía haciendo solo lo que me gustaba. Era una vida de color de rosa. Por supuesto, escuchaba música, leía libros, y también fue la época de mi vida en la que vi más películas. Y salí por primera vez con una chica, y fui a manifestaciones y asambleas. Hacía constantemente novillos en el instituto, pero, no sé por qué, me parecía que estaba muy ajetreado.

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Pet Shop Boys - Format

Tenía su encanto aquello de rastrear las tiendas de música de Barcelona (bendita calle Tallers), ir a Ferias del Disco con la ilusión casi infantil de "a ver qué encuentro" y dejarte un dineral sólo porque en ese CD o vinilo concretos salía una canción, a veces incluso un remix, que te faltaba. Ahora, con internet, eBay coleccionar música es mucho más fácil y cómodo. Por raro que sea, cualquier formato está a un click de distancia.  Pero reconozco que con Pet Shop Boys sigue gustándome probar suerte, acercarme a Discos Revolver y sonreír cuando encuentro el nuevo single de importación en la estantería.


En Format, Pet Shop Boys recopilan a lo largo y ancho de dos CDs (casi) todas las caras b que han acompañado sus singles de 1996 a 2009. Escucharlo ha sido una experiencia muy distinta a cuando me compré su anterior recopilatorio de rarezas, Alternative (que sigue siendo uno de sus discos más interesantes), porque entonces acababa de hacerme seguidor del grupo y para mí eran simplemente un montón de canciones nuevas. Ahora no, ahora se trata de tener juntas un montón de canciones que me gustan pero que nunca he escuchado tanto como las los álbums. Y es que por buena que sea una cara b, hasta el punto de que a veces llegas a decir que es una de tus canciones favoritas, la realidad es que -por propia comodidad- siempre las escuchas menos que las "importantes", las que por X razones sí pasaron el filtro y se incluyeron en los discos.

Desde el Hi-NRG de la pegadiza The truck driver and his mate al petardeo elegante de Up and down, se pueden encontrar en este nuevo recopilatorio 38 temas únicos, grabados con la libertad que da no el no tener que pasar cuentas con nadie, ni siquiera con la discográfica. Hay algún tropiezo como The former enfant terrible pero lo que abunda es la calidad: temas como Sexy Northener (y sus percusiones hipnóticas) o I didn't get where I am today (rock psicodélico con irresistibles hey-hey-hey) podrían haber sido singles.


A ratos, Format es un recorrido por los últimos 15 años de música pop, ya que hay canciones herederas de la época en la que se grabaron (las percusiones Max Martin de The ghost of myself o las influencias latinas de mediados de los 90 en The boy who couldn't keep his clothes on), aunque también hay anacronismos como el homenaje a los Bee Gees en Nightlife o la descaradamente ochentera The Resurrectionist. Y como siempre, Pet Shop Boys demuestran ser los reyes de las baladas emocionantes, ya sea en las que rebosan florituras electrónicas como Always (fácilmente una de sus canciones más bonitas) o las que se acompañan solo de un piano como Friendly Fire.

Sorprenden también la variedad de temas tratados. Las buenas letras siempre han sido marca de la casa, muy por encima de cualquier disco pop medio, y aquí se permiten hablar de temas más arriesgados, y no me refiero sólo al sexo: las fantasías de un dictador en Delusions of grandeur, la espera antes de que salgan las listas de ventas de tu último disco en The calm before the storm, las citas concertadas por internet cuando ya pasó tu momento de esplendor en Gin and jag, el control excesivo y la vigilancia a que estamos sometidos con la excusa de defendernos del terrorismo en We're all criminals now o la relación entre dos terroristas en la gran ausente, Fugitive.


Ya conocía las 38 canciones que incluye y aún así, escuchándolas una tras otra, aun con sus altibajos, Format me ha dejado con la boca abierta: incluye evolución, variedad, originalidad y calidad. Para eso sirven estos recopilatorios, para reivindicar un catálogo incomparable. Y encima, con un packaging cuidado y un libreto en el que explican cada canción incluida. Qué bien le iría a la música si los "grandes" discos de mucha gente se editasen con el mismo mimo y estuvieran a la altura de los recopilatorios de caras b de Pet Shop Boys.

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Terenci Moix - Mundo Macho

El poder no es nada si no es bello.

El impacto que debió suponer el hecho de ser lector de este libro en 1971, fecha de publicación original. Me gustaría haberlo sentido. Si ahora ya me impacta en su relectura, entonces, 40 años atrás, habría sido un shock de esos que marcan de por vida. Y qué valentía la de Terenci Moix la de publicar esto en una España, la del franquismo, no tan diferente al mundo de fantasía que describe.


El punto de partida: un famoso cantante de rock es secuestrado para gobernar un país exclusivamente masculino que parece existir al margen de nuestra civilización y al mismo tiempo ser el resultado, el cúmulo de toda nuestra Historia. ¿Existe ese Mundo Macho que nos describe el protagonista? Nos gustaría creer que no. Allí, los hombres se comen vivos a sus hijos "impuros" (considerados así por sus defectos físicos, o porque su atractivo o intelecto no están a la altura de las exigencias del país...), las mujeres viven prisioneras en cavernas y sólo sirven para procrear una vez al año, ejército y religión van de la mano y lo dominan todo, hay que superar ritos inhumanos para entrar en la edad adulta, y el único dios tiene forma de Cobra.

Escenas muy explícitas de torturas y canibalismos varios se alternan con bellísimas descripciones de los paisajes, los manjares y la arquitectura de Mundo Macho, que para sorpresa del protagonista es un amalgama de civilizaciones y estilos (egipcio, griego, romano, bizantino, gótico, renacentista, etc). A lo largo de la novela se habla, y mucho, del poder. De cómo el poder cambia de máscara a lo largo de las épocas, pero sigue siendo un poder despiadado. El gobierno de Mundo Macho nos recuerda a los totalitarismos europeos del siglo XX (hay claras reminiscencias del nazismo, el fascismo italiano y el franquismo). Terenci Moix incide también en el poder totalitario, marginador de la belleza. La belleza por encima de todo lo demás: de la cultura y de la humanidad.

La novela es también una reflexión sobre el precio de la fama; de cómo se construye una estrella pensando en cada detalle del personaje y sus actuaciones para obtener los máximos beneficios, pero pasando por alto los efectos que se provocarán en la salud mental de la persona que encarna a esa estrella. Es un bucle triste: la fama destruye y la fama la ansiamos. Así, la novela va derivando en una auténtica pesadilla a medida que el protagonista enloquece y ya no está seguro de si está drogado o viendo una película de su vida.


Mundo Macho es también una visión metafórica del despertar sexual en un mundo hipócrita que invita al mismo tiempo al erotismo y a la represión. Quizá también sea una crítica velada al mundo gay: hermético y delirante, lleno de defectos pero tan necesario para los hombres homosexuales (¿dónde ser uno mismo sino en el guetto?). Es, en resumen, un libro fruto de unas circunstancias y un tiempo muy concretos, y por eso mismo tan fascinante hoy en día... porque sigues viendo cosas muy actuales. Una de las obras más experimentales y sorprendentes de Terenci Moix. Un ejercicio de estilo: sueño, película, realidad inescapable. Huimos de aquello que perseguimos, perseguimos aquello de lo que huimos.


Pensé una vez más que la civilización más refinada, la belleza más lograda y la extrema perfección cultural no consiguen triunfar sobre la crueldad. Y que el despotismo sigue siendo amo y señor del universo, aunque se oculte bajo aquellos tres disfraces y reciba a lo largo de la Historia multitud de nombres diferentes, que pretenden ser disimuladores.

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Top 25 Canciones de 2011 (The Edge of Glory)

Mi 2011 ha sido un año lleno de canciones. De muchos descubrimientos musicales. De temazos inesperados que no aparecen aquí aunque seguramente lo merecían (I Wrote The Book de Beth Ditto, Ya Lo Sabía de Miranda, Perfection de Oh Land, Something To Die For de The Sounds, Lucky Day de Nicola Roberts...). Para que os hagáis una idea, preparando esta lista, llegué a tener 60 canciones candidatas. De esas, las que más me han hecho bailar a lo largo de estos últimos doce meses fueron a parar al Top 20 On The Floor.


Finalmente, para resumir mi 2011 me quedo con esas canciones que me han sonreído en todas partes, las que me han hecho compañía escribiendo, paseando o trabajando. Son 25 y todas me han llevado a ese estado mental, ese the edge of glory que ha definido este año. (Como siempre, complemento el top con su respectiva playlist de Spotify.)

25 canciones, 25 conceptos que he aprendido este año, 25 frases-talismán. Y empezamos...

25. Florence + The Machine - No Light, No Light
Señales.
You want a revelation, some kind of resolution.

24. JayMay - Rock Scissors Paper (RSP)
HappyThankYouMorePlease.
There was a message in a bottle at the bottom of the sea.

23. Shania Twain - Today Is Your Day
Sí.
You got what it takes, you can win, today is the day to begin.

22. Friendly Fires - Live Those Days Tonight
Poder.
I live those days, live those dreams, like they're all mine

21. Amaral - Hacia Lo Salvaje
Caminar.
Ha elegido caminar hacia lo salvaje, hacia lo salvaje, hacia lo salvaje, HACIA LO SALVAJE.

20. La Casa Azul - La Vida Tranquila
Escala de valores.
Cojo la bici... Vamos allá.

19. Natalia Kills - If I Was God
Máscaras (El arte de no decir la verdad).
I just want to give you the best version of me.

18. Andrea Corr - Tinseltown In The Rain
Lluvia.
All this talking is only bravado.

17. Coldplay - Every Teardrop Is A Waterfall
Resistencia.
I'd rather be a comma than a full stop.

16. Katy Perry - Firework
Autoestima.
Maybe you're reason why all the doors are closed so you could open one that leads you to the perfect road.

15. Melanie C - Think About It
(R)Evolución.
I want to be someone I've never been before.

14. The Sound of Arrows - Magic
Dejar fluir.
Seize a chance, follow a dream, be yourself, don't plan and scheme.

13. Adele - Rolling In The Deep
Perdón.
Turned my sorrow into treasured gold.

12. M. Pokora - A Nos Actes Manqués
Luz.
Aux années perdues à tenter de ressembler.

11. Roxette - She's Got Nothing On (But The Radio)
Ambición.
What she got she got to give it to somebody.

10. Those Dancing Days - I'll Be Yours
Amistad.
Rain drops are falling but we're staying dry.

9. Belanova - Mariposas
Valentía.
No tengo miedo de explotar. 

8. MIKA - Elle Me Dit
Sonrisa.
Elle me dit: ecris une chanson contente.

7. Aqua - Playmate To Jesus
Perseverancia.
I'll find your frequency bit by bit.

6. Pastora - Un Pedazo De Tierra
Supervivencia.
Se acabó el misterio, ahora empieza el juego.

5. El Pescao - Buscando El Sol
Optimismo.
Haces que se me pasen las horas y salga el sol, a veces antes de tiempo.

4. Florrie - Experimenting With Rugs
Autoafirmación.
My heart isn't big no more.

3. Rihanna feat. Calvin Harris - We Found Love
Euforia.
We found love in a hopeless place, we found love in a hopeless place, we found love in a hopeless place, we found love in a hopeless place...

2. Dido - Everything To Lose
Aprendizajes.
And I'd love to be alive but I was not afraid to die.

1. Lady Gaga - The Edge Of Glory
Plenitud.
I'm on the edge, the edge, the edge, the edge, the edge, the edge, the edge!

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Top 20 Canciones de 2011 (On The Floor)

La ley antitabaco ha traído muchas cosas buenas. Para mí, sobre todo, el poder salir de noche sin que me lloren los ojos, y luego volver a casa con la ropa aún oliendo a mi colonia, y no al tabaco de los demás. Ha sido una suerte, porque sino habría acabado con los ojos ahumados: este año lo estrenaba junto con la soltería, y por eso las salas de baile me han visto más en 2011 que en los 28 años precedentes.


He descubierto que podía bailar, que podía pasármelo bien, que podía hacer muchas cosas que jamás pensé que haría. Además, noche tras noche, a base de reencuentros y descubrimientos, hemos construido un grupo de amigos fantásticos, con nuestros rincones fetiche, nuestras charlas profundas pre-baile, nuestras copas ya clásicas y nuestros bailoteos petardos. Por todo ello, para despedir este año, además del tradicional top de canciones (que llegará la semana que viene), también voy a hacer este otro top de canciones de baile. Son las que más me han hecho sudar este 2011. (Como siempre, acompaño la entrada con una lista de reproducción de Spotify.)


20. The Young Professionals - D.I.S.C.O.
De Israel llega este dúo con un bombazo cuyo estribillo homenajea (¿samplea?) a un clásico de la música disco. Si sabéis de algún lugar donde la pinchen, avisadme, porque sé que tendrán buen gusto e iré de cabeza. Di-ai-es-si-ou.

19. Ricky Martin - Más
Hubo una época que esto sonaba cada noche en Átame y yo le preguntaba a mi amigo Jose: "¿Qué es esto? Me encanta". Y siempre era Ricky Martin. Qué tiempos aquellos en que iba al instituto y me compraba sus maxis con remixes de Pablo Flores. Ahora le bailo en antros gays. La vida y sus vueltas.

18. Alexandra Stan - Mr. Saxobeat
Quizá soy el único que adora esta especie de remix del villancico catalán "Fum, Fum, Fum" (un minyonet ros i blanquet, ros i blanquet, ros i blanquet). Una canción divertida, intrascendente, sin más.

17. M. Pokora - Oblivion
El "francés" más guapo (con permiso de Guillaume Canet) me ha viciado a dos canciones este año. Ésta es una de ellas, una evolución relativamente elegante de su sonido Timbaland. Gana con cada escucha y me quedo con las ganas de bailarla.

16. Calvin Harris feat. Kelis - Bounce
Los británicos están de suerte y pueden disfrutar del poligonerismo con (cierta) clase gracias a Calvin Harris. Aquí no lo pondrán nunca si no canta Rihanna o Kylie encima. Me conformo con dar saltos por mi casa mientras suena este temoto. Hands to the sky and throw your head back.

15. Melanie C - Rock Me
Empezaba el verano y Melanie C nos despistó a todos con dos primeros singles tremendos (Think About It y éste) que poco o nada tenían que ver con el resto del disco. Lástima, porque Rock Me, sobre todo en su versión dance, me parece arrolladora.

14. Black Eyed Peas - The Time (Dirty Bit)
Escucharla no es lo mismo que bailarla. No descarto que sea efecto del alcohol, pero este 2011 ha sido algo mejor gracias a sus explosiones. Siempre consiguen colarnos alguna canción redonda.

13. Sak Noel - Loca People
All day, all night... Lo curioso de esta canción es que me recuerda a una noche mágica que de repente me encontré bailando yo solo en DBOY, y digo curioso porque fue precisamente una de las pocas noches de este verano en que no la escuché. Me suena a los 90, porque sólo en los 90 se hacían canciones así (en el sentido más amplio de "así"). Al indagar, me sorprendió descubrir que era de 2011, pero no por ello me gustó menos, claro.

12. Snoop Dogg vs. David Guetta - Wet (Extended Remix)
La existencia de los samples quedaría justificadísima ya sólo con este remix. Coger trozos de otras canciones para llevar un tema menor hasta la estratosfera. Éxtasis. Tell me baby, are you wet?

11. Bob Sinclar & Raffaella Carrà - Far L'Amore (Club Mix)
No sé qué tiene este "remix" que, aun reconociendo la horterada suprema que es, me vuelve loco ya desde las primeras notas, y cuando el petardeo explota después del segundo estribillo no puedo parar. Pensaba que nos lo machacarían mucho más, pero hasta en los locales gays lo que ha triunfado ha sido Danza Kuduro.

10. Alexis Jordan - Happiness
Mi guilty pleasure personal. Doy las gracias a Museum por descubrírmela. La chica será una one hit wonder en mi vida, pero con esta canción que tan buen rollo me da siempre, ya se ha ganado el cielo.


9. Britney Spears - I Wanna Go / Till The World Ends
Britney es la única que consigue colocar dos canciones en mi top. I Wanna Go es 100% pop, y es mi favorita con diferencia para bailar y escuchar y todo, pero también tengo que acordarme de Till The World Ends porque la asocio a Toni Alonso y tiene sabor de blue tropic.

8. David Guetta feat. Sia - Titanium
Incluso mientras escribo estas líneas no sé si esta canción debería estar aquí o mejor reservármela para el top de canciones "normales" que colgaré la semana que viene. No he podido bailarla mucho, pero es un chute de energía increíble que me ha amenizado más de un paseo. Sia a por todas, y bien por ella.

7. Rihanna feat. Calvin Harris - Where Have You Been
We Found Love parecía insuperable y entonces llegó su hermana chunga para obligarnos a darlo todo. Una locura sucia y basta que lo peta. Poligonerismo reloaded. Where have you been all my li-i-i-ife?

6. Lady Gaga - Born This Way
No fue hasta el capítulo de Glee que le encontré cierto gusto a esta versión de Express Yourself de Madonna. De todos modos, baile a baile, he terminado cogiéndole cariño porque me recuerda a muchas personitas y buenos momentos de 2011. (Cien bailes después, sigo sin ejecutar bien la coreografía.)

5. Aqua - Like A Robot
Cuando se filtraron las primeras grabaciones en directo, pensé que iría directa a mi #1. No fue así, porque la versión estudio no es tan cañera. Aún así, esto son los Aqua que quería escuchar en 2011: actualizando su sonido pero conservando sus letras sexualmente gamberras.

4. Maroon 5 feat. Christina Aguilera - Moves Like Jagger
Adictiva como pocas, aún recuerdo el día que la pusieron en Spotify y la escuchaba en bucle porque el final y el principio se encadenan a la perfección. Buen rollo, autoafirmación, petardeo. Siempre suena cuando estamos a punto de irnos de la discoteca y siempre consigue lo mismo: que nos quedemos, porque hay que bailarla.

3. La Oreja De Van Gogh - La Niña Que Llora En Tus Fiestas
Jamás hubiera dicho que una canción de La Oreja De Van Gogh entraría en uno de mis tops, y ya no digamos si el top encima es de música de baile. Pero La Niña Que Llora En Tus Fiestas es un auténtico pelotazo que se merece este tercer puesto. ¡Mírame!

2. Natalia Kills - Mirrors
No es que esta canción la haya bailado en todo 2011, pero sí me ha acompañado cada noche, de camino a la Xalupada, y horas más tarde en el Nitbus, de vuelta a casa. Y por ello le tengo tanto cariño y la asocio tanto a las discotecas de Barcelona. Sigo sin entender de qué va realmente la canción pero no me importa, yo tengo mi propia interpretación, y con eso me basta y me sobra. The mirror's gonna fog tonight.

1. Jennifer Lopez feat. Pitbull - On The Floor
Recuerdo perfectamente la noche de Enero en que se filtró y la escuché por primera vez. Le dije a mi amigo Coque: "¿Con esto pretende volver? Es un horror". Doce meses después, On The Floor será la canción que más recuerde de 2011. El grupo de amigos que hemos ido formando, los findes locos, los jueves en Aire, las ganas de vivir, los "Así me gusta" entre risas: todo son buenos recuerdos con On The Floor.