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All the people in the world

Después de 18 años asistiendo puntualmente al Salón del Manga, ayer me emocioné. Han ampliado el recinto, ahora es más céntrico, al lado de Plaza España, hay más exposiciones, actividades (talleres de cocina, por ejemplo), más tiendas, más restaurantes... Habían apostado alto por la edición de este año, y los resultados se notaban: más gente que nunca y todo caras sonrientes.


Unos felices por encontrar productos que no sueles encontrar más allá de eBay, y otros felices por estar vendiendo tanto. Hasta los típicos expositores que van más por dejarse ver que otra cosa, ayer vendían a manos llenas. En los tiempos que corren, me emocionó ver tanta actividad, la verdad. Ver que algo funciona.

Siempre estaré del lado de quienes innovan, de los creadores. Quien dedica su pequeña editorial a la literatura japonesa o quien contrata una serie de televisión sobre un niño pelopincho que busca unas misteriosas bolas montado en su nube. Todos merecen reconocimiento, por atreverse, tender puentes, ayudarnos a crecer.


18 años han pasado desde que mi padrastro me acompañó a la primera edición del Salón del Manga, cuatro tiendecillas repartidas por los andenes de la Estación de Francia. Poco queda del niño tembloroso y apocado de entonces. Supongo que como la propia feria, crecí. Ni recortes ni prohibiciones: hay que apostar, hay que crecer. Y los resultados llegan. El Salón cumple mayoría de edad. ¡Ahora empieza lo bueno!

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Jiro Taniguchi - El caminante

"Camino lentamente por la orilla
donde no hay ningún sendero."

Pasear. Es todo lo que hace el protagonista de este cómic. Pasear por los paisajes de su ciudad. Mientras pasea, aprovecha para observar, escalar, encontrar, descubrir, aprender, exclamar "Ah" ante cada detalle que llama su atención. Un pez en el estanque, una piscina vacía, los tejados vistos desde lo alto de un árbol.


Jiro Taniguchi era una de mis asignaturas pendientes. Sus obras las vendo bien en la tienda y los títulos siempre me habían llamado la atención, así como el estilo de dibujo, con esos escenarios que tiran hacia el fotorrealismo. El otro día, un amigo me definió su estilo como "muy zen" y la curiosidad me pudo.

Y sí, mucho de zen hay en El caminante. No es que se lo mencione explícitamente, es más bien el regusto que dejan unas viñetas donde los personajes apenas hablan, sobre todo contemplan, disfrutan de estar vivos aquí y ahora. Adultos que vuelven a ser niños y que aceptan las cosas tal cual llegan. Simplicidad.


Lees este cómic igual que disfrutarías de un buen paseo: despacio, importa cada paso, cada página, no el destino ni el desenlace. Te relajas como después de una bañera con el agua templada, casi caliente, y mucha espuma. Cada día hay algo nuevo. Basta con salir a buscarlo. Ahora caminas por donde no hay senderos.

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Historias cortas de Satoshi Kon

Adoro a Satoshi Kon desde que vi Millenium Actress. Es una de esas escasas películas que sólo sería posible en formato animación pero al mismo tiempo viéndola te olvidas de que son dibujos, tanto empatizas con la protagonista. Entonces descubrí que de Satoshi Kon también era el responsable de Perfect Blue, ese impactante thriller animado con el que tanto se comparó después Cisne Negro. Por desgracia, Satoshi Kon falleció hace dos años y, como suele ocurrir, esto le ha dado un empujón de notoriedad a su obra.


Este volumen recopila quince historias cortas que publicó en varias revistas a finales de los 80 antes de dar el salto a la animación. Como curiosidad, son además las únicas obras en las que él es el único autor, sin colaborar con otros guionistas o dibujantes. Pero al terminar de leerlo tienes la sensación de que el verdadero Satoshi Kon aparecía precisamente en las colaboraciones, al dar forma a ideas ajenas o enriquecer las suyas con las aportaciones externas.

La primera mitad del tomo son casi proyectos autodidactas en los que el autor aprendía los mecanismos de la narrativa manga. A partir de la historia Los visitantes, humorística vuelta de tuerca a los cuentos de casas encantadas, la recopilación toma enjundia y llegan las obras más interesantes. Destaco por ejemplo Waira, la batalla de unos samuráis contra un monstruo esquivo: espectacular en dibujo, ritmo y narración.


La verdad es que las películas de Satoshi Kon me gustan por su profundidad, están sujetas a interpretaciones diversas, los personajes son humanísimo y a menudo se juega con el mundo de los sueños y las visiones. Y precisamente todo esto es lo que he echado de menos en la mayoría de historias del volumen. Algo más de calado y ambición. Pero es interesante recorrer los orígenes de un genio. Gracias a David, lector habitual de este blog, por el regalo.

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I live and breathe this Philadelphia freedom

Llevo varios días acordándome de una escena del último capítulo de Neon Genesis Evangelion. Para mí es mucho más que una serie de anime: un pozo de sabiduría escondido bajo un batiburrillo de simbologías. En la escena que quería comentar, el protagonista, Shinji, flota por un espacio blanco, infinito. Quería libertad y ésa es la libertad absoluta: una nada absolutamente vacía, sin limitaciones ni emoción.


"Necesitas un suelo", le dicen. Y de repente aparece la línea del horizonte y rasga ese espacio blanco. Shinji deja de flotar, se posa en el suelo. "Ahora has perdido un grado de libertad, pero también has ganado en comodidad. Ahora puedes caminar. Ahora puedes decidir adónde caminar". Y Shinji camina.

Es increíble cómo pueden explicar de una forma tan visual y tan simple en qué consiste la auténtica libertad: en admitir las limitaciones (las tuyas y las de tu mundo), pero aprovecharlas a tu favor. Saber abrazar todas esas necesidades, reglas, costumbres, leyes, defectos inevitables y características intrínsecas para disfrutar de una vida más rica.

Darte cuenta de que hay gente a tu alrededor, de que necesitas a todas esas personas (las que te hacen feliz y las que no te comprenden o incluso te odian), porque sin ellas no existirías: con sus miradas, te dan identidad, eres la suma de todos esos Shinjis distintos que ellos ven. Por eso, tienes que dejarles su espacio. Permitir que te miren.


Libre no es la gente que se mantiene al margen de todo, en plan rebeldes sin causa, ni tampoco aquellos que agachan la cabeza y se dejan arrastrar por sus cadenas. Libre es la gente que abre los ojos y toma consciencia: de sí mismos y del mundo y de quienes los rodean. Aceptan las limitaciones y el sufrimiento y las pérdidas; los conocen pero no permiten que eso les frene.

Sí: necesitas un suelo. Acéptalo, sé valiente, usa ese suelo para caminar. Así llegarás a tu lugar soñado.

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Black Swan / Cisne negro

El domingo estaba en el tren de vuelta a Barcelona y me dio el ramalazo: me apetecía ir al cine a ver "Cisne negro". Y allí que nos fuimos. Pagué la entrada con ilusión, pero también con cierto escepticismo. Cuando tooodo el mundo pone algo por las nubes, a mí suele decepcionarme. Me pasó con "Misfits", por ejemplo. Y con muchísimas películas que todos adoran y a mí me dejaron indifernete. Falsa alarma: a los 5 minutos ya estaba enamorado de "Cisne negro", y ese enamoramiento duró todo el metraje.


Una historia sobre la obsesión por el perfeccionismo, el frustrante afán de superación al no darse cuenta de que las barreras nos las ponemos nosotros mismos. Culpar a los demás de nuestros miedos y bloqueos. Está claro que no hay que llegar al punto de locura de Nina, pero sí que se pueden extraer lecciones muy interesantes de la lucha de esta bailarina por ser perfecta a través de la imperfección.

Creo que es algo con lo que todos nos podemos sentir identificados. Precisamente, me vino de perlas ver esta película en este momento de mi vida. A veces me preocupa tanto hacer las cosas bien, ir con pies de plomo, que me obsesiono y acabo haciéndolas mal, o de forma forzada. Hay que ser natural, hay que sentir y dejar fluir. Permitir que crezca el cisne negro de nuestro interior para que el cisne blanco que somos brille con todo su esplendor. Como comentamos Jose y yo al salir del cine, es muy significativo que el fundido final sea a blanco.

También debo aplicar esta lección a la hora de bailar: el recuerdo de una noche, con 15 o 16 años, de unos compañeros riéndose de cómo bailaba yo, hace que aún hoy en día baile acartonado e incómodo. Pues no tiene que ser así. Es absurdo que ese recuerdo siga obsesionándome hoy en día. Cisne negro, allá voy.


No es ninguna sorpresa que Natalie Portman borda el papel, llena cada plano. Hubiera sido un tongo que no ganase el Oscar. Más me han sorprendido todos los demás actores y actrices: excelentes Vincent Cassel, Winona Ryder, Mila Kunis y Barbara Hershey. Y me sorprendí especialmente al ponerme cachondísimo con la tórrida escena lésbica. Me consuela saber que no soy el único gay a quien le pasó.

En su día, leí que "Cisne negro" era una adaptación extraoficial de "Perfect Blue", gran película del genio del anime Satoshi Kon. En su día, Darren Aronofsky compró los derechos de "Perfect Blue" para poder recrear la escena de la bañera en su "Réquiem por un sueño". Y es cierto que entre "Perfect Blue" y "Cisne negro" hay muchas similitudes y paralelismos innegables, pero más que adaptación habría que hablar de inspiración. Parten de una premisa parecida para conseguir un resultado distinto y único. Las protagonistas se llaman de forma sospechosamente similar (Mima y Nina), una es cantante J-Pop y la otra bailarina, pero ambas llevan tutú; ambas sienten la presión de ser perfectas en su trabajo, ambas tienen que enfrentarse a cambios drásticos y romper tabúes para dejar de ser esas niñas sobreprotegidas e ingenuas, ambas empiezan a tener alucinaciones y sufrir la persecución de una doble suya.

La historia, la forma de retratar esa obsesión y la resolución final son muy distintas, aunque bien es cierto que "Cisne negro" podría haber tenido otros últimos 5 minutos (sin alterar nada más del metraje) y acabar igual que "Perfect Blue": los personajes de la madre de Nina y la asistente de Mima no son tan diferentes. Aún así, Darren Aronofsky ha conseguido explotar la idea desde su punto de vista y darle suficiente personalidad a su historia y suficiente alma a sus personajes de forma que, por mucho que estuvieras sobre aviso, no pensarás en "Perfect Blue" en ningún momento mientras ves "Cisne negro". Sólo al hacer balance el día después, te das cuenta de esos paralelismos. Es muy interesante comprobar lo que ha hecho Aronofsky cuando conoces el material original.

Conclusión: no tengáis miedo de que os decepcione, hay que verla. Hay que estar dispuesto a cambiar para llegar a ser uno mismo.

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Evangelion 2.0: You Can (NOT) Advance

Faltan 6 días.
Y mientras yo esté en Elche bailoteando en FaldaPantalón, los japoneses disfrutarán de las nuevas vicisitudes de Shinji, Asuka, Rei, Kaworu y Mari Illustrious.

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Yawara! - Ets cinturó negre, negre, negre

Hace años me enganché a "Monster", un manga de Naoki Urasawa en plan thriller sobre un misterioso asesino en serie y el médico que le salvó la vida cuando era pequeñó y ahora le busca para matarlo. Tardé varios tomos en darme cuenta de que ese estilo de dibujo me sonaba muchísimo, pero no conseguía ubicarlo. Hasta que recordé "Cinturó negre", un anime que me tuvo enganchado en los 90. Y até cabos, eran del mismo autor.

Más tarde, Urasawa me deleitaría con otro thriller de ciencia ficción excelente y apocalíptico, "20th Century Boys". Pero en los 90, me enganchó con una historia mucho más sencilla que ahora Glénat ha tenido a bien editar (sólo en catalán). Ayer me compré el primer volumen y ha sido como volver a aquellos días que salía del instituto, iba a buscar a mi hermano al cole, merendábamos, nos tragábamos el Club Super 3, y al final, justo antes de la gran "Helena, quina canya!" (otro día hablaré de ella), daban "Cinturó negre".

Trata de Yawara (Ginger en catalán) Inokuma, una adolescente que pertenece a una familia de tradición judoka. Su padre desaparecido y su abuelo, que cuida de ella, fueron ambos dos de los luchadores de judo más importantes de Japón. El abuelo quiere que su nieta entrene duro y continúe la senda familiar, pero Yawara prefiere ser "una chica normal" (entendiendo por chica normal comprarse ropa, maquillarse y encontrar novio). En medio se cruza un periodista deportivo de poca monta que la sigue esperando dar con una joven promesa, una ricachona que justo empieza a practicar judo y ansía encontrar una rival a su altura, el prometido apuesto y rico de la ricachona, y unas compañeras de clase que desean que alguien les enseñe judo. Y con las Olímpiadas de Barcelona 92 (las primeras que incluyeron el judo femenino) como fondo, tenemos este manganime de enredos amorosos y deporte.

Es divertido cuando algo tan chorras y alejado de lo que te suele gustar consigue engancharte de principio a fin. Y aquí estoy, disfrutando de nuevo de las aventuras y amoríos de Ginger Inokuma...

Ippon seoi!