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Mysterious times

Estos días ando leyendo a Agatha Christie. La alterno con otras lecturas, para mantener cierta capacidad de sorpresa. Que no me pase como con Sherlock Holmes, que me leí todas sus aventuras del tirón y al final siempre adivinaba por dónde había que tirar del hilo. La solución no, eso estaba solo al alcance del mejor detective.


Ya había visto con mi abuela muchas de las adaptaciones televisivas de los casos de Hércules Poirot y Miss Marple. Pero aún no había leído ninguna de las novelas. En su momento tuvieron que causar sensación hechos tan truculentos donde además, la clasista clase alta salía siempre mal parada ya que eran capaces de cualquier crimen con tal de mantener su estatus. Ahora no nos pilla de nuevo, eso.

Me estoy divirtiendo con las obras completas de esta mujer. Lectura fácil para el verano, que le llaman. Lo mejor de todo es que, entre asesinato y asesinato, Agatha Christie, la autora de best-sellers para el consumo masivo, dejaba caer frases antológicas:

Esto es arte. Pagar el precio, sufrir, perseverar, y al final no solo haberlo aprendido todo, sino tener también el poder de volver atrás, de tornar al principio y recuperar la belleza perdida, y el corazón de un niño. (El canto del cisne)


La ventaja de una isla consiste en la imposibilidad que tiene el viajero de ir más lejos. Parece haber llegado al fin del mundo. (Diez negritos)
 Seguiré leyendo.

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Right in front of you

Ya lo decía Sherlock Holmes. Tienes que fijarte en los detalles pero sin perderte en ellos. Mantener la visión general. Recordar que cada detalle es sólo otra pieza, no un todo que deba pesar más que el resto. Como en los museos, a veces hay que dar un paso atrás para apreciar el cuadro en todo su esplendor.


Ayer descubrí un portal precioso en una calle que frecuento. Es un portal antiguo, seguramente centenario, de hierro forjado, con un dragón. Nunca lo había visto. Al pasar por ahí me fijaba en la tienda de al lado, soltaba una risita porque tenía un nombre gracioso. Y me perdía el portal, tan vistoso. Tan fotografiable. Ayer, en cambio, como iba hablando, no me fijé en la tienda sino en el portal.

Pero así somos. Tan preocupados por la mota de polvo que no apreciamos la majestuosa estantería en la que se ha posado. Los libros que hay en ella. Las lecturas que nos ofrecen, la chimenea que hay debajo, y el espejo, y la enorme habitación que refleja, la puerta entreabierta. Tantas cosas cerca y tu dedo sólo señalaba el polvo.


Si hay mar, no contemos las gotas. Exploremos las olas, las profundidades, las orillas, todos y cada uno de los rincones a nuestro alcance. Disfrutemos el sabor de la sal, la frescura del agua, el tacto de las algas que se escurren, la puesta de sol en el horizonte, el canto de las gaviotas. La certeza de que navegamos juntos. Suma los detalles: 2 y 2 son 4. Siempre lo supiste, ya es hora de que te lo creas.

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Michel Coquet - Iaido. El arte de cortar el ego

"Desea el fruto de tu acto
y te conviertes inmediatamente en esclavo de ese deseo."

El arte de cortar el ego. Título potente. Los libros llegan a ti y éste llegó a mis manos gracias a un cliente de la tienda. Estábamos hablando sobre textos clásicos de samuráis, mi favorito, el Hagakure, el que él estaba comprándome, el Libro de los Cinco Anillos, lo que tenían que aportar todos, y acabó recomendándome este título. Más moderno, de un autor francés que recogía las enseñanzas de un maestro japonés anónimo al que se le da el nombre en clave Takeuchi.


¿Qué es cortar el ego? No es negar su existencia. No es rechazar sus necesidades y deseos. Es justo lo contrario: aceptarlos como tales, comprenderlos para comprenderte, reconocerte como ese niño que reclama atención constante, hasta que nada de todo eso importa. Sólo ser ahora. Y disfrutarlo. "La naturaleza humana desea demasiadas cosas. Siempre quiere más y se olvida  de ser", dice el maestro Takeuchi a su alumno, y con el libro en las manos jurarías que se dirige a ti. Para alguien que está aprendiendo a fluir de verdad, no había libro más conveniente.

Es una falta de intuición y de respeto decidir los sentimientos de quien te guía. Es una afrenta porque es demostrarle una total falta de confianza. El ego no acepta ser excluido, no ser nada. Trata siempre de atraer la atención sobre él, busca siempre ser apreciado y recompensado. No quiere morir y se agarra desesperadamente a las formas y a los sentimientos que le relegan a su limitado universo. Has sido débil, pues ¿qué te importa quien te guía? Tienes tu sable ¿no es suficiente?

Ejemplos muy visuales que iban desmontando (reconstruyendo con las mismas piezas, en realidad, como si todo aprendizaje fuera un juego de LEGO) todo lo que dabas por indiscutible. Te tienes por alguien que se fija mucho en los pequeños detalles, como un aprendiz de Sherlock Holmes y entonces encuentras frases como éstas y entiendes al fin por qué Sherlock Holmes era tan bueno:

El detalle no cuenta, dice, sólo tiene importancia el conjunto de detalles. El detalle
nos confunde, pues se refiere a un solo aspecto del problema.

Piensas que es bueno fijarte en la belleza de todo, amas las cosas bellas, repartes sonrisas y canciones felices como quien regala autoayuda, todo es bello, pero ¿podrías ser fan de Madonna si la vieras, ya no usando el baño, sino como el conjunto de músculos y piel y sangre y vísceras que en realidad es y no la idea que representa? ¿Podrías amar a alguien hasta el punto de abrazarlo como un simple ser humano?

Hay que admirar el jardín por lo que es y no por lo que parece en un breve instante. Aprecia lo que va a cambiar, adora lo que es eterno. Observa a un niño pero déjalo convertirse en hombre. Contempla las nubes pero déjales seguir su curso; contempla las flores, pero no te apenes cuando sus pétalos sean arrastrados por el viento.

Comprender que quieres ser agua y de momento eres hielo. El mismo elemento en etapas distintas.


Tu mente se cristaliza a menudo cuando debería ser constantemente como el agua, el agua que toma la forma del recipiente en que se encuentre sin oponerle ninguna resistencia. Por el contrario, has sido como un bloque de hielo cuya forma fue la de tu propio ego.

Como cuando preparas una copa y los cubitos son demasiado anchos para el vaso, y en vez de esperar a que se ablanden o rociarlos con un poco de agua tibia, los incrustas a la fuerza, un golpe, otro, y acabas por romper el vaso. Los cubitos cabían en el vaso, sólo tenías que esperar. Paciencia, sin prisa, sin pausa: pasito a pasito, baldosa a baldosa, aprenderás a brillar. Comprenderás que existe una empuñadura porque tienes dos manos para sostenerla. Y cortarás.


El hombre es como una bombilla cubierta de varias capas de pintura. La luz está allí, pero las diversas capas de pintura impiden que se irradie. Ni somos las capas de pintura ni la bombilla de cristal. Únicamente somos la luz.

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Sherlock (Holmes)

"Stop boring me and think. It's the new sexy."

¿Cómo se desenvolvería Sherlock Holmes en la era 2.0? En la era de internet, los teléfonos móviles, el terrorismo internacional, los blogs, Twitter... ¿Cambiaría mucho el personaje? Podríamos pensar que sí, pero la serie británica Sherlock, que acaba de estrenar su segunda temporada consigue actualizar el personaje y al mismo tiempo, mantenerse fiel al estilo de las aventuras que Sir Arthur Conan Doyle escribió hace ya más de un siglo.


Cambia que el doctor Watson ahora en vez de publicar libros, abre un blog comentando los casos que resuelve su compañero de piso. Y la tecnología se actualiza, claro, complicando los casos, ahora más vistosos y trepidantes. Son capítulos largos, de más de una hora, pero pasan en un suspiro. Sherlock sigue siendo asocial y rematadamente inteligente, con un humor áspero que no pretende serlo; Watson tiene un punto entrañable que no parecía estar en los libros de Doyle. Hay bromas sobre una relación homosexual entre ambos, claro, pero quedan perfectas en el contexto actual. A destacar el nuevo James Moriarty, toda una reinvención del personaje. Uno estaba harto de ver siempre al mismo tipo de profesor que se mueve entre las sombras. Su presentación en la primera temporada me dejó sin habla.

La serie también es muy imaginativa a la hora de poner en escena el método deductivo de Sherlock Holmes. Textos, gráficos y números se pasean con libertad por la pantalla para indicarnos en qué se fija Sherlock, hay barridos imaginativos en los que la figura de Sherlock borra de la pantalla las personas que le aburren, los mensajes de móvil son carteles en el aire (en vez de un primerísimo primer plano para hacer publicidad del móvil en cuestión: qué diferencia con las series y las películas estadounidenses, qué respeto al producto). Una presentación moderna, a ratos digna de un vídeoclip, pero al mismo tiempo austera y totalmente acorde con el personaje. Y es que en todo momento se nota que la serie está hecha con un mimo absoluto, muy fiel al estilo de las aventuras originales. De hecho, casi todos los capítulos son adaptaciones libres (pero llenas de guiños) de casos famosos del detective.


Qué diferencia con otra revisión reciente del personaje de Sherlock Holmes, las películas de Guy Ritchie. Ver ayer en el cine Sherlock Holmes: A Game of Shadows y hoy el primer capítulo de la segunda temporada de Sherlock impacta, la verdad. Menudo cambio. Si la primera película más o menos funcionaba, sin abusar (demasiado) de la violencia, con el toque justo de humor gamberro y con una ambientación de época muy digna, la nueva película A Game of Shadows descarrila, convirtiéndose en una cinta de acción de un personaje que nos dicen que es Sherlock Holmes (¿nos lo creemos?).

Robert Downey Jr está tan desmadrado, llegando en casi cada escena a la autoparodia, que a ratos piensas si no será el Johnny Depp de Piratas del Caribe disfrazado de inglés victoriano. Jude Law (lo único que echo en falta de la nueva serie inglesa, cómo me gusta este hombre) hace lo que puede para compensar el amaneramiento de Downey Jr, pero lo tiene difícil. Y a todo esto, cuesta creer que Noomi Rapace fuera la Lisbeth Salander de la versión sueca de Los hombres que no amaban a las mujeres, porque de gitana zíngara hace aguas, la pobre.

La verdad es que viendo tamaño despropósito estaba convencido de que esta película era obra de algún director menor que se había visto con carta blanca para deshacer el correcto trabajo previo de Guy Ritchie. Hasta el uso de la cámara lenta se hace pesado en esta entrega, todo lo contrario que en la anterior. Pero no, en los créditos finales remarcan una y dos veces que el director sigue siendo Guy Ritchie. Debo decir que la única escena que me pareció realmente graciosa e ingeniosa es la más homoerótica de todas, cuando Sherlock y Holmes casi se ponen a follar en pleno tren.


En definitiva: dos formas totalmente distintas de actualizar un personaje clásico para los gustos del siglo XXI. Yo tengo clarísimo con cuál me quedo. La que lo moderniza drásticamente pero sigue dejándolo reconocible. La que nos enseña que la típica imagen de Sherlock con boina (algo que no aparece en los libros) es puramente accidental: un disfraz improvisado para evitar a los paparazzis. Humor, conocimiento del personaje original, ubicación en el contexto actual. Bravo por Sherlock. Mañana estrenan otro capítulo, por cierto, esta vez basado en El sabueso de los Baskerville. Con ganas de descubrir qué han inventado para este caso.

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Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio

If you hit a wall, you push through it.

Esto de las adaptaciones de obras míticas es peliagudo. No siempre las buenas adaptaciones son fieles al material original (por ejemplo: en ciertas cosas la chocante -pero genial- película de "Sherlock Holmes" de Guy Ritchie es más fiel a los libros que lo visto en las famosas adaptaciones televisivas, sublimes a su vez). Soy bastante purista de las cosas que me gustan, pero no absolutista. Considero que hay que saber equilibrar muy bien la fidelidad con el querer aportar algo nuevo (ya que de lo contrario: ¿para qué adaptar?, para ver lo mismo me quedo con lo original).


Por suerte o por desgracia, esto es arriesgado de hacer y aún más difícil de que quede bien. Así que acudí temblando al cine para ver la primera película de Tintín. Quería confiar en Spielberg y Jackson, pero no descartaba encontrarme con algo puramente palomitero, americano. Hollywoodiense, vaya. Los tráilers invitaban a ello.

Los temores se despejan en los primeros cinco minutos. Unos títulos de crédito sublimes (a nivel visual pero también sonoro: gran música jazzística de John Williams), plagados de guiños y detalles que continuarán apareciendo a lo largo de todo el metraje. Y justo después, un homenaje a Hergé que me pareció tiernísimo. Era como si quisieran dejar muy claro que no sólo conocen el material original, sino que también lo van a respetar.


La técnica que han utilizado (animación a partir de capturas de movimientos de actores reales) da unos resultados espectaculares. Eso sí: a la hora de caracterizar a los personajes, quedan mucho mejor todos los que conservan un punto de caricatura y huyen del realismo: Haddock, Hernández y Fernández (para mí siempre Dupond y Dupont), Dr. Sakharine, la Castafiore, Néstor, la tripulación del barco, los numerosos secundarios... todos ellos parecen recién salidos de las viñetas de Hergé. Es precisamente en el dúo protagonista, Tintín y Milú, donde algo no termina de encajar, quizá ese intento de hacerlos realistas. Aún así, te acostumbras pronto y, la verdad, sería difícil imaginar un resultado más satisfactorio. Las personalidades de todos los personajes están clavadas: ninguna queja en ese sentido (Haddock, por supuesto, se lleva las mejores frases).

Pero donde brilla especialmente la película es a la hora de combinar acción, misterio y comedia. Conservan el humor de las viñetas originales (enredos, golpes, casualidades fatales) pero le suman un plus de espectacularidad gracias al amplio presupuesto con el que cuenta una película de la industria norteamericana. Y así consiguen secuencias de acción deslumbrantes, adrenalínicas, que mejoran aún más un material, el de Hergé, que sobre papel ya era emocionante y espectacular y peliculero (persecuciones y cliffhangers página tras página). Se riza el rizo continuamente. Saltos temporales, planos secuencia, duelos a gran escala, transiciones de plano a plano... todo es puro ejercicio de espectáculo visual, aprovechando la ausencia de límites de la animación. Es como si Spielberg estuviera incluyendo todo lo que no podría en una película de Indiana Jones. Nada se le resiste.


Aunque la película use el título del cómic "El secreto del Unicornio", también adapta otros dos álbums: "El cangrejo de las pinzas de oro" (y mucho, no sólo una escena como se creía al principio) y, casi de refilón, "El tesoro de Rackham El Rojo" (es de este álbum del que echo en falta más elementos, como el mítico submarino con forma de tiburón). Pero curiosamente, la mezcla de argumentos no sólo es convincente, es que incluso en esos momentos donde se atreven a inventar escenas, sigues sintiendo que estás ante una película de Tintín, una aventura de Hergé, con sus personajes carismáticos, sus paisajes exóticos y sus aventuras sin respiro.

Id sin miedo: si ya os gustaba Tintín, os encantará la película. Y si no lo conocíais, al terminar la proyección correréis a la tienda de cómics más cercana. Bravo.

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Our aspirations are wrapped up in books


Hoy haré un repaso por todos esos libros que más me han marcado. Todo lo que me han enseñado y lo que me han hecho disfrutar. Me voy a dejar muchos en el tintero (es el problema de leer "demasiado" y no tener tan buena memoria como me gustaría), pero intentaré que esta selección sea un pequeño repaso de mi vida lectora. Y a vosotros, ¿qué libros os han marcado a fuego?


Michael Ende - La historia interminable
Ya lo dije hace un par de días: fue mi primer libro "de mayor". Sigue fascinándome cómo trata la relación que se establece entre un libro y su lector. Cómo incluso el libro más vendido consigue hacerte sentir su único lector mientras navegas entre sus páginas. Sólo yo he cruzado junto a Atreyu el oráculo de las esfinges. Imprescindible tener la edición con las ilustraciones que abren cada capítulo e impresión a dos tintas.
Los buenos libros te absorben absolutamente.




Andreu Martín + Jaume Ribera - Serie Flanagan
En este caso, no se trata de un solo libro, sino de toda una colección narrando las aventuras de Flanagan, un detective adolescente. De pequeño, mi sueño era ser detective. Con estos libros, aprendí que ni siquiera los detectives se libran de hacer los deberes y sufrir. Mucho humor y casos que enganchan. Novelas juveniles que se pueden disfrutar incluso de mayor. Porque si por algo destaca Flanagan es por describir mejor que nadie qué significa crecer. Libro a libro, creces y evolucionas con Flanagan. Mi favorito: "Los vampiros no creen en Flanagan", pero todos son fantásticos y aún hoy devoro cada nuevo libro de la serie que publican.
¿Ser detective? No hay nada más misterioso ni fascinante que vivir.




Michael Crichton - Parque Jurásico
Después de ver la película 4 veces en el cine, todavía me quedaban ganas para más dinosaurios, así que me compré el libro. Y me encontré la mejor novela de aventuras, además de la mejor novela de Michael Crichton. Una fábula sobre la codicia del ser humano, sobre cómo se ordena el caos, sobre cómo la naturaleza siempre encuentra su camino. Fascinante es poco. Mucho más que un best seller.
El libro siempre es mejor que la película.




Arthur Conan Doyle - Estudio en escarlata
Sherlock Holmes es un personaje imprescindible de la literatura. Drogadicto pero lúcido, antisocial pero con don de gentes, descuidado y analítico, científico y artista... Un cúmulo de contrastes que lo hacen único. Un consejo: no os leáis las aventuras completas de Sherlock Holmes de una tacada porque aparte de un empacho literario, llega un punto que detectas enseguida los trucos de Conan Doyle, los casos pierden todo su misterio. De todos modos, lo que más fascina de estos libros es el propio personaje de Sherlock Holmes, todo lo demás es accesorio para que él pueda lucirse. Mi favorito: "Estudio en escarlata".
Las respuestas están en los pequeños detalles.




Stephen King - It
Empecé con 11 o 12 años a devorar los libros del señor King. Y entre mucha morralla (que la tiene), hay verdaderas obras maestras: "Misery", "Carrie", "Apocalipsis", "La larga marcha", "El juego de Gerald", "La tienda", la saga "La Torre Oscura", etc. Pero "It" es el mejor de todos. Qué bien explota los miedos que todos hemos tenido. Un lavamanos nunca había sido tan terrorífico. Y si el problema de Stephen King son los finales (sus libros suelen desinflarse en la última recta), ésta es la excepción: qué llorera. El inevitable olvido.
La vida nos tiene reservados caminos separados para cada uno, y eso no es malo.


Terenci Moix - El día que murió Marilyn
Mi libro favorito de mi autor favorito. También fue el primero que me leí. Me enamoré ya de sus primeras frases: "A veces, aún te deseo. Quizá ahora mismo. Ahora, quizá te abrazaría. Pero siempre con miedo, siempre con miedo y un poco más de tedio". Retrato generacional. La posguerra a pie de calle. La aventura de hacerse mayor en un mundo donde los adultos son más inmaduros que tú mismo. Los amores y los amigos perdidos. Las vacaciones de verano que no volverán. Nostalgia en estado puro. No sólo del pasado: también nostalgia del futuro que no fue. Hay cierta despedida bajo la lluvia que me parece lo más emotivo y verdadero que se ha escrito jamás. Tengo pendiente releerlo, ya haré crítica completa en el blog.
Te conviertes en un verdadero adulto el día que te das cuenta que sólo puedes depender y apoyarte en ti mismo.


Oscar Wilde - El retrato de Dorian Gray
Y mi otro libro favorito junto al anterior. Una obra para la que no pasan los años; cada vez que la leo me parece más actual. Oscar Wilde en estado de gracia. Diálogos brillantes y una historia descarnada sobre la vanidad. El culto al físico por encima de todo lo demás, todo lo que sacrificamos a cambio de cosas fugaces. También habla de lo monstruosos que nos volvemos por culpa del amor... o de la ausencia de él. Recomiendo la lujosa edición de Galaxia Gutenberg, una maravilla.
Acepta tus defectos para vivir libremente y sin hacer daño a los demás.




Bret Easton Ellis - Glamorama
Después de dos autores tan recargados como Oscar Wilde y Terenci Moix, el estilo glacial de Bret Easton Ellis me impactó. Sus libros siempre retratan con precisión quirúrgica a gente perdida en un mundo absurdo del que no saben salir. Flotan por la vida dando torpes brazadas. Todas sus novelas son magníficas, pero personalmente me quedo con "Glamorama". Ese mundo de modelos terroristas y gente tan famosa que ya ni se reconocen unos a otros.
No busques la perfección: todo tiene manchas.


Mark Haddon - El curioso incidente del perro a medianoche
El mundo visto a través de los ojos de un niño autista. A estas alturas, quizá el libro os parecerá sobrevalorado, se le ha dado mucha publicidad. A mí me sigue pareciendo una joya. A través de las reglas "absurdas" por las que se rige el mundo de Christopher, te replanteas tu forma de entender lo que te rodea. ¿Por qué hay cosas que damos por sentadas? ¿Por qué un buen día es ése que hace un sol radiante y no el día que te cruzas con cinco coches rojos?
Nada como un cambio de enfoque para verlo todo más claro.




Chuck Palahniuk - Nana
Con un estilo clínico y salvaje parecido a Bret Easton Ellis (sin llegar a su altura), se trata de otro autor imprescindible, aunque sus 2 últimos libros (Rant y Snuff) sean espantosos. "Nana" me parece su mejor obra, incluso por encima de "El club de lucha" o "Monstruos invisibles". Una road movie enloquecida para destruir todos los ejemplares de un libro de poemas africanos con el poder de matar a quien lo escucha. Como siempre, Palahniuk no deja títere con cabeza. No tiene piedad. Nosotros tampoco.
A menudo olvidamos el poder de nuestras palabras.


Kazuo Ishiguro - Nunca me abandones
Triste y desolador. Durísimo, tan duro como esos días negros en que parece, que tu vida se derrumba. Al terminar el libro, no pude dejar de pensar en él durante semanas. Hablé más a fondo de todo lo que me transmitió esta historia en la crítica de la película. Una pequeña joya a la que afortunadamente, ahora se le hace un poco más de caso gracias a la película. Esta semana he vendido varios ejemplares en la tienda y no podía dejar de sonreír.
Aprovecha cada segundo, porque al final del día no hay mayor recompensa que haber vivido.


Haruki Murakami - Crónica del pájaro que da cuerda al mundo
Para mí (a falta de leer "1Q84"), el libro más críptico, intimista, apasionante y complejo del autor japonés de moda. Es de esos libros en los que "no pasa nada" y sin embargo te mantienen enganchado. No puedes soltarlo. Alucinas con el protagonista mientras su vida se va volviendo más y más absurda. Su mujer le ha dejado por causas desconocidas,, y en la búsqueda de respuestas, primero tendrá que volver a descubrir quién es él. Se rodeará de gente muy extraña que no sabes si quiere ayudarle o todo lo contrario.
No te reencontrarás a ti mismo en el fondo de un pozo: sal de ahí.




Paolo Giordano - La soledad de los números primos
Quizá el libro más bonito que he leído jamás. La sensibilidad de Giordano es única. Se fija en los pequeños gestos, defectos y manías de sus personajes para explicarte no sólo cómo es su vida: también cómo es la tuya. No me cansaré jamás de recomendar esta maravilla. Una oda a la compañía del silencio. Es un libro que todo el mundo debería leer, aunque muy poca gente será capaz de apreciarlo. O eso creía, porque hasta ahora me consta que todos los que lo han leído gracias a mi insistencia, han quedado fascinados por sus páginas. Siento que mi primera crítica no le hacía justicia a su grandeza, tengo que releerlo y recomentarlo.
Hay que aprender a soltar lastre y seguir adelante.

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What's there to see if I look closer?

A veces, me gusta imaginar las vidas de cierta gente con la que me cruzo por la calle, el metro o algún bar. No de una forma tan ultra analítica como Sherlock Holmes, que de un botón a medio caer y una mancha entre los dedos es capaz de contarte la vida, milagros y currículum completos de cualquiera, ni tampoco imagino las vidas de todo el mundo, desde luego. Pero de personas con un aura especial sí me gusta imaginar si están casados o tienen pareja, si son felices, de qué trabajan, o quizá qué estudian, qué han comido hoy, adónde se dirigen, su forma de ser, la importancia de sus gestos cotidianos (pestañear, caminar, cortar un bistec, llevarse la mano al bolsillo)... Son gente a la que no llegaré a conocer jamás, pero sin duda habría sido enriquecedor. Supongo que me sirve de entrenamiento para dar más vida a los personajes de mis novelas.


Lo que no me gusta es juzgar. Juzgar me parece mezquino. Hace años sí pecaba de criticón, lo admito, pero con el tiempo me gusta pensar que he madurado. Que he comprendido que nadie es perfecto pero, sobre todo, que todo el mundo es especial a su manera y tiene algo que aportar. Quedarse en la superficie es muy fácil, pero ahondar en una persona y darle una oportunidad resulta mucho más gratificante. Prefiero recordar que ese "viejo loco" dando patadas a una caja de zapatos habrá vivido una vida más intensa que la nuestra y que esa chica aún pintada de estatua humana bebiendo absenta en la mesa de la esquina de un bar conserva todas esas ilusiones que nosotros hemos olvidado. Que en una pareja donde ella es "demasiado mayor" para él y él "demasiado joven" para ella, de hecho ambos estarán gozando y aprendiendo mucho gracias a la edad del otro: esa diferencia de edad es la clave, no un escollo; que dos personas que "no encajan" en realidad están complementándose y dándose el uno al otro justo lo que necesitan, justo aquello que quienes les dicen que "no encajan" no podrían aportarles jamás.

Los seres humanos somos demasiado interesantes y complejos como para quedarse sólo en la fachada. Por eso sigo observando, sigo imaginando y, cuando es posible, conozco a las personas y disfruto de ellas.

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Veronica Mars ha escrito un crimen

Empecé a ver "Veronica Mars" con cierto desinterés, por la portada parecía la típica serie teen americana que daban en A3 y T5 a mediados de los 90. Y los primeros capítulos, no conecté con los personajes ni la trama general de Lily Kane, aunque me gustaba el tema de los minicasos detectivescos de cada capítulo. Pero Enric se la había comprado en DVD, así que había que hacer un esfuerzo para amortizar la inversión.


Y entonces, sabiamente, nuestro amigo Gelehrt nos recomendó que la viéramos en versión original. Y le hicimos caso. Y a partir de ahí empezamos a adorarlo absolutamente todo y nos devoramos la 1ª temporada en apenas dos semanas. Lo que hace un mal doblaje. Desde entonces tenemos terminantemente prohibido ver cualquier serie doblada.


Al acabar los 23 capítulos, lo pasamos fatal porque en España tardaban en salir los DVDs de las dos siguientes temporadas, pero aguantamos estoicamente, aprovechando que teníamos mil series en la recámara.


Hoy por fin hemos acabado de ver la 3ª temporada, pero descubriendo demasiado tarde que habíamos visto el último capítulo sin saberlo. Y es algo que odio que me pase, porque soy melodramático y me gusta recrearme en el drama de que se termina algo que me gusta, quejarme de que es el último episodio, llorar en la última escena, maldecir los últimos títulos de créditos.


En fin, Veronica Mars es tan chafardera y entrometida como Jessica Fletcher, tan analítica y meticulosa como Sherlock Holmes, tan divertida como Buffy Summers pero tan frágil como cualquiera de nosotros. Y es esa mezcla lo que la hace única y adorable. Ayuda mucho el carisma de Kristen Bell, me encanta su voz hasta el punto de que me encanta su voz en off, un recurso que suelo odiar en cualquier película o serie.


Ahora sólo queda esperar que el proyecto de la película en cines para continuar la historia de Veronica Mars se haga realidad y podamos ir a verla comiendo palomita dulces.