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Azul Oscuro Casi Negro

Quieres vivir fuera de la pecera. Pero la pecera mola.
(Sean)

Siempre había tenido ganas de verla y el otro día el comentario de un lector de este blog me animó a hacerlo por fin. Disfruto mucho con este feedback, que el blog no sólo sirva para contaros mis cosas sino también para que me recomendéis una película, por ejemplo. En el caso de "Azul Oscuro Casi Negro", no es lo que me esperaba, pero tampoco me arrepiento de haberla visto. Para nada. 99% recomendable.


"Azul Oscuro Casi Negro" nos muestra a una serie de personajes atrapados, inmóviles o inmovilizados, que ven cómo todo aquello que desean está siempre más allá de un muro o de un cristal. Muy cerca pero inalcanzable. (Recomiendo el análisis del blog La Linterna Mágica sobre el simbolismo de los muros en "Azul Oscuro Casi Negro".)
La película habla de esas mentiras que nos decimos para justificar nuestra infelicidad, de cómo nos sentimos muy cómodos dependiendo de los demás para encontrar soluciones, de cómo tenemos miedo de aceptar nuestra culpa, nuestras limitaciones. El muro lo creamos nosotros y, por tanto, también podemos derribarlo nosotros, pero de eso no nos damos cuenta (o lo hacemos tarde). "Es más sencillo ser la víctima que aceptar la propia responsabilidad", dice el libro "La ley del espejo". Y es verdad. A todos nos ha pasado eso de desear algo que sentimos inalcanzable, quejarnos por ello, buscar todas las excusas posibles para no darnos cuenta de que a veces la solución es tan sencilla como atreverse alargar la mano y tocar lo que ansiamos.

Los personajes viven unos dramones de órdago, pero no hay ninguna escena que llegue a emocionar. La película es demadiado contenida, incluso en escenas que deberían haber provocado algún estremecimiento o alguna lágrima. Esta contención parece algo intencionado y si bien entiendo que no se quiera caer en el melodrama barato, también considero que escenas tan duras como la confesión de Paula al explicar cómo acabó encerrada en la prisión deberían haberme hecho llorar, pero no lo hicieron.


Destaco la historia de amor de Jorge (Quim Gutiérrez) y Natalia (Eva Pallarés), preciosa en su irrealidad. En cierto modo, se quieren más cuánto más lejos están, cuánto más grueso es el muro que los separa. El desesperado egoísmo de Paula (Marta Etura) a ratos me sacó de quicio, aunque da lugar a los mejores diálogos ("¿Me querrás fuera de aquí?" "..."). El contrapunto cómico lo pone Sean, amigo del protagonista, interpretado por Raúl Arévalo. Los secretos que descubre de su padre, lo llevan a participar en unas sesiones de masaje muy divertidas donde poco a poco, se aceptará a sí mismo, y aceptará también a su padre.

"Azul Oscuro Casi Negro" es una buena película, con un reparto excelente (no me extrañan esos Goyas a Quim Gutiérrez y Antonio de la Torre, y las chicas también podrían habérselos llevado), pero a la que le falta un punto de emoción para acabar de ser redonda. Por cierto: muy significativa y preciosa la versión de "Imaginarte" de Lantana.


Te escudas en tu padre, en tu hermano, en mí. Pero eres tú mismo quien no te dejas vivir.
(Natalia)

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Begin a new beginning

Una habitación vacía antes de llenarla de muebles y cajas. Una habitación vacía antes de cerrar la puerta por última vez.

Una habitación con pintura descolorida y manchas antiguas. Una habitación aireándose después de pintarla a tu gusto.

Decir "Hasta luego". Decir "Adiós, buena suerte".

Una caja por cerrar, una caja por abrir.

Dejar las llaves en el vestíbulo, al despedirte. Dejar las llaves en la mesilla cada noche, al llegar.

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The Kids Are All Right

Odio ver la ganadora del Oscar a Mejor Película cuando la gala es aún tan reciente. Así que, si no la he visto (y suele ocurrir, porque mis favoritas o se van de vacío o ganan premios menos "importantes"), opto por alguna de las otras nominadas que tuviera pendiente. El miércoles por la noche le tocó a "The Kids Are All Right".


Se trata de una película modesta a la que, seguramente, sin ese dúo de actrices protagonistas (Julianne Moore y Annette Bening) no se le habría hecho el mismo caso. Me alegro de que estuviera nominada al Oscar, pero creo que ni de lejos se lo habría merecido ganar. Y con eso no digo que sea mala, sólo que no es "ese tipo de película".

Por lo demás, y sin entrar en demasiados spoilers, estamos ante un historia emotiva y sin demasiadas pretensiones. Una historia de críos que quieren jugar a ser adultos y adultos que se creen de vuelta de todo pero todavía tienen mucho que aprender, muchas hostias que darse. Los adultos educan a los críos, pero olvidan que también pueden aprender de ellos.

La química entre los 5 miembros de esta familia tan peculiar es muy, muy buena. Es gracias a eso que la película se salva de ser un vulgar film de domingo por la tarde. A ratos, no puede evitar caer cierta moralina made in USA (ni Los Simpson se salvan de eso), pero afortunadamente se pasa casi de puntillas por esos momentos.  Por cierto, no entiendo que se la catalogue de comedia. Es cierto que hay momentos más distendidos, pero desde luego el tono no es de comedia, sino de película realista, con sus risas y sus dramas (y de estos hay unos cuantos).


Me fascinó el personaje de Tanya, la ayudante y amante ocasional de Mark Ruffalo. Superguapa, superindependiente, superdivertida, superracional... hasta que las cosas se tuercen, claro. Y hablando de Mark Ruffalo... entre tú y yo: no me importaría tenerlo de donante, if you know what I mean. ¡Qué contorsionismo!

Supongo que la película me emocionó especialmente porque justo el otro día, valoraba la posibilidad de retomar el contacto con mi padre, al que hace 12 años que no veo, así que pude entender muy bien a esos hermanos que quieren conocer a su padre biológico y al conocerlo sienten una mezla de fascinación y decepción.

I wish you could've been... better.

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I love to be alive but I was not afraid to die


Es terrible ese instante en que, de golpe y porrazo, te das cuenta de que algún día morirás. Me pasa muy de vez en cuando, pero me pasa. Sí, todos sabemos que vamos a morir en un momento u otro, es inevitable, pero ¿no os pasa que de repente os dais cuenta de que vais a morir? Es una desazón extraña, como si pensases en la muerte sólo como algo abstracto y de pronto esa muerte se materializa en tu mente, ese miedo absoluto se hace un sitio en tu cerebro y te atenaza el corazón. Dura unos minutos, luego se pasa.

¿Por qué no se puede hablar de la muerte? ¿Por qué da tanto miedo? Todo el mundo habla de qué trabajo le gustaría tener o dónde le gustaría ir de viaje y luego ni se va de viaje ni consigue el trabajo... Pero ¿morir? Morir es algo que todo el mundo hará, y no se porqué la gente reacciona de forma extraña ante la muerte... 
(Dani en "Tu vida en 65 minutos")


Pues eso: ¿por qué nos asusta tanto la muerte? ¿Por qué cuanto mejor estamos, más nos asusta, más vulnerables somos? ¿Por todas las cosas que no llegaremos a hacer? ¿Porque sientes que por fin lo tienes todo y no quieres perderlo? ¿Los viajes que se quedarán sólo en planes y sueños sin cumplir? ¿Ese libro que nunca escribiremos? ¿Por no haber disfrutado lo suficiente, no haber sido lo bastante felices? ¿Porque todavía nos queda mucho por compartir con esa persona? ¿Por las cosas que nunca dijimos? ¿Los rencores que ya nunca cicatrizarán? ¿Por el temor de no haber dejado huella, que nos olviden demasiado rápido? ¿Las series que dejaremos a medias? ¿Los discos y los conciertos y las películas que nunca disfrutaremos? ¿Por no llegar a saber cómo será el futuro, la vida en el año 2100?

Y aún así, y siguiendo con los tópicos, saber que algún día todo terminará, es lo que nos empuja a disfrutar cada instante, cada día como si fueran los últimos. Cualquier momento es bonito si sabes apreciarlo. No hay que desperdiciar ninguna oportunidad de ser feliz.

-¿Por qué estamos vivos? -pregunté de sopetón.
-No lo sé -me respondió él, con simplicidad.
"No lo sé". Las palabras de Hanada resonaron en mi cabeza. No lo sé. No lo sabe nadie. La lluvía volvía a caer con más intensidad. 
(Algo que brilla como el mar, Hiromi Kawakami)

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Tu vida en 65 minutos

¿Quieres mirar la lavadora conmigo?

Siguiendo la recomendación de un amigo de cuyo criterio me fío, me dispuse a ver esta película de María Ripoll, adaptación de una obra de teatro de Albert Espinosa. De ella, me gustó hace cosa de 12 o 13 años la película "Lluvia en los zapatos" y de él, tengo pendiente leerme el libro "Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo" (ya el título es fascinante, como el de "Tu vida en 65 minutos").

Me gusta esa sensación de incertidumbe y entusiasmo casi infantil al empezar a ver una película sin saber nada sobre ella: ni el argumento, ni la temática o el género, ni siquiera cómo es el póster. Sólo sabía que le gustaba a mi amigo y que en algún momento debía haber una escena de gente comiendo una paella junto al mar.


Esa mañana había estado hablando con una amiga de casualidades y señales, de esos indicios que se van enlazando mágicamente, como pequeños faros que te indican o te recuerdan que vas por buen camino. Es un tema que me fascina y al que ya le dediqué una entrada en el blog hace varias semanas. Pues bien: de eso mismo va "Tu vida en 65 minutos". De ir al funeral equivocado y conocer allí al amor de tu vida. De encuentros fortuitos, coincidencias, puntos en común en las vidas de gente que cree no conocerse, pequeñas mentiras que llevan a grandes verdades, equívocos y desgracias de las que acaban saliendo cosas buenas. Lo dice el protagonista, Dani: "Es lo que tienen las casualidades, que a veces significan más cosas". No habría sabido expresarlo mejor.

Pero como no podía ser de otra manera tratándose de una obra de Albert Espinosa, "Tu vida en 65 minutos" también trata de la muerte. Mejor dicho: de quitarnos de encima ese miedo a la muerte. De disfrutar cada instante y aprovechar cada oportunidad como si fueran los últimos, porque pueden ser los últimos. Así, la película es un canto a la vida, sin olvidar que la muerte es un paso más en esa vida, el único paso inevitable. Es bonito comprobar que, mientras unas vidas terminan, otras cobran sentido en esos funerales de la película.


 También es un canto a la amistad. Y una invitación a fijarse en esos detalles insignificantes que, de algún modo, le dan sentido a todo: el ciclo de la lavadora, un centro comercial, el póster de una película, un partido de futbol, una camiseta, el tren de lavado, las cosquillas de un amigo, las preguntas que no quieres contestar, anécdotas fascinantes y anécdotas que podrían haber sido verdad.

Esos 65 minutos del título me intrigaban incluso al acabar los títulos de crédito. ¿Se referían a lo que dura el ciclo de una lavadora? ¿Ocurría algo en el minuto 65 que se me pasó por alto? ¿Era sólo una licencia estilística, aprovechando la bella historia de las redacciones de 65 palabras? Pues no: resulta que la obra de teatro original duraba exactamente eso, 65 minutos, y aunque la película sea un poco más larga, mantuvieron el título porque sonaba mejor 65 que 85 minutos.


A una historia que te va enamorando escena a escena y unos diálogos brutales (de esos que te hacen apuntar una frase tras otra), se suman una puesta en escena muy de vídeoclip y publicidad, y sobre todo unos actores y unas actrices que parecen nacidos para esos papeles. Al apostar por caras poco conocidas (aunque muchos de ellos sí te sonarán si has visto series de TV3), la película gana en espontaneidad. Quizá habría actores más curtidos, con más tablas, pero ninguno como los que eligieron darían tanta vida y naturalidad a sus personajes. Entre Javier Pereira y Tamara Arias hay una química instantánea, sus sonrisas llenan la pantalla, pero es que todos están estupendos: Oriol Vila, Marc Rodríguez, Nuria Gago... Me enamoré del personaje de Irene Montalà, y eso que apenas la ves 3 minutos en la penumbra de un cine.

Y a destacar también, y sobre todo, la banda sonora. Una selección de canciones perfecta, todas muy de anuncio, sin ser eso malo: todo lo contrario. Se nota un esfuerzo por buscar la canción que reforzará cada escena y le dará el punto de emoción necesario (por letra, por melodía, por arreglos musicales). Hay cortes instrumentales, hay temas cantados, hay versiones de The Cure por parte de grupos poco conocidos... Yo ya estoy buscando el CD. El cover de "Por qué te vas" de Javier Álvarez me ha robado el alma.


Lánzate, por una vez. A ver qué pasa. 

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Y será o no será la verdad, qué más da

No somos conscientes de lo expuestos que estamos. Es decir: sí, compartimos públicamente pedazos de nuestra vida en nuestros Facebooks, Twitters, blogs, etc. Y lo hacemos para que la gente lo sepa, claro. ¿Pero realmente nos damos cuenta de que la gente lo sabe? Yo creo que no.

¿No os ha pasado nunca que colgáis algo en Facebook (un estado, una foto, una canción...) y de repente contesta alguien a quien casi habías olvidado que lo tenías añadido? Entonces te das cuenta de que esa persona, a la que quizá tú tenías oculta porque hace años que no sabes mucho de ella y en el fondo no te interesa su vida, siempre ha estado leyéndote y viendo todo lo que cuelgas. Parece como si sólo nos leyeran quienes responden o interactúan a menudo con nosotros, pero no es así.


Hablaba el otro día con la amiga de un amigo, ella se interesó por los últimos meses de mi vida y me mencionó cierto comentario que puse sobre una visita a Museum, desde diciembre mi nuevo sitio favorito de Barcelona. Yo decía algo como: "Y para mi sorpresa, el más buenorro del local era italiano, con lo que me gustan". Ella había interpretado mi frase a su manera, dándole un sentido muy distinto al que yo pretendía. Quienes me conocen bien, saben que en general odio a los italianos (siempre generalizando, claro: no quita que haya italianos que me encanten -empezando por Nek y sus ojazos-, como Ana Botella tengo amigos italianos, y soy consciente de que es una exageración, una broma entre amigos). Si alguien me causa problemas en un concierto o en medio de la calle durante un viaje, suelen ser italianos, sobre todo italianas, tan raciales ellas. En fin, private jokes, especialmente con mi amiga Esther, que comparte conmigo ese odio irracional.

Pues bien, al descubrir que esta chica había intuido cierta maldad en la frase (la definió como "un puñal"), me di cuenta de que durante estos últimos 3 meses, he podido colgar en Facebook ciertas frases y ciertas canciones y escrito en mi blog ciertas entradas que la gente puede haber interpretado a saber cómo. Compartimos las cosas sin tener en cuenta su posible repercursión, obviando la visión sesgada que dan de nosotros. Nos mostramos al mundo con la falsa seguridad de que los demás entenderán las cosas igual que las entendemos nosotros, que compartirán nuestra felicidad, no entenderán o perdonarán los puñales envenenados que lancemos y sólo verán cosas buenas en nuestras frases más crípticas. Por desgracia, no es así. No puede ser así.

Ya lo dicen en Neon Genesis Evangelion: "Existen muchos Shinji Ikari. Existe el Shinji Ikari que tú crees ser, pero también existe un Shinji Ikari distinto en el corazón de cada una de las personas que te rodean." Y es cierto: tú te ves de una forma e intentas proyectarlo así, pero después cada persona te ve desde su punto de vista, desde su prisma, se crea una imagen de ti única. Es lógico que sea así.


No me gusta ser explícito a la hora de hablar de mi vida en el blog o en Facebook, prefiero ser más sutil, pero quizá la sutileza es más peligrosa. Es como los mejores libros, las mejores películas o los mejores poemas, esos que no te lanzan el mensaje a la cara sino que lo dejan en el aire para que lo deguste tu imaginación: cada cual los saborea a su manera, y si intercambias sensaciones con otra persona, te sorprenderás al saber que lo habéis interpretado de formas tan diferentes, a veces incluso opuestas.

Estos últimos 3 meses, he olvidado que ante todo había gente leyéndome, gente que no tenía porqué entender igual que yo lo que escribo, gente que podía extrañarse, sentirse incómoda o incluso molestarse ante ciertas cosas. No me arrepiento de nada que haya colgado, no me retracto ni mucho menos. Para nada. ¿Que habré colgado cosas inapropiadas? Seguro. Todos nos equivocamos. Estoy muy contento del proceso que estoy viviendo, estoy muy orgulloso de esta nueva etapa en el blog y mi Facebook es eso: mi Facebook. Pero aún así, os pido disculpas a todos, especialmente a las 113 amigos en común (se dice pronto: 113 personas) que tenía con la persona con quien ya no comparto mi vida, por no haber tenido en cuenta lo que podríais pensar. Pero también espero que recordéis (recordemos: me incluyo en estos consejos) dos cosas.

La primera, que en toda historia del final de una pareja siempre hay dos versiones. Ninguna es más cierta, ninguna es menos cierta. Ninguna es más o menos válida. A menos que seáis bipolares, nadie os puede pedir que entendáis o apoyéis las dos versiones. Yo no os lo pido. Pero por eso mismo, también conviene recordar que nunca hay una víctima y un verdugo, que nunca hay uno que sufre y otro que se alegra. Todos somos víctimas, todos cometemos errores y todos sufrimos, o todos hemos sufrido. Cada cual a su manera y cada cual a su ritmo. Este último año he vivido de cerca unas cuantas rupturas y he aprendido muy bien que nadie se salva de ser imperfecto. Que alguien haya actuado bien o mal dependerá siempre del prisma desde el que lo contemples.

Las cosas ocurren como tienen que ocurrir. Sin más. No hay que perder el tiempo odiando ni echando las culpas. Es lógico decantarse más por una persona, ya lo puse en mi entrada sobre las rupturas, pero no hay que perder de vista que el otro también lleva su carga. Cuando colgamos o contestamos a una foto o a un estado, hay que tener muy presente que lo va a leer todo el mundo, y que ese mundo quizá o quizá no lo comentará con otras personas. En cualquier caso, estás haciendo público tu punto de vista, lo que apoyas y lo que no, y lo que a ti te parece inocente puede sentarle muy mal a otro. Y cuando decimos de alguien: "No le reconozco, cuánto ha cambiado", en verdad deberíamos pensar: "No me he interesado por conocer su historia, saber qué hay detrás de ese cambio".


El otro día, odié a una amiga por cierta respuesta suya en una foto. Lo vi como una traición, no entendí que después de lo que hemos pasado juntos, ella pusiera aquel comentario en aquella foto, precisamente aquella foto. Pero me lo callé. Ayer esa amiga, sin previo aviso, me envió una canción preciosa y entendí que no hay que hablar de traiciones. Simplemente, las cosas ocurren. Nos posicionamos, hablamos, compartimos. No queremos ser malos: sólo intentamos seguir adelante. Nada más. Por eso, me he dado cuenta de que prefiero no juzgar a nadie, y espero que nadie me juzgue a mí tampoco.

En ese sentido, la segunda cosa que debemos recordar es que nadie le puede pedir a una persona que deje de vivir su vida. Es duro, es egoísta, es injusto: lo que queráis. Pero es así. Y Facebook y Twitter y los blogs están para que compartamos nuestras vidas. Para bien y para mal. Quien no quiera entrar en ese juego, está en su derecho. Mi madre no tiene Facebook, por ejemplo. Pero si estamos metidos en la vida 2.0, hay que aceptar que los demás también están viviendo, que nadie nos debe nada, y que habrá cosas que no entendamos y cosas que nos sienten mal, claro, pero es inevitable y está bien que sea así.
 
Cada cual tiene que encontrar su camino. Yo ahora mismo estoy descubriendo el mío. Y a veces tropezaré, por mucho que en adelante intente ser respetuoso (con mi pasado y con toda la gente que tengo añadida), sé que a veces diré frases que chocarán pero espero decir también cosas que hagan sonreír. Colgar canciones bonitas si estoy bien y canciones tristes si estoy mal. Y colgarlas sin maldad. Al final, lo importante es vivir de una forma que nos haga felices. Hay que mantener un mínimo de respeto y compostura, claro. Pido disculpas nuevamente si os ha parecido que había momentos en que no actuaba así. Sé que hay una entrada muy concreta que quizá no fuera acertada y además se prestaba a malentendidos. No hay que olvidar que la gente nos lee y nos interpreta. Al fin y al cabo, compartimos para que nos lean, y nos leen porque compartimos. Pero por eso mismo, porque hay lectores, ¿por qué deberías encerrar una sonrisa en una caja oscura? Si sonríes, es para compartirlo con el mundo. Para mirar de frente al sol y que esa sonrisa sea aún más blanca. Y ya lo siento, pero nunca sabréis cuánto necesitaba sonreír como sonrío ahora.

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Black Swan / Cisne negro

El domingo estaba en el tren de vuelta a Barcelona y me dio el ramalazo: me apetecía ir al cine a ver "Cisne negro". Y allí que nos fuimos. Pagué la entrada con ilusión, pero también con cierto escepticismo. Cuando tooodo el mundo pone algo por las nubes, a mí suele decepcionarme. Me pasó con "Misfits", por ejemplo. Y con muchísimas películas que todos adoran y a mí me dejaron indifernete. Falsa alarma: a los 5 minutos ya estaba enamorado de "Cisne negro", y ese enamoramiento duró todo el metraje.


Una historia sobre la obsesión por el perfeccionismo, el frustrante afán de superación al no darse cuenta de que las barreras nos las ponemos nosotros mismos. Culpar a los demás de nuestros miedos y bloqueos. Está claro que no hay que llegar al punto de locura de Nina, pero sí que se pueden extraer lecciones muy interesantes de la lucha de esta bailarina por ser perfecta a través de la imperfección.

Creo que es algo con lo que todos nos podemos sentir identificados. Precisamente, me vino de perlas ver esta película en este momento de mi vida. A veces me preocupa tanto hacer las cosas bien, ir con pies de plomo, que me obsesiono y acabo haciéndolas mal, o de forma forzada. Hay que ser natural, hay que sentir y dejar fluir. Permitir que crezca el cisne negro de nuestro interior para que el cisne blanco que somos brille con todo su esplendor. Como comentamos Jose y yo al salir del cine, es muy significativo que el fundido final sea a blanco.

También debo aplicar esta lección a la hora de bailar: el recuerdo de una noche, con 15 o 16 años, de unos compañeros riéndose de cómo bailaba yo, hace que aún hoy en día baile acartonado e incómodo. Pues no tiene que ser así. Es absurdo que ese recuerdo siga obsesionándome hoy en día. Cisne negro, allá voy.


No es ninguna sorpresa que Natalie Portman borda el papel, llena cada plano. Hubiera sido un tongo que no ganase el Oscar. Más me han sorprendido todos los demás actores y actrices: excelentes Vincent Cassel, Winona Ryder, Mila Kunis y Barbara Hershey. Y me sorprendí especialmente al ponerme cachondísimo con la tórrida escena lésbica. Me consuela saber que no soy el único gay a quien le pasó.

En su día, leí que "Cisne negro" era una adaptación extraoficial de "Perfect Blue", gran película del genio del anime Satoshi Kon. En su día, Darren Aronofsky compró los derechos de "Perfect Blue" para poder recrear la escena de la bañera en su "Réquiem por un sueño". Y es cierto que entre "Perfect Blue" y "Cisne negro" hay muchas similitudes y paralelismos innegables, pero más que adaptación habría que hablar de inspiración. Parten de una premisa parecida para conseguir un resultado distinto y único. Las protagonistas se llaman de forma sospechosamente similar (Mima y Nina), una es cantante J-Pop y la otra bailarina, pero ambas llevan tutú; ambas sienten la presión de ser perfectas en su trabajo, ambas tienen que enfrentarse a cambios drásticos y romper tabúes para dejar de ser esas niñas sobreprotegidas e ingenuas, ambas empiezan a tener alucinaciones y sufrir la persecución de una doble suya.

La historia, la forma de retratar esa obsesión y la resolución final son muy distintas, aunque bien es cierto que "Cisne negro" podría haber tenido otros últimos 5 minutos (sin alterar nada más del metraje) y acabar igual que "Perfect Blue": los personajes de la madre de Nina y la asistente de Mima no son tan diferentes. Aún así, Darren Aronofsky ha conseguido explotar la idea desde su punto de vista y darle suficiente personalidad a su historia y suficiente alma a sus personajes de forma que, por mucho que estuvieras sobre aviso, no pensarás en "Perfect Blue" en ningún momento mientras ves "Cisne negro". Sólo al hacer balance el día después, te das cuenta de esos paralelismos. Es muy interesante comprobar lo que ha hecho Aronofsky cuando conoces el material original.

Conclusión: no tengáis miedo de que os decepcione, hay que verla. Hay que estar dispuesto a cambiar para llegar a ser uno mismo.