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David Monteagudo - Marcos Montes

Si pones tanto empeño en pasar desapercibido, en que te dejen en paz... corres el riesgo de conseguirlo, de que realmente la gente se olvide de que estás ahí.

Después del impactante Fin, no sabía muy bien qué esperar del segundo libro de este autor gallego afincado en Cataluña. Me sorprendió su extensión, apenas un relato largo de 100 páginas. Y, dada su temática (un minero se queda atrapado tras un accidente), ya supuse que lo habían publicado antes que otros libros que David Monteagudo ya tiene preparados, aprovechando la repercusión de aquella noticia sobre el rescate de los 33 mineros de Chile.


"Marcos Montes" impacta. No tanto como "Fin", ni de lejos, pero lo hace. Y lo hace a pesar de sus muchos fallos, de momentos en los que parece que la novela descarrilará (ese extenso y ridículo diálogo del tercer capítulo...) y a pesar de volverse muy previsible a partir de cierto punto. Se nota además cierto regusto autobiográfico que "Fin" no tenía: al leer acerca del trabajo en la mina, monótono, mecánico y al mismo tiempo peligroso, trabajo solitario en el que el protagonista consigue refugiarse, abstraerse por completo y reflexionar horas y horas sobre sus cosas, no pude evitar acordarme de que este escritor -de una sensibilidad tan especial- trabaja en una fábrica de cartones.

Parece que David Monteagudo es experto en someter a sus personajes a una experiencia traumática, una amenaza tan absoluta como desconocida, nunca queda claro lo que ocurre: los personajes corren peligro, lo sienten ellos y lo sientes tú, de repente se crea una densa atmósfera de terror (ya sea en los exteriores soleados de "Fin" o la oscuridad total de la mina de "Marcos Montes"), pero nadie puede precisar cómo ni porqué hemos llegado a este punto. Quizá por eso da tanto miedo, tanta angustia. Y es precisamente el peso de esta amenaza invisible lo que obliga a los personajes a enfrentarse a sus propios miedos y sus traumas, les sirve de catarsis para que evolucionen, aprendan, se perdonen. Palpando las paredes y las vigas de la mina, avanzando hacia un futuro incierto, Marcos descubrirá que nunca es demasiado tarde para superar el sentimiento de culpa y luchará contra los peligros de querer pasar desapercibido.


Me ha gustado, pero como libro es muy, muy inferior a "Fin"; de hecho, David Monteagudo lo escribió antes y se nota, su prosa aquí es más inexperta, insegura. No le habría venido mal una reescritura prescindiendo de ciertos pasajes (y de Gabriel, sobre todo prescindiendo de Gabriel), apostando por la soledad pura y dura de Marcos, su viaje catárquico. Espero que para el siguiente libro publicado de este escritor, la editorial se guíe por la calidad del libro y no por el oportunismo de su temática, porque lo contrario sería injusto para tanto talento.

Pensó que sería un sufrimiento inútil, el que padecería ella, como lo eran todos los que los seres humanos se empecinaban en cultivar anticipando, temiendo desgracias que la mayoría de las veces no llegan a cumplirse.

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David Monteagudo - Fin

-Creo que hemos venido aquí para eso -dice Cova buscando los ojos de Hugo-, para acabar. Todo se ha acabado, también nosotros, nuestro matrimonio, nosotros mismos... Esto es el final, ¿no lo entiendes? ¡Es el final de todo!

No es habitual que un libro de la editorial Acantilado (que sólo publica Literatura) se convierta en superventas. Así que cuando el pasado Sant Jordi noté que "Fin" de David Monteagudo iba a ser uno de los más vendidos (y sí, al final lo fue), me sorprendí y me alegré. No lo había leído todavía, pero si lo publica Acantilado tienes la garantía de que un mínimo de calidad tendrá. Hoy me he enterado de que Alejandro Amenábar ha comprado los derechos de adaptación del libro. He esperado casi un año a leerlo. Como siempre, parece que los libros no se enfadan, esperan pacientemente a que los cojas en el momento idóneo.


El argumento no es gran cosa: un grupo de amigos se reúne en un refugio de montaña para hablar y ver las estrellas, y recordar así la última noche que pasaron juntos hace 25 años. Se produce un apagón y las estrellas brillan más que nunca. A la mañana siguiente, uno de ellos desaparece. La tensión desata viejas rencillas enterradas, pero nunca olvidadas. Y así, lo que empieza como una versión castiza del "Cazador de sueños" de Stephen King (libro que tras 100 páginas prometedoras se derrumba y es uno de los libros más ridículos del autor), pasa a ser una especie de "Diez negritos" de Agatha Christie en medio de la desolación de "La carretera" de Cormac McCarthy.

Desolación es la palabra clave de "Fin". Porque el libro te atrapa, no puedes soltarlo (yo lo he leído en apenas 4 días), pero te deja más y más desolado página tras página. Intuyes lo que ocurrirá, pero sigues leyendo con la esperanza de estar equivocado. No hay efectos especiales, sólo un magistral trabajo de personajes: los llegas a conocer tanto que sufres con ellos; sientes su miedo, su desorientación, su necesidad de respuestas e incluso su odio.


Los diálogos son espectaculares: parece que haya una grabadora registrando todo lo que hablan los personajes y reproduciéndolo tal cual en el libro; oyes sus voces, las reconoces sin necesidad de que se especifique quién dice qué. El narrador, por su parte, es despiadado: se comporta como una cámara enfocando de un lado a otro, deslizándose en silencio, sin juzgar pero sin ofrecer ayuda tampoco. Y la ambientación resulta terrorífica incluso a pleno sol, con destellos de una naturaleza cada vez más desatada. No hay escapatoria.

"Fin" mezcla géneros: drama, realismo, ciencia ficción, terror. Más allá de etiquetas, considero que esta historia es una contundente alegoría sobre los efectos devastadores del desprecio, el sentimiento de culpa, el rechazo, los reproches, la incapacidad de pedir perdón. Lo cierras temblando, en plena catarsis. Para mí, este "Fin" ha supuesto un nuevo e instructivo comienzo.