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Top 10 Álbums de 2012

Ha sido un año curioso. De muchas canciones pero pocos discos. De buscar nuevos horizontes, porque los que ya conocía (Mika, The Killers, Pet Shop Boys, Marilyn Manson...) no acababan de acertar en la diana. Pero está bien: gracias a eso, he descubierto más música nueva que nunca.


Música que me ha acompañado a lo largo y ancho de estos 12 meses y las nuevas experiencias que han traído con ellos. No dejaba de repetir "esto no lo había hecho nunca", mientras el modo aleatorio me sorprendía haciendo saltar una canción que se ajustaba a ese momento. Como siempre, hay una lista de Spotify con el primer tema de cada disco para amenizar la lectura. Y empezamos con...

10. Elton John vs Pnau - Good Morning To The Night
Tocaba reinventarse. De la mejor manera: mezclando, arriesgando, irreconocible pero acogedor, convirtiendo en alegría lo que era tristeza. Este verano no habría sonado otra cosa en la radio de mi descapotable, si lo tuviera. Ocho temas que te cargan las pilas. Juventud redescubierta. Así da gusto.

9. Alphabeat - Express Non-Stop
Deberíamos vivir siempre enamorados, decía un libro reciente, porque cuando estás enamorado, cada día es una lluvia de confettis y el mundo parece mejor a pesar de todo. Alphabeat lo entienden a la perfección y por eso homenajean el Amor con un disco eufórico. Pop chicle danés del bueno. Para bailar en tu fiesta de graduación.

8. Words and Music by Saint Etienne
El homenaje de Saint Etienne es, en cambio, para la Música. Con la que crecieron, la que escuchan, la que les gusta hacer. Las letras de este disco son cartas de amor a la música y el mundo que la rodea. Top of the pops, el primer disco que te compras, el concierto de tu grupo favorito. Words and Music te conquista poco a poco.

7. Madonna - MDNA
Originalmente, no iba a incluirlo. Pero luego me lo he puesto y he recordado que está bien. Que la selección de canciones y sobre todo de singles tendrían que haber sido mejores, sin duda, pero que ahí están el éxtasis de I'm Addicted, la furia caricaturesca de Gang Bang o la belleza de Masterpiece. Y si a ella le sirve de toque de atención para ponerse las pilas la próxima vez, bienvenido será este disco en su carrera.

6. Rufus Wainwright - Out Of The Game
Es extraño lo de este disco. Algunas canciones, por sí solas, no me dicen mucho. Pero en el conjunto del disco, me acompañan, me abrazan todas. Será que comprendo a Rufus cuando canta Sometimes You Need, será que me acuerdo de Granada, será que he escrito muchas noches con este disco de fondo. Será, será.

5. Lana del Rey - Born To Die
Al final acabé fascinado por el personaje. Demasiado hipster para ser popular y demasiado popular para ser hipster, más allá del hype, ella canta y canta. Las canciones no son tan tristes como transmite su voz. O ahora no me lo parecen tanto como cuando analicé el disco en Febrero. Cambio de prisma, paradise edition. Eso sí, tendré que hablar con ella muy seriamente, porque considero que las mejores canciones son un bonus track (Lucky Ones) y un descarte (Never Let Me Go).

4. Graffiti6 - Colours
El típico disco que, sin darte cuenta, escuchas sin parar. O el típico disco del que de repente suena una canción y dices: "¿pero qué es esto tan chulo?". Y es Graffiti6. Pero claro, es que cualquiera se resiste a esa voz, a esa especie de soul electrificado que es el álbum. Llegó pronto, en enero, y aquí sigue, capaz de colorear cualquier día. Confío que pronto haya una segunda parte de esta aventura de Jamie Scott. Otra ración de optimismo, por favor.

3. Emeli Sandé - Our Version Of Events
La intimidad que da una cama. Entre las sábanas, al oído, corazón en mano. Así canta Emeli Sandé con su voz privilegiada. Al final no es el bombazo que auguraba Heaven, pero si le das una oportunidad, esta colección de medios tiempos y baladas acaba enamorándote. Letras sinceras y producción atemporal: la fórmula del éxito. Con razón todos quieren que la chica componga para ellos. Un disco de 14 canciones en la que no me sobra ninguna, de hecho, he añadido encantado a la playlist los temas nuevos de la reedición.

2. Cocoon - Where The Oceans End
Siempre pensé que sería el #1. Fue el primer disco que escuché en 2012. La portada me impactó, recuerdo el cosquilleo, saber a ciencia cierta que me gustaría el disco. Lo confirmé escuchando ese pop-folk afrancesado con voces que fluyen juntas. Cocoon se construye su propio mundo donde las ballenas vuelan y se comen las pesadillas. Algunas de las frases más sabias de este año me las ha dado este disco, compañero de tantos momentos buenos. Tantas noches, sobre todo.

1. Pastora - Una Altra Galàxia
Se lo merecen. Por arriesgarse a cantar en catalán, por retomar ese electropop elegante de La Vida Moderna y por apostar finalmente por la felicidad. No me di cuenta hasta meses después, pero todas las canciones de Una Altra Galàxia hablan de nuevos comienzos, historias que salen bien. Y lo hacen con la misma emoción en las letras que ya es marca de la casa. Fue un placer verles por fin en directo. Magia de la buena: a veces, aunque parezca mentira, 1 más 1 suman 1.000.

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King Charles - LoveBlood

"If your beauty is a fortress then my love will be the boat."

Amigo de Noah And The Whale, comparaciones con MIKA y portada daliniana con pájaros (flamencos) en la cabeza. Me lancé de cabeza a escucharlo. Y me encantó, pero me pasa con King Charles un poco como con Lana del Rey: el concepto es tan bueno, el disco es tan homogéneo en sonido y letras, los vídeos son tan redondos y el personaje está tan bien definido que no sé si el proyecto dará para más que esta joya. Por ahora, disfrutemos la escucha.


El disco te saluda con una reverencia contenida en su primera canción, LoveBlood. Tiene algo retro: no sé si son esos coros femeninos o ese puntilleo de adolescente que imita a Queen en su habitación. Tiene sobre todo un optimismo que late a lo largo de todo el disco. No es casual el título: el amor en la sangre como generador de positividad y energía. Incluso en canciones sobre amores a medias, como Mississippi Isabel, notas a King Charles feliz. Él da las gracias por ese beso bajo la lluvia, son momentos que valora más allá de cualquier desenlace.

"Treasure every beating heart that sets your soul on fire."

Hay otro lado del disco, el desatado, el de los cánticos imparables de Bam Bam, el MIKA pasado de vueltas, unos Cartoons menos rockabilly y más anuncio de coches a cámara rápida. Es un rey enamorado lanzando sonetos encendidos a su Isabel particular. El mismo King Charles operístico de Polar Bear tan pronto usa violines y pianos y desgarro como convierte el reggae en una fiesta callejera (Ivory Road). Todo vale para cantar su amor. Es un auténtico Carnaval barroco, y divierte, y agota, y emociona, y te hace dar palmadas ante todos los colores que ofrece la corte y este cortejo.


A ratos, más que un disco, dirías que es una declaración de amor privada. Algo que no deberías de estar escuchando pero que él comparte contigo con toda la tranquilidad. Como si eso le diera sentido o lo consolase. Un poco de todo, supongo. King Charles es un trovador vestido con todos los artificios del pop para así desnudar su alma. Y en el fondo es lo que hacen todos los artistas.


I want your love in my blood 'cause I need you in my veins
I know you've got enough love 'cause there's the give and the take
Well, I've got love in my blood and I've got you on my brain
I haven't got enough blood, I cannot love you enough.

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Lana Del Rey - Born To Die

Entras en un antro del callejón más oscuro. Un cartel de neón parpadeante, unas escaleras que bajan a los infiernos y una sala llena de desconocidos estudiándote a través de la niebla. Se diría que allí todos fuman, hasta los camareros. Te sientas en la barra. Pides cualquier cosa. Un whisky, por ejemplo, porque es de la clase de sitios donde la gente pide whisky. Podrías haber entrado en cualquiera de los otros antros, el callejón estaba lleno de ellos, pero tu cliente te ha citado allí. Debe ser el dueño. O quizá tiene un lío con una de las bailarinas. A saber. Te dedicas a esperar.


Trece sorbos cortos después, oyes una voz a tus espaldas. Está cantando. Es la voz de una chica fúnebre dedicando odas a amores que estaban destinados a morir. Sonríes: la historia te suena. Tu trabajo te ha vuelto un experto en crímenes pasionales. Te imaginas a la cantante ya casi una anciana, agarrada al micrófono para no caerse al abismo. Copazo en mano, seguramente, porque su voz huele a alcohol y a drogas y a desencanto. Toda una vida de fracasos acumulados que la han llevado hasta allí, al fondo de ese antro, más allá de la barra y las mesas.

Cuando te das la vuelta, descubres, perdida entre el humo de los cigarrillos, a una lolita recién entrada en la edad adulta, una adolescente que envejeció demasiado pronto. Debe haberle robado la ropa a su hermana mayor. Es guapa, de esa forma en que las chicas frágiles se maquillan guapas para parecer más fuertes. Sus labios son rojos: arden cantando sobre amantes que la maltratan, amantes que la ignoran, amantes que prefieren jugar a videojuegos antes que mirarla en su mejor vestido, amantes que se drogan con ella. Las canciones flotan hipnóticas por el bar, como opio, salidas de algún tocadiscos que va demasiado despacio.


El antro parece ganar un poco de luz gracias a esos temas, desbordantes de percusiones urbanas y orquestras y arreglos etéreos. Son temas lentos pero nunca te duermes. Hay algo en la chica, en su mirada quizá, que te mantiene atento. Puede que sean las ganas de comprobar si se pegará un tiro al final de la actuación. Sólo entonces, al visualizar la sangre que provocaría el disparo, te das cuenta de que el papel que cubre las paredes es rojo. Ella sigue enlazando versos como si estuviera llorando. Pero no llora, su maquillaje se mantiene impoluto. Acaricia el aire con poses sofisticadas, quizá aprendidas después de demasiadas noches buscando el calor de otros cuerpos por los colchones de todo Los Ángeles.

El camarero te dice algo y te fijas que detrás de él, entre las copas vacías y algo sucias, hay pósters que anunciaban la actuación de la chica. En esa foto, sale bien peinada, con un colorido tocado de flores. Debieron hacerla tiempo atrás, porque ahora las flores ya no existen, o se le han caído. La promocionan como una Nancy Sinatra gangsta. Sea lo que sea eso, tú piensas que alguien ha encontrado a la hermana estadounidense y un poco pija de Amy Winehouse. Pero igual de triste y melancólica. Su voz muta de canción en canción, camaleónica, como si tuviera que amoldarse al tono de cada historia. A veces suena menos grave, aún recuerda a la niña que fue, no hace mucho.


Pasan las horas y tu cliente no llega. Suele ocurrir, en esta ciudad: demasiadas cuentas pendientes, demasiadas amantes despechadas. Quizá lo haya matado la propia Lana Del Rey -así se llama, según el póster- antes de subir al escenario. El concierto termina y, antes de volver al camerino, ella da las gracias con una sonrisa tímida. Después de verla sonreír así, piensas que en el camerino no se refugiará en otro vaso de alcohol, como temías, sino que recuperará fuerzas con un simple refresco. Mountain Dew, versión diet, como en una de sus canciones más pegadizas.

Te marchas de allí confiando que el personaje de la cantante sea sólo un disfraz, el que usa como escudo o sustento una chica que es más o menos feliz, que más o menos paga su alquiler a tiempo y que más o menos ama y llora, pero nunca hasta ese punto de destrucción que predica en sus canciones. Quizá sea muy buena actriz, quizá actúe tan bien como canta. Sobrevivirá. Todos los hacemos cada día, ¿por qué ella no? Alejándote por el callejón, aún la oyes cantar a lo lejos.


Let's get out of this town, baby we're on fire
Everyone around here wants to be going down, down
If you stick with me, I can take you higher, and higher
It feels like the call of a friend thought lost
Nobody's found, found, found

I got so scared, I thought no one could save me
You came along, scooped me up like a baby

Every now and then, the stars align
Boy and girl meet by the great design
Could it be that you and me are the lucky ones?