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Let it shatter the walls for a new sun

Estoy bastante harto de los aires apocalípticos cada vez más presentes en películas, libros, videojuegos, videoclips, etc. Y mira que me atraen desde siempre los ambientes apocalípticos; no en vano, adoro cosas como "Akira", "Neon Genesis Evangelion", "Hijos de los hombres", "Mecanoscrit del segon origen", "La carretera", etc. Yo mismo llevo medio escrita una novela ambientada en un mundo que se ha ido al traste. Pero creo que últimamente, con la excusa de que el 2012 se acerca, se están pasando. Hay una saturación brutal en todos los medios. Sin ir más lejos, el otro día salía a la venta un juego de coches ambientado, cómo no, en un mundo destruído. 4x4 y karts saltando entre edificios en ruinas y carreteras levantadas. ¿De verdad es necesario?


La gente, en general, está encantada. La muerte nos asusta, pero parece que esa catástrofe cósmica inminente nos fascina. Morir solo aterra, morir junto al resto de la humanidad es un espectáculo del que hay formar parte. Y los más listos se aprovechan editando todo lo que pueden y más. Libros desérticos, películas de catástrofes bíblicas, videojuegos apocalípticos... No sabes si intentan prepararnos "por si acaso" o si corren a enriquecerse antes de que se pase la fecha. Da la sensación de que la única intención sea recrearse en la destrucción gratuita.

Intuyo que el año que viene va a ser agobiante. Si ahora ya cuando ocurre alguna catástrofe natural, la prensa se ensaña y le da una trascendencia mística, como telepredicadores intentando que nos sintamos culpables de algo, no quiero ni imaginarme qué harán conforme se acerque el 21 de Diciembre de 2012. Y la de sectas que surgirán. Ya ocurrió con el año 2000, y entonces no había una profecía maya por cumplir.

Por eso, en medio de este panorama, me parece muy positivo que aparte de canciones optimistas como "Firework", "Raise Your Glass", "We R Who We R", "I'll Be Yours" o incluso "Born This Way", haya videoclips como el de "Till The World Ends" de Britney Spears. Con los teasers, me enfadé: "Hasta ella sucumbe a los tintes apocalípticos". Edificios derrumbándose, gente buscando refugio y demás. Afortunadamente, el vídeo acaba con un sol saliendo por el horizonte. Britney sale de las cloacas y sonríe.
 

Por eso creo que me gustó tanto Berlín: han pintado las ruinas y han cubierto los edificios grises de la postguerra con graffities, coloristas y reconfortantes. Del desastre han creado cultura. Por eso me gustan también los japoneses: tienen tan asumido que nada es eterno, que no sólo disfrutan del momento actual, sino que tras una desgracia saben reponerse y resurgir como un ave fénix.

La noche que precede al nuevo día. "Cambio de ciclo", que dice una amiga mía. Y sí, espero que sea eso lo que ocurra el 22 de Diciembre de 2012. Que el sol salga como siempre pero parezca más nuevo que nunca. Y el mundo siga adelante con fuerzas renovadas. Los finales no son el final: las cosas que terminan nos enseñan a evolucionar, a dejar la puerta abierta a nuevas cosas por venir.

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It's always been inside of you and now it's time to let it through

Le decía el otro día a un amigo que, últimamente, "Firework" de Katy Perry me persigue a todas partes. Y es verdad, aunque no tiene mucho misterio siendo una canción y un vídeoclip tan recientes y exitosos que los machacan a diario en cualquier lado. Aún así, me gusta que para variar sea una canción tan optimista y que disfruto tanto la que machaquen. Que para dramas y canciones malas siempre hay tiempo.


Ir con mi amigo Jose es garantía de escucharla 100 veces: suelen ponerla allá donde pisa, te la pide en el iPod (y te arranca los cascos si él va durmiendo en el autobús y detecta que tú la estás escuchando), se la pide a nuestros amigos siempre que vamos en su coche, la canta de improviso en cualquier situación. Y te contagia ese entusiasmo suyo, y es una sensación fantástica verle tan entregado. "You just gotta ignite the light..."

A otro amigo que andaba medio de bajón hace unas semanas le pasé la versión acústica de Boyce Avenue y, días después, le dediqué con todo mi cariño la frase: "After a hurricane, comes a rainbow". La frase es un tópico como una casa, vale, pero también es muy cierta; a menudo nos olvidamos que no hay nada más cierto que los tópicos. Espero que él también lo viera así, que entendiera que poniéndole esa frase, de verdad me preocupaba por él y de verdad confiaba en ese arcoiris. Y que supiera que no lo decía por decir: me gusta verle brillar. "Cause there's a spark in you..."

La actuación de Rachel en Glee dejándose el alma al cantar "Firework" para mí fue El Momento del capítulo de San Valentín. Lo primero es lo primero: mimarse a uno mismo; lo demás ya llegará. Pero a lo que iba: la entrada de hoy viene por un cuento de Oscar Wilde. Ya he mencionado que estos días estoy releyendo sus obras, intercalándolas con otros libros. Pues bien, en el volumen de Cuentos Completos, hoy he descubierto un relato que no recordaba para nada y que precisamente confirma eso de que "Firework" me persigue.


Se titula "El insigne Cohete" (The Remarkable Rocket). No sé si los escritores de "Firework" leerían este cuento antes de componer la canción, pero su letra resume perfectamente la moraleja del cuento. No se puede estar afligido, hay que mostrar al mundo con orgullo todo lo bueno que siempre has tenido en tu interior: es tu misión iluminar el cielo y dejar a los demás boquiabiertos. "Make 'em go oh-oh-oh..."

"El insigne Cohete" es un cuento triste, porque nos explica la historia de un Cohete que, de tanto dejarse llevar por el drama, no puede cumplir su misión de brillar en el cielo. Mientras los demás cohetes y fuegos artificiales festejan una boda real, prendiendo la noche de mil colores, este Cohete está tan preocupado por la posibilidad de que en el futuro los novios sufran y sean desdichados, que llora, y sus lágrimas empapan la pólvora, así que cuando llega su turno fracasa estrepitosamente: la mecha no se enciende. Pasados los festejos, el servicio de limpieza lanza el Cohete fallido a un charco de barro. Acaban recogiéndolo unos niños, que lo confunden con una rama seca, y antes de marcharse lo tiran a una hoguera. Allí, por fin, se enciende la mecha del Cohete y éste puede volar e iluminar el cielo... pero por desgracia ya no queda nadie para disfrutarlo. (Si os apetece, podéis leer el cuento completo aquí.)


Y con esto de los cohetes y los petardos, siempre me acuerdo del castell de focs de la Fiesta Mayor de Sitges (mi pueblo). No serán como el 4 de Julio, pero impresionaban igual: en Sitges, las noches del 23 de Agosto eran la mejor noche de todo el año. Íbamos a la playa, la arena ya estaba fría, el Paseo Marítimo rebosaba de gente y todos sonreíamos nerviosos, como niños, como si fuera la primera vez. A las 23:00, puntuales, se apagaban las luces, ya sólo intuías la silueta de la iglesia junto al rompeolas. Y justo entonces empezaba media hora de puro espectáculo: fuegos y luces y cohetes y chispas y galaxias y palmeras de todos los colores iluminando el cielo y el mar.

Y me acuerdo de mi abuela, para quien esos espectáculos pirotécnicos sólo merecían la pena cuantos más petardos hubiera y más fuerte explotasen. Le encantaban las tracas finales (especialmente las de Sitges, claro): aplaudía con cada "¡pum!". A mí entonces aún me daban miedo, temía que mi corazón reventase con alguna de las muchas detonaciones. Pero con el tiempo he aprendido a disfrutarlas. Ahora sé que un castillo de fuegos artificiales sin una buena traca final no es lo mismo. "Boom, boom, boom, even brighter than the moon, moon, moon..."

Ya hace demasiados años que no voy a ver el castell de focs de Sitges. Espero ponerle remedio.