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Ogai Mori - La bailarina

Al mirarme, leí en sus ojos una irresistible petición de ayuda. ¿Era ella consciente del efecto que sus ojos tenían en mí? ¿No había ninguna intención oculta en ellos?

Después de una pequeña joya como El ganso salvaje (libro con el que además inauguré la nueva etapa de este blog), tenía ganas de leer algo más de Ogai Mori. Nos llega de la mano de la editorial Impedimenta, que después del éxito de los libros de Natsume Sôseki, últimamente está apostando por publicar autores japoneses menos conocidos. Sus ediciones dan gusto: portadas bellísimas con un tacto muy peculiar.


La bailarina es la historia de una traición. Una traición a la persona amada pero, sobre todo, una traición a uno mismo. La narración funciona gracias a la prosa de Ogai Mori, al mismo tiempo delicada e implacable: como la marea, te va arrastrando sutilmente hasta el inevitable desenlace. ¿Qué ocurre cuando te dejas llevar por las circunstancias, cuando te excusas en los demás pero la única realidad es que tú mismo no intentas cambiar las cosas? Es el peligro de depositar tu libertad en factores externos (nuevo país, nuevo trabajo, nuevo amor): las cosas cambian, vienen y se van. Y sólo quedas tú como responsable, víctima y verdugo.

Por eso, hay que evolucionar siempre a partir de uno mismo, cultivar cambios internos, lograr ser autosuficiente para mantener siempre esa iniciativa y esa libertad bajo cualquier circunstancia. El protagonista del libro lo descubre demasiado tarde. Es curioso, pero en las dos novelas de Ogai Mori que se han publicado en España parece que se repite ese patrón de personajes que abren los ojos demasiado tarde. ¿Tendrán algo de autobiográfico? ¿Nos estará instando el autor a aprovechar el momento? Actuar cuando aún estamos a tiempo.

Cuando llegué por primera vez a Alemania, pensé que había descubierto mi verdadera naturaleza y me juré no dejarme utilizar nunca más como si fuera una simple marioneta. Quizás fuese sólo el orgullo de un pájaro al que han dejado en libertad el tiempo suficiente para que pueda batir sus alas un par de veces mientras sigue atado por las patas.

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4 comentarios:

David dijo...

Ha sido mi primer libro de Ogai Mori y me ha encantado. Últimamente leo mucha literatura japonesa y rusa, y estoy haciendo algunos descubrimientos más que interesantes.

Aparte de Mori (cuyo "El ganso salvaje" llevo buscando desde que lo reseñaste pero no hay manera... no lo encuentro en ningún sitio!) Impedimenta editó recientemente "Flores de verano" de Tamiki Hara, altamente recomendable.

Justo acabo de leer otro libro de Impedimenta (no sé qué tienen que sus ediciones me atraen), aunque no es japonés ni ruso. Se trata de "Noviembre" de Gustave Flaubert. No he leído nada, hasta ahora, de Flaubert, y debo reconocer que su prosa me ha encantado. Los pensamientos de este chaval de 15 años en 1842 y el descubrimiento que hace de su entorno, de sus pensamientos, del sexo y de la vida en sí me han enganchado de principio a fin. De hecho, copio aquí un par de citas que me han gustado especialmente, sobre todo la primera:

"Hay un momento de la despedida en el que, por anticipación de la tristeza, la persona amada ya no está con nosotros".

"Después de haberse preguntado mutuamente a qué se dedicaban, se interrumpieron en seco sin saber cómo proseguir. No se habían visto desde hacía seis años y no pudieron encontrar dos palabras que intercambiar. Al final se separaron, aburridos de mirarse mutuamente a los ojos".

Lleonard Pler dijo...

Pues David... No sé si sabrás que trabajo en una tienda de literatura y cultura japonesa. Mi afición a Japón viene de largo y ahora con la tienda pues tengo que ponerme al día con autores japoneses, por eso hay tantas reseñas en el blog. "El ganso salvaje" salió a la venta el año pasado, creo... pero al no ser un autor muy conocido supongo que te costará encontrarlo. Lástima.

De Flaubert sólo he leído el típico, "Madame Bovary" pero en su época me fascinó. Un clásico a la altura de esa etiqueta. Impedimenta tiene algo magnético, sí. Me llama la atención lo que explicas de "Noviembre", le echaré un vistazo porque ahora estoy en una época muy de leer este tipo de historias de iniciación, de aprendizaje y entrada en el mundo adulto. La segunda cita que pones es terrible pero muy cierta. Suele ocurrir eso en los reencuentros.

(De hecho, le dediqué una entrada al tema hace unas semanas, se llamaba "Strangers when we meet": http://sombrasdeneon.blogspot.com/2011/06/im-so-thankful-that-were-strangers-when.html)

He recordado que debería colgar pronto la reseña de "Algo que brilla como el mar".

David dijo...

Por algunas entradas de tu blog sabía que tenías una librería, pero que estaba centrada en Japón lo desconocía (o lo leí en alguna entrada o comentario y no lo recuerdo). Si en algún momento tienes stock de "un ganso salvaje" avisa, porque está difícil la cosa.

Sobre el post de reencontrarse con viejos amigos. Lo leí en su día, pero va bien refrescarlo. Desde luego es un tema muy curioso. Cómo cada persona tiene su momento en nuestras vidas (y nosotros los nuestros en las suyas) y a veces por querer prolongar algo que murió hace tiempo, seguimos insistiendo.

En mi caso, casi no conservo amistades de infancia, ya en su momento me sentía algo alejado de ellos en las conversaciones y al crecer me decanté por otros caminos, donde sí he conocido gente con la que llevo compartiendo cafés desde hace 10 años, pero no suelo tener grupos de amigos de cada momento de mi vida.

Conozco gente que sí, que tiene su grupo del cole, su grupo de la facultad, su grupo del trabajo... y puede quedar con ellos indistintamente. En parte admiro la capacidad de maleabilidad y adaptación de esa gente, pero en mi caso soy más de romper y seguir adelante. Algo más drástico, pero también más necesario para mi forma de enfocar las cosas. Aprovecho el momento que me aporta cada persona en el momento en el que me lo aporta y luego, si volvemos a quedar y no hay nada que decirse... no pasa nada, es la vida. Ahora esa persona tendrá otra gente y yo, lo mismo.

Lleonard Pler dijo...

A malas puedes comprarlo en la web de la editorial: http://www.acantilado.es/catalogo/el-ganso-salvaje-462.htm

No sé si me fascina o me asusta lo parecidos que somos en ciertas cosas, también en la forma de entender las relaciones. Yo tampoco entiendo esas amistades forzadas. Me relaciono con la gente con quien hay conexión. Hay personas con quien esa conexión se refuerza o reaparece con el tiempo, pero con otros se extingue y no pasa nada, es lógico que la vida nos lleve por caminos separados. Hay que evolucionar, aprender, hablar, escuchar.

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