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Paul Auster : El Palacio de la Luna

"Hay libros que hablan y ciudades que viajan", dice el protagonista en cierto momento. Este libro es de los que hablan. De los que no estás leyendo, sino escuchando, cada frase una de las olas que llegan a la playa y la refrescan y se llevan consigo las piedras, despejando así la arena alrededor de tu toalla. Ahora lo ves todo más claro.


"El único lugar en donde existes es en tu cabeza", le advierten al protagonista hacia el final. Él ya lo ha descubierto. Ha pasado por varios procesos de destrucción donde al final solo podía contar con él mismo, con la imagen de sí mismo que conserva. Esa imagen le sirve como brújula cuando por fin el viento cambia.

Destrucción como único método de volver a reconstruirse. Como esos templos japoneses que derriban cada 50 años y vuelven a levantarlos tal cual, para que siempre sean fuertes. Quizá somos así, piensas perplejo, antes de adentrarte de nuevo en este cruce de historias de hombres que salieron fortalecidos cada vez que lo habían dado todo por perdido.

Y ojalá fuera tan fácil como beber agua en el desierto o cambiarte el nombre. Ojalá al final todas las piezas encajasen y todas las conexiones tuvieran sentido. Lees en busca de respuestas y la única que llega es la que ya sabías: que hay que caminar mucho para atravesar el desierto. De una punta otra, hasta el mar. Creías ya estar ante él pero resulta que hay otro mar en el extremo opuesto. Allí la luna brilla. Un primer paso, el primero de muchos. Tendrás que desgastar las suelas.

"Iba descubriendo que era capaz de ir muy lejos,
mucho más lejos de lo que había creído posible."

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2 comentarios:

Mariano A. Sabido dijo...

Llegué a este blog por Le chansons d'amour, y ahora veo que hablan de este libro. Es definitivamente una señal de que este blog es para mí.

Alex Pler dijo...

Bienvenido Mariano!! Hablo un poco de todo, como habrás visto... Espero que encuentres más cosas que te gusten :D

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