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Declare independence

Aprendiste a estar solo. No fue fácil, muchos años sin practicar esa costumbre, pero poco a poco lo conseguiste. Tu espacio, tu pedazo de tierra pa' ti, tu propia bandera. Cómo los disfrutaste, qué nuevos se sentían. Parecía el final del viaje. Ahora descubres que la independencia no era eso.


O que era más. Mucho más. Porque no hay felicidad en las islas desiertas. La hay en los pequeños secretos susurrados, en arrimar el hombro, en escuchar y tener quien te escuche, en las caricias que llegan de repente entre la maleza. Necesitas un espejo mirándote para saber que sonríes.

Ya no crees en muros y tijeras. Crees en los puentes que unen las orillas de dos mundos. No chocan: colaboran, crecen juntos, se miran desde lado y lado, conscientes ambos de que existe ese punto en común. Pueden ayudarse, deben entenderse. Al fin y al cabo, son islas pero no dejan de estar en el mismo mar.


Llegar a ese punto de coexistencia requiere de un proceso de adaptación, claro. Como todo en la vida. Vas dando pasos y entonces llegas. Con este tipo de independencia, las independencias compartidas, todos ganan. Lo tienen todo: su vida propia y un puente común. Pueden cruzarlo siempre que apetezca.

btemplates

4 comentarios:

Tony Tornado dijo...

Sí a todo.

Lleonard Pler dijo...

;)

Juliet dijo...

Me siento totalmente identificada!!!! ^^

Lleonard Pler dijo...

Hemos vivido procesos parecidos, Juliet. Y ahora nos toca disfrutar los frutos.

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