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Unlocking the door, embracing the rollercoaster world

Hasta no hace tanto, odiaba las sorpresas, los imprevistos. Detestaba, por ejemplo, quedar con alguien y que de repente ese alguien se presentase también con otra persona. Detestaba los cambios de hora repentinos, que ya no quedasen entradas para la película que quería ver, los clientes que entran a última hora justo el día que tengo que salir un poco antes, pedir un regalo concreto y que me regalen otra cosa. Y detestaba muy especialmente la incertidumbre, porque la incertidumbre conlleva un sinfín de cosas inesperadas.


En esta época de cambios, voy aprendiendo a disfrutar de las sorpresas que se cruzan en mi camino. No encontrar lo que buscabas sino algo distinto no es malo, al contrario. Es positivo. A veces hay que tomar otras rutas para llegar a un lugar mucho mejor. Me gusta, por ejemplo, sumergirme en las páginas de un libro de un autor que no conozco pero que vi de casualidad reseñado en una revista mientras buscaba información sobre otros libros, otros géneros. Y que ese libro comprado por impulso sea justo el libro que necesitaba leer ahora.

Me gusta buscar en Spotify cierta canción, cierto disco, y dar con algo mejor. Me gusta que por culpa de un retraso y un despiste, acabe cenando inesperadamente con un amigo al que puedo conocer mejor, hablar a solas, y hablar de nuestras cosas y nuestros problemas, y relajarme: cómo lo necesitaba. Me gusta que el modo aleatorio de los reproductores de música siempre acierte conmigo, que se compinche con mi estado mental. Me gusta ir al cine con un amigo, con la idea de ver alguna de las películas que hemos hablado, y que el instinto o el destino o las estrategias de quienes planifican las carteleras se confabulen para que veamos otra distinta de la que por no saber no habíamos visto ni el tráiler. Y que la película transmita tanto que al acabar salimos con una sonrisa y un peso extraño en el estómago.

Me gusta descubrir que contra todo pronóstico la cerveza japonesa no me echa para atrás, que sabe mejor que cualquier otra. Me gusta que esa tetería recordada por Jose sea ahora una coctelería acogedora donde sirven los mejores mojitos de fresa del mundo. Me gusta que el amigo de un amigo acabe siendo un antiguo rollete con el que se perdió el contacto y que lejos de incomodarnos ante este reencuentro súbito, podamos hablar y comprobar que la vida nos llevó por caminos distintos pero nos ha tratado bien, que todo tuvo que ser así. Me gusta que un paseo por el Retiro truncado por un domingo lluvioso acabe en una agradable tarde con amigos compartiendo un capítulo de Glee que no me atrevía a ver solo. Me gusta que el distribuidor se equivoque con las camisetas que teníamos que recibir en la tienda y así llegue una de mi adorado Domo-Kun, y quedármela.

Ahora me gusta la incertidumbre, vivir la vida sin darle más vueltas, que las prisas se conviertan en algo cocinado a fuego lento, con mimo para que no se corte la mezcla; y disfrutar de ese misterio, ese no saber todavía qué sabor tendrá, pero sospechando que uno muy bueno. Ahora me gusta mojarme cuando de repente llueven cuatro gotas: es catárquico.

En la vida nada ocurre porque sí. Los imprevistos no son más que nuevas baldosas amarillas de un camino que te lleva a ese futuro que es el tuyo, sólo el tuyo. Las sorpresas hay que abrazarlas tal cual vienen, aprovechar la oportunidad que nos brindan de mejorar con ellas (gracias a ellas) nuestro día a día.

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6 comentarios:

Kuroneko-kun dijo...

A mi també m'agrada mullar-me sota la pluja :3
A veure si tornes per barna i et puc coneixer en persona xD Que hi han ganes!

(Tot i que d'aquí a que vinga... en fi.)

Que a vegades els imprevistos et poden donar a coses interessants, peeeeeero no sempre ;) Depèn de com vegos el got xD

Alejandro Starstruck dijo...

Qué bonitoo :)
Me gusta mucho tu blog, voy a empezar a leerme tooodas las entradas desde el principio.

P.D: A mí también me gusta mojarme con las primeras 4 gotas :)

Lleonard Pler dijo...

Marc: ets el meu lector més fidel jejeje. A mi també m'agradaria conèixer-te, ja avisaràs quan passis per BCN. (I els imprevistos sempre acaben portant coses bones, tot i que no sempre te n'adones en el mateix moment).

Alejandro: muchas gracias por el comentario, me gusta especialmente que alguien a quien no conozco se anime a poner algo aquí. Te recomiendo las entradas de enero de 2011 en adelante, que es cuando me he puesto en serio con el blog ;)

Andrés dijo...

Creo que es en Cuba donde dicen aquello de "lo que sucede conviene..." y a veces lo mejor es dejarse llevar y sorprender por lo inesperado, además resistirse tp sirve de mucho.

Me apetecía felicitarte por tu blog y tu forma de escribir. Un lujo poder colarme dentro de estas Sombras de Neón, con tu permiso, nos seguiremos viendo por aquí.

PS
"I was faced with a choice at a difficult age"

So was I....

Lleonard Pler dijo...

"Lo que sucede conviene"... me apasiona esta frase, Andrés. Muchas gracias por la respuesta. No necesitas ningún permiso, eres bienvenido, como todos. :)

Dan dijo...

Coincido 100% en todo. Los imprevistos, si salen bien, te endulzan la vida. Y esa cerveza japo es de lo mejor, como todo lo japo!

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