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Y será o no será la verdad, qué más da

No somos conscientes de lo expuestos que estamos. Es decir: sí, compartimos públicamente pedazos de nuestra vida en nuestros Facebooks, Twitters, blogs, etc. Y lo hacemos para que la gente lo sepa, claro. ¿Pero realmente nos damos cuenta de que la gente lo sabe? Yo creo que no.

¿No os ha pasado nunca que colgáis algo en Facebook (un estado, una foto, una canción...) y de repente contesta alguien a quien casi habías olvidado que lo tenías añadido? Entonces te das cuenta de que esa persona, a la que quizá tú tenías oculta porque hace años que no sabes mucho de ella y en el fondo no te interesa su vida, siempre ha estado leyéndote y viendo todo lo que cuelgas. Parece como si sólo nos leyeran quienes responden o interactúan a menudo con nosotros, pero no es así.


Hablaba el otro día con la amiga de un amigo, ella se interesó por los últimos meses de mi vida y me mencionó cierto comentario que puse sobre una visita a Museum, desde diciembre mi nuevo sitio favorito de Barcelona. Yo decía algo como: "Y para mi sorpresa, el más buenorro del local era italiano, con lo que me gustan". Ella había interpretado mi frase a su manera, dándole un sentido muy distinto al que yo pretendía. Quienes me conocen bien, saben que en general odio a los italianos (siempre generalizando, claro: no quita que haya italianos que me encanten -empezando por Nek y sus ojazos-, como Ana Botella tengo amigos italianos, y soy consciente de que es una exageración, una broma entre amigos). Si alguien me causa problemas en un concierto o en medio de la calle durante un viaje, suelen ser italianos, sobre todo italianas, tan raciales ellas. En fin, private jokes, especialmente con mi amiga Esther, que comparte conmigo ese odio irracional.

Pues bien, al descubrir que esta chica había intuido cierta maldad en la frase (la definió como "un puñal"), me di cuenta de que durante estos últimos 3 meses, he podido colgar en Facebook ciertas frases y ciertas canciones y escrito en mi blog ciertas entradas que la gente puede haber interpretado a saber cómo. Compartimos las cosas sin tener en cuenta su posible repercursión, obviando la visión sesgada que dan de nosotros. Nos mostramos al mundo con la falsa seguridad de que los demás entenderán las cosas igual que las entendemos nosotros, que compartirán nuestra felicidad, no entenderán o perdonarán los puñales envenenados que lancemos y sólo verán cosas buenas en nuestras frases más crípticas. Por desgracia, no es así. No puede ser así.

Ya lo dicen en Neon Genesis Evangelion: "Existen muchos Shinji Ikari. Existe el Shinji Ikari que tú crees ser, pero también existe un Shinji Ikari distinto en el corazón de cada una de las personas que te rodean." Y es cierto: tú te ves de una forma e intentas proyectarlo así, pero después cada persona te ve desde su punto de vista, desde su prisma, se crea una imagen de ti única. Es lógico que sea así.


No me gusta ser explícito a la hora de hablar de mi vida en el blog o en Facebook, prefiero ser más sutil, pero quizá la sutileza es más peligrosa. Es como los mejores libros, las mejores películas o los mejores poemas, esos que no te lanzan el mensaje a la cara sino que lo dejan en el aire para que lo deguste tu imaginación: cada cual los saborea a su manera, y si intercambias sensaciones con otra persona, te sorprenderás al saber que lo habéis interpretado de formas tan diferentes, a veces incluso opuestas.

Estos últimos 3 meses, he olvidado que ante todo había gente leyéndome, gente que no tenía porqué entender igual que yo lo que escribo, gente que podía extrañarse, sentirse incómoda o incluso molestarse ante ciertas cosas. No me arrepiento de nada que haya colgado, no me retracto ni mucho menos. Para nada. ¿Que habré colgado cosas inapropiadas? Seguro. Todos nos equivocamos. Estoy muy contento del proceso que estoy viviendo, estoy muy orgulloso de esta nueva etapa en el blog y mi Facebook es eso: mi Facebook. Pero aún así, os pido disculpas a todos, especialmente a las 113 amigos en común (se dice pronto: 113 personas) que tenía con la persona con quien ya no comparto mi vida, por no haber tenido en cuenta lo que podríais pensar. Pero también espero que recordéis (recordemos: me incluyo en estos consejos) dos cosas.

La primera, que en toda historia del final de una pareja siempre hay dos versiones. Ninguna es más cierta, ninguna es menos cierta. Ninguna es más o menos válida. A menos que seáis bipolares, nadie os puede pedir que entendáis o apoyéis las dos versiones. Yo no os lo pido. Pero por eso mismo, también conviene recordar que nunca hay una víctima y un verdugo, que nunca hay uno que sufre y otro que se alegra. Todos somos víctimas, todos cometemos errores y todos sufrimos, o todos hemos sufrido. Cada cual a su manera y cada cual a su ritmo. Este último año he vivido de cerca unas cuantas rupturas y he aprendido muy bien que nadie se salva de ser imperfecto. Que alguien haya actuado bien o mal dependerá siempre del prisma desde el que lo contemples.

Las cosas ocurren como tienen que ocurrir. Sin más. No hay que perder el tiempo odiando ni echando las culpas. Es lógico decantarse más por una persona, ya lo puse en mi entrada sobre las rupturas, pero no hay que perder de vista que el otro también lleva su carga. Cuando colgamos o contestamos a una foto o a un estado, hay que tener muy presente que lo va a leer todo el mundo, y que ese mundo quizá o quizá no lo comentará con otras personas. En cualquier caso, estás haciendo público tu punto de vista, lo que apoyas y lo que no, y lo que a ti te parece inocente puede sentarle muy mal a otro. Y cuando decimos de alguien: "No le reconozco, cuánto ha cambiado", en verdad deberíamos pensar: "No me he interesado por conocer su historia, saber qué hay detrás de ese cambio".


El otro día, odié a una amiga por cierta respuesta suya en una foto. Lo vi como una traición, no entendí que después de lo que hemos pasado juntos, ella pusiera aquel comentario en aquella foto, precisamente aquella foto. Pero me lo callé. Ayer esa amiga, sin previo aviso, me envió una canción preciosa y entendí que no hay que hablar de traiciones. Simplemente, las cosas ocurren. Nos posicionamos, hablamos, compartimos. No queremos ser malos: sólo intentamos seguir adelante. Nada más. Por eso, me he dado cuenta de que prefiero no juzgar a nadie, y espero que nadie me juzgue a mí tampoco.

En ese sentido, la segunda cosa que debemos recordar es que nadie le puede pedir a una persona que deje de vivir su vida. Es duro, es egoísta, es injusto: lo que queráis. Pero es así. Y Facebook y Twitter y los blogs están para que compartamos nuestras vidas. Para bien y para mal. Quien no quiera entrar en ese juego, está en su derecho. Mi madre no tiene Facebook, por ejemplo. Pero si estamos metidos en la vida 2.0, hay que aceptar que los demás también están viviendo, que nadie nos debe nada, y que habrá cosas que no entendamos y cosas que nos sienten mal, claro, pero es inevitable y está bien que sea así.
 
Cada cual tiene que encontrar su camino. Yo ahora mismo estoy descubriendo el mío. Y a veces tropezaré, por mucho que en adelante intente ser respetuoso (con mi pasado y con toda la gente que tengo añadida), sé que a veces diré frases que chocarán pero espero decir también cosas que hagan sonreír. Colgar canciones bonitas si estoy bien y canciones tristes si estoy mal. Y colgarlas sin maldad. Al final, lo importante es vivir de una forma que nos haga felices. Hay que mantener un mínimo de respeto y compostura, claro. Pido disculpas nuevamente si os ha parecido que había momentos en que no actuaba así. Sé que hay una entrada muy concreta que quizá no fuera acertada y además se prestaba a malentendidos. No hay que olvidar que la gente nos lee y nos interpreta. Al fin y al cabo, compartimos para que nos lean, y nos leen porque compartimos. Pero por eso mismo, porque hay lectores, ¿por qué deberías encerrar una sonrisa en una caja oscura? Si sonríes, es para compartirlo con el mundo. Para mirar de frente al sol y que esa sonrisa sea aún más blanca. Y ya lo siento, pero nunca sabréis cuánto necesitaba sonreír como sonrío ahora.

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4 comentarios:

Kuroneko-kun dijo...

>_< Me sienta un poco mal el hecho de no saber como comentar en este post tan bonito! D: Así que dejaré una huella ᴥ

Andrés dijo...

Me temo que a pesar de estar 100% de acuerdo contigo todavía tengo muy reciente lo mal que lo pasé por estos temas en su momento.

Como bien dices cada uno decide si jugar o no, en mi caso me retiré de facebook durante más de un año y cerré mi blog. A la mierda!

Afortunadamente todo pasa y el tiempo ayuda a tomar perspectiva y a redimensionar las cosas. Romper no es fácil para nadie, y cada uno lleva su carga. No hay que olvidar que aunque las historias se acaben también somos lo que hemos perdido...

Saludos.

Lleonard Pler dijo...

Cada cual afronta estas cosas a su manera. A mí me está sirviendo de terapia este blog, y me gusta compartir las cosas buenas en FB. Sé que habrá gente que me juzgue, pero eso es inevitable.

Kadaj dijo...

Me pasa como a Kuroneko-kun que no sé muy bien que decir además de que me ha gustado mucho :)

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