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Today is the last day that I'm using words

¿De dónde salen las palabras? ¿De nuestra cabeza? Antes de sentarme a escribir, las frases dan vueltas en mi cabeza, eso es cierto. Pienso, ordeno, memorizo lo que tengo que anotar. Por ejemplo: estas frases mismas, que he pensado bien para usarlas de introducción de una nueva entrada del blog. Pero en cuanto me siento a escribir, nuevas palabras fluyen solas. No las pienso. Diría que ni siquiera las escribo. Se escriben ellas mismas.


Es lo que algunos llaman escritura automática. Dejar fluir el texto. Y es bonito, y por eso me gusta tanto escribir a mano, porque me permite dejarme llevar y sorprenderme luego, en la desembocadura que supone todo texto terminado, un océano de palabras con un significado. Dejar fluir, desembocar: vale. ¿Pero cuál es el origen? Más allá de las cascadas, en lo alto de la montaña. Ayer lo hablaba con una amiga que también escribe. ¿Accedemos escribiendo a una especie de conciencia colectiva de la que extraemos las ideas?

Historias que existen pero no tienen forma y buscan que alguien las escriba. Me gusta esta teoría. Te sientas a escribir y sin saberlo sintonizas el canal de la inspiración, y todo acude a ti. Eso te convertiría en médium. Eso explicaría que tan a menudo, por la noche, ya medio dormido, la inspiración acuda de una forma tan fuerte que tienes que levantarte y escribir. En la cama, con los ojos cerrados y ya casi inconscientes, no pones barreras, tienes la mente más abierta. También explicaría que borracho (y drogado, supongo) puedan salir textos incisivos que te impactan a la mañana siguiente. Has escrito libre, has dejado fluir al máximo. No siempre: borracho también pueden salir textos en apariencia incoherentes.


Eso es lo que me pasó anoche. Volvía de fiesta, había bebido y tenía sueño pero, como siempre, escribí mi página diaria. Esta mañana, en esa página de letra sorprendentemente pulcra, había dos frases que no entendía. Son estas, con sus ellos gramaticales incluidos:


Creí que me había saludado a mí pero no, después de aquella frena el dictadura del buen gusto. Se trata de que si hay para escoger, podré escogerla y significará el símbolo del buen gusto.


Ahora sonrío, pienso que anoche esto significaba algo muy exacto, quizá tenía tan abierta la mente que dos historias intentaron abrirse paso a la vez (ese masculino "el" contra la femenina "dictadura"; esa reiteración de conceptos, como si una historia intentase imponerse a la otra). Pero me quedé dormido y hoy sólo quedan las ruinas de unas historias que no acabaron de nacer y ahora me es imposible descifrar. Al releerlo, mi primer impulso ha sido tachar este párrafo inconexo, pero luego no me ha parecido justo. No es casualidad que lo haya escrito justo la noche que me preguntaba con mi amiga de dónde salían palabras. En este párrafo quizá esté una pista o (¿por qué no?) la confirmación de que efectivamente las cazamos al vuelo. Las palabras ya existen y el arte está en aprender a abrirles camino.

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8 comentarios:

Fersitu dijo...

Esto da para un debate interesante. Supongo que la escritura automática puede ser un tipo de agilidad mental, incluso para esta respuesta que ahora escribo sin tampoco darle muchas vueltas.

Nunca he acabado de entender porque cuando uno está borracho a veces tiene ideas geniales para plasmar. Quizás la mente se libera del estado de prisión que tiene normalmente y sobrevuela lo que realmente queremos escribir.

Quien sabe...

David dijo...

Una de las mejores entradas que te he leído, con un tema apasionante.

En mi caso, cuando me pongo a escribir, suelo darle muchas vueltas. Días y días pasan planificando qué decir, qué estructura aplicar, ideas que van y vienen... pero luego, al final (con la fecha de entrega encima suele ayudar, para qué engañarnos) uno se sienta a plasmar lo planificado... y no ocurre así. En ese mismo instante viene a la cabeza una única frase que sirve de puente para todo lo que ha de venir detrás. Eso me pasa muy a menudo en mis textos. Me viene a la cabeza una única frase con la que empezar y, a partir de ahí, todo fluye, tal cual lo expones en el post. Las ideas se atan solas, las conclusiones, consecuencias e incluso la coherencia... todo se apelotona por sí mismo y va dando forma al texto, otorgándole cohesión. Es más que probable que los días de planificación ayuden a organizar mentalmente el discurso, no hablo de epifanías puras, pero desde luego, se le acerca.

Y todo el texto recuerda, continuamente (aun sin quererlo) a esa primera frase que lo empezó todo.

Me gusta la idea de un imaginario colectivo al que todos accedemos para escribir.

Lleonard Pler dijo...

Fer, si el alcohol desinhibe, está claro que también nos deja más sueltos para escribir. Y está claro que se escribe mejor cuanto menos barreras hay. Por eso se escribe mejor (más libre) a mano que a ordenador, también. El año pasado (cómo me gusta decir esto) colgué la crítica de Howl. Me impactó porque el protagonista decía que había que escribir sin ataduras, volcar en la página en blanco lo que no le confesarías ni a tu mejor amigo. Eso estoy haciendo en mi novela.

David, no sabía (o no recordaba) que escribieras. ¿Eres periodista? (Lo digo por la fecha de entrega de los textos.) Has definido perfectamente el paso que hay entre lo que ordenas en tu cabeza y el chorro de palabras que llega después y que se ordena solas. Y ese paso es precisamente una frase, la primera frase, la que lo desencadena todo. La llave de la puerta. Es lo que me pasa siempre: con los libros, con las escenas, con las entradas de blog. Tengo que pensar la primera frase. Cuando la encuentro, me pongo a escribir y lo demás brota solo, pero es esa primera frase la que da forma al texto. Gracias una vez más por tu respuesta. :)

Dan dijo...

Alex, apasionante! Qué grande eres. Y hace un año quién iba a pensar que en una entrada de tu blog escribirías que llegabas borracho a tu casa ;)

Lleonard Pler dijo...

Hace un año no pensaba ni que llegaría borracho a casa ni que antes de dormir me pondría a escribir religiosamente un mínimo de una página, a punto de terminar mi novela. ¡Qué año! :)

David dijo...

No, no me dedico al periodismo. Soy editor, de vez en cuando escribo y de ahí lo de las fechas (que me autoimpongo!)

Lidia dijo...

Me gusta lo de medium, siempre pensé en una especie de antena receptora de conceptos y palabras, pero me gusta más la idea de ser una medium, el puente entre las historias que fluyen libres por el universo y el mundo real, sería como darle cuerpo al aire. Me gusta pensar, también, que las palabras tienen su propia música, y que, a veces, tenemos la suerte de verlas bailar creando una danza maravillosa, porque, en ocasiones, importa más el cómo se dice, que lo que se dice en si.
Espectacular entrada, podría seguir y seguir comentando, pero lo dejaremos para el próximo encuentro... ya te echo de menos.

Lleonard Pler dijo...

David, eso tendría que aprender yo, autoimponerme fechas. Por ahora me conformo con la constancia recién adquirida, otra asignatura que tenía pendiente.

Darle forma al aire... Palabras bailando su música. Gracias por tu poesía, Lidia.

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