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You can judge a book by its cover almost always

Siempre pienso que si me toca la lotería, aparte de comprarme un estudio para mí y viajar a menudo, abriré algún negocio propio, algo arriesgado pero que me encante, que no importe tanto la viabilidad económica como el placer de tener justo la tienda que quiero. Y eso que ahora estoy encantado con mi librería dedicada a Japón, pero lo de este sueño sería algo más radical. Supongo que sería también una librería. Quizá una que sólo vendiera obras de Oscar Wilde, en todo tipo de ediciones y en varios idiomas. O una mezcla de todas las cosas que me gustan: libros, cine, música, videojuegos. Ya veríamos. El caso es que sueñas, y un buen día descubres que hay gente que no ha esperado a que les toque la lotería para abrir librerías de las que a ti te gustan: diferentes. En estos dos casos, muy diferentes. Y parece que les funciona.


Primero descubrí la existencia de Ed's Martian Book, ubicada en Nueva York. La abrió Andrew Kessler para vender un único libro: el suyo, Verano Marciano, en el que explica su experiencia laboral en la NASA durante la misión Phoenix-Mars. La librería tiene un espacio dedicado a una exposición de la misión espacial con fotografías, gráficos y mapas, y aparte se puede comprar el libro, claro. La NASA no es un tema que me interese espacialmente, pero admiro absolutamente el valor del chico, que apuesta a ese nivel por su propia obra. Procuraré hacerle una visita cuando vuelva a Nueva York para darle la enhorabuena. Hay que confiar en ti mismo y en tu talento, sin duda.

Y aún me fascinó más la historia de una librería de Tokyo, Dokusho No Susume (Recomendación Lectora). En 1995 Katsuyoshi Shimizu apostó por abrir una tienda en la que sólo vende libros que se ha leído, para así poder recomendarlos personalmente a sus clientes. Habla con cada uno de ellos, se interesa por su estado de ánimo, sus gustos, y en base a eso elige un libro: el libro que considera que esa persona debería leer ahora mismo. Salir de una librería con un libro que no sabías que querías, que de hecho ni siquiera conocías, pero que te estaba esperando a ti para que lo leyeras. Y el librero, Shimizu, ha servido de enlace: puente entre el buen libro y su lector ideal. Una idea fascinante.


Dice Shimizu que abrió su librería después de años de ver cómo a menudo las distribuidoras no le servían ciertos títulos superventas: se los llevaban todos las grandes cadenas. Sé lo que es eso. Que la distribuidora te diga que no les quedan existencias del libro que todo el mundo quiere ahora mismo, y luego encontrarte cientos y cientos de ejemplares apilados en la FNAC o la Casa del Libro. Te preguntas si esas tiendas habrían notado la ausencia de 10 ejemplares que a ti te habrían ayudado a cuadrar cuentas. Shimizu cortó por lo sano: fuera novedades, fuera libros que el mes que viene ya nadie recordará. Se limitó a vender los libros que él recomendaría. Ni más ni menos.

La atención personalizada llevada a sus últimas consecuencias. Cómo disfrutaba yo descubriéndoles libros a mis clientes, a base de hablar con ellos y de sus compras a lo largo del tiempo, adelantarme a sus gustos, atreverme a recomendarles algo que me había fascinado, y que luego volvieran a darme las gracias. Era una sensación mágica, entiendo tantísimo a Shimizu y le admiro por su valentía. A modo de guinda final, la decoración de su librería son caligrafías con mensajes que invitan a los clientes a mirar la vida de forma más optimista. Visita obligada cuando regrese a Japón, junto al barrio Kanda, el de los libreros, que se me pasó la primera vez. Parece que Dokusho no Susume ya lleva 17 años en activo, le deseo muchos más de éxito.


Me fascinan ambas historias porque demuestra que hay gente valiente y que las buenas ideas pueden funcionar. Sirven de inspiración. Cuando uno va de viaje y se atreve a callejear, es fantástico descubrir todos esos rinconcitos especiales que a alguien se le ocurrió abrir. Curioseas entre todos los artículos que ofrecen, sorprendiéndote a cada estantería, y siempre compras algo, por pequeñito que sea. Un talismán que te recuerde a ese lugar. Sí, creo que es lo que más me gusta de los viajes, descubrir tiendas únicas. Y a vosotros, ¿qué tipo de negocio os gustaría abrir algún día?

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9 comentarios:

Chico Tocsico dijo...

algo relacionado con la música... y el vermú... y las chuches...
no sé...

Lleonard Pler dijo...

Música + vermú + chuches... ¡me tienes de cliente fijo! :D

Lidia dijo...

1. El negocio soñado. Supongo que si abriera un negocio me dejaría llevar por mi amor por la fantasía y haría algo parecido a "la Taverna del Dragón Verde" (Sevilla) o "El bosque de las hadas" (Barcelona), aunque en pequeño, porque me gustaría que fuese acogedor y familiar. Habría libros, juegos y lugares mágicos donde perderse...
2. Negocios curiosos. En Málaga hay una cafetaría (o al menos había, hace tiempo que no voy por allí) que se llama "Café con libros", ya puedes imaginar de que va. Es un sitio que, además de precioso, promueve que te sientes a leer y si no llevas ningún libro, allí hay de sobras para que cojas el que te apetezca en ese instante. Y en Tarifa, en Cádiz, vi una bar de copas q era, además, zapateria, pero con zapatos de diseños curiosos, nada de gama comercial. Estaba decorado con un aire futurista... me encantó.

Lleonard Pler dijo...

Intuyo que tu Bosque de las Hadas sería espectacular. Cómo me gusta ese sitio y qué poco fácil es encontrar sitio. Un día tenemos que probar juntos, seguro que yendo los dos se hace la luz.

Me ha llamado la atención ese pub-zapatería, qué bueno. Ideas.

Jorge dijo...

Que sitio tan fantástico una librería en la que el dependiente realmente te pueda recomendar cada uno de los libros...pero qué lejos nos queda.
En Gran Canaria hay una tienda dedidaca a gominolas suecas (entre otras cosas) y decorada con estilo afrancesado; es encantadora.

Lleonard Pler dijo...

Pues oye, es una vía de negocio y estoy seguro de que en el futuro, con el auge de los ebooks, las grandes librerías desaparecerán y las que quedarán serán éstas, las especiales. Así que seguro que alguien acaba abriendo una parecida por aquíi.

¡Vaya! Gominolas suecas, qué curioso... ¿y cómo son? ¿Qué tienen de especial? En esto de las chuches también nos llevan ventaja los japoneses, allí cualquier sabor que puedas imaginarte, existe en formato caramelo, chocolatina, bebida o similar. Por ejemplo, tienen decenas de sabores de kit kat.

Chico Tocsico dijo...

La tienda de gominolas suecas seguramente se trate de una de las tiendas de la cadena Oomuombo
A la que yo voy en Madrid está en la calle Fuencarral
http://11870.com/pro/oomuombo-1
Muy ricas! CHUCHES!!! ^_^

Lleonard Pler dijo...

Chuches + Lego... vais a ser mi perdición. Creo que en la de Fuencarral estuve a puntísimo de entrar la última vez.

Jorge dijo...

No es una tienda de la cadena Oomuobo, aunque sí que ambas venden chuches nórdicas (que se diferencian de las españolas en que tienen menos azúcar y el se realizan con mayor cantidad de zumo de frutas naturales y menos química artificial. De todas formas en Gran Canaria -Petit Sugars se llama la de aquí- no teníamos nada por el estilo, ya se sabe que en Canarias todo llega con un poco de retraso... ;-)

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