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I've said too much, I haven't said enough

Por lo general, me gusta que las cosas se digan sin ambages. En ese sentido, no me gustaría ser japonés. Para ellos, el "no" rotundo no existe, todo tienen que ser rodeos y sutilezas, mucho tacto, mucho estudiar los gestos para acabar descifrando que ese "Es muy posible" en realidad significa "Ni en broma". Debe ser agotador. Pero en el fondo les comprendo, porque a veces ser directo asusta. A veces da miedo esa incertidumbre. Da miedo decir demasiado, pero también da miedo no haber dicho suficiente. Y en ambos casos lo que más asusta es la respuesta, o incluso la ausencia de ella.


Ninguna canción describe tan bien este proceso mental como "Losing My Religion" de REM. Sí, quizá nunca le habíais prestado atención pero la letra no va de Dios ni de la religión ni de la fe. Nada de eso. Una buena amiga me hizo abrir los ojos una noche que vimos el vídeoclip en Rac 105. Va de esperar ansioso a que el otro mueva ficha, de reconcomerse por dentro pensando que nos hemos excedido, o que quizá no hemos sido lo bastante explícitos. Va de estar eufórico al creer que detectas una reacción del otro, y hundirte después cuando ves que era una falsa alarma.

Esta entrada viene a raíz de la película Bon Appétit, que me hizo recordar esos momentos de incertidumbre que todos hemos sentido, cuando te debates entre la posibilidad de estropear algo bonito y la angustia de dejarlo escapar si no haces nada. "Hay que dejar fluir", suele decir esa amiga mía. Y es cierto, hay que dejar fluir, que las cosas vayan ocurriendo con naturalidad y las piezas encajando como tengan que encajar, pero es mucho más sencillo dejar fluir cuando sabes el punto exacto de desembocadura. En caso contrario, más que dejar fluir parece que estés flotando por el espacio, sin rumbo y con el oxígeno agotándose.


Así que si tenéis ganas de decir algo, decidlo. Entre decir demasiado y no decir nada, siempre es mejor decir demasiado, porque en realidad ese demasiado nunca será tan bestia como parecía en vuestra cabeza. Eso sí: primero, preparad bien el terreno para que se den las circunstancias más propicias, tened paciencia, buscad las palabras correctas y, llegado el momento oportuno: gritadlo. Que no pueda venir luego Isabel Coixet a grabar una secuela de "Cosas que nunca te dije". La respuesta nunca será peor de lo que habíais imaginado; de hecho, generalmente será mejor y os dejará con una sonrisa. Serenidad, por fin.

Una cosa hecha con moderación puede ser juzgada insuficiente. Es necesario "hacer demasiado" para no cometer errores.
(Yamamoto Tsunetomo, "Hagakure")

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4 comentarios:

Soliloco dijo...

De acuerdo con el post, pero en absoluto con la cita... #bipolarme

Lleonard Pler dijo...

Tranquilo, me pasa bastante cuando cito este libro jejeje. Quizá no hay que interpretarlo literalmente, sólo quedarse con la sustancia.

Lidia dijo...

Estoy de acuerdo con el "hay q hacer", no tanto con el "demasiado". A veces, el demasiado asusta y provoca el efecto contrario q deseamos. Sí a hablar claramente, pero doy un voto a la sutiliza (sin llegar a ser japonesa), abogo por la suavidad, por encontrar el momento, por el ligero empujoncito... dejando algún espacio para la sorpresa.

Lleonard Pler dijo...

Coincido totalmente contigo, Lidia. Hay que dejar espacio a la sorpresa. Ese "demasiado" es para gente como yo, que necesitamos un empujón extra, para nosotros un "demasiado" es sólo un "poquito". Entre decir demasiado y no decir nada, es mejor decir demasiado, porque, bien dicho, ese demasiado nunca será tan bestia como suena en tu cabeza.

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