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Wear it like a crown

Hay que reciclar recuerdos. No hay que tenerles miedo, no hay que mitificarlos ni mucho menos permitir que se conviertan en esa caja de fotos antiguas que un día, limpiando el armario, se caerá al suelo y se abrirá y te golpeará con todas esas instantáneas de momentos y compañías que no querías recordar. Hay que tener las fotos a la vista, atreverse a compartirlas, que inspiren nuevas risas con gente igualmente nueva.


Tu peluche, por ejemplo. Lo abrazas cada noche. Fue el último regalo de tu ex; bueno, en realidad hubo otros regalos después, pero sí fue el último antes de la debacle. Le tienes especial cariño y lo abrazas más como símbolo que como último resto de una relación perdida. Sólo hay una regla: nadie lo toca. Es tuyo. Hasta que un día, un chico, ese chico, viene a casa porque lo has invitado a cenar y a ver una película y como en tu casa no hay cojines le ofreces abrazarse al peluche. Lo haces porque la noche de la primera cita te fijaste en que lo miró con cierto cariño mientras lo apartabas de un manotazo para hacer sitio en la cama. Esa mirada se merece un voto de confianza.

Así que hoy le das el peluche. Enseguida pierdes cualquier miedo porque ves que lo abraza como lo abrazas tú por las noches. Él no sabe, él sólo actúa. Y juega con los bracitos del muñeco, se lo cuelga del hombro, lo hace bailar, le da esos besos cariñosos que todavía le cuesta dártelos a ti, son cómplices él y el peluche, se diría que en el sofá sólo están ellos dos viendo la película. En el fondo, para él eres el peluche. Y sonríes. Porque sabes que te acabarás enamorando de ese chico que se atreve a jugar con peluches y, sobre todo, porque esa figura de felpa ha crecido al reciclar su recuerdo. Ya no es el peluche de una infidelidad pasadísima sino el peluche del chico con el que ahora te gusta compartir momentos. Y en adelante, lo abrazarás porque tendrá el rastro de su colonia, la que te hace reír al pronunciarla. Chu-uan-chu.


O esa canción. La que te emociona cuando de repente salta en el reproductor porque te recuerda a alguien que ya no está ahí, una historia que quedó a medias. Y él lo nota, nota que estás ausente o que bailas para ocultar escalofríos. Por eso te gira la cara hacia él y te besa, "estás muy mono", dice. En adelante, la canción será la del beso en el sofá o el abrazo al aire libre. Reciclar recuerdos no es traicionar el pasado. Es tenderle un puente desde el presente, reconocer el recorrido que te ha traído hasta aquí, hasta la felicidad de ahora. Construir nuevas vivencias para sobrevivir. Mereció la pena porque merece la pena.

btemplates

7 comentarios:

Markus San dijo...

Que maco! ^^

A veure si jo també aconsegueixo reciclar records, que ja va sent hora de transformar-ne alguns :/

Kadaj dijo...

Algo parecido a lo del peluche me ha pasado a mí hace relativamente poco. Hace años fui al carnaval de Venecia con mis padres, y allí compré una máscara que le quería regalar a un chico que, inocente de mí, pensaba que me esperaría al volver. No fue así, y esa preciosa máscara veneciana estuvo guardada en el cajón de debajo de mi cama, todavía envuelta, hasta que hace unos meses, contándole ese viaje al que ahora mismo es mi novio, pero que por aquel entonces nos acababamos de conocer, vi una gran fascinación por todo lo que le contaba y la envidia (sana) que le creó. En ese instante supe que la máscara había encontrado nuevo dueño.

Una máscara que había querido ocultar y esconder por mi propia vergüenza, se exhibe ahora con orgullo en la pared de un cuarto muy especial para mí.

Lleonard Pler dijo...

Doncs Marc, jo hi crec molt en aquesta reciclatge. És doblement útil: el passat fa menys mal i el present el valores més.

Dani, la historia de la máscara me ha parecido preciosa. Qué curioso que al final todos compartamos experiencias parecidas. Es bonito pensar que la máscara no la compraste en vano, sólo estaba esperando a su dueño. Y en el fondo tú lo sabías: por vergüenza la habrías tirado o roto; pero la guardaste, es muy significativo. Tenerla colgada en esa habitación especial debe de impregnarte un poco de ese orgullo del marino que por fin llega a buen puerto. Me ha emocionado mogollón la escena, gracias por compartirla.

David dijo...

Reciclar recuerdos. Me gusta el concepto.

No para tapar unos recuerdos con otros, sino para ampliar y dar más significados a objetos o momentos del pasado. Aporta un abanico mayor de sensaciones, y eso hace que a su vez nuestras experiencias sean más ricas.

Varias capas de recuerdos.

Lleonard Pler dijo...

Lo visualizo más como una cadena de recuerdos, un recorrido, enlazar un recuerdo con otro... pero sí, más o menos ésa es la idea, ampliar.

NoChu dijo...

Los recuerdos son los cimientos y las plantas de nuestra vida. Son la base sobre la que se va construyendo nuestra existencia. No hay que quedarse con el sótano o la planta baja, hay que seguir poniendo ladrillos. Siempre podemos bajar a visitar, a pintar, a decorar todas las plantas y llevar a gente para que las vea y las decore con nosotros, cuanto más cuidadas estén más solida será nuestra construcción. Pero siempre hay que seguir construyendo hacia arriba y no obsesionarse con demoler el pasado. 

Lleonard Pler dijo...

¿Para cuándo un blog tuyo? ¡El mundo necesita tus metáforas!

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