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You mix it all together in your dreams

"No hay receta para lo nuestro, tendremos que improvisar."
(Bon Appétit)

Mejorar la receta. Deberías aprovechar todas las oportunidades para hacerlo. No acomodarte, no dar por hecho que como a todos les gusta tu plato estrella, ya siempre acertarás. Mejorar la receta es también improvisar. Mi escena favorita de Bon Appétit es cuando él tiene que preparar una cena con cuatro ingredientes: espaguetis, huevos, una naranja y un caramelo de menta. Y triunfa. Claro que él es cocinero profesional, pero la vida te sorprende con ingredientes que parece imposible mezclar y puedes cocinarlos. Sólo tienes que atreverte.


Me salían muy bien las hamburguesas. Estaba contento con mi receta. Tampoco tenía gran complicación: lechuga, champiñones, queso y mostaza. Y un panecillo mejor que el típico pan de hamburguesa industrial que no hay quien se lo coma. Todos los amigos las devoraban encantados. Me las prometía felices con mi plato, tan rápido de preparar y tan rico. Hasta que llegó ese chico que, al comerla, simplemente se encogió de hombros. Nos reímos mucho. Quedaba claro que no era la mejor hamburguesa de su vida, y yo tampoco lo pretendía, ojo, pero me frustré.

Al principio lo achaqué a su paladar: siempre es más fácil culpar al otro. Durante una semana no repetí la receta, cociné otras cosas. No quería recordar aquel encogimiento de hombros, y eso que el resto de la cena había ido bien. Al final me animé: "por mis huevos que esta noche voy a cenar hamburguesa". Esa valentía que te entra cuando quieres demostrarle al mundo que no te equivocas, que los locos son los demás. Y tenía la hamburguesa a medio preparar cuando me acordé del chico y pensé en que me gustaría que la disfrutase como todos y decidí que igual añadiendo un par de ingredientes tendría más sabor: aceitunas negras y una rodaja de tomate. Así fue. Ahora estaba mucho más buena, tuve que reconocerlo. Siempre le había faltado eso, pero confiado como estaba en mi vieja receta, no me di cuenta hasta que ese chico se encogió de hombros.


Comprendí que cada encogimiento de hombros es una invitación a mejorar. Y desde entonces, no me acomodo. Pruebo nuevas recetas. Y ahora sé que gustan más, que toda alabanza es sincera. Creemos tenerlo todo y todavía hay espacio para mejoras. Así aprendes a improvisar, sí. Improvisar para que incluso cuando no elijas tú los ingredientes, como el protagonista de Bon Appétit, puedas preparar la mejor de las cenas. Ahí está la gracia de los juegos (y la vida es el mejor de todos): en ganar con las cartas que otros te reparten.

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2 comentarios:

Fersitu dijo...

Creo que todos vamos mejorando día a día, vamos adaptando a lo que va llegando y queremos hacerlo aún mejor. Mejorar por uno mismo y que eso repercuta en los demás.

Gracias por tu positividad, creo que es algo a tener muy en cuenta y a mi me ayuda ;) ¡Un abrazo grande!

Lleonard Pler dijo...

Todos no sé si lo hacen, pero deberíamos, porque está en nuestra mano: mejorar, aprender, crecer, arriesgar. A nuestra vida van llegando guías que nos descubren todos esos agujeros y fallos que no veíamos. Hay quien se lo toma mal o se hunde, cuando en realidad hay que estar agradecido de que nos los señalen.

Y gracias a ti, lo sabes muy bien. MUACKS.

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